Capitulo Trece

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

Me desperté a las seis en punto cuando mi alamar sonó. Gruñí porque me había olvidado de cancelarla. Suponía que ahora que Peter sabía todo no era necesario sacarlo de mi cama tan temprano. Me di vuelta y abracé a Nicolás. Él siempre seguía durmiendo a pesar del sonido de la alarma; era muy probable que aunque hubiera un terremoto él seguiría durmiendo. Decidí jugarle una broma, lo codeé ligueramente.

-Seis en punto –dije, lo codeé de nuevo.

Gruñó y se sentó lentamente en la cama, todavía estaba medio dormido.

-Bien, Rosa. Te quiero; te veo después –besó mi frente y salió de la cama, sus ojos apenas estaban abiertos. Y aunque lo intenté no pude resistirme y rompí en carcajadas. Él me miró confundido –¡Shh! ¿De qué te ríes? –preguntó, frunció el ceño y se puso sus jeans.

-De ti –lo provoque y le sonreí llena de felicidad.

-¿De mí? ¿Qué he hecho? –susurró, subió de nuevo a mi cama y se volvió a poner sobre mí presionando cada centímetro de su cuerpo contra el mío pero no pude sentir su peso. Miró a mi ojos, me sonrió feliz por un rato y luego una luz de entendimiento cruzó por su rostro –¡Mierda! ¡Tu hermano ya sabe! ¿Por qué diablos me despertaste, Rosa? No tengo que irme –lloriqueó.

Envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo hale para darle un largo beso.

-Sólo estaba bromeando. Olvidé cancelar mi alarma, así que pensé en usar el tiempo de más para besarnos.

Él sonrió picaró.

-¿Quieres que nos besemos? –provocó, besó mi cuello. Jadeé mientras el besaba el sensible lugar cerca de mi clavícula.

-Mmmm –susurré, deslicé mis manos por su espalda y lo arañe ligeramente con mis uñas, él gimió. Se metió de vuelta bajo las sábanas y me besó con ternura. No hizo ningún movimiento que llevará las cosas más lejos, lo que adoré. Él realmente era adorable.

 

Salimos de mi habitación un poco después de las siete y media. Nicolás me sentó en uno de los bancos de la cocina, sonrió como un niño al que le habían dado un rico helado.

-Oye, puedo hacerte el desayuno sin que me grites –dijo alegremente.

Me reí y lo observe mientras me servía un tazón con cereal; sonrió y lo puso al frente mío, luego se hizo tostadas para él.

-¿No comes cereal? –pregunté mientras lo miraba comerse una tras otra las cuatro tostadas que se había hecho.

Sacudió la cabeza en negación y arrugó la nariz.

-No me gusta el cereal; es asqueroso y todo empapado –fingió un estremecimiento como si tuviera náuseas.

Me reí de nuevo.

-Eres raro en serio, Nicolás –me burlé y le sonreí.

El me devolvió la sonrisa con una de oreja a oreja.

-Sabes, lo raro es, que seas amable conmigo en el desayuno.

-Puedo ser mala si quieres –ofrecí y me encogí de hombros.

Se rió y negó con la cabeza.

-No, me acostumbraré a las sonrisas en el desayuno con el tiempo –caminó a mi lado. Me di la vuelta y lo miré, él puso un mechón de pelo detrás de mi oreja, sus dedos se demoraron en mi mejilla y yo me sonrojé. –de verdad eres la cosa más hermosa en el mundo –murmuró. Mi corazón paro por un segundo por la honestidad de su voz, sus ojos verdes penetraron los míos y me hizo sentir como si yo fuera la única chica en el mundo.

-¡Corten esa mierda! Les he dado mi bendición a su relación, pero no necesito ver sus muestras de cariño durante el desayudo –gruño Peter, caminó hacia la encimera a prepararse algo de cereal. Le dio una palmada en la nuca a Nicolás cuando paso por su lado. “Como de costumbre”, pensé.

Todos reímos, Nicolás se paró detrás de mí y me abrazo poniendo sus brazos alrededor de mi cintura, apoyo su barbilla en mi hombro.

-Gracias, Peter. Sé que me dijiste que me mantuviera alejado de ella, pero… –  Nicolás dejó que las palabras quedaran en el aire, miró a mi hermano con gratitud.

-Como sea, Nicolás. Estamos bien. Solo no nos hagas tener un problema, ¿de acuerdo? –respondió Peter, le sonrió amigablemente a Nicolás.

Los brazos de Nicolás se apretaron más a mí alrededor.

-No lo haré –beso ligeramente mi hombro y Peter fingió nauseas, yo reí.

-Bueno, vamos, tortolitos, supongo que necesitan llegar un poco más temprano a la escuela para poder anunciar su amor a todos –afirmó Peter, puso los ojos en blanco.

Nicolás rió y asintió. Yo jadeé y sacudí la cabeza negando con fiereza.

-¡Imposible! No podemos decírselo a nadie –dijo, miré a Nicolás noté que lucía herido.

-¿Por qué no? –preguntó, tomó mi mano y me miró confundido.

A Peter no le va a gustar nada lo que vas a decir –dijo la voz de mi conciencia en mi cabeza y yo miré a mi hermano, tomé una bocanada de aire.

-Er, bueno, tengo una especie de apuesto. La próxima en acostarse contigo ganará el bote. De verdad necesito el dinero –miré a Nicolás algo incómoda, pero él sólo empezó a reír histérico.

Peter casi se ahogó con su bebida.

-¡Imposible! ¡No puedes hacer eso! –gritó, sacudió su cabeza en negación con violencia –no quiero saber que ustedes dos están teniendo sexo. ¡No quiero!

Me reí mirando su enojada y disgustada cara.

-Peter, nosotros no estamos teniendo sexo –me encogí de hombros, mi hermano relajo su cara un poco –pero cuando lo hagamos, definitivamente quiero que me den ese dinero y si se enteran que yo soy su novia secreta ahora, no van a querer que participe ¿entienden? –miré a Nicolás, estaba algo insegura, no sabía si él estaría de acuerdo con todo esto o no.

Rosa, no quiero que estés conmigo solo por una apuesta –frunció el ceño, de nuevo lucia un poco herido.

Le sonreí seductora.

-¿Creen que esa sería la razón por la cual yo tendría sexo contigo? Confía en mí, chico mío; no será por el dinero, pero ese bote será mío, ellas nunca debieron apostar y ahora voy a tomar todo su dinero por querer acostarse con mi novio –reí con malicia.

Se inclinó hacia mí y puso su boca en mi oreja.

-¿Y entonces cual sería la razón por la que vas a tener sexo conmigo? –susurró, su aliento envió un escalofrío por mi columna vertebral.

Me mordí el labio inferior.

-Hmm, no estoy segura pero tendrá algo que ver con que me ruegues de rodillas por tenerlo –bromeé, le sonreí con suficiencia.

Se rió y me besó, acercándome a su cuerpo, su movimiento envió olas de deseo por mi torrente sanguíneo. Se aparto para mirarme, pude leer la palabra lujuria escrita con claridad en su rostro.

-Te rogaría feliz en este mismo momento, y tú lo sabes.

Palmeé su pecho con mi mano derecha y di un paso atrás, tenía que hacerlo antes de que lo arrastrara a mi habitación, le rompiera sus sexys jeans gastados y la camisa negra que traía puesta para ver su impecable cuerpo moldeado.

-Oh, lo sé, chico mío, lo sé –me reí, intenté calmar mi respiración.

Miré a Peter, nos estaba mirando fijamente, sus ojos y boca estaban completamente abiertos en expresión de sorpresa.

-Chicos, en serio no puedo soportar estas demostraciones de afecto –dijo, hizo una mueca y sacudió su cabeza lentamente.

-Está bien, las demostraciones de afecto terminaron. Sólo creó que deberíamos de mantener en secreto lo mío y Nicolás por un tiempo. ¿Por qué no conseguir algo de dinero por hacer algo que de todas formas va a suceder? Así es como lo veo yo. –dije y me encogí de hombros.

Nicolás y Peter se miraron el uno al otro.

-Supongo que sí. Pero, ¿podrás ganar? Quiero decir, ¿la apuesta tenía algo que ver con hacerme terminar con mi novia o algo así? –preguntó Nicolás, frunció el ceño.

Me reí tontamente y sacudí la cabeza.

-Nop, me aseguré de eso. Sólo es quien tenga sexo contigo, así lo dijeron.

Nicolás sacudió su cabeza, lucía un poco disgustado.

-No puedo creer que las chicas hagan ese tipo de cosas.

Peter rió.

-¿Saben qué? Creo que podría ser el siguiente en anunciar que tengo novia. Así puedo sólo escoger a alguien tener sexo y luego podríamos dividir el dinero –dijo brillantemente, lucía como si hablara en serio.

Nicolás tomó mi mano y me hizo caminar hasta la puerta.

-Vamos, lleguemos a la escuela antes de que tu hermano tengo otra idea brillante –rió y miró a Peter con desaprobación

Nicolás me guiñó un ojo por el espejó retrovisor cuando entramos al estacionamiento de la escuela. Como era de suponerse habían muchas más chicas paradas en el lugar que de costumbre esperando el auto. Tan pronto cuando Nicolás abrió su puerta todas fueron directamente a él. Silvina, como siempre, camino al frente.

Me reí.

-Buena suerte, novio –murmuré en burla, le guiñé un ojo y me aleje, moví más de lo normal mi trasero a propósito. Sabía que él me estaba observando. Cuando llegué a la puerta principal me volví para mirar el espectáculo por unos momentos, lo vi sacar los brazos de una chica de encima de él, tenía una expresión de mal gusto en la cara. En ese momento debían de haber unas veinticinco chicas rodeándolo, lucía realmente enojado. Me reí y entre al colegio, busque a mis amigos y como de costumbre estaban por los casilleros.

-Hola chicas –dije alegremente, cuando me acerque.

-Guao, alguien está de buen humor hoy! ¿Alguna razón en especial? –pregunto Gastón, lucía confundido al verme tan feliz.

-Nop, ninguna razón en particular. Sólo vi como Nicolás era acosado por cerca de unas veintena de chicas. Se veía realmente irritado, fue muy gracioso –expliqué, sonriendo de oreja a oreja. Justo en ese momento, él caminó cerca de mí junto a Peter. Tenía una chica a cada lado coqueteándole y aproximadamente otras diez iban caminando detrás de él. Rompí en carcajadas y él me lanzó una oscura mirada, reí más fuerte.

-No me sorprende que tenga a todas esas chicas detrás de él. ¿Sabes en cuanto esta el bote ahora? –preguntó Lali, me sonrió con suficiencia.

Asentí.

-Sí, lo sé. Cande me dijo que está como en ochocientos o algo así. No lo puedo creer –sacudí mi cabeza con gento de desaprobación, e intenté no imaginar lo que sentiría cuando ganara todo ese dinero.

Lali, Candela y Gastón intercambiaron una mirada y luego rompieron en risas.

-No, ese era el total de ayer. Hoy está cerca de cuatro mil doscientos –dijo Lali. Sentí como me quedaba pálida y como mi corazón se hundía en mi pecho.

¡Santo cielo! Eso es como, ¡Oh, Dios, ni siquiera puedo definirlo! ¡Son como doscientas chicas, todas queriendo acostarse con mi novio! –mi voz gritó en mi cabeza

-¡Oh dios mío! ¿Hablas en serio? –pegunté cuando logré tragar el nudo que se había formado en mi garganta. La idea de todas esas chicas sirviéndose en bandeja de plata a mi chico me hacía sentir literalmente enferma. Lali asintió y me brindo una mirada comprensiva; estaba segura que ella sabía lo que estaba pensando. Candela y Gastón sólo parecían emocionados porque ellos no sabían que yo estaba con Nicolás. Para buena suerte mía, en esos momentos sonó la campana, así que todos nos fuimos a clases.

 

Había decidido que a la hora del almuerzo comenzaría a jugar por Nicolás. Lo que pasaba es que me había dado cuenta que la gente tenía que notar que lo estaba intentando. O sea no podía sólo anunciar que había dormido con él, así que necesitaba que los demás vieran que me había esforzado por convencerlo. No lo había hablado con Nicolás, pero un pequeño coqueteo inofensivo en el comedor no podía ser tan difícil. Caminé junto a los chicos con mi bandeja de comida en las manos a través de la cafetería rumbo a nuestra mesa habitual, pero en ese momento me volteé a ver a mis amigos.

-Chicos, voy a empezar a coquetear con Nicolás por lo de la apuesta. Nos sentamos con mi hermano hoy ¿por favor?

Lali me brindó una mirada cómplice y me guiñó un ojo, cambiamos de rumbo y caminamos hacia la zona de los atletas. La mesa de Nicolás y Peter estaba repleta de chicas y todas ellas coqueteaban desvergonzadamente con Nicolás. Sonreí cuando miré la expresión en el rostro de mi chico, se veía mucho más enfadado que en la mañana. Miré a la chica que estaba sentada a su lado; ya había terminado su almuerzo y en esos momentos lo miraba fijamente, tenía una expresión coqueta en su rostro.

-Oye, Sandra. Escuché que alguien golpeó tu auto en el estacionamiento, ¿fue mucho el daño? –pregunté con inocencia.

Ella jadeó y se puso de pie de un salto.

-¡Mierda! ¡Es el auto de mi mamá- gritó, se echó a correr. Escuche a mis amigos reírse mientras se sentaban en la parte más alejada de la mesa.

-Hola, Nicolás –le sonreí cuando me senté al lado de él.

-Hola, Rosa –respondió, me sonrió. Miré alrededor, todas las chicas me estaban mandando miradas mortales, era obvio que así sería, yo ya me había ganado una sonrisa de Nicolás –¿Alguien golpeó el auto de Sandra? –preguntó, mordió su sándwich de atún.

Me encogí de hombros y sacudí la cabeza.

-Nah. Sólo se lo dije porque me quería sentar aquí.

Se echó a reír.

-Sabía que me deseabas –bromeó, me guiñó un ojo.

-Bueno, y quien no lo hace –respondí, sonreí y miré a mi alrededor otra vez, todas las chicas estaban intentando matarme con los ojos. Tomé mi botella de agua y fingí tratar de abrirla –Nicolás, ¿la puedes abrir por mí? –pregunté, hice un liguero puchero.

Rosa, si sigues haciendo puches y el viento cambia, te quedarás así por el resto de tu vida –bromeó, me sonrió y me quitó la botella de mi mano. La abrió fácilmente y me la pasó de nuevo.

-Gracias –sonreí y le hice caso omiso a su comentario –vaya, nunca me había dado cuenta de lo fuerte que eres. Debes ejercitar un montón, ¿no? –ronroneé, deslicé un dedo hacia abajo por sus bíceps, mientras me mordía mi labio inferior de manera seductora. Me miró con lujuria, tenía los ojos fijos en mi boca. Miré la expresión de dolor en su rostro y me di cuenta que se moría por darme un beso. Él aun no me había respondido a la pregunta –¿Entonces? ¿Te ejercitas mucho? Debes hacerlo, quiero decir, tu cuerpo es, mmm… –mi voz se desvaneció, y pasé mis ojos por todo su cuerpo lentamente, el tragó pesadamente algo de saliva.

-Er, supongo, sí un poco –murmuró, me miró un poco sorprendido, un poco desconcertado.

No quería que llegar muy lejos, en ese momento sólo estaba empezando a establecer el escenario para mi victoria. Rompí el contacto visual y comencé a comer pero lo hice lentamente, dejando que el tenedor en mi boca por más tiempo del necesario.

-Oh Dios –gemí, cerré los ojos y mastique lentamente –esto está muy bueno –jadeé. Escuché gemir a Nicolás en voz baja a mi lado y supe que lo había hecho bien, mis ruidos “sexuales” lo estaban excitando. Lo miré –Nicolás, debes probar esto –ronroneé seductoramente. Él tenía una expresión literal de dolor en su rostro, me estaba mirando fijamente y su boca estaba ligeramente abierta. Sacudió su cabeza un poco, como si estuviera tratando de alejar algún pensamientos, yo me tragué una risita. “Oh mierda, me va a hacer pagar esto más tarde”, pensé risueña.

-Er. OK sí –dijo. Sonreí y llené un tenedor con la pasta de mi plato y lo guié hacia su boca.

Como si el destino estuviera de mi lado un pedacito de pasta cayó del tenedor a sus jeans

-¡Oops, lo siento tanto! –hice una mueca, lo miré con disculpa en mis ojos.

-No te preocupes por eso, Rosa –me sonrió y lo saco con su mano.

“ok, lo voy a utilizar a mi favor”, pensé. Tomé una servilleta y limpié sus jeans con ella. Se había ensuciado en el medio muslo así que me aseguré de limpiar sólo un poco más arriba, lo miré a través de mis pestañas. Tragó audiblemente y un liguero bulto comenzó a aparecer en la entrepiernas de sus jeans, él lo cubrió rápidamente con un brazo.

-Ahí. Listo –coqueteé.

-Er…Gracias –murmuró, cerró los ojos y suspiro.

Sonreí con triunfo.

¡Ja! ¡Tomen eso, chicas! –gritó mi voz en mi cabeza, miré alrededor de la mesa y ya sea con expresión de sorprendidas o enojadas todas me estaban mirando. Solté una risita, le guiñé un ojo a Silvina la cual estaba roja por el enfado.

-Mejor me voy. Tengo que hablar con la profesora de ciencias sobre mi proyecto –dije, me levante de la mesa, estaba sonriendo de oreja a oreja.

Nicolás tomó mi mano y me sentó de nuevo.

-¿Qué fue eso? –pregunto, lucía un poco confundido.

Me encogí de hombros y le sonreí.

-¿No tengo permitido ser amigable contigo, Nicolás? Quiero decir, después de todo eres el mejor amigo de mi hermano. Siempre estás pasando el rato en mi casa así que sólo pensé que debía empezar a ser cortés contigo.

-Cortés, claro –contestó, me sonrió.

Le guiñe el ojo y me levanté para ir con mis amigos. Cuando pasé junto a Silvina que estaba sentada junto a las porritas me incliné hacia abajo para susurrarle al oído.

-Supera eso –me burlé, me estaba muriendo de risa literalmente.

Agarré la mano de Peter, y la hice caminar un poco más adelante que Candela y Gastón que estaban conversando algo sobre una galería de arte a la cual Cande quería ir el fin de semana. Candela estaba un poco chiflada por el arte.

-Lali, creo que necesito empezar a tomar la píldora. ¿Está abierta la clínica de planificación familiar después de clases? –pregunté. Asintió en confirmación. Sabía que ella sabría eso, había tenido un pequeño accidente aproximadamente un mes antes con un condón roto y había ido ahí para que le dieran la píldora del día siguiente.

-Sí, desde las cuatro hasta las ocho –respondió, miró encima del hombro para asegurarse de que nadie podía oírnos –así que vas a dar el paso, ¿no? Creo que es genial. Tienes que tomar la píldora de todas maneras. ¿Quieres que vaya contigo? –preguntó de forma casual. Yo sabía que lo decía en serio; era la mejor amiga que podía pedir, como no le iba a pedir que me acompañara.

-Todavía no estoy lista, pero no quiero quedarme corta o algo, quiero decir, debe tomar un tiempo para que empiecen a hacer efecto o algo así ¿no? Bueno ¿entonces no te importa acompañarme? De verdad lo apreciaría mucho –admití, la miré con agradecimiento. Yo me sentía muy nerviosa de ir sola, y no creía que era lo correcto pedirle a Nicolás que él me acompañara. O sea no exactamente una cosa para hacer con tu novio.

-¡Por supuesto que me encantaría acompañarte! Tú has estado ahí conmigo un montón de veces –ella entrelazó su brazo con el mío –y también hoy tengo mi auto, así que ni siquiera vamos a necesitar caminar.

Sonreí.

-Gracias, Lali –suspiré con felicidad, caminamos a los casilleros. Tome todos los libros que necesitaba para el turno de la tarde y los metí a mi bolso –necesito decirle a Peter que lo veré en casa. Te veo en clases –explique, volteé y caminé al casillero de Peter. Divisé a mi hermano y a Nicolás estaban conversando con algunos amigos, todos parte del equipo –hola, chicos –canturreé a medida que me acercaba a ellos. Todos me miraron, yo sabía que le gustaba a algunos de ellos; era obvio por la forma que me miraban fijamente. Sin embargo nunca ninguno había hecho algún movimiento para acercarme, y yo sabía que era por culpa de Peter.

-Hola, Rocio. ¿Cómo estás? –preguntó Camilo, examinó mi cuerpo pasándome la mirada lentamente.

-Bien gracias, ¿y tú? –pregunté por educación.

-Mucho mejor ahora que te veo –respondió, me sonrió.

Peter le dio un puñetazo en el brazo, yo reí.

-¡hermana menor! –chilló mi hermano con furia.

-Peter, sólo quería decirte que después de la escuela no voy a ir a casa. Lali necesita que la acompañe a hacer algo. Te veo en casa más tarde –dije y sonreí. Pude ver como Nicolás fruncía el ceño, lucía un poco decepcionado.

-Bueno, tengo trabajo esta noche, así que de todas maneras tu hubiera llevado a casa Nicolás –respondió Peter, se encogió de hombros de manera casual.

Miré a Nicolás y sonreí.

-Cierto, lo había olvidado. Bueno, lamento perderme eso –él me regresó la sonrisa y mi corazón se detuvo por un momento, “es tan apuesto”, pensé. Me giré para irme a clases pero me detuve un segundo, una idea se estaba formando en mi cabeza. Volteé y miré a Nicolás, sonreí con burla –Oh, por cierto, Nicolás, el bote va por más de cuatro mil ahora. Eso son más de doscientas chicas.

Sus ojos se abrieron totalmente.

-No me jodas, ¿en serio? –preguntó, lucia sorprendido, y para ser franca, un poco asustado. Peter se comenzó a partir de risa, los otros chicos nos miraban como si nos hubiéramos vuelto locos.

-En serio –confirme, le guiñé un ojo a Nicolás y me alejé contoneando mi trasero mientras me reía por la cara de disgusto que había puesto Nicolás.

 

Después de la escuela, Lali me llevo a la clínica de planificación familiar. Tomé un número y como nunca había estado antes ahí, tuve que llenar un montón de formas con mis datos personales, vida sexual actual y algunas preguntas sobre mi historia clínica. Después de más o menos una hora de espera, me llamarón a través de una sala blanca y estéril, había una señora esperando.

-Hola, Rocio. Adelante –dijo, me sonrió y me señaló una silla.

-Hola –dije, mi voz sonó, ronca y algo nerviosa. Me senté frente a ella.

-No tienes que estar nerviosa. ¡No muerdo! –se rió. Le sonreí con más nervios que antes –así que, ¿qué puedo hacer hoy por ti? –preguntó ella, hojeo las formas que había llenado.

-Bueno, la relación con mi novio se está volviendo serio y ya estamos hablando de tener relaciones sexuales, por lo que quería empezar a tomar la píldora. ¿Puedo hacer eso aquí, o tengo que ir con mi médico? –pregunté, estaba jugando con mis manos y sentía que mis mejillas ardían de la vergüenza.

Ella sonrió amable.

-Por supuesto que aquí te podemos ayudar. Aquí dice que eres virgen –dijo, leyendo mis formas de nuevo.

-Er, sí lo soy- me ruborice aún más, en esos momentos deseaba que la tierra se abriera y me tragará.

-No tienes que estar avergonzada, Rocio. Creo que es fantástico que hayas venido aquí. Veo tantas chicas jóvenes que no piensan en tomar la píldora hasta que es demasiado tarde. Es refrescante tener a una jovencita siendo responsable –dijo, acarició mi mano. Di un suspiro de alivio y le sonreí. Había pensando que iba a tener una conferencia de por qué no debía tener relaciones sexuales a mi edad –está bien, sólo necesito tomarte ciertos valores, como tu presión arterial, peso y esas cosas. Luego podemos hablar de cuál píldora te sentará mejor, ¿de acuerdo?

Cuando terminaron de medirme mi presión arterial, peso y mi índice de masa corporal ambas volvimos de nuevo a su oficina.

-Bien, bueno te recomiendo que tomes una píldora combinada. La vas a tomar todos los días. A la misma hora cada día durante tres semanas, luego no las vas a tomar por una semana que será cuando tengas tu período. Es muy eficaz y es lo que la mayoría de jovencitas buscan –explico y me sonrió.

Asentí y le devolví la sonrisa, todo parecía bien.

-Eso suena perfecto.

Tomó su libreta y escribió la receta.

-Puedes buscar esto justo al lado. Te he dado un suministro de tres meses para ver cómo te va. La próxima vez, si todo sale bien, entonces te voy a dar uno por seis meses –me explico dándome la receta.

-Sí, gracias –le di una sonrisa llena de gratitud, gracias a ella todo había sido mucho más fácil de lo que me había imaginado.

-Así que, te voy a dar un folleto para que leas sobre como tomar la píldora, pero las cosas a tener en cuenta más importantes son: Tomarla cada día a la misma hora, tomarla todos los días y tener tu semana de descanso –sonrió –asegúrate de leer el folleto, hay una parte de que debes hacer si te olvidad de tomar una, o si vomitas después de haberla tomado, ya que eso puede evitar que funcione. Te voy a dar algunos de estos para mantenerte a salvo hasta que estés a ritmo con la píldora, está bien –agarró un puñado de condones y los puso en una bolsa de papel.

-Oh, gracias –murmuré, tomé la bolsa, me sentía muy agradecida.

-Bueno, gracias por venir, Rocio. Te veré en tres meses –se levantó y me tendió su mano, marcando así el final de mi cita.

Se la estreche, y le sonreí.

-Gracias –caminé hacia la puerta, estaba sonriendo de oreja a oreja. ¡Vaya, eso fue más fácil de lo que imagine!, pensé.

-Oye, ¿cómo te fue? –preguntó Lali y se levantó de su asiento.

-Muy bien. Tengo que ir a recoger mi receta y nos podemos ir –enganché mi brazo con el suyo y la tiré hacia la puerta.

-¡Vaya, no puedo creer que vayas a tener relaciones sexuales con Nicolás Riera! –chilló ella, se le veía emocionada.

-Todavía no las voy a tener. Necesito saber que puede esperar por mí. Además aun no estoy lista. –le dije con sinceridad.

-Él va a esperar por ti. Se le nota en la cara lo loco que está por ti –Lali sonrió feliz y yo suspiré. Realmente mi corazón esperaba que las palabras de Lali fueran ciertas. Recogí mi receta y Lali me dejó en casa. Peter aún estaba en el trabajo, así que me hice un sándwich y me senté en la mesa del comedor a hacer mi tarea. Una vez que la terminé, miré el reloj. Eran las ocho, Peter llegaría en una hora todavía.

Sonreí y tomé mi teléfono, marqué el número de Nicolás, apenas era capaz de contener mi emoción.

-Hola, Rosa –respondió él, sonaba ridículamente feliz.

-Hola. ¿Quieres venir? –le pregunté, me mordí el labio inferior por el entusiasmo.

-Claro que sí. Ahí voy –respondió y colgó. Corrí a mi habitación para arreglarme el cabello. Me reí de mí misma cuando caí en cuenta que me había convertido en una de esas chicas que pensaban que tenían que verse perfectas para el novio. Volví a la sala, en ese mismo momento él entró por la puerta delantera.

-Hola –sonreí.

Él me abrazó y me besó con pasión contenido. Hizo que mi corazón se acelerara y que mil mariposas aletearan en mi estómago. Después de un rato se apartó unos centímetros.

-Hola –suspiró, yo temblé de felicidad –así que, ¿dónde estabas? Te extrañe –murmuró, puso su rostro en mi cabello y respiró profundamente.

Me reí y me aparté.

-Vaya, ¿qué? ¿Eres una especie de raro hombre que huele el cabello? –bromeé, tome su mano y lo arrastré hacia el sofá, cuando llegamos de un empujón lo obligué a sentarse.

Él se rió y se apoderó de mi cintura, me halo hacia él y me hizo sentarme a horcajas sobre su regazó.

-Te he echado de menos hoy. Odio verte y no poder tocarte. Además, ¿qué diablos fue lo que paso en el almuerzo? ¿Te gustó burlarte de mí? –preguntó, frunció el ceño.

Pasé mis manos por su nuca, me reí con un poco de culpabilidad.

-Tengo que preparar el terreno para mi victoria. No puedo aparecerme frente a Silvina y decir: “Sí, he ganado la apuesta” ¿cierto? –le pregunté con inocencia.

Negó con la cabeza, todavía tenía el ceño fruncido.

-Pero eso fue exagerado. Quiero decir, ¿sabes lo difícil que fue para mí no saltarte encima? –bromeó.

Asentí con la cabeza y me mordí el labio inferior para evitar reírme.

-Oh sí, me di cuenta de que fue difícil para ti –me burlé, alce mi cejas y me entendió por que empezó a reír.

-Mmm, como sea. ¿A dónde fuiste? Tenía la esperanza de pasar un poco de tiempo contigo hoy –me acercó más él y me besó en la nuca, me mordí un poco más el labio inferior cuando mi piel se puso de gallina.

Me aparté y me puse pie, caminé y tomé mi bolso de la escuela, saque la bolsa marrón de la clínica. Me senté en su regazo y sostuve la bolsa en alto para que él la tomara. Me miró, estaba confundido, luego miró a la bolsa. Su cara paso de la confusión, a la compresión, a la felicidad, a estar molesto. “Un segundo, ¿molesto? ¿Por qué mierda está molesto conmigo?”, pensé.

-¿Fuiste a hacer esto por tu cuenta? –preguntó, me frunció el ceño, estaba enojadísimo.

Negué con la cabeza, estaba un poco confundida por su reacción.

-No fui sola. Lali fue conmigo –le conté, envolví mis brazos en su cuello.

-¿Por qué no me lo dijiste? Hubiera ido contigo –dijo, me jaló más cerca de él, aún tenía la expresión de molestia en su rostro.

-Nicolás, pensé que, ya sabes…en realidad no es un lugar donde lleves a tu novio. Quería que me dieran la píldora; Lali se ofreció a venir conmigo –me encogí de hombros. “Realmente no veo por qué esta tan enojado”, mi cabeza estaba muy confundida.

-Rosa, te amo, habría ido contigo. Me gustaría que me lo hubieras dicho –dijo, me miró con tristeza en sus ojos.

-¿Qué diferencia hubiera hecho? No pensé que te gustaría ir –dijo, seguía confundida.

¿Por qué diablos se siente tan lastimado y molesto? Fui por la píldora para poder tener sexo con él! ¿No debería estar feliz por eso? –gritó mi voz en mi cabeza

-¿No pensaste que me hubiera gustado ir? Rosa, todo esto se trata de mí también, quiero que hagamos las cosas juntos. Somos una pareja, un equipo. Me siento un poco dolido de que pensarás que no me gustaría ir. –explicó, me dio un beso en la frente.

-Nicolás, de verdad, lo siento. Realmente no pensé que te gustaría acompañarme. Pensé  en qué la mayoría de los chicos no estarían interesado. Pensé que estarías contento de que tomará un poco de iniciativa –le dije, lo miré con disculpa, le rogué con mis ojos para que entendiera que no había sido mi intención dañarlo.

-Estoy contento de que hayas tomado la iniciativa, pero yo no soy como la mayoría de los chicos. Te amo. La mayoría de los chicos de la escuela no están enamorados de sus novias, como yo lo estoy de ti. Esta fue una gran decisión que tomaste, y yo debería haber estado ahí a tu lado, apoyándote –me explicó, me besó con ternura.

Tomé una respiración profunda, sentí como la culpa se instalaba en la boca de mi estomago.

-Lamento no haberte dicho nada, lamento no haberte pedido que vinieras conmigo. Tengo que volver en tres meses para un chequeo, ¿quieres venir conmigo? –pregunté, sonriendo y puse mi frente sobre la suya.

Se echó a reír.

-No, para serte franco no, eso no es lo mío –bromeó, levantó su rostro y se encogió de hombros.

Me reí y le di una palmada juguetona en su hombro.

-Idiota –le dije en broma, él rió más fuerte. Lo empujé para que se sentará en el sofá y yo me senté encima, lo besé. En el momento que corte el beso y me aleje de él, los dos estábamos respirando con pesadez. Él me miraba con lujuria y podía sentir que su “amigo” ya había despertado –Nicolás, que vaya a tomar la píldora, no significa que estoy lista para algo más. Lo sabes, ¿no? –pregunté, tenía miedo de haber elevado sus esperanzas y que en esos momentos ya estuviera esperando tener sexo conmigo.

Él sonrió y me llevó un mechón de pelo detrás de mi oreja.

Rosa, ya lo sé. Está bien. Vamos a ir tan lentos como quieras. Mientras que pueda hacer esto –tomó mi rostro con sus manos y me volvió a besas. Sonreí contra sus labios, en esos momentos me sentía más feliz de lo que había estado en años, él era demasiado dulce. Lo única que deseaba era estar lista pronto, tenía mucho miedo de que él se aburriera o se desesperara y se fuera corriendo tras esa cualquiera de Silvina.

Después de besarnos y mimarnos por lo menos una hora escuchamos un coche en la calle.

-Maldita sea, debe ser Peter –susurré, trate de alejarme de Nicolás y a pesar que él opuso resistencia lo logre. Me senté a su lado, alise mi cabello, tenía la esperanza que no nos viéramos como si hubiéramos estado toqueteándonos por la última hora.

Nicolás se rió y me volvió a sentar en sus piernas.

-Peter puede manejar esto. Vamos, tiene que acostumbrase a vernos juntos con el tiempo. Él va a vernos dándonos besos de vez en cuando –dijo, rio entre dientes contra mi cuello. Sonreí, acaricié su nuca, escuche la puerta abrirse y Nicolás levantó la cabeza para mirar, tenía una pequeña sonrisa en el borde de sus labios. De verdad parecía que él estaba disfrutando el molestar a Peter.

-¡Oh vamos, chicos! En serio, ¿Qué les he dicho esta mañana sobre las muestras de cariño públicas? –se quejó Peter, arrojó las llaves sobre la mesa de centro.

Nicolás gimió y puso los ojos en blanco, se sentó bien y me ayudo para que me bajara de sus piernas y me sentará a su lado.

-¿Mejor? –preguntó, sonrió con malicia

Peter suspiró y también puso los ojos en blanco.

-Supongo que me voy a acostúmbrame a esto –se quejó. Nicolás me sonrió y no pude evitar sonreírle de vuelta. Él echó un brazo sobre mis hombros y me tomó de la mano con su otro brazo, comenzó a jugar con mis dedos.

Peter se dejó caer en el sofá frente a nosotros, nos miró con mal humor. Yo me reí de su expresión y me levanté.

-Tengo que hacer mi tarea. Ustedes, chicos, pueden entretenerse solos por un rato, ¿verdad? –les sonreí a los dos. Tenía la sensación de que necesitaban un poco de tiempo de “vinculación masculina” después de las revelaciones de anoche. Peter y Nicolás después de todo eran los mejores amigos.

-Sí ¿quieres jugar algo, Peter? –preguntó Nicolás con entusiasmo. Peter se levanto y fue a preparar el Wii, sonreí secretamente, me sentía feliz. “Sí, volvieron a la normalidad”, pensé.  Tomé mi bolsa de papel marrón y comencé a caminar rumbo a mi cuarto, justo cuando pasé al lado de Nicolás este me dio una palmada en el trasero, yo reí divertida. Como ya había hecho mis deberes decidí darme un largo baño de espuma. Preparé el agua en la tina y le agregué una cantidad de burbujas, agarré un libro y me metí en la bañera. Me perdí en la lectura.

Estaba tan absorta en la historia que no oí la puerta abrirse.

Eso sí que es sexy –ronroneó Nicolás, estaba parado a mi derecha.

Grité y por poco que no se cayó el libro en el agua.

-¡Mierda! ¡Casi me das un infarto, Nicolás! –grité, respiré profundo trantando que mi corazón se calmara, en esos momentos estaba latiendo tan fuerte que parecía que quería romper mis costillas. Cuando me calme un poco lleve mis rodillas a mi pecho y traté de ocultarme de modo que Nicolás no pudiera ver nada inapropiado. Para mi suerte aún habían bastantes burbujas que me tapaban.

Se echó a reír.

-Lo siento. Oye, ¿puedo entrar? –bromeó y se arrodilló junto a mí y puso sus dedos en el agua de la bañera. Los sacó rapidísimo y meneó la cabeza en negación –olvídalo. ¡Eso está jodidamente helado! –frunció el ceño y se secó la mano en la toalla de al lado.

-Nicolás, ¿puedes salir de aquí? ¡Esto no es divertido! –le grité y me sonrojé.

Puso su sonrisa engreída y me beso en los labios por una fracción de segundos, luego caminó hacia la puerta.

-Estaba bromeando. En realidad no sabía que estabas aquí. Aunque ya deberías salir, esa agua está muy fría. ¿Has estado ahí todo el rato? –preguntó.

-Está un poco fría –admití. Como había estado absorta en la historia ni siquiera me había dado cuenta que la bañera estaba como cubito de hielo y que todo mi cuerpo estaba con piel de gallina. Nicolás sonrió y salió del baño, cerró la puerta y tuve un poco de intimidad. Saqué el tapón de la bañera, lancé mi libro a un lado y me puse de pie. Tomé la toalla del borde y la envolví alrededor de mí cuerpo con fuerza. Cuando ya estaba de pie en piso del baño me di cuenta que no había llevado nada de ropa para cambiarme. Comencé a sentir más frió y mis dientes comenzaron a castañear. “No puedo quedarme aquí toda la noche, solo tengo que ir a buscar un pijama. No es la gran cosa; Nicolás ya me ha visto en toalla antes”, todos los pensamientos se atropellaron en mi cabeza pero me convencieron.

Salí del baño y vi que Nicolás estaba descansando echado sobre mi cama.

-Hola –le dije, me sentía un poco incómoda, me puse un par de pantaloncillos cortos por debajo de la toalla.

-Por Dios, Rosa, podría haberte dado hipotermia o algo así. –me regañó, me miraba con preocupación. Me tomo de la mano y me llevo hasta la cama, me sentó en el borde y luego el entró al baño trajo otra toalla. Frotó mis brazos y hombros para ayudarme a secarme lo más rápido posible.

Por dentro estaba contenta de haber decidido no lavarme el cabello, porque si lo hubiera hecho me hubiera dado más frío aún. Nicolás envolvió su brazo alrededor de mí, puso cada uno de mis dedos que estaban arrugados en su boca, para calentarlos uno por uno.

¡Oh, Dios mío, eso es sexy! –gritó mi voz en mi cabeza.

Me acerqué a él y lo bese, me di cuenta que lo había tomado de sorpresa. Después de uno o dos segundos él respondió el beso. Mordí su labio inferior suavemente y él abrió su boca, deslice mi legua dentro. Nicolás gimió, el gemido le salió desde la parte posterior de su garganta, envolví mis brazos alrededor de su cuello, y lo sujete con rudeza, lo acerque más a mí. Él profundizó más el beso. Después de lo que me pareció una eternidad, pero aún así no lo suficientemente largo, rompimos él beso, ambos respirábamos con pesadez. Sus labios no se separaron de mi pile ni por un segundo, beso mi cuello y succiono la piel cerca de mi clavícula, yo jadeé y me retorcí.

Todavía sentía frió así que mis dientes empezaron a castañear de nuevo, eso arruinó el momento. Él se separó entre risas.

-Vamos a ponerte debajo de las sábanas para que entres en calor –se quitó la camiseta en un solo movimiento y yo no pude evitar mirar su pecho esculpido. Sentí movimiento y mi visión se puso negra por unos segundos, eso me había interrumpido en mi momento de comérmelo con la mirada. Sonreí cuando me di cuenta que él me había puesto su camiseta por mi cabeza.

-Nicolás, si quieres que me caliente, todo lo que necesitas hacer es quitarte la ropa –ronroneé mordí mi labio inferior y miré su pecho y abdomen, tenía ganas de pasar mi legua por ellos.

Se rió y me rodeó con sus brazos.

Rosa, no podrías estar más caliente. Confía en mí. Si estuvieras más caliente sería ilegal –respondió, y me besó de nuevo. Me quité la toalla húmeda y la arrojé al piso mientras él me levantaba. Envolví mis piernas alrededor de su cintura, él saco la colcha y se subió a la cama conmigo unida a él todavía, yo parecía un mono bebe. Jaló la colcha y nos tapo por completo, se apartó mí y me hablo en la penumbra. Te he echado de menos esta noche. ¿Por qué no te quedaste a jugar con nosotros? –preguntó de mala gana.

-Pensé que tú y Peter necesitaban un poco de tiempo los dos solos. De verdad no has hablado con él por tu cuenta desde que se enteró de lo nuestro. Él sigue siendo tu mejor amigo, así que sólo vamos a tener que encontrar un equilibrio. No puedes pasar todo tu tiempo tratando de meterte en mis pantaletas, sabes –bromeé.

-Pero me encanta intentar meterme en tus pantaletas –se quejó en broma, me miró con cara de cachorrito, y yo reí. Me estaba calentando. Su calor corporal palpitaba en mí, nuestro aliento se mezclaba bajo el edredón, parecía que nosotros humeábamos, y me puse a pensar que tal vez era la pasión que sentía arder dentro de mí –supongo que tienes razón. Peter estuvo bien esta noche, en realidad me dijo que era agradable verte feliz, por lo cual me llevó todo el crédito por supuesto –dijo engreído.

-¿Todo el crédito? ¡Vaya, que ego desmesurado tienes! –bromeé, sonreí ante la broma doble sentido que había hecho sobre el bulto en sus pantalones que estaba presionándose contra mí en esos momentos. Él se rió y me acarició una mejilla con el dorso de sus dedos.

-¡Es mejor que no estés desnudo con mi hermana pequeña, Riera! –gruñó Peter en advertencia desde mi puerta.

Nicolás saco la colcha de sobre nosotros, estaba sonriendo con aire de culpabilidad.

-Peter, amigo, me parece que un poco de advertencia más estaría bien.

-Oh, Peter, ¡contrólate! ¿Qué quieres? ¿Y alguna vez has oído hablar de tocar antes de entrar en una habitación? –pregunté, empujé con mis pies un poco más la colcha para que mi hermano pudiera ver que estaba vestida.

-Toque pero no me escucharon ya que estaban con todo ese coqueteo –respondió, sonrió. Todos nos reímos y Peter negó con la cabeza –Bueno igual, sólo vine para decirte, Rochi, que mamá regresa a casa el domingo.

Sonreí; no había visto a mi madre en tres semanas.

-¿Sí? ¡Que bueno! –exclamé con emoción.

Peter asintió con la cabeza, sonreía casi tanto como yo.

-Sí. Bueno, está bien, me voy a la cama. Mantengan el ruido bajo por aquí; no quiero enterarme de nada.

Me eché a reír, no podía resistirme a burlarme un poco más de él.

-Peter, tal vez quieras tomar prestado mi iPod, estamos calentando para cumplir la apuesta –bromeé y le guiñe un ojo.

Nicolás se echó a reír y Peter me miró fijamente, sacudió la cabeza en forma desaprobatoria, salió del cuarto y cerró la puerta.

Rosa, eres demasiado divertida –dijo Nicolás, me besó el cuello.

-Cállate, RIERA –contenté, tratando de imitar el tomo de voz de mi hermano.

Capitulo Doce

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

Desperté con Nicolás todo desparramado sobre mí y me di cuenta que nos habíamos quedado dormidos. Miré su reloj.

Mierda. ¡son las nueva! Peter ya debe estar en casa. –gritó mi voz en mi cabeza, sacudí a Nicolás para que se despertará.

-Hey, me tengo que ir son más de las nueve –dije, intente desenredar nuestros cuerpos.

Gimió.

-Diez minutos más Rosa –murmuró soñoliento.

Sonreí, se veía tan lindo cuando dormía. Reí y le hice cosquillas.

-Nicolás no es de mañana, aún es de noche, me tengo que ir. Peter se estará preguntando ¡dónde estoy! –le explique, finalmente logre sacarlo de encima de mí y me levanté. Gimió y me jalo de regreso a su lado, me sostuvo fuerte contra su cuerpo, estaba sonriendo con cara de dormido. Reí –¡Detente! Tengo que irme –dije, reí y le mordisquee el lóbulo de la oreja derecha.

Sacudió su cabeza.

-No, no quiero que te vayas –murmuró, me beso el cuello. Lo empuje y él gruño –pero te voy a extrañar –lloriqueo, yo reí más alto.

-Te veré en una hora. Tengo tareas que hacer –dije encogiendo los hombros.

Suspiro resignado.

-Sí, yo también –admitió, hizo un pequeño puchero. Salí de su cama y fui a la puerta.

-Hey espera, te acompaño hasta la salida –agarró mi mano y caminamos juntos por el pasillo. Asomé la cabeza hacia el salón de la televisión.

-Adiós Lau, Adios Osvaldo –dije.

-Adiós cariño –respondió Osvaldo sin dejar de ver la tele. Laura me sonrió.

-Adiós Rocio. ¿Se divirtieron? –preguntó y guiño un ojo. Me sonrojé y asentí con la cabeza sin hablar porque no sabía con que tono podía salir mi voz.

Nicolás rodó sus ojos, me llevo hasta la puerta de enfrente, me arrinconó ligeramente hacia esta y me beso hasta que me sentí un poco mareada.

-Te veo después de las 10, ¿de acuerdo? –susurró y acarició mi mejilla.

Camine a paso rápido hacia mi casa, abrí la puerta y puse un pie adentro, antes de entrar por completo volteé y le sonreí a Nicolás. “qué lindo es, está parado viéndome para asegurarse que llegue a salvo a casa y vivo a 9 metros de él”, pensé con una sonrisa y terminé de entrar a casa.

Peter estaba sentado en el sofá, y enseguida me di cuenta que estaba esperándome, apenas entre me miró, en sus ojos había enojo.

-¿Dónde has estado? ¡Estaba preocupado! Podrías haberme dejado una nota o algo así –dijo sacudiendo sus manos histéricamente.

-Lo siento, estaba en la casa de Nicolás. Laura me invitó a cenar, y como tú no estabas yo no me quería quedar sola, acepte –dije y me encogí de hombros.

-¡Amo las cenas de Lau! –gimió, y la expresión de enojo paso a ser reemplazada por una de celos.

-Te perdiste una buena, hizo pastel casero y todo –me burlé, sonreí con maldad mientras él se lamentaba.

-Bueno, yo disfruté de mi queso a la parrilla –bromeó, y me hizo reír.

-Voy a hacer mis tareas –me volteé y con intensión de ir a mi cuarto.

-Rochi, espera un minuto. Necesito hablar contigo –dijo, acarició el asiento junto a él, se veía triste. Caminé dudosa y me dejé caer a su lado.

-¿Qué pasa Peter? –pregunté, estaba preocupada porque él realmente se veía molesto, algo lo estaba incomodando.

Tomó un profundo respiro.

-Hable con mamá –sonreí.

-¿Sí? ¿Está bien? ¿Viene a casa? –pregunté emocionada, me di cuenta que no había visto a mi mamá en dos semanas.

La extrañaba con locura, las veces que pasaba con nosotros parecían ser por tiempos muy cortos.

Sacudió su cabeza y respiro profundo de nuevo.

-Me dijo algo, te voy a contar pero no quiero que te vuelvas loca por eso. No hay nada por qué preocuparse. Te lo prometo –tomó mi mano y me miró a los ojos, me sonrió pero con una sonrisa triste.

Oh demonios, algo no va bien –gritó mi voz en mi cabeza

-¿Qué pasa? –pregunté, estaba imaginándome lo peor.

“Nos vamos a tener mudar a chica. Ha perdido su trabajo. Se va a volver a casar, aunque eso no es malo, a menos que el tipo sea un idiota”, cien pensamientos pasaron por mi mente en medio segundo pero ni siquiera estaba cerca a lo que Peter tenía que decirme.

-Nuestro padre se contactó con ella. Aparentemente quiere vernos, y recompensarnos por todo lo que nos hizo –escupió con los dientes apretados, la tristeza que se le veía en el rostro se transformo en rabia.

No podía respirar. Mil pulmones se rehusaban a hacer su trabajo. Mi corazón estaba latiendo demasiado rápido, mi cuerpo comenzó a temblar. “Él está volviendo, quiere vernos”, lo que mi hermano me había dicho retumbaba en mi cabeza mientras mi mente recordaba que la última vez que había visto a aquel hombre, este me había arrancado la camisa de colegio, me había tirado al suelo y se había quitado los pantalones. Estuvo a punto de violarme pero llegaron Peter y Nicolás y comenzaron a golpearlo.

Oh, Dios está de vuelta –gritó mi voz en mi cabeza.

Mi mente comenzó a reproducir todos los golpes que nos dio a Peter y a mí, todos los toqueteos que me había hecho cuando me quedaba a solas con él, las palabras que me había susurrado y las sonrisas secretas que me había dado. Comencé a ver puntos negros, estaba completamente hiperventilada. Comencé a sentir que mi cuerpo era incapaz de lidiar con los recuerdos y el dolor, “Me voy a morir”, pensé.

Era vagamente consiente de los gritos que se oían a mi alrededor.

-Sólo déjame, ¡puedo ayudarla! –gritó una voz que reconocía pero no estaba segura de quien era.

-Llama al 911, por el amor de Dios. ¡No puede respirar! –gritó Peter.

-Peter, ¡déjame! Yo me encargo, te lo prometo –dijo con urgencia la voz de nuevo.

En esos momentos sentí dos brazos rodeando mi cuerpo, presionándome con fuerza hacia un duro pecho; sentí un delicioso aroma y lo reconocí al instante, era el de Nicolás.

Oh, gracias Dios, ¡Nicolás está aquí! –habló mi voz en mi cabeza. La carrera de mi corazón comenzó a calmarse, sentí que Nicolás presionó sus labios en mi cuello, me concentré en su respiración que era lenta y calmada, la podía sentir en mi espalda. Intenté igualar mi respiración con la suya. Me concentré en el latido de su corazón contra mi pecho, unos momentos después los puntos negros de mi visión comenzaron a desaparecer.

Después de lo que a mí me parecieron unos minutos, recuperé el control de mis brazos e inmediatamente los enredé alrededor de la cintura de Nicolás, me aferre a él como si él fuera la única cosa que evitaba que me cayera por el borde del mundo.

“Mi padre está regresando, pero yo estoy con Nicolás, él no va a permitir que nada me lastime, lo sé”, pensé con seguridad sintiéndome a salvo en sus brazos. Después de lo que me pareció una eternidad por fin pude hacerme hacia atrás y mirarlo a los ojos.

-¿Estás bien ahora? –preguntó, puso sus manos en mis mejillas y apoyo su frente con la mía.

Asentí, me lamí los labios, los cuales por algún motivo estaba salados, en ese momento me di cuenta que estaba llorando. Me limpié el rostro con una mano. Lentamente volví a ser consciente de lo que me rodeaba. Aún estaba en el salón de mi casa.

Levanté la vista y vi a Peter sentado en el sillón unitario, estaba observándonos conmocionando. Su boca y sus ojos estaban completamente abiertos. Pensé en dar un paso para atrás, pero no podía. No podía alejarme de Nicolás, era mi lugar seguro, era al que necesitaba, la persona que me mantendría a salvo de todo lo malo, a salvo de mi padre.

Peter caminó hacia mí, me arrancó de los brazos de Nicolás y yo lloriqueé un poco. Me abrazó con fuerza.

-Demonios, Rocio. ¡Nunca me hagas esto de nuevo! ¡Creí que te ibas a morir! Mierda, me asustaste –despotricó Peter mientras me mecía con suavidad.

-Estoy bien –dije débilmente. Miré hacía Nicolás, necesitaba verlo para sentirme tranquila pero él no estaba ahí, él pánico comenzó a inundar mi pecho, mi respiración comenzó a fallar.

-¿Dónde está Nicolás? –grité, las lágrimas comenzaron a caer de nuevo “Oh, Dios, me dejó”, pensé horrorizada.

Peter me abrazó con más fuerza.

-Shh está bien. Sólo respira, shh –murmuró, pero yo no podía, mis pulmones se sentían duros –¡Mierda! –jadeó Peter cuando me miró –¡Nicolás, vuelve aquí rápido! –casi gritó.

Nicolás corrió de regreso al salón, estaba sosteniendo un vaso de agua que dejó en la mesa de centro con brusquedad, envolvió sus varazos a mí alrededor de nuevo.

-Está bien, Rosa –susurró, puso sus labios en mi cuello otra vez.

Después de un par de minutos pude recuperarme, le sonreí a Nicolás y miré a Peter me di cuenta que estaba enojado.

-¿Qué demonios? Ustedes dos están saliendo, ¿no? –gruñó.

Nicolás levantó una mano para detener su arranque de cólera.

-Mira Peter, tú y yo hablaremos de esto, pero ahora después de lo que ha pasado, no es el momento. Necesito asegurarme que ella esté completamente bien –dijo con severidad, quería ponerle fin a la conversación.

Peter me miró algo arrepentido y asintió con la cabeza.

-Lo siento, Rocio, pero tenía que contártelo, tenía que asegurarme que lo sabías, pero te juro que nunca dejaré que te lastime. No tienes que preocuparte por nada. Lo mataré antes de que te toque –dijo Peter y tomó mi mano.

Sonreí, pero tuve la sensación que se vio más como una mueca que como una sonrisa.

-Lo sé, Peter. Siento haberme vuelto loca y asustarte –levanté una mano temblorosa y limpié mis lágrimas de nuevo.

-Está bien. Sólo, no lo vuelvas a hacer –dijo sonriendo. Reí débilmente y asentí.

Nicolás me paso el vaso con agua y yo la bebí. Noté que Peter observaba con enojo cada movimiento de Nicolás

-Deja de mirarlo así Peter, él no ha hecho nada malo –dije frunciendo el ceño.

Sacudió la cabeza y su mandíbula se tensó, tomo un profundo aliento, estaba intentando calmarse a si mismo antes de volver a hablar.

-Ustedes dos están saliendo –dijo simplemente, miró de uno al otro para que le diéramos una confirmación. Me moví incómoda en mi asiento. “Esto es muy pronto para un par de semanas”, pensé.

-Sí –respondió Nicolás. Su brazo estaba envuelto a mí alrededor. Me encogí y me acerque a él, esperaba que todo esto fuera un sueño. “No sólo mi padre abusivo está regresando sino que ahora mi hermano va a comenzar a golpear a mi novio”, mis pensamientos golpeaban contra las paredes de mi cabeza haciéndola latir.

-¿Desde hace cuánto? –preguntó Peter, tenía la mandíbula tensa aún, pero parecía que su autocontrol estaba funcionando.

-Desde el viernes –respondió Nicolás en voz baja. Vi en su rostro que sentía culpa por habérselo ocultado y sabía que era mi culpa, porque yo le había pedido que lo hiciera.

-Él te lo quiso decir ese mismo día Peter, pero yo quería esperar. No quiero que ustedes dos peleen. ¿Por favor? –rogué mirando a mi hermano, intente poner carita de cachorro herido.

-¿Te gusta Nicolás, Rocio? –me preguntó Peter, cerró los ojos, parecía triste y algo decepcionado.

-Sí –admití, le rogué con los ojos que aceptará la relación y que no lo fuera a culpar a Nicolás por habérselo ocultado.

Él asintió sin abrir sus ojos.

-¿Qué fue lo que hiciste, Nicolás? ¿Cómo hiciste eso? ¿Calmarla de esa forma? –preguntó cuando abrió los ojos, lo miró con gratitud.

-No lo sé. Sólo sé que eso la calma, eso es todo. Siempre lo ha hecho –dijo Nicolás encogiéndose de hombros.

-¿Cómo que siempre lo ha hecho? ¿Cuándo lo has hecho antes? –preguntó Peter, confundido.

-Sí, he tenido que tranquilizarla un par de veces –respondió Nicolás con tristeza. Supe que se refería a todas las veces que me había visto llorar, casi cada noche, hasta que cumplí catorce años.

-¿Qué? ¿Cuándo? Nunca te he visto hacer eso antes –protesto Peter, negó con su cabeza, parecía confundido.

Suspiré.

Ahora va a descubrir que Nicolás duerme en mi cuarto –hablo mi voz en mi cabeza. Crucé los dos y recé para que todo saliera bien, para que Peter estuviera de acuerdo, y no matara a su mejor amigo.

Nicolás me miró pidiéndome permiso con los ojos para contarle todo, asentí y me mordí el labio inferior, “Lo va a terminar sabiendo tarde o temprano, y mejor que sea por nosotros” pensé. Suspiré de nuevo.

-Peter, por favor no enloquezcas –le rogué, moví mi cuerpo hasta que estuvo ligeramente enfrente de Nicolás, ya que en caso de que Peter se lanzará a él, yo trataría de detenerlo.

-Peter, hombre, nada nunca ha pasado, te lo juro –habló Nicolás. Peter lo miró, su expresión estaba aun más confundida que antes –cuando tenía diez años, la vi a través de mi ventana llorando en su cama. Así que me acerqué para asegurarme que estuviera bien, y terminé durmiendo en su cama –Peter lo miraba como si estuviera a punto de asesinarlo en ese preciso momento –sucedió de nuevo la siguiente noche y la siguiente. Ella lloraba y yo entraba a hurtadillas por su ventana. Después de un tiempo, se convirtió en un hábito –dijo Nicolás.

Peter saltó con su puño en alto. Sus ojos miraban a Nicolás con odio. En ese momento Nicolás me agarró del brazo y me puso detrás de él de manera protectora. Los ojos de Peter llamearon pero su rostro se calmó.

-¿Por qué hiciste eso? –preguntó Peter, estaba jadeando y mirando a Nicolás intensamente.

-¿Hacer qué? –preguntó Nicolás, aún me sostenía detrás de él.

-Poner a mi hermana detrás de ti de esa forma –dijo Peter, estaba completamente calmado.

Nicolás sacudió la cabeza, parecía que no terminaba de entender la pregunta.

-Es sólo que no quiero que salga lastimada, eso es todo.

Peter se sentó, paso sus manos a través de su cabello oscuro.

-¿De verdad te gusta mi hermana? –preguntó mirando al piso.

-Peter, estoy enamorado de tu hermana, y tú lo sabes –Nicolás se sentó en el sofá y me hizo sentar junto a él.

Peter asintió.

-Y has dormido en su cama, cuando eran niños –declaró Peter, como asegurándose de entender bien las cosas.

-No sólo cuando éramos niños, eso es lo que estaba intentando decirte. Ella solía llorar, así que me metía a escondidas para confortarla cada noche. Es sólo que después de un tiempo se volvió una costumbre, y ahora ninguno de los dos puede dormir bien, si el otro no está –admitió Nicolás,  frunció el ceño.

El rostro de Peter se endureció de nuevo.

-¿Aún duermes en su cuarto? ¿Duermes cada noche con ella desde que tenías diez? Maldición, Nicolás. ¡Mierda! ¡Eres un hijo de puta, idiota estúpido! –rugió Peter, realmente no pudo hablar con claridad, dio un paso al frente, con sus puños cerrados otra vez.

Cerré los ojos con fuerza

¡Oh, Dios, aquí viene! –gritó mi voz en mi cabeza y levanté mis manos intentando detenerlo.

-Peter, ¿Te acuerdas cuándo solía despertarme gritando? Lo hacía todo el tiempo –pregunté desesperada. Necesitaba hacerlo entrar en razón antes de que ellos terminaran peleando.

Asintió y pestañeo.

-Sí, dejaste de hacerlo cuando tenías como ocho o algo así.

Asentí.

-Si, a los ocho. Eso fue cuando Nicolás comenzó a dormir conmigo. Se fueron las pesadillas, gracias a Nicolás –dije sonriendo, apreté la mano de Nicolás.

-¡Sí las tenías! Tuve que dormir un par de veces contigo –protestó Peter.

-Sí, lo hiciste, pero seguí teniendo pesadillas aun cuando tu dormías conmigo –lo contrarié. Peter se estremeció y asintió, probablemente comenzó a recordar cuando yo gritaba en su cama –solo he tenido unas cuantas pesadillas desde entonces, y las únicas veces que las he tenido han sido cuando Nicolás no ha estado conmigo. Como cuando se fue de vacaciones –le explique a Peter mirándolo a los ojos, y después de unos segundos comencé a ver como la compresión lo invadía. Estamos en silencio los tres.

Nicolás comenzó a acariciar mi mano, Peter sólo miraba al piso. Después de lo que a mí me pareció una eternidad, Peter miró a Nicolás.

-Nicolás, si lastimas a mi hermano, mejor amigo o no, igual te mataré –le advirtió Peter. En su rostro se veía que hablaba en serio.

-No lo haré. Lo prometo –juró Nicolás, tenía una sonrisa tranquilizadora en su rostro.

-De acuerdo, entonces me voy a la cama. Supongo que los veré en la mañana, asegúrense de cerrar la puerta antes de irse a acostar –instruyó Peter, se fue a su cuarto, nos dejó a Nicolás y a mí sentados en sofá estábamos en estado de shock.

Miré a Nicolás, se veía tan anonadado como lo estaba yo.

-Wow, eso fue más fácil de lo que me había imaginado –reflexionó, sonrió y puso sus manos en mis mejillas.

Sonreí, estaba complacida de que finalmente lo nuestro saliera a la luz.

-¿Quieres ir a la cama Nicolás? No estoy de humor para hacer las tareas, sólo quiero dormir –sólo necesitaba meterme en la cama con él, que me sostuviera en sus brazos por un rato.

Asintió y besó mi nariz.

-Sí, sólo necesito ir a mi casa primero. Peter llamó y dijo que tú estabas mal, así que sólo salí corriendo no les dije a mis padres nada –acarició mis mejillas con sus pulgares con suavidad, me miraba con una sonrisa algo triste.

-Está bien. Supongo que me iré a la cama, y te veré cuando regreses –dije, me levante y lo empuje a la puerta.

-Hey, ¿ahora que Peter sabe todo, puedo usar la puerta? –sonrió.

Reí con emoción pero negué con la cabeza.

-No, tus padres pueden verte… a menos que quieras decirles que te vas a quedar a dormir –sugerí.

Sonrió con felicidad.

-Me entrar por tu puerta de tu casa y meterme en tu cama. Nunca lo he hecho.

Saqué mis llaves de mi bolsillo y se las di.

-Asegúrate de cerrar bien la puerta, ¿ok? –lo besé en la mejilla y camine a mi cuarto.

Eran casi las diez pero mi cuerpo por todo el drama emocional que había sufrido se sentía exhausto, parecía que no hubiera dormido en días. Me saqué la ropa y me puse mi camiseta favorita, la que solía ser de Nicolás. Me dormí apenas puse la cabeza en la almohada. Un par de minutos después, sentí dos brazos rodeando mi cuerpo y una pesada pierna deslizarse entre las mías. Sonreí y me apreté más contra él. Mi novio, al único que necesitaba cuando las cosas se ponían mal, había llegado.

“Es raro, pero cuando Peter me alejó de Nicolás esta noche, me sentí extraña, como si hubiera separado de mi propio corazón. Nunca me di cuenta cuán fuertemente estaba conectada con él hasta ese momento. Literalmente lo es todo para mí. Cuando sentí sus brazos a mí alrededor en el momento que sentía que me moría, me sentí como en casa, todo el pánico que me había provocado el recuerdo de mi padre comenzó a irse apenas lo sentí junto a mí. Sentí, como si mientras él estuviera conmigo todo estaría bien” –reflexionó mi cabeza mientras él me tenía abrazada en la cama.

Me acerqué un poco más él y lo escuché susurrar.

-Te amo –justo antes de caer en un profundo y tranquilo sueño. Esa vez no dudé de lo que había oído.

Capitulo Once

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

Caminamos de la mano hacia su casa, ambos estábamos sonriendo con entusiasmo.

-¿Mamá? ¿Papá? ¿Están en casa? –preguntó gritando Nicolás, mirando el salón vacío.

Oí voces que venían de la cocina.

-Sí, cariños. Estamos aquí –hablo Laura.

Nicolás sonrió feliz y de la mano me llevó hasta la cocina. Laura estaba horneando galletas y Osvaldo estaba concentrado tratando de comer la mezcla directamente del tazón, ella golpeó su mano con una cuchara de madera riendo. Me reí entre dientes por la escena. Ellos siempre eran así, Laura era la perfecta ama de casa y madre, y Osvaldo adoraba a Laura y a Nicolás, eso me parecía muy dulce.

-Hey, Rocio. Cuánto tiempo sin vernos –dijo Osvaldo, me dio un gran abrazo, eso hizo que mi corazón se acelerara por la cercanía física entre ambos.

-Hola. Hola Lau. ¿Cómo están? –pregunté alegremente cuando el papá de Nicolás me soltó.

-¡Estamos muy bien! Rocio, te abrazaría pero estoy cubierta de masa para galletas, cariño. –Laura frunció el ceño y levanto las manos como evidencia.

-¡Sí, ya me di cuenta! Qué bien huele  -le dije, mire en el mostrador un plato con algunas galletas ya listas. Ella me pasó el plato y yo tomé una, sonreí –Gracias.

-¡Oye! Dijiste que no podía tomar una porque se estaba enfriando –se quejó Osvaldo, hizo un puchero, yo reí y ella tomo una galleta y se la lanzó guiñando un ojo.

-Um chicos, me estaba preguntando si querían conocer a mi novia. ¿Tal vez ella pueda cenar con nosotros esta noche? –sugirió Nicolás, puso una de sus manos en la parte baja de mi espalda.

Laura sonrió de inmediato. Se le veía contenta y hasta llegue a pensar que estaba conteniendo algunas lágrimas.

-¡Oh, Nicolás! ¡Me encantaría conocerla! Todavía no puedo creer que tengas una novia. ¡Pasaste mucho tiempo diciendo que sólo había una chica para ti y ahora finalmente has sido capaz de superarla y salir con alguien! –hablo, su voz estaba rebosante de emoción y orgullo.

-Si bien, mamá, ¿puedes hablar un poco más bajo? –murmuró Nicolás, puso los ojos en blanco.

-Entonces, ¿a qué hora viene? ¿La has conocido, Rocio? ¿Es bonita? –preguntó Laura, me sonrió. Yo miré a Nicolás, sin saber qué decir.

Esta situación es vergonzosa –hablo mi voz en mi cabeza -¿Y ella dijo que Nicolás siempre había dicho que sólo había una chica para él? –esta vez mi voz sonó un poco preocupada.

-En realidad, mamá, ella está aquí –dijo Nicolás con orgullo, acallando la voz en mi cabeza, se le oía orgulloso, frotó mi espalda suavemente y me sonrió. Sus ojos estaban fijos en los míos, mi cuerpo se comenzó a sentir algo más caliente. Laura saltó, se limpió las manos en un paño y se arregló el pelo rápidamente, estaba frenética, salió casi corriendo hacia el pasillo.

Esto es raro –hablo mi conciencia.

-Mamá, ¿qué haces? –preguntó Nicolás, estaba riendo; yo me di cuenta de que Osvaldo estaba mirando fijamente la mano que Nicolás tenía en mi espalda con una gran sonrisa en su rostro.

-Bueno, ¿ella está afuera o donde? –preguntó Laura, miró a Nicolás y luego a la puerta de la salida. Nicolás se echo a reír fuerte y Osvaldo y yo lo acompañamos.

-Mamá, ella es mi novia. Su nombre es Rocio Igarzabal –Nicolás sonrió con orgullo, me acercó más a él.

Laura reacciono y me miro sorprendida. Poco a poco, su expresión paso hacer de felicidad y luego de dicha completa, comenzó a reír y corrió hacia nosotros y nos tomo en un gran abrazo.

-¡Oh, Dios mía! Al fin, ¿ustedes están de novios? ¡Por fin! –ella estaba gritando, daba pequeños saltitos en su lugar.

Nicolás, me abrazo por la cintura y me acercó a él.

-Sí, finalmente –confirmó, puso los ojos en blanco, lucía divertido. Osvaldo se acerco y estrecho la mano de Nicolás en un gento muy adulto, luego lo tiró hacia él y le dio un gran abrazo de oso.

Después que toda la emoción se apago, cenamos. Me sorprendí lo agradable que había sido haber estado sentada con los padres de Nicolás de esa manera, ellos sinceramente no dejaban de sonreír. Cada vez que Nicolás y yo nos tocábamos, Laura suspiraba feliz, siempre nos sonrió radiante.

-¡Bien, chicos ustedes van a limpiar la mesa –ordeno Lau, agarro mi brazo y me llevo a la sala –estoy muy feliz por ustedes dos. Nicolás ya te contó que ha estado enamorado de ti durante años, ¿verdad? –me sonrió.

Mi respiración se paró un momento por sus palabras.

¿Ella piensa que Nicolás ha estado enamorado de mí durante años? –me pregunté –él no ha estado enamorado de mí ¿verdad? –mi voz en mi cabeza se oía extraña -¿de verdad él susurró que me amaba ayer por la noche antes de que me durmiera? –mis propias preguntas hicieron que mi cabeza empezará a dar vueltas confundida.

-Er, me dijo que le gusto desde hace mucho tiempo, eso me dijo –murmuré, me sentía un poco incómoda por la situación.

Ella rodó sus ojos.

-¿le gustas? , cielos ese chico ha estado enamorado de ti desde el primer día que te vio. O sea quiero decir, ¡todavía te llama Rosa por el amor de Dios! –Se rió.

La miré, confundida.

-¿Qué tiene que ver eso? –pregunté, fruncí el ceño. “De verdad amo a Lau, pero a veces puede ser tan loca”, pensé.

-¿Nunca te ha dicho por qué te llama así? –preguntó, me sonrió. Negué con la cabeza, y ella rió entre dientes con misterio –La primera vez que te vimos fue en la fiesta del sexto cumpleaños de Nicolás. No hacía mucho tiempo que ustedes se habían mudado y nosotros pensamos que estaría bien, ya sabes, invitar a los vecinos nuevos a la fiesta –comenzó, estaba muy entusiasmada.

-Sí, lo recuerdo. Había globos por todas partes, y un payaso que hacía trucos de magia –sonreí; los Riera siempre se habían caracterizado por hacer las mejores fiestas del barrio, eso incluía las infantiles.

-Así es. Bueno volviendo al relato, tu hermano y tú vinieron a la fiesta y tan pronto como tú entraste por la puerta, Nicolás se te quedó mirando. Él literalmente no podía apartar los ojos de ti. Tú te le acercaste, sonreíste y le deseaste un feliz cumpleaños, pero ni siquiera pudo responderte porque no podía articular palabras, así que te fuiste a bailar. En esos momentos se volvió hacia mí y, ¿sabes qué me dijo? –preguntó, estaba lagrimeando. Negué con la cabeza.

¿Qué diablos le dijo? Esto me va a volver loca –grité en mi mente.

-Él me dijo en un tono muy serio, “Mamá, ¿las rosas se mueven? , yo le conteste confundida “No cariño, no se mueven”, él sacudió la cabeza, miró a todos lados buscando algo que yo no sabía, luego te señalo, tú estabas bailando y dijo “Si no se mueven, entonces ¿por qué hay una hermosa rosa bailando en nuestra sala?” –rió –tenía solo seis años y estaba obsesionados con las rosas, le encantaba sus colores y cuidarlas, teníamos el jardín lleno de ellas de tantas que plantaba.

La oí pero no pude articular palabra.

¡Mierda! ¿Es por eso que él me llama Rosa? –escuche mi voz en mi cabeza, estaba jadeando, mi corazón estaba acelerado y mis manos estaban sudando –Nicolás está enamorado de mí –me dije –Pero  ¿Yo estoy enamorada de él? –me pregunté –No, creo que todavía no –me respondí–pero puedo verme fácilmente enamorada de él.

 Respiré profundamente.

-¿Es por eso que me llama así? ¿Hablas en serio? –le pregunté a Laura, aun no sabía si estaba bromeando o no.

-Sí. Pregúntale si no me crees, desde el primer momento que te vio está enamorado de ti, está claro en su mirada. Me sorprende que nunca te dieras cuenta –sacudió la cabeza y se rió entre dientes.

-Nunca me di cuenta porque siempre fue malo conmigo. Él siempre me hacia caer o me tiraba del cabello o me ponía apodos –fruncí el ceño. “¿Por qué hizo todo eso si estaba enamorado de mí? , pensé.

-Tu hermano después de la fiesta donde se conocieron se acercó a él y le dijo que se mantuviera alejado de ti –dijo, se rió y sacudió la cabeza –ese hermano tuyo es super protector contigo, es una bendición –dijo y me sonrió con cariño.

-Sí, lo sé. Nicolás y yo hemos decidido ocultarle a Peter lo nuestro por un par de semana, hasta que las cosas se calmen. De verdad apreciaría mucho si no le dices nada cuando lo veas –me estremecí ante la idea de Nicolás y Peter peleando.

-No voy a decir nada, pero no estoy de acuerdo que se lo oculten, bueno no lo hagan por mucho tiempo por qué si lo hacen sólo se volverá más duró.

Le sonreí agradecida.

-Sí, sólo serán un par de semanas.

De repente, Nicolás saltó por encima del respaldo del sofá y cayó a mi lado, puso su brazo sobre mi hombro y me apretó contra él. Me volví para sonreírle pero él me dio un beso, mordisqueo mi labio inferior, quería que yo dejara que entrara. “Por Dios, ¿se olvidó que su mamá está ahí sentada y nos está viendo?, pensé desesperada.

Me aparté de él y el gimió.

-Rosa, no te he visto durante todo el día –se quejó, hizo un puchero como un niño pequeño. Me reí cuando me llamo Rosa; ¿de verdad me llama así porque pensaba cuando tenía seis años que yo era una rosa que se movía?, pensé divertida.

-¿De qué te ríes, hermosa? –preguntó, me acaricio una mejilla con el dorso de una de sus manos.

-Nada –mentí y le sonreí.

Me beso de nuevo y volvió a morder mi labio para que yo abriera la boca, me aleje otra vez.

-Nicolás, en serio, tu mamá nos está mirando –le susurré mirando su cara de cachorro herido. Ambos miramos a Laura al mismo tiempo y descubrimos que nos estaba mirando fijamente con una enorme sonrisa en su rostro, lucía como si estuviera viendo la cosa más linda del mundo.

Nicolás se levantó y me extendió la mano.

-Vamos a escuchar algo de música a mi cuarto –le frunció el ceño a su mamá que aun nos miraba con una expresión de mujer feliz y loca.

Tome su mano y me levanté, caminamos a su cuarto. No había entrado a su habitación en años. Me pareció que la última vez que había estado ahí, había sido unos dos años antes cuando entré a cambiarme de ropa después de que hubiéramos tenido una enorme guerra de agua y Peter y yo nos olvidáramos las llaves de nuestra casa y no pudiéramos entrar. Su cuarto era el mismo que en ese entonces, pero en esos momentos tenía más cosas en las paredes. Había una camisa de un jugador de hockey firmada que le habían regalado ese año sus padres por su cumpleaños y tenía estantes llenos de trofeos ganadas.

Él puso un poco de música tranquila y yo me acerqué a la estantería para ver dos fotos que tenía ahí enmarcadas. Una de ellas era de Peter, Nicolás y yo en el parque donde solíamos hacer picnics cuando éramos niños, en la foto yo tenía como unos once o doce años y la otra era de mí y mi equipó de baile en una competencia. La tomé y la miré con curiosidad.

-Me encanta esa foto –dijo Nicolás, se paró a mi lado y la miro sonriendo.

Se la pasé.

-¿Cuándo la tomaste?

-Hace unos o dos meses en el club Regatas. Ganaron el primer lugar y estaban saltando por todo el lugar, estaban muy emocionados y felices –sonrió, frotó la imagen con su pulgar y la puso en su lugar.

Caminé a su cama y me senté.

-Woe, ¡tú cama es incómoda! Ahora ya no me extraña que te guste dormir en la mía –bromeé, pase una mano sobre el edredón. Se rió y se sentó a mi lado. Me di cuenta lo guapo que se veía cuando reía. Lo empujé haciendo que quedará echado sobre la cama y me senté a horcajadas sobre él, puse mis antebrazos cerca de su cabeza y me incliné dejando a nuestros rostros a centímetros uno del otro, casi se tocaban –entonces, Nicolás, quiero que me digas algo –suspiré, acaricié su cabeza.

-¿Puedo besarte primero? Te juro que luego respondo lo que quieras –me miró los labios por una fracción de segundos y luego miró mis ojos.

Acorté el poco espació que había entre nuestros labios y lo bese. Inmediatamente puso un brazo alrededor de mi cintura y me acerco a él, una de sus manos se enredo en mi cabello. Trazó con su legua mi labio inferior poco a poco y yo no lo rechacé esa vez, abrí mi boca, estaba ansiosa. Su sabor me lleno cuando deslizó su legua dentro, masajeo la mía con pasión y yo di un pequeño gemido. Besar a Nicolás parecía ser cada vez mejor. Estaba ardiendo por dentro, tenía la necesidad que me tocara, pero también era consciente que sus padres estaban al final del pasillo y sabían que estábamos ahí juntos. Me aparté, ambos estábamos respirando con dificultad. Él estaba recorriendo lentamente mi cuerpo con sus manos mientras me miraba con amor.

Me sorprendió la expresión de su mirada. Lo que su mamá me había dicho era cierto. Él realmente estaba enamorado de mí y yo por fin podía verlo en sus ojos.

-¿Qué quieres saber, Rosa? –preguntó, y sujeto con ambas manos mi trasero, lo apretó suavemente. Me distraje unos segundos por donde estaban sus manos, “Si solo las mueve un poco más abajo y las lleva un poco más al centro, van a estar donde quiero que estén”, pensé, casi podía oír mis pensamientos como un gritó. Sacudí mi cabeza para dispersar la lujuria de mis pensamientos, y mirando su hermoso rostro sonreí.

-Quiero saber por qué me llamas Rosa.

Él jadeó y se sonrojó un poco. Le sonreí para tranquilizarlo. Él me miró, dio un pequeño gemido y sacudió su cabeza rápidamente.

-De ninguna manera. No voy a responder eso –se quejó, me puso la cara de cachorro que yo no podía resistir.

-Vamos, dijiste que ibas a responder cualquier cosa que yo quisiera –lo animé. Frunció el ceño y sacudió la cabeza en negación. “Ok, voy a intentar otra táctica”, pensé –¿Por favor? –Supliqué, le comencé a dar pequeños piquito en sus labios –¿Por favor? –susurré, lo besé de nuevo –¿Por favor?

Él gimió y respiró profundamente, yo lo bese en el cuello.

-Te llamo Rosa, porque, para serte sincero, creo que la vida me puso a la más bella de las rosas en mi camino, solo para mí–admitió, tomo mi rostro entre sus manos y me hizo mirarlo. Respiré inestablemente una bocanada de aire. “Así que era cierto lo que me dijo Laura”, pensé mi corazón latía acelerado en mi pecho y él volvió a hablar –De niño me encantaba cuidar las rosas, y había una en especial, era amarrilla y yo pensaba que era la rosa más hermosa que existía en la faz de la tierra, pero el día que te conocí supe que eras la Rosa más hermosa que existía. Eras tan hermosa que me dejaste sin aliento. Todavía lo haces, cada vez que te veo.

-Eso es lo más dulce que alguna vez he escuchado, Nicolás –murmuré, lo besé cariñosamente. Me devolvió el beso, nos hizo rodar y yo quede debajo de él –podría besarte todo el día –susurré, cuando me beso mi cuello, mordisqueó suavemente mi piel y yo dio unos gemidos jadeantes.

-Mmm, ese es un buen plan –murmuró contra mi piel. Envolví mis piernas alrededor de su cintura y lo acerqué más a mí, lo besé con toda la fuerza que tenía. Tomo mis brazos y los puso sobre mi cabeza, me besó de nuevo en la boca y cuando tuvimos que recuperar el aliento me beso trazando un camino desde mejilla hasta mi oído –Te amo, Rosa –susurró

Mi corazón se detuvo y mi cuerpo comenzó a temblar, no sabía qué decir.

-Yo…Yo…Nicolás…Yo

Me besó de nuevo, evito que siguiera hablando. Me soltó las muñecas y yo lo abrace por el cuello intensificando el beso.

-No tienes que decir nada. He estado enamorado de ti durante años, pero recién ahora has dejado de mirarme como el amigo estúpido de tu hermano. Sólo quería decir esas palabras para ti, eso es todo. He esperado mucho tiempo para decirlas –dijo, saco el cabello que se había pegado a mi cara. Tensé mis brazos que estaban en su cuello y lo le di pequeños besos por todo su rostro, finalmente le di un beso largo y lleno de pasión en su perfecta boca. 

Capitulo Diez

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

-¡¿Qué mierda es esto?! –escuche bramar la voz de Peter. Abrí  los ojos y lo miré. Tenía un rojo brillante en el rostro y lucía criminalmente molesto.

-¡Peter no grites tan alto vas a hacer sangrar mis oídos! ¿Qué pasa? –pregunté, traté de sentarme pero tan pronto como me moví, me di cuenta de porqué Peter estaba molesto. Yo aún estaba en el sofá con Nicolás. ¡Oh,no!, pensé, me levante rápidamente, miré a Nicolás que estaba con la boca abierta y luciendo como si estuviera en completo estado de shock.

Está bien, necesitas salvar la situación rápidamente –hablo una voz en mi cabeza tan tranquilamente que me ayudo a razonar con tanta frialdad que me asuste.

-¡Maldita sea Nicolás! ¡Puaj! ¿Tenías tus manos sobre mí? –grité, traté de pretender que me estremecía de horror. Peter me miró, su rostro aún estaba enojado, pero también algo confundido.

-Yo…er…no…¿Qué? –Nicolás balbuceó.

-¿Qué demonios estabas haciendo con él, Rocio? –Peter gruño molesto, apuntó con un dedo a Nicolás, él cual se veía muy confundido en ese punto.

-Supongo que debo haberme quedado dormida –fruncí el ceño, moví mi cabeza como si estuviera confundida también.

-¿Quedarte dormida? Bueno, en primer lugar ¿qué estabas haciendo con él? –preguntó, le lanzó a Nicolás otra mirada asesina, y luego me volvió a mirar a mí.

¡Bien, vamos, piensa! –me dije mentalmente –Oh lo tengo; ¡él va a tener que aceptar esto! –sonreí internamente.

-Tuve una pesadilla, Peter –murmuré, miré al suelo y pretendí estar algo alterada. Él jadeó y me envolvió con sus brazos al instante, puso su barbilla en lo alto de mi cabeza.

-Oh mierda, Rocio. Estás bien –susurró, me balanceó ligeramente.

-Estaba alterada y pensé que estabas aquí afuera, pero no fue así. Nicolás me consoló, eso es todo. Debimos habernos quedado dormidos –susurré, me sentía culpable de estarle mintiendo. Pero aún no estaba lista paraqué Peter supiera lo nuestro aún, y menos en esos momentos cuando Peter lo estaba mirando con ganas de matarlo a Nicolás.

-Lo siento, solo pensé… bueno, olvídalo –Peter murmuró, me miró a los ojos –¿Estás bien? –asentí, me mordí el labio para tratar de aliviar algo de la culpa que sentía. Miró por encima de mí a Nicolás –lo siento, hombre, saque conclusiones y er… gracias por cuidar a mi hermanita.

Nicolás se veía realmente incómodo, me miró como diciéndome que quería contarle la verdad y yo le di una expresión suplicante, le estaba rogando con mis ojos que no dijera nada.

-Sí, no hay problema –se encogió de hombros, paso una mano por su cabeza.

Me solté de Peter.

-Voy a ir a cambiarme para ir a la escuela. ¿Qué hora es? –pregunté, miré alrededor buscando mi teléfono celular.

¿Por qué no ha sonado la maldita alarma? –me pregunté mentalmente.

-Aún no son las seis. Me desperté temprano –Peter se encogió de hombros.

-Bien, entonces voy a desayunar y luego me daré una ducha. Er… gracias, Nicolás, por lo de anoche –dije, me ruboricé un poco y le di una pequeña sonrisa.

-Definitivamente fue un placer, Rosa –me guiñó un ojo, y sonrió feliz.

Peter le dio un golpe en la nuca, lo hizo estremecer.

-¡Hermana menor! –señalo Peter, rodo sus ojos y caminó rumbo a la cocina con paso fuerte, nos dejo a Nicolás y a mí solos en la sala.

Cuando ya no vimos a Peter, Nicolás me miró.

-No me gusta tener que mentirle a tu hermano, Rosa –susurró, frunció el ceño.

-Lo sé, pero sólo va a ser un par de semana, ¿por favor? –rogué, le di un beso rápido en los labios y quise correr a la cocina pero él tomó mi mano y me halo hacía su cuerpo, me beso otra vez, y cuando acabo me brindo una de sus hermosas sonrisas sinceras.

Caminé prácticamente dando pequeños saltitos hasta la cocina, estaba muy feliz. Cuando entre Peter tenía una tostada en la mano, me dirigí a la encimera y serví dos platos de mi cereal favoritos, uno para mí y uno para Nicolás. Volví a la sala, dejando a Peter en la cocina, cuando llegué le entregué un plato a Nicolás y luego me senté en el suelo junto al sofá.

-Er… gracias por esto, Rosa, pero no me gusta el cereal –dijo, miró con desdén el recipiente.

Fruncí en ceño, confundida.

Siempre se come mi cereal. Todos los días tiene un plato en la mano. –Me dije mentalmente.

-Claro que sí te gusta, te lo comes todos los días –me miró como si yo hubiera perdido la cabeza.

¿Piensa que soy estúpida o algo parecido? –volvió a hablar mi voz interna.

Se echó a reír y sacudió la cabeza al compás de sus risotadas.

-No, no lo hago. Sirvo un plato cada día y pretendo comerlo, en eso llegas tú y me lo arrebatas de la mano –dijo, tenía una sonrisa sexy y en sus ojos se podía ver diversión.

-¿Por qué diablos haces un plato y pretendes comerlo? ¿Te gusta hacerme enojar? –le pregunté, estaba molesta.

-No, Rosa. Me gusta hacerte el desayuno –dijo simplemente.

Di un grito ahogado ante la revelación.

¿Los hizo para mí? –mi voz interna hablaba en un tono tierno y completamente enamorado.

-¿Los haces para mí? ¿Todos los días? –pregunte, mi voz sonó con el mismo tono que la había escuchado en mi cabeza, tenía la boca abierta, estaba sorprendida de que él hubiera sido tan dulce siempre y yo nunca me hubiera dado cuenta. Él se encogió de hombros como si no fuera nada.

Cada día le hago un comentario desagradable acerca de él comiendo en mi casa y siempre le gritó que deje en paz mi cereal, ¿y todo este tiempo servía el plato para mí? –mi yo interno estaba tan sorprendido como mi yo externo –Por Dios, ¡Eso es tan jodidamente dulce. –me sentía un poco culpable –todo este tiempo pensé que era un idiota, ¡y él solo estaba siendo amable conmigo! –Peter entró en esos momentos silenciando mi voz interna y la externa también, ya no le podía decir nada a Nicolás con él ahí.

Engullí mi desayudo y prácticamente corrí a mi habitación, tomé mi celular y le envié un mensaje de texto a Nicolás.

“¡Gracias, eso es muy dulce! Nunca me di cuenta de que hicieras eso. ¡Voy a darte las gracias adecuadamente más adelante! , envié. Sonreí para mis adentros y me fui a tomar una ducha.

 

Llegamos a la escuela en el auto de Nicolás, apenas bajamos fuimos inundados por la usual horda de chicas que querían manosear a Peter y Nicolás. Rodé mis ojos cuando Silvina se abrió camino hasta el frente y envolví sus sucios brazos alrededor de la cintura de mi novio, lo estaba mirando con ojos de “ven a la cama”.

-Silvina, en serio aléjate de mí –dijo Nicolás con severidad, se desenvolvió de su agarré y camino hacia atrás.

-Nicolás, nene, ¿qué tal si nos saltamos el primer período y vamos a pasar un buen rato juntos? –ronroneó ella sugestivamente, frotó su pecho con una de sus asquerosas manos.

¡Oh, Dios mío, me siento enferma! –Me dije mentalmente–No, enferma no, estás celosa –habló mi conciencia y supe que era verdad.

Di media vuelta y me alejé de ahí lo más rápido que pude, sólo quería estar lejos de toda esa situación. Escuché a Lali corriendo tras de mí para alcanzarme, me agarró la mano y tiro de mí para detenerme.

-En serio, no estoy de humor –casi grité, hablándole a ella, pero cuando miré mi di cuenta que no era Lali, era Nicolás.

-Hey, sólo quiero acompañarte a clase –frunció el ceño y me miró con tristeza.

-Oh, claro… er… lo siento. Pensé que te habías quedado con Silvina, teniendo un poco de diversión –dije con sarcasmo, estaba avergonzada de haberle gritado.

Negó con la cabeza y se acercó a mí.

-No, no estoy con ella, estoy contigo –dije con dulzura, me sonrió y mi corazón comenzó a latir más rápido.

-Claro, sí, lo siento, sólo… No sé… –mi voz se apagó, me ruboricé al grado que sentía que mis mejillas ardían.

-Estás celosa –afirmó, al parecer estaba satisfecho de que fuera así. Asentí con la cabeza de mala gana porque de verdad no quería admitirlo pero ya era imposible negarlo –bien, he estado esperando a que te pusieras celosa de mí por los últimos doce años –dijo, sonreía como un loco.

Me eché a reír.

-¿En serio? Pues aquí lo tienes, finalmente ocurrió –di una patada a unas piedras, estaba tratando de distraerme de la sensación de celos que todavía corría por mis venas. Supuse que iba a tener que acostumbrarme ya que las chicas siempre estaban sobre él. Era Nicolás Riera, las chicas siempre lo seguían rogando por un poco de su atención.

-Recuerdas la charla que tuvimos ayer, ¿esa acerca de la confianza? Bueno, eso funciona de ambos sentidos, saber. Nunca te haré daño, pero necesitas creerme –puso un dedo debajo de mi barbilla y subió mi cabeza hacia arriba, me hizo mirarlo.

“Sí bien, supongo que debe ser así”, pensé y suspiré

-Confió en ti, sólo es difícil de ver –le contesté, sonreí e imité sus palabras del día anterior.

Se echó a reír.

-Sí, bueno, lo que se dice por ahí es que tengo novia por lo que eso debe de poner fin a todo ese coqueteo –dijo con confianza, paso un mechón de pelo por detrás de mi oreja.

-¿Les dijiste a todos que tienes novia? –pregunté, estaba sorprendida, “Bien, wow, tal vez esto va más en serió de lo que pensaba, capaz él si quiere hacerlo funcionar”, pensé.

-Sí, por supuesto. Tengo novia. Tenlo la más sexy y bella novia del mundo, que aún no me da las gracias que me prometió en un texto esta mañana –sonrió, su sonrisa fue coqueta y sentí como si un millón de mariposas revolotearan en mi estómago.

Me reí y me empiné un poco haciendo que mi boca quedada a centímetros de la suya.

-Todas las cosas buenas les llegan a los que las esperan –me burlé, le guiñé un ojo y me alejé.

Gimió y caminó tras de mí hasta que tomó de la mano.

-No crees que doce años es tiempo suficiente de espera –preguntó, fingió sorpresa y me hizo reír.

-Hmmm, la verdad, no. Creo que voy a hacerte esperar un poco más –le lancé un beso y entré a mi clase de historia. Lo oí quejarse, pero cuando miré hacia atrás estaba sonriendo, me miraba caminar. A propósito balancee mi trasero, estaba tratando de lucir sexy; supuse que había funcionado cuando tres chicos de la clase silbaron y uno de ellos hizo un comentario acerca de mi sexy trasero. Puse los ojos en blanco, “¡Chicos!”, pensé mientras me sentaba en mi lugar.

No puede hablar mucho con Nicolás en el almuerzo, nos sentamos en la misma mesa, pero todo el mundo quería hablar con él.

-Así que, ¿de verdad tienes una novia secreta? –pregunto Eduardo, uno de sus amigos, lo miraba como si no lo creyera posible.

-Sí –confirmo Nicolás, parecía estar muy orgulloso de ello. Cada vez que me miraba, yo me sentía mis mejillas arder, estaba muy segura que alguien lo iba a notar.

-Ella debe ser una mujer caliente que ha domado a la bestia para sentar cabeza –comentó otro amigo suyo que se llamaba Matías

Nicolás se rió, poso sus ojos en mí por una fracción de segundo.

-Ella es la cosa viva más sexy que existe –dijo con confianza.

-¿En serio? ¿Es buena en la cama? –preguntó Matías.

-En serio, no voy a contestar eso de mi chica –dijo Nicolás con una sonrisa.

-Apuesto a que puedo superarla –coqueteó Camila, una chica de mi curso, pasando la mano por uno de sus brazos.

Nicolás se echó a reír.

-Sabes qué, no tienes ninguna posibilidad. Mi chica es increíblemente hermosa, tanto por dentro como por fuera –Nicolás se encogió de hombros, movió su brazo para soltarlo del agarre de ella, y sonrió. Todas las chicas en la mesa dieron exclamaciones como “aww” y “ahh”. Sonreí y traté de comer mi almuerzo. Podía sentir los ojos de Lali sobre mí, la miré y ella me sonreía de oreja a oreja. Puse los ojos en blanco y reí entre dientes.

-No ha dormido con ella, ella no cree en el sexo antes del matrimonio –terció Peter, sonrió. Me trague una risa “Peter de verdad le creyó a Nicolás”, pensé aunque algo dentro mío me decía que no, todos jadearon y miraron a Nicolás, él estaba sonriendo ampliamente.

-¡No me digas! ¿No te has acostado con ella? –preguntó Matías escéptico.

-No, o lo he hecho, pero eso en realidad no es de su incumbencia, chicos –Nicolás sacudió la cabeza, no había dejado de sonreír ni por un segundo –me tengo que ir. Tengo que hablar con el entrenador acerca de la practica –se encogió de hombros, se puso de pie. La mitad de los chicos se levantaron y lo siguieron.

Tan pronto como se marcharon, todas las chicas comenzaron a conversar. Querían saber quién era la novia secreta de Nicolás, y no se detendrían hasta descubrirlo, yo no estaba prestando mucha atención pero en eso vi como cada una saco un billete de veinte pesos, todos los billetes fueron a parar en el centro de la mesa. Las miré, no entendía nada.

-Entonces, la próxima chica que se acueste con Nicolás, se lleva el poso –dijo Silvina, con una sonrisa.

Di un gritó ahogado.

-¿En serio? Acaba de decir que tiene novia y no está interesado en nadie más, ¿y ustedes están apostando a ver quien se acuesta con él antes? ¿Qué pasa si su novia es la próxima en acostarse con él? –pregunté, estaba sorprendida –¡No  puedo creer que estas chicas estén apostando por ver quien tiene sexo con Nicolás! ¡Es estúpido, maldita sea! –Mi voz gritó en mi cabeza, estaba fastidiada por dentro pero traté de mantener mi expresión lo más normal que pude.

-Bueno si ella pone su dinero, entonces va a ganar, pero obviamente ella no le está dando lo que él necesita. Nicolás se alejará de su lado con el tiempo. La próxima en engancharlo gana, pero te garantizo que no será su novia. Él no va a poder esperar sin sexo antes del matrimonio. O sea es Nicolás Riera de quien estamos hablando –Silvina rodó sus ojos y rió. Era obvio que ella tenía muy claro que sería la ganadora.

De repente tuve una idea brillante, saque un billete de veinte y lo puse en el montón.

-La próxima en acostarse con él, ¿no? –pregunté, apenas era capaz de contener mi sonrisa.

-Sí, claro. Como si tuvieras una oportunidad, Rara –me soltó Silvina con un tono de voz desagradable.

Contó el dinero que había en el montón.

-Bien, hay doscientos cuarenta ahora mismo, pero una vez que la gente se entere…bueno, no lo sé… la última vez que hicimos esto fue por Cristiam. Tuvimos seiscientos veinte, pero Nicolás es más caliente que él, además ahora que supuestamente es “intocable”, va a llamar mucho más la atención –Silvina se rió, dobló el dinero y lo puso en su bolsillo, apuntó los nombres de las que estábamos dentro de la apuesta en un trozo de papel. Me reí. “Wow, dinero fácil”, pensé y Lali al saber lo que estaba pensando yo también rió.

-¿Vas a entrar también? –preguntó Silvina a Lali y a Candela con cortesía.

-No, yo no. No tengo ni una oportunidad –Lali se encogió de hombros, aún estaba riendo.

Cande le pasó a Silvina su dinero.

-Estoy dentro. Quien podría decir que no a la oportunidad de ganar esa cantidad de dinero y además tener sexo con Nicolás Riera –dijo Cande de manera soñadora. Tomé a mis dos amigas por el brazo y las arrastré fuera del comedor, caminamos juntas hasta nuestra siguiente clase.

 

Después de la escuela tuve que pasar un rato paseando por los alrededores de la misma, estaba esperando a que Peter y Nicolás acabaran su entrenamiento de hockey. Cuando me aburrí del paseo a solas, me colé a la pista y me escondí en la parte de atrás de las gradas para que no me vieran. Las chicas no teníamos permitido estar durante los entrenamientos por qué el entrenador decía que distraíamos a los jugadores. Amaba ver los partidos de hockey; había algo en la forma que ellos se deslizaban por el hielo con tanta gracia. En esos momentos estaban haciendo carreras cortas, patinando de una línea a otra tan rápido como podían, luego tuvieron que llevar un disco alrededor de unos conos y al final tomaron turnos para disparar a la portería mientras mi hermano hacía lo mejor que podía para evitar que entraran. Peter era un gran portero, pero él sólo jugaba por diversión. A Nicolás por otra parte, le habían ofrecido una beca completa de deportistas en una de las mejores universidades del país. Él quería convertirse en jugador profesional y parecía que tenía muchas posibilidades de lograrlo ya que tenía a los reclutadores en las espaldas.

Me descubrí viendo patinar a Nicolás. Lo había observado patinar cientos, por no decir millones de veces, y en esos momentos me daba cuenta que se veía hermoso haciéndolo. Sentí que me faltaba la respiración. Miré la manera en la que sus pies se movían, la manera que se su pecho se inflaba al respirar, la manera en la que el hielo se esparcía cuando él frenaba. Y por supuesto, me di cuenta de cuan increíblemente sexy se veía con el uniforme.

Me escabullí fuera cuando la práctica terminó y esperé en el coche de Nicolás a que ambos se ducharan y cambiaran. Candela se me acercó.

-Hola chica –canturreó, daba saltitos con emoción.

-Hola Cande, ¿qué te pasa? No has estado inhalando esas hierbas otra vez ¿verdad? –bromeé. Era una broma recurrente en el grupo, un día Candela había comprando algunas “hierbas” a un amigo suyo que supuestamente eran de purificación, las había encendido en su habitación para limpiar su aura o algo así, la cosa es que las “hierbas” no eran ningunas de purificación sino marihuana y ella había inhalado todo el humo, había salido corriendo de su casa calle abajo media desnuda mientras llamaba a todo el mundo por su teléfono para que fueran a ver el desfile. Ella nunca lo había superado.

-¡Ja, ja! No, solo que acabo de hablar con Macarena y me ha contado que la apuesta por el culo de Nicolás llega a ¡1860! ¿Puedes creerlo? Así que, voy a intentar coquetearle cuando salga del entrenamiento –dijo, seguía saltando en su sitio y miraba alrededor, buscando a Nicolás.

¡1860! ¿Es una broma? ¡Santa mierda! Eso significa que más de noventa chicas estarán rogándole a mi novio para tener sexo –mi voz hablo en mi cabeza y yo casi me ahogo con mi propia saliva –se le van a estar ofreciendo en bandeja de plata y yo vivo asustada de que me toque más de la cuenta –mi voz retumbaba contra las paredes de mi cráneo –esto no va a ser tan divertido como creí en un principio –me lamente.

Los chicos salieron unos cinco minutos después y mi voz en mi cabeza se cayó automáticamente.

-Hola Nicolás, wow, hueles bien –ronroneó Candela seductoramente, se inclinó hacia él.

Él miró hacia ella, tenía una expresión de horror en su rostro. Mordí mi labio inferior con fuerza, no quería reirme.

-Hola, Candela. Escucha, quizás no te hayas enterado aún que tengo novia así que… –Nicolás se encogió de hombros y se alejó un poco de ella.

-Eso está bien, no me importa compartir –ronroneó Cande, puso una mano sobre su pecho para evitar que caminara.

Nicolás parecía un poco enfadado.

-Candela, en serio, no estoy interesado, de acuerdo –quitó su mano y entró en el auto, estaba frunciendo el ceño.

Sonreí en modo de disculpas a cande, se veía derrotada.

-Ahí van veinte pesos que no volveré a ver –apuntó.

Reí.

-Hey, cuando yo gané te los devolveré –le guiñé un ojo y ella rio, me subí al coche.

Ese día Peter tenía que trabajar y como siempre Nicolás lo iba a dejar en el gimnasio, ahí mi hermano trabajaba por las tardes de lunes a miércoles. Luego como de costumbre me llevaría a casa.

-Mierda. Creo que hoy se me han insinuado más chicas que en toda mi vida. ¿De qué demonios se trata? Le digo a la gente que tengo novia, y toda la tarde las chicas me han estado rogando para que tengamos se… –dejo de hablar abruptamente, me miró por el espejo retrovisor con una mirada de disculpas. Me reí. “Que Dios lo bendiga, ¡no tiene idea de que un centenar de chicas calientes, están intentando dormir con él y todo por una apuesta”, pensé aun riendo –¿Qué es tan gracioso, Rosa? –me pregunto, mirándome con curiosidad por el espejo.

-¿Quieres saber porque tuviste atención extra hoy? –le pregunté, me seguía riendo.

-Sí –contento, se veía un poco aprensivo.

Peter se volvió a mirarme. Calmé mi risa y sonreí.

-Bueno, hay una apuesta corriendo entre las chicas para ver quién se puede acostar contigo, la primera que lo consiga, gana el bote y es bastante dinero –declaré, aún estaba sonriendo. Peter estalló en risas, y Nicolás casi se pasa al otro carril, estaba muy sorprendido.

-¿Están haciendo qué? ¿No saben que tengo novia? –gritó, obviamente estaba muy enfadado. Su indignación parecía hacer reír más fuerte a Peter.

Asentí.

-Sí, por eso lo están haciendo. No les gusta la idea de que estés atado a una chica, entiéndelas tú eres el mujeriego por excelencia, y todas quieren ser la siguiente que se acueste contigo –me encogí de hombros con desdén, fingiendo que no era la gran cosa aunque en realidad estaba bastante preocupada. “¿Cuánto tiempo va ser capaz de resistir toda esa atención?”, pensé.

-¿De cuento es el poso? –preguntó Peter, se estaba divirtiendo con la situación.

-De más de mil ochocientos –reí. Nicolás casi choca, la boca de Peter se abrió completamente. Miró a Nicolás tenía los ojos llenos de orgullo –sí, veinte por cada una. Así que eso es unas noventa chicas queriendo ser las siguientes en tener sexo contigo, Nicolás –le sonreí por el espejo. Nicolás parecía horrorizado, y para ser honestas, hasta un poco asustado.

-¡Mierda, Nicolás?, pero mira, simplemente elige a una, ten sexo con ella y divide el dinero –dijo Peter emocionado. Nicolás lo miró como si Peter le estuviera sugiriendo que le arrancara la piel a un cachorro o algo así. Peter levantó las manos a manera de disculpas –estoy bromeando. ¡Es una broma! –dijo rápido, pero aunque su boca decía eso, por su rostro se notaba que lo anterior lo había dicho completamente en serio.

-¡Así que eso es por lo que Candela se me abalanzó fuera del auto! ¿Quién demonios a entrado a esto, Rosa? –preguntó Nicolás, sonaba realmente enfandado.

-Bueno, Silvina lo empezó. Y están adentro, bueno todo el equipo de porristas, la mayoría de las de tu curso, yo, Camina, Natalia –contesté, nombre a la gente que sabía, en eso Nicolás me cortó.

-¿Tú? –preguntó, me miraba con los ojos muy abiertos.

Asentí y me reí.

-Bueno sí, mil ochocientos pesos es mucho dinero. Eso sí, solo habían doscientos cuarenta cuando entré, pero aun así, a mi me gusta jugar –bromeé, y le di una sonrisa sexy por el espejo.

Peter parecía que iba a explotar.

-¿Tú? ¡De ninguna puta manera! ¿Qué mierda estabas pensando cuando apostaste? –me gritó, yo me estremecí. Odiaba ver a Peter enfadado.

-Peter, es mucho dinero simplemente pensé, ya saber, que sería divertido. Uno nunca sabe. Podría perder mi virginidad con el famoso Nicolás Riera –bromeé.

Peter comenzó a reír, parecía un poco aliviado, obviamente había pensando que yo estaba bromeando. Sonreí y miré por la ventana; no era buena mintiendo, estaba segura que si me preguntaba mirándome a los ojos si de verdad estaba bromeando terminaría por decirle toda la verdad.

-Dios, Rochi, ¡me asustaste! Creí que estabas hablando en serio –rió Peter, golpeo el hombro de Nicolás, se le veía orgulloso –mil ochocientos, es asombroso, Nico. Me pregunto con cuantas chicas puedes tener sexo en una noche, si ellas se creen que es para ganar la apuesta.

¡Oh mierda! Genial Peter, hazlo pensar en eso, ¡estoy segura que es lo que necesita oír viendo que su novia no quiere hacerlo! –mi voz interna maldijo a Peter.

-¡Maldición Peter! tengo novia –gritó Nicolás, esta vez sonó desesperado.

-Sí, lo sé, pero vamos, las chicas van a estar desesperadas por ganar, te apuesto que puedes conseguir lo que sea de ellas –Peter sonrió y movió su cejas.

-Peter, para. No quiero a nadie más, estoy loco por mi chica. No voy a joder lo que tengo con ella por sexo –dijo Nicolás, lo dijo con orgullo. Me sonrió por el espejo del lado del piloto y mi respiración comenzó a calmarse a medida que el pánico descendía. Confianza. Necesitaba confiar en él y parar de asumir siempre lo peor.

Dejamos a Peter en el gimnasio y Nicolás manejó a casa.

-¿Apostaste a que serías la siguiente en dormir conmigo? –preguntó, sonriendo de manera engreída.

-Exactamente no, la apuesta es sobre la siguiente en cazarte –encogí los hombros y reí.

Él rió conmigo y tomo mi mano mientras conducía.

-No puedo creer que esto esté pasando. Pensé que una vez que la gente supiera que tenía novia, me dejarían en paz, ¡no que tendría más chicas detrás de mí! De verdad lo siento –frunció el ceño y me beso el dorso de la mano suavemente.

-No te preocupes, no es tu cumpla. Supongo que toda esa cosa de la confianza va a ser muy necesaria a partir de ahora, ¿eh? –bromeé, le di una media sonrisita y fingí no estar preocupada por todas las chicas que se quería echar sobre él en un futuro inmediato.

Llegamos a su casa y aparcó en la entrada.

-¿Eh, quieres entrar? Podemos decirles a mis padres que estamos juntos. Les dije que tengo novia y mi madre casi se muere. Te lo juro –dijo, miró a su casa, tenía una expresión llena de esperanza.

-Wow. ¿Todo eso de conocer a los padres ya? –bromeé, fingí estar un poco asustada –digo: ¿qué si no les gusto? –pregunté, abrace su cintura con mis brazos y apoye mi cabeza en su pecho, estaba fingiendo horror. Rió y también yo lo hice. La idea de que a los padres de Nicolás no les gustara era muy graciosa. Ellos ya pensaban en mí como una hija. Nicolás era hijo único porque su madre había tenido algunos problemas cuando él nació, quedo incapacitada de tener más bebes, así que me amaba, siempre decía que Peter y yo éramos parte de su familia. Yo los amaba también; eran unas personas geniales, amables, divertidas y reflexivas. Exactamente como Nicolás, aunque me había tomado mucho tiempo ver más allá de su bravuconería.

 

 

 

Capitulo Nueve

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

-Entonces, chicos ¿vienen o no? –pregunté, los dos aun estaban sentados en el sofá.

-Sí, está bien, vamos –suspiró Peter. Obviamente no quería ir, “tal vez Nicolás lo está obligando” pensé. Agarró sus llaves y se dirigió a la puerta –voy a buscar el auto a la cochera, los veo en frente.

-Oh, mierda, me olvidé mi cartera –dijo Lali, volvió a mi habitación.

Inmediatamente Nicolás me agarró por la cintura y me besó, me empujo gentilmente contra la pared. Envolví mis brazos alrededor de su cuello, acariciando su cabello con mis dedos.

-Mmm, te he extrañado –murmuró contra mis labios.

-¿Es serio? No me había sado cuenta. ¿Puedes ser más obvio? –bromeé, él rió.

Me besó de nuevo, chupó ligeramente mi labio inferior, estaba pidiéndome que lo dejara entrar. Ansiosa abrí mi boca para que él pudiera hacer lo que quería; metió su lengua, comenzó a explorar cada parte de mi boca, empecé a sentir mariposas en mi estómago. Estábamos en nuestro mundo cuando de repente alguien se aclaró la garganta, nosotros saltamos alejándonos, ambos pensábamos que era Peter. Afortunadamente no era él, era Lali.

Tenía  la sonrisa más grande que alguna vez yo le había visto en su rostro.

-Ustedes dos se ven muy calientes juntos –declaró y me sonrió.

Nicolás se rió y pasó su brazo sobre mis hombros.

Rosa se ve valiente con quien quiera que esté –sonrió y besó mi mejilla suavemente.

-Aww, ¡eso es tan dulce! –arrulló Lali, puso una mano sobre su corazón, nos miraba con adoración.

Puse los ojos en blanco.

-Oh, ¡vamos! Vamos a llegar tarde si no salimos ahora –agarré la mano de Lali y la empujé hacia la puerta. Me di la vuelta y le tiré mis llaves a Nicolás, él cerró la puerta delantera. Me devolvió las llaves y rozó sus dedos contra los míos a propósito, me hizo gemir un poco pero el gemido quedo atrapado en la parte posterior de mi garganta.

-Oye, Nicolás, no te importaría ir atrás con Rocio, ¿verdad? en serio me quiero sentar adelante –dijo Lali desde el auto sentada en el asiento del copiloto, me guiñó un ojo.

Vi como Peter negó con la cabeza mirando a Nicolás, obviamente estaba pidiéndole ayuda. Nicolás sonrió en su dirección.

-No. Está bien, si quieres ir al frente, me sacrificaré –me miró por la esquina de su ojo, yo le sonreí sutilmente a Lali.

Que linda, me está dando algo de tiempo con él, la amo –me dije a mi misma.

Me subí a la parte de atrás del auto de Peter y Nicolás se deslizó a mi lado, presiono su rodilla contra la mía. Puse mis manos sobre mi regazo y sonreí. Se estiró y tomó mi mano, la sujeto con fuerza y la puso en el medio de nosotros, movió su pierna para taparla en caso Peter diera la vuelta. Aunque era poco probable, él tenía que manejar, pero supuse que Nicolás pensaba que era mejor prevenir que lamentar. El toque casual de Nicolás estaba enviando chispas de electricidad a través de mi brazo. Me mordí el labio inferior y miré por la ventana, luchando con el deseo de saltarle encima y besarlo hasta que no pudiéramos respirar más. Después del más largo e insoportable viaje en auto que había tenido en mi vida, llegamos a los bolos. En realidad no había tan largo, solo había durado unos diez minutos, pero el haber tenido que luchar contra mi propio deseo lo había hecho agotador.

Éramos ocho jugadores en nuestra mesa de bolos: Nicolás, Peter, Lali, Cande, Gastón, su novia Daniela que había traído a su hermano Jorge, Coco para los amigos, el cual acababa de llegar de la universidad a pasar unos días en la ciudad, y yo. Parecía que por alguna razón a Nicolás le había caído mal Coco desde el principio. No entendía el porqué de su mirada de desagrado hacía el chico, lo conocía demasiado me daba cuenta que Nicolás estaba siendo lo suficientemente educado con él pero las sonrisas que le brindaban no eran sinceras porque no le llegaban a los ojos. No di mucha importancia a la situación ya que de verdad me estaba divirtiendo a pesar de ir perdiendo completamente. Era muy mala en los bolos y única razón por la que había ido era para estar con mis amigos. Pero lo más destacado de toda esa experiencia era ver a Nicolás jugar. Cuando él se inclinaba para lanzar la bola, me daba una perfecta visión de su perfecto trasero, apenas podía contener mi disfrute.

-No eres demasiado buena en esto de los bolos, ¿huh? –preguntó Coco, se sentó junto a mí y me sonrió.

Reí.

-No, nunca le he encontrado el truco –admití, sacudí la cara con fingido horror.

-podría enseñarte si quieres. Todo se trata de la posición al momento de lanzar la bola –ronroneó sugestivamente.

Tragué saliva, estaba poniéndome nerviosa y no quería que él se diera cuenta.

-¿Posición?, ¿de verdad? ¿Eso es el por qué lo he estado haciendo mal todos estos años? –sonreí, un poco incómoda, pero honestamente me gustaba coquetear, pero siempre de lejos, me gustaba que los chicos me coquetearan pero no me gustaba que quisieran tocarme.

-Soy una especio de experto en posiciones. Sería más que feliz de darte algunas lecciones –ronroneó, se inclinó un poco más cerca de mí, yo me deslice un poco hacia atrás para mantenerlo lejos de mi espacio personal.

-Bueno, es mi turno ahora, así que ¿qué sugieres? –pregunté, me pare y elegí mi bola.

Se paró y caminó detrás de mí

-Definitivamente te sugeriría mover tus caderas con la bola. Tal vez deberías separar más la piernas, te dará más balance –dijo mirándome, movió sus cejas.

Dios, ¡éste chico es tan obvio! –me reí mentalmente de su propuesta.

-Bueno, gracias por los consejos, veré cómo me va –reí y caminé para tomar posición. Tiré la bola y esta fue directo, hasta el borde y solo golpeó un pino. En mi segundo intento la bola fue directamente hacia la canaleta –Mmm, Coco. Creo que tal vez deberías trabajar en tus consejos. Como que elevaste mis esperanzas y ahora me siento un poco decepcionada –bromeé, hice un puchero.

Se rió.

-Wow, nunca había decepcionado a una chica antes –dijo, sonrió orgullosamente.

-¿Demasiado engreído? –pregunté, riendo.

-¿Quieres descubrirlo? –me provocó.

-Mmm, déjame pensarlo –estreché los ojos y miré su cuerpo lentamente, desde su cabeza hasta los dedos de sus pies, volví a subirla, me mordí el labio inferior de manera coqueta. Él estaba sonriendo ampliamente –¿Puedes voltearte? –pregunté, estaba intentando ocultar mi risa.

-¿Quieres que me de vuelta? –preguntó, aún sonreía.

Asentí.

-Voy a necesitar ver la parte de atrás, no estoy segura si quiero aceptar tu oferta –dije con desdén. Me guiñó un ojo y se dio vuelta, obviamente estaba pensando que estaba de suerte. Me mordí el labio inferior para evitar reírme –¡Qué  idiota! –module con mis labios para que Lali y Cande lo entendieran, ambas se estaban riendo como dos locas drogadas –Está bien, puedes dar la vuelta –dije después de unos segundos.

Me obedeció y se volvió hacia mí.

-Bueno, ¿te gusta lo que ves? –preguntó, sonreía confiado.

Me incliné hacia él.

-No, en realidad no. Simplemente no eres mi tipo, pero gracias por la oferta –declaré, le sonreí y le guiñe un ojo antes de caminar a los asientos de nuevo. Pude escuchar a mis amigas estallar en carcajadas, Cande y Lali chocaron los cincos. Coco sólo me estaba mirando con la boca abierta, obviamente no estaba acostumbrado al rechazo. Miré a Nicolás, me horrorice cuando vi que el lucia herido y enojado.

¡Oh mierda! ¿Qué hice? Simplemente coqueteé, ¡no debía haber hecho nada! –mi voz interna lloriqueó en mi mente. Traté de llamar su atención pero él apartó la mirada al tablero de puntuaciones, me estaba ignorando. Mi corazón se hundió en mi pecho.

Peter fue a buscar bebidas entre los juegos así que tomé la oportunidad para hablar con Nicolás; ni siquiera había mirado en mi dirección desde todo la estupidez que había hecho a Coco.

-Hola –dije, me moví para sentarme junto a él.

-Hola –murmuró, no me miro, su vista estaba fija en las personas que estaban jugando a nuestro lado.

-¿No me vas a hablar? –pregunté, estaba asustada de que me respondiera “no”.

Suspiró.

-¿Por qué hiciste eso? –pregunto con tristeza en su voz, sacudió la cabeza, aún sin mirarme.

Tomé su mano y lo arrastré hasta los baños, nos metí en el baño de mujeres y cerré la puerta con llave.

-Lo siento. No me di cuenta que eso te molestaría. No quise decir nada con eso. Estaba coqueteando conmigo, sólo estaba bromeando, eso es todo –expliqué, trate que me mirara, pero él cerró sus ojos, mi corazón se hundió aun más en mi pecho, pero luego de unos segundos abrió sus lindos ojos verdes y los fijo en los míos.

Rosa, eso fue muy difícil de ver –me abrazó y tiro un poco de mí para acercarme a él, aún me miraba a los ojos; yo podía ver en ellos lo herido que él estaba.

-Lo siento, Nicolás. Honestamente, no quise decir nada con lo que hice, sólo me estaba divirtiendo. La gente no sabe que estamos juntos así que difícilmente podía decir: “Coco, deja de coquetearme, porque mi novio está sentado justo ahí” ¿o sí? –pregunté, puse los brazos alrededor de su cuello.

Suspiró.

-Supongo que no. –todavía se veía algo molesto, me sentía terrible por haberlo lastimado.

-Necesitas confiar en mí, nunca haría nada para lastimarte a propósito. Lo siento –tomé su rostro y lo acerque al mío, lo besé tiernamente.

Respondió de inmediato, me besó de vuelta y me abrazó más cerca de él. Deslizó una mano por mi espalda y sujeto mi trasero, eso ni siquiera me afectó, bueno, en realidad si me afecto, pero no de la mala manera de costumbre, sentir su mano en mi trasero, me gustó y quería más. Tomé su otra mano y la puse sobre mí cuerpo, hice que me apretara un poco uno de mis pechos. Se apartó y me miró un poco sorprendido; le sonreí y lo volví a jalar hacia mí. Él me besó con avidez, esta vez no tuve que tomar yo su mano, él solo tomo mis dos pechos y los masajeo suavemente. Su boca bajo por mi cuello, me hizo temblar con el deseo por dentro. Deslicé una de mis manos debajo de su camiseta, dibuje cada uno de sus músculos de su pecho, él gimió. Lentamente movió una mano a la parte inferior de mi camiseta y la deslizó por debajo, pasó los dedos a través de mi piel, subió lentamente hasta que llegó a uno de mis pechos y lo masajeó sobre la tela del sujetador, me hizo gemir entrecortadamente.

Después de unos minutos se apartó, me sonrió, sus ojos bailaban con entusiasmo. Puso su frente contra la mía, ambos estábamos respirando con dificultad.

-Lo siento. No quise ser posesivo –dijo, me besó la punta de mi nariz.

-No tienes que disculparte por nada, tonto. Ninguno de los dos ha tenido pareja exclusiva antes, así que tenemos que aprender la manera de cómo funciona esto para ambos –lo besé tiernamente otra vez, disfruté la sensación de sus labios suaves contra los míos.

Suspiró.

-Creo que tenemos que volver ahora, antes de que la gente se dé cuenta que no estamos.

-Otro minuto no hará daño –susurré, le sonreí coqueta. Él se rió y se inclino hacia mí y me besó de nuevo.

 

Esa noche estábamos todos apretados en mi sala. Gastón había traído Avatar y ninguno de nosotros la había visto antes, así que los ocho estábamos sentados, comiendo McDonalds. Íbamos a ver la película después de la cena. Yo estaba apoyada contra las piernas de Nicolás; cuando me senté así no pareció que a Peter le molestara en absoluto, lo que ambos tomamos como una buena señal.

Coco se levantó del sofá.

-Siéntate aquí Cande, yo me sentaré en el suelo –sugirió, mientras se dejaba caer a mi lado con una sonrisa coqueta. Me moví incómoda para tener un poco más de espacio. Sentí a Nicolás tensarse, así que puse mi mano sobre su pie, comencé a frotar mi pulgar sobre la parte descubierta de su tobillo de manera tranquilizadora –así que, Rocio, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre? –preguntó.

-Un montón de cosas. Me gusta bailar e ir al cine. Ya sabes, cosas normales de secundaria –contesté, añadí énfasis en la palabra secundaria.

Se rió.

-Wow, realmente eres una luchadora, ¿verdad? –dijo, sacudiendo la cabeza.

-No tienes idea –murmuré, me di la vuelta y fingí ver la televisión.

-¿No quieres hablar conmigo? –pregunto, fingiendo estar herido.

Dejé escapar un suspiro exagerado.

-Sólo estoy tratando de ver eso.

Miró a la televisión y rió.

-¿Ese anuncio de sofás nuevos?

Miré la televisión para ver que estaba pretendiendo hacer creer que estaba viendo, era de hecho, un anuncio. “¡Maldita sea!” pensé.

-Sip, soy una chica sofá, nunca puedes tener suficientes sofás –bromeé.

-Eres graciosa –se rió y se acercó a mí un poco.

-Gracias, y tú eres muy mayor para mí –declaré, sonriendo con dulzura.

-Sólo tengo diecinueve –me rió desafiante.

Asentí.

-Sí, pero dieciocho es mi límite, así que estás fuera de rango, amigo –dijo. Oí a Nicolás reír detrás de mí.

-Podría hacerte cambiar de opinión –declaró Coco con confianza.

Reí con humor.

-¿Sabes qué? te apuesto veinte pesos a que no tienes nada que me interese –contesté con la misma confianza.

Se rió sombríamente.

-Aceptaré esa apuesta, pero tienes que esperar hasta que tu hermano no esté mirando –miró a Peter un poco nervioso.

Suspiré.

-¿Qué es exactamente lo que creer que me interese? ¿Tienes un gatito en el bolsillo? ¿O tal vez algún dulce? ¿O las respuestas del examen de cálculo que tengo que rendir mañana? –bromeé, el se rió de nuevo.

-No. Voy a besarte, y lo vas a amar –se encogió de hombros.

Las piernas de Nicolás se sacudieron detrás de mí mientras que se movía para levantarse. Me apoyé contra sus piernas con fuerza y comencé a frotar su tobillo de nuevo.

-¿En serio? Si tú me besas voy a patearte las bolas –le sonreí a Coco con inocencia.

-¿Creer que eso me va a alejar de un bombón como tú? –preguntó, mirándome. Mi piel se puso de gallina.

-Es sólo una advertencia amistosa –me encogí de hombros, volví a mirar la televisión, afortunadamente ahora había una película y no un anuncia de sofás.

-Estoy bastante seguro que mi dinero está a salvo. No he tenido quejas antes –susurró en mi oído, haciendo que me diera un escalofrío por lo cerca que estaba.

-Mmm, bueno, hay una primera vez para todo –dije entre dientes, todavía frotando la piel de Nicolás.

Cuando Avatar terminó Nicolás se fue a su casa, para decirles a sus papás que se iba a quedar en mi casa además de tomar un cambio de ropa para el día siguiente. En realidad tenía ropa de repuesto en mi habitación, pero no podíamos decirle eso a nadie. Peter y Lali estaban haciendo palomitas de maíz. Habíamos decidido ver una película más y habíamos escogido Terminator Salvation, porque la mayoría no la había visto. Había ido al baño y cuando salí alguien me agarró u me empujo contra la pared del corredor. Al principio pensé que era Nicolás, pero luego me di cuenta que esta persona era más baja que él. Mi corazón comenzó a palpitar incontrolablemente, el miedo comenzó a formarse en mi estómago. Coco se rió y estrelló sus labios contra los míos, bruscamente, estaba sujetando los lados de mi rostro para que yo no pudiera moverme a ningún lado. Traté de apartarlo, pero él no se movía. Me mordisqueo el labio inferior, quería que abriera la boca para poder entrar, apreté mi boca con fuerza, cerrándola y subí mi rodilla tan fuerte como pude contra su ingle. Me soltó de inmediato y se arrodilló en suelo gimiendo.

-Te lo dije. Me debes veinte pesos –dije con dulzura mientras pasaba junto a él, me dirigí a la sala con una sonrisa triunfante.

Nicolás estaba sentado de nuevo en el sofá, rápidamente me senté en el asiento junto a él no quería que nadie más lo hiciera.

-¿Estás bien? –preguntó, me miró y sonrió.

-Sip –contenté, prácticamente grite la “p”

Sonrió

-¿Qué es tan gracioso? –preguntó.

Me reí.

-Coco –contesté. Justo en ese momento, Coco entró a la sala, estaba cojeando ligeramente y tenía su mano derecha sobre su ingle, lucía como si sintiera un ligero dolor. Tiró un billete de veinte pesos en mi regazo y se sentó en el lado contrario de la habitación.

Nicolás estalló en carcajadas.

-Esa es mi chica –susurró, sonreí.

 

Era casi la medianoche y todos ya se habían ido a casa. Lali y yo decidimos irnos a la cama, Peter y Nicolás decidieron quedarse un rato más en la sala viendo televisión. Mientras caminaba para irme a mi habitación le guiñé disimuladamente un ojo a Nicolás. Estaba mirando que pijama ponerme y me anime a ponerme el más pequeño que tenía, “Así voy a sentir su piel contra la mía esta noche”, pensé con una sonrisa. El pijama consistía en un pequeño short rosado con encaje púrpura en las costuras y una camiseta púrpura con encaje rosado sobre los pechos. Miré mi reflejo en el espejo y de repente me puse nerviosa.

Tal vez me debería cambiar, ¿y si le doy la impresión equivocada? –le dije a mi reflejo en voz alta, me mordí el labio.

“No, está bien, te ha visto con eso antes, úsalo” –una voz habló en mi cabeza y sonreí, tenía razón, levanté los hombros y salí del baño.

Entre a mi habitación y Lali silbó

-Wow, Rocio, me parece que tienes mucha sed, anda a la cocina por un vaso de agua y de paso le das a Nicolás algo con lo que soñar –habló, me miraba de arriba abajo

No es mala idea, si no, no lo ves hasta la mañana –habló mi voz interna pero yo tenía dudas.

-¿Tú crees que es buena idea? –le pregunté nerviosa a Lali. Ella asintió con entusiasmo y me ayudo a decidir hacerlo, di unos pasos antes de arrepentirme –está bien –dije riendo, abrí la puerta.

-¡Vamos! Dale una emoción al chico –hizo señas Lali con entusiasmo cuando dudé en la puerta.

Tomé una respiración profunda y caminé por el corredor con confianza. Por la forma que está construida nuestra casa tienes que pasar por la sala para llegar a la cocina. Entre pavoneándome a la sala con mi pequeño pijama.

-¿Alguien quiere algo para tomar? –pregunté inocentemente, caminé junto a Peter y Nicolás, que estaban viendo el canal de deportes.

-No, gracias –contestó Peter, ni siquiera me miró.

Los ojos de Nicolás se pegaron a mí, su mirada literalmente siguió cada uno de mis movimientos, estaba con la boca ligeramente abierta y los ojos como platos. Me mordí el labio inferior para no reírme.

Oh sí, ¡Valió la pena totalmente! –dijo mi voz interna con orgullo y fascinación.

Serví dos vasos con agua y volví a pasar por la sala, Nicolás me estaba quitando la poca ropa que tenía con los ojos. Peter lo sorprendió mirándome y le dio un golpe en la nuca.

-Amigo, ¡deja de mirar como un pervertido a mi hermana pequeña! Tienes novia –gruñó, estaba claramente molesto.

Nicolás se frotó la nuca.

-Claro, sí, novia –murmuró sonriendo.

Volví a mi habitación, me estaba riendo con fuerza.

-Eso fue tan gracioso –le dije a Lali, que estaba sentada en la cama esperándome. }

Ella también se comenzó a reír.

-¿Le gustó? –pregunto, movió las cejas.

-Sip –confirmé, gritando prácticamente la “p”. Me subí a la cama con una sonrisa en el rostro.

Un poco más tarde escuche cuando Peter se fue a la cama, Nicolás estaba solo en el sofá.

-Lali, voy a ir a ver a Nicolás un rato –dije, cuando supuse que Peter estaba dormido.

-Oh, ¿enserio? ¿Vas a darle otra vista de ese sexy pijama? –bromeó sonriendo.

Me reí.

-Algo por el estilo. No me esperes despierta, puede que tarde un poco –le guiñé un ojo mientras salía de la cama, tome mi celular para poder usar la alarma.

-Diviértete, y no hagas nada que yo no haría –bromeó. En realidad no había mucho que Lali no haría, había tenido pocos novios y definitivamente no era virgen. Me reí y dejé la habitación, camine por el corredor hasta la sala, Nicolás ya estaba acostado en el sofá bajo el edredón. Puse la alarma a las seis; esa era la hora “sacar a Nicolás por la ventana” usual, caminé hasta el sofá, me senté y puse el teléfono en el suelo.

-Hola, Rosa –susurró, estaba sonriendo, abrió el edredón para que pudiera acostarme a su lado. Lo hice con entusiasmo y fundí mi cuerpo contra el suyo. Él suspiró con satisfacción y me dio un fuete abrazó –por cierto, eso no fue justo –me regañó, me dio un beso en la frente.

Sonreí con burla.

-¿En serio? ¿No te gustó mi pijama? –pregunté con inocencia.

Amé el pijama, pero no cómo paseaste tu sexy trasero en frente mío con tu hermano sentado a mi lado –se quejó.

-¿Piensas que tengo un trasero sexy? –lo provoqué.

-Mmm, no lo puedo recordar ahora mismo, déjame verlo de nuevo –dijo con voz ronca. Me reí y giré sobre mi estomago.

Gruñó otra vez y lentamente pasó una mano por mi espalda, la bajo por mi trasero y por uno de mis muslos, luego la subió por el otro. Su mano se detuvo en mi trasero, trazó la línea del encaje, me hizo temblar.

Vaya, ¿qué me está sucediendo, quiero que me toque –habló mi voz interna –si hace un movimiento ahora para tocarme más, no lo voy a detener –mí cabeza daba vueltas, estaba confundida.

Me beso el hombro y bajo lentamente por mi espalda y caderas dejando besos a su paso. Besó la parte inferior de los shorts y pasó lentamente su legua en el final de mi trasero, justo en el lugar donde se encuentra con la pierna. Di un grito ahogado y él se tensó.

Se apartó rápidamente.

-Lo siento, lo siento. Me dejé llevar –dijo en tono de disculpa.

Me sonrojé.

-Me gusto, Nicolás –dije con voz ronca, estaba temblando, el deseo estaba corriendo por mis venas.

-¿En serio? –preguntó, sonaba sorprendido.

-Diablos, sí –admití con la voz entrecortada, me sonrojé aún más. “Wow, ¿acabo de decir eso? ¡Qué vergüenza”, pensé, mi cara hervía y no estaba segura si de vergüenza o de deseo.

Él gimió ligeramente y volvió a pasar la legua por el borde del encaje del short de nuevo. Esa vez no pude evitar el pequeño gemido que se escapó de mis labios. El sonido pareció alentarlo porque lo hizo otra vez, deslizó una de sus manos por uno de mis muslos y masajeo lentamente mi trasero y parte de mi espalda. Subió y beso mi espalda, levantó la tela de mi camiseta y beso la piel de abajo. Me di la vuelta para que estuviéramos cara a cara y lo besé, tiré de él con fuerza para que todo su cuerpo presionara el mío. Podía sentir su piel contra la mía y me alegré por haberme puesto ese pijama. Él se comenzó a excitar, podía sentir su erección presionando contra mi muslo, pero esa vez no estaba asustada, al contrarió sentir eso me alentó. Nicolás levantó sus manos y tomó mis pechos; dejé salir un suspiro cuando sentí sus manos calientes a través de la tela de mi camiseta ya que no estaba usando brasier. Gimió y frotó sus pulgares en mis pezones y estos se endurecieron. Él solo estaba usando shorts, acaricie su pecho y baje por su estómago, estaba asombrada de cuán perfecto y tonificado era.

Besó mi cuello y mis pechos sobre la camiseta. Mis manos acariciaron su cabeza mientras él bajo besándome hasta mi estomago, se apoderó de mi caseta con los dientes y subió tirándola hacia arriba, lo hizo lentamente y dejo al descubierto mi estómago. Gemí y él acarició mi piel desnuda con la boca, lamía y soplaba sobre ella, mi cuerpo estaba vibrando de la emoción. Deslizó una mano bajo mi camiseta y lentamente la subió un poco más, paso sus dedos sobre mis pechos mientras continuaba besando mi estómago. Beso un poco más arriba y en esos momentos mi respiración comenzó a acelerarse, mi cuerpo sabía que él en cualquier momento iba a besarme los pechos.

¡ESTO ES DEMASIADO RÁPIDO! –gritó mi voz en mi cabeza.

-Lo siento… Nicolás… ¡para! –murmuré

Dejo de besarme inmediatamente, me miró y sonrió con esa hermosa sonrisa que tenía.

-No tienes que disculparte, Rosa –me besó en los labios con ternura. Le sonreí agradecida cuando él giró y salió de encima de mí, me acerco a su pecho y empezó a pasar sus dedos en mi cabello, me estaba mirando con amor –eres tan hermosa –murmuró, besó mi nariz y bajo acomodo mi camiseta por mí. Reí y sacudí la cabeza. “¡Está lleno de líneas cursis! Eso le debe funcionar para conseguir que las chicas se acuesten con él”, pensé, y como leyéndome la mente él sonrió herido –no me crees –afirmó.

-¿A cuántas chicas le has dicho eso, Nicolás? –susurré, no estaba segura de que mi voz sonará bien si hablaba con un tono normal.

Suspiró, lucía un poco derrotado.

-No puedo cambiar mi pasado, Rosa, créeme que lo haría si pudiera. Nunca he sentido nada por nadie más, lo juro. Nunca le he dicho a nadie que era hermosa, sólo a ti. Nadie más se compara a ti –dijo, me estaba mirando con intensidad, en verdad deseaba que le creyera, se le veía en los ojos. Mi respiración se me atoró en la garganta cuando escuche sus dulces palabras. Me acerqué más a él apretándome con fuerza, enterré mi rostro en su pecho, respirando contra su piel. Suspiró con alegría y envolvió sus brazos fuertemente a mi alrededor, me beso la frente –buenas noches, Rosa –susurró.

-Buenas noches, Nico –murmuré contra su piel.

Tenía la sensación de que el plan de no darle mi corazón aún, había desaparecido por completo. Todo lo que podía hacer era rogar para que no lo rompiera. Me acurruqué más cerca de él, apoyando mi cabeza en su pecho y me quedé dormida en minutos, justo cuando comenzaba a perder la conciencia creí haberlo escuchado susurrar algo que sonaba como “te amo”, pero estaba segura que Nicolás nunca diría eso, así que creía que debió hacer sido algo más.

Momento 17: Como Me Siento

Diario de un Dulce Amor

Martes 13 de agosto 2013

Tu auto estaba lleno de cajas, estaba estacionado afuera de tu casa o mejor dicho de la casa de tus papás, caminamos a la calle seguidos de tu mamá y Martu.

-¿En serio no necesitas ayuda? –pregunto Martu, me dio un manotazo antes que logrará tocarle la cabeza y despeinarla.

-Está todo controlado –respondiste mientras te reías de mi expresión de enojo por no haber podido cumplir mi objetivo.

-Bueno –Martu se veía molesta –¿podes decirle que no me moleste más?

-Rosa ¿puedes decirle que se deje molestar? –te dije yo y tu mamá y tú empezaron a reír

-Pueden comportase como personas adultas –dijo tu madre y Martu me saco la legua

-He, me saco la lengua –te dije como un niño pequeño, señalándola

-Buchon! –gritó ella

-Bueno saben que me encanta que se lleven tan bien pero –me tiraste tus llaves, yo las tome en aire –la señora que me va a entregar la casa llega en una hora, no quiero llegar tarde –te subiste al asiento del copiloto y yo arranque el auto –mamá te quiero! –le dijiste mientras que ella te daba un beso en la mejilla

-Yo también –te respondió –

-Martu cuida a Cafre –le dijiste mientras ella te daba un beso en la frente –en un par de días me lo llevo

-Si dale –me miro directo a mí –CUIDALA!, sé que aun no va a vivir contigo pero cuídala, vos la vas a tener más cerca –sonreí

-No seas fatalista Martina –le respondiste y le diste un beso en la mejilla

-La cuidaría mejor si viviera conmigo –ella puso los ojos en blanco –pero la voy a cuidar no te preocupes, siempre la cuido –la miré –a y Martu me alegraste el día con ese “Aún” –

Arranqué y maneje un rato hasta que vos rompiste el silencio.

-¿Está todo bien? –Asentí con la cabeza –¿en serio?

-Bueno estoy muy feliz que estés cumpliendo algo que hace unos años tenías como asignatura pendiente –sonreí mirando el camino, si te miraba a vos las palabras no iban a salir tan seguras –pero no puedo mentirte y decirte que no preferiría estar llevándote al departamento y no a tu nueva casa –pasaste una mano por tu cabello

-Gracias por entenderme –te miré

-¿Vas a recoger tus cosas del departamento? –me miraste como si estuviera pidiéndote hacer una orgía o algo así. -¿Qué? –pregunté rápidamente.

-No, claro que no –respondiste como explicándome que dos más dos eran cuatro –esto son las cosas del departamento para cuando me quedes a dormir –reíste –no creas que te vas a deshacer de mí tan fácil Riera –reí y apreté el acelerador –no vayas tan rápido Nicolás –gritaste medio en reprimenda, medio en broma. –

-Lo siento, tenemos que llegar antes que decida secuestrarte y llevarte al departamento –reíste alto y pusiste un poco de música.

El resto del camino no hablamos nada acerca del tema.

Llegamos a tu nueva casa, mientras la miraba recordé cuan emocionado me había puesto pensando que por fin ibas a vivir conmigo y cuanta más emoción me había dado cuando me entere que habías decidido vivir sola. Porque es así, tenía y tengo los sentimientos encontrados. La felicidad se mezcla con la decepción, la bronca con la ilusión y las ganas de que vivas conmigo con las ganas de verte viviendo sola, de verte cumpliendo tu asignatura pendiente. Todos los recuerdos se abrieron paso pero uno en especial se quedo en mi mente, el de cuando me contaste lo que habías decidido.

Mi amor –te abrace con fuerza, había estado una semana en Neuquen y encontrarte en el departamento, era lo mejor que me había pasado.

-Mi vida –te besé con fuerza mientras me abrazabas

-¿Qué tal? ¿Ya estás instalada? –Sonreíste.

-Si algo, pero tengo que hablar con vos –me senté en el borde de la cama, aún tenía tus manos entre las mías.

-Me fui de casa, tome mis cosas y prometí volver por lo demás –me estabas mirando a los ojos –pero lo estuve pensando y bueno –soltaste mis manos por un segundo –

-¿Regresas a casa? ¿No estás lista para vivir conmigo? –Negaste con la cabeza -¿no te vas?

-Si me voy –tu voz de seguridad me asustó –me voy a mi casa –

-¿Volves con tus viejos? –tus ojos se iluminaron

-No, me voy a mi casa, a mi casa propia –me sorprendí –voy a vivir sola Nicolás, estuve pensando que primero tengo que aprender a vivir sola, quiero de verdad lograr esta asignatura pendiente y lo nuestro quiero que vaya poco a poco y creo que convivir aún es muy pronto. –la información me llego muy rápido –

-¿A tu casa? –tus manos estaban alrededor de mi cuello y tu rostro de “tenemos que hablar” había pasado a la de diversión absoluta, me levanté –Rocio me asustaste, no me volvas a hacer esto, pensé que ibas a terminar conmigo o que en esta semana había aparecido el amor de tu vida –grité

-Perdón –tu voz fue como la de una niña pequeña, el acting se me fue al demonio, todo lo que había planeado para fingir estar molesto con vos por unos segundos desaparecieron de mi cabeza y te besé.

-Perdóname a mí –sonreí –era una broma –me diste una pequeña palmadita en el hombro

-Malo, pensé que te habías molestado –te besé de nuevo, me di cuenta que te extrañaba mucho una semana sin estar juntos era demasiado.

-¿Y te vas cuando? –te pregunté mientras te daba un pequeño regalito que te había traído, lo abriste

-Aun tengo unos días, por no decir semanas –sonreí juguetón mientras te ponías los guantes para el frió que te había regalado.

-Y capaz si te quedas estás “semanas” conmigo, al final decidas quedarte aquí –me acerque a ti y te bese el cuello –

-No creo que me convenzas, pero puedes intentarlo –sonreíste antes que yo te atacara a besos.

 

El recuerdo se desvaneció cuando tu chasqueaste los dedos en mi cara.

-El color quedo bien ¿no? –me preguntaste y sonreí, sacándome la remera a pesar del frío que hacia –

-Quedo muy lindo, tenes buen gusto –te contesté y tomé una caja –pero eso es obvio –la acomodé en mi hombro –te gusto yo –te guiñé un ojo y entre por la puerta abierta del frente, escuche tu risa atrás de mí.

La señora que te iba a entregar la casa estaba esperándote sentada en el sillón de la pequeña sala.

-Hola –la saludaste y yo salí a buscar otra caja al auto, cuando volví a entrar vos te estabas riendo con ella, y jugabas con un manojo de llaves en tus manos.

-¿Van a vivir juntos? –preguntó la señora y de inmediato ambos nos tensamos un poco, pero yo no quería que vos te incomodaras por nada.

-Aun no estoy listo para vivir con ella –dije en broma –ya sabe ella es vegetariana y yo amo el asado, ella tiene un perro y yo quiero adoptar un gato, ella quiere dos nenes y yo quiero tres. –la señora rió

-Espero que disfruten mucho la casa –dijo entre risas.

-La vamos a disfrutar no se preocupe –caminé con la caja en el hombro –pero es suya, ella va a vivir sola, yo voy a ser un lindo decorado –reí y ambas rieron conmigo

Salí y entre cargando cajas, no eran muchas pero algunas estaban pesadas. Cuando ya estaba muerto de sed y me pare a descansar un poco vi como la señora caminó hacia su auto mientras tu la despedías con una mano.

Te me acercaste sonriendo mientras te sacabas la chompita que llevabas y te la amarrabas a la cintura.

-Vamos che, no se puede descansar –me dijiste y me diste un beso en los labios

-Abusadora –dije yo, tu reíste –ya está todo sólo falta esta caja.

-A no, sos un genio –dijiste sonriendo –

-Lo sé –te respondí mientras tomaba la caja y entraba.

Cuando terminé de poner la caja en el piso junto a las otras me senté en el sillón.

-Bueno, ya está todo –te miré –

-¿Tenes hambre? –me preguntaste y yo sonreí

-La verdad, si tengo mucha hambre –asentiste

-Y que quieres, no tengo mucho –diste unos paso hacia la cocina antes que yo te abrazara por atrás –

-Tienes exactamente lo que quiero –te besé el cuello con pasión.

-Así que ya vamos a inaugurar esto –dijiste en broma antes de voltearte y saltar agarrándote por mi cintura con tus piernas.

Estábamos sobre la linda alfombra que tenía la sala, acariciaba tu espalda suavemente

-Tenemos algo con las alfombras –bromeé

-Tienes razón –susurraste –te voy a extrañar –dijiste

-Che, ni que fuera tan grave –sonreí –tampoco es que estos días hayamos vivido juntos –me miraste –piensa que fueron unas vacaciones –sonreí y te apoyaste en mi pecho –nos fuimos de vacaciones y ya estamos de vuelta –asentiste –

-¿Quieres comer algo? –preguntaste, estaba seguro que te dabas cuenta que por mucho que pudiera decirte por dentro no estaba tan feliz de dejarte ahí, pero te conocía y no ibas a decirlo

-¿Te acuerdas cuando te fuiste de vacaciones a Brasil, en el verano? –te pregunté

-Si claro que me acuerdo –me respondiste

-¿Qué te dije yo que era para mí el amor? –te pregunté.

-Que era dar la libertad al otro de decidir –respondiste

-Eso no ha cambiado, a pesar de que quiero que te vengas al departamento a vivir, estoy muy feliz porque ya tienes tu casa, tu lugar, tu sitió, porque te animaste y porque sé que para ti este es un gran paso –te dije, no me respondiste nada, solo me volviste a besar.

-¿comemos? –me preguntaste y asentí.

Luego vestirnos, y comer algo terminamos de arreglar las cosas, te ayude a mover algunos muebles y a terminar de instalarte.

-Ya llamé un taxi –te informé cuando entraste a la sala con dos tazas de leche con chocolate

-¿Ya te vas? –asentí mientras le daba un sorbo a mi taza –voy a extrañarte –susurraste antes de darle un sorbo a la tuya

-Créeme no más de lo que yo voy a extrañarte –te miré –espero no volverme loco por tu ausencia, ya sabes el departamento otra vez en silencio –suspiré –espero ser lo suficientemente fuerte

-Lo serás –me diste un beso en la mejilla y nos pusimos a ver televisión mientras terminábamos la leche y esperábamos que llegará mi taxi, cuando llegó suspiré más fuerte.

-Nos vemos mañana –te dije al oído mientras caminábamos a la puerta de salida –

-¿No te queres quedar? –preguntaste

-Es tu primera noche –te dije, sabía lo que tenía que hacer –van a ver miles de noche que me quede, hoy es tu momento –sonreí –pero ten cuidado con los fantasmas –reí

-Nicolás no me asustes –te estremeciste un poco –

-Nos vemos mi amor –nos dimos un beso largo, de esos que solo llegan cuando te separas.

-Nos vemos –subí al taxi y volteé a mirarte y vi que estabas corriendo hacia nosotros, le pedí al taxista que esperara un momento.

-¿Qué pasa, mi amor? –te pregunté bajando la ventanilla del auto.

-Esto es para ti –me diste un juego de llaves con un llavero que decía “Pibito” estaba hecho de madera –son de todas las puertas de la casa –sonreíste, yo me había quedado sin palabras

-¿Estás segura que quieres dármelas? –te pregunté, sabía que era una pregunta boluda pero no podía dejar de hacerla.

-Completamente –te miré –pedí un juego de llaves extras para ti –

-Gracias –te di un beso y me lo devolviste –bueno mañana traigo mi cepillo de dientes y anda separándome un cajón para algo de mi ropa –reíste y yo te acompañe –te amo

-Te amo más –el taxista arrancó y el auto avanzó un poco.

-Te amo!!!!! –grité moviendo la mano y sacando la mitad del cuerpo por la ventanilla despidiéndome, te vi agitar tu mano, me volví a sentar cuando te perdí de vista y apreté con fuerza el llavero.

Llegue y fui directo al cuarto, no quería pensar, no quería darme cuenta que tu no estabas allí, a pesar del sentimiento de vacío que sentía porque me faltabas vos, el de felicidad por vos era más grande, y quería que ese predominara.

Di algunas vueltas en la cama y aunque quise no pude dormir, me levante y tome el teléfono, por un segundo tuve la necesidad de llamarte pero me contuve, le di click al icono del twitter y lo primero que hice fue revisar tu perfil.

casita nueva + etapa nueva= cambio!!!! para mi jajaja

Estabas feliz, lo podía sentir, sonreí y seguí leyendo. Era divertido leerte mientras le contestabas a todo el mundo. Me contuve mucho en escribirte.

La panza me sonó un poco y fui a ver que podía comer. Encontré algo de comida que tú habías hecho guardada en el refrigerador y la metí a que se calentará, presione los botones del microondas pero este no funciono.

-¿Qué pasa wuacho? –le pregunté mientras le daba unos golpes para que se encendiera –dale no quiero prender la cocina, entendeme no estoy de humor, dale negro hoy no voy a dormir abrazado con Rosa, la cama esta triste y fría, ahora vos no queres prender. Sé que la extrañas, se que todos la extrañamos, pero por favor apiadate de mí –di un golpe más y se prendió –Gracias, gracias, gracias negro. Vos sos un amigo.

Miré como el plato daba vuelta y me sorprendí de lo que había hecho.

-Acabas de hablar con el microondas Nicolás te volviste loco – me dije. El aparato sonaba como dándome la razón, me reí tome mi teléfono y tuitee

Solo y hablando con el microondas, perdi la poca cordura que me quedaba

Me senté en la cama y comí lo que me había calentado mientras veía televisión.

Escuche el sonido de mi celular, era un mensaje.

“No han pasado ni veinticuatro horas y ya perdiste la cordura” –sonreí

“No tenerte al lado, enloquece a cualquiera” –respondí

“Exagerado” –respondiste

“Te juro que es la verdad” –te mandé

“Extraño oír tu voz” –leí y sonreí

“No han pasado ni veinticuatro horas y ya extrañas mi voz” –te envié y no espere a que me contestaras, te llamé.

No sabes como la extraño –fue lo que dijiste cuando respondiste.

-¿No hay fantasmas? –pregunté yo, tratando de relajar un poco la conversación.

No, que yo haya visto. –me contaste

Me encanta escucharte –dije –pero ahora es hora de dormir señorita

Es temprano –te quejaste como una niña pequeña

Pero mañana tu novio te va a ir a buscar tempranito, así que duérmase –te comenté, no te miraba pero sabía que estabas sonriendo, escuche tu suspiro –si quieres que vaya ahora, voy, total tengo la llave ¿no? –tome el llavero que había puesto sobre la mesita de luz

Y yo tengo la de allá pero no te preocupes, está bien –me dijiste tranquila –hoy voy a tratar de pasarlo sola, si hoy se me es muy difícil, mañana te secuestro y te quedas acá –reí

Y sabes que puedes secuestrarme porque no voy a ponerte la denuncia –escuche tu risa –buenas noches mi Rosa hermosa

Buenas noches mi pibito de barrio.

Cortaste la llamada y yo me quedé mirando el celular como un pelotudo, como si tú fueras a salir de ahí. de repente vi una pequeña esquina negra que salía de tu cajón, me acerque y lo abrí, estaba toda tu ropa y encima de ella este cuaderno, me dio el impulso de escribir lo que me estaba pasando pero primero lo leí sonriendo, me sorprendía poder vivir los recuerdos a través de lo que tu habías escrito, cuando terminé de leer estaba tan emocionado que me puse a escribir el momento de hoy, tratando de escribir tan bien como lo hacías vos, pero eso es un poco imposible, pero bueno hago mi mejor esfuerzo. ¿Quedo bien? jajaja

Cuando termine de escribir me di cuenta que lo había hecho como contándote la historia, y era raro porque yo no tenía que contar nada, vos lo habías vivido conmigo, pero me sos tan importante que sos en estos momentos a la única que le quiero contar como me siento, lo único que necesito es estar con vos, no importa si es en tu casa o en la mía o en la de ambos necesito estar con vos, y lo necesito ahora, pero no voy a ir a buscarte porque vos me has pedido que no lo haga, voy a echarme a dormir para encontrarte en mis sueños, estoy seguro que así será.

P.D: Estuve pensando mucho en el titulo de esto y aunque me demoré creo que sería bueno que se llamará “Como me siento”, se que no es ni la cuarta parte de bueno que lo que vos hacés pero sé también que sabes que lo escribo desde lo más profundo, aunque suene un poco cursi, mi corazón.

P.D2: Si sé que soy pésimo con los acentos, los signos de puntuación y por ahí capaz la ortografía y quien sabe capaz también en la gramática, pero ya sabes soy fachero J

P.D3: Qué buen gusto tenés che, mira que te guste este bombosinto.

P.D4: No hay fantasmas porque yo los he amenazado que no molesten a mi chica.

P.D5: Se que en el momentos que leas esta parte ya estas cagada de la risa.

P.D6: TE AMO!!!!!

P.D7: Ahora estas derretida de amor. Lo sé soy perfecto! #modestiaaparte (viste estilo twitter) (sé que ahora de nuevo estás cagada de risa) (soy lo más lo sé, te amo)

Capitulo Ocho

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

Me desperté por el sonido de la alarma de mi teléfono. Miré a mi alrededor preguntándome por qué estaba en la sala, entonces recordé lo que había pasado la noche anterior.

Nicolás seguía dormido; como siempre, sus brazos y piernas estaban encima de mí cuerpo, yo estaba bajo su peso. Sonreí y lo miré unos minutos antes de decidirme a despertarlo. Usualmente le pegaba un codazo y lo empujaba; pero pensé que en esos momentos y dado que éramos novios sería mejor algo un poco más creativo, sabía que a él le gustaría eso.

Me moví hacia delante y empuje su hombro. Él rodo sobre  su espalda, como no había soltado su abrazo, me arrastró con él. Me levanté con las manos y arrastré mis rodillas para quedar a horcajadas sobre él. Acaricié su hermoso rostro un par de veces y luego lo besé suavemente. Él suspiró un poco en sueños así que lo bese de nuevo, esa vez un poco más fuerte y por más tiempo.

Comenzó a excitarse y sofoqué una risita que amenazaba con salir de mi garganta. “Está bien, soy nueva en esto pero este chico como me excita” pensé mirándolo fijamente.

Excitarlo era un poco embarazoso; pero al mismo tiempo me hacía sentir querida, necesitada y atractiva.

Lo besé de nuevo y recorrí su pecho con mi mano derecha.

Él comenzó a moverse, sus brazos me apretaban más fuerte contra su pecho a pesar de que ni siquiera estaba despierto. Volví a besarlo y sobe sus labios con mi lengua.

Eso llamó su atención; abrió los ojos y me miro, estaba claramente sorprendido pero con una sonrisa juguetona en la comisura de sus labios.

-Espero que esta sea la manera en la que me despiertes a partir de ahora –dijo con voz ronca.

-Tal vez, si estas de buena suerte –bromeé. Puso una mano en mi nuca y me hizo besarlo de nuevo. Mordió mi labio inferior, pidiéndome que lo dejara entrar, pero yo me alejé, él gimió.

-Tienes que irte, Nicolás –me liberé de él y levanté mi torso, aún estaba a horcajadas sobre él.

Podía sentir su erección presionando contra mí, lo que me hizo anhelarlo de una manera que no había pensado hasta ese momento.

Sonrió y puso sus manos en mis rodillas y me miró. Sus ojos estaba tan llenos de lujuria que me sorprendió que no me estuviera suplicando por tener sexo en esos mismo momentos.

Ni siquiera se movió, sólo sé que ahí con una gran sonrisa de satisfacción en su rostro. “Esta no es una buena posición para sentarte, si lo que quieres es que se vaya” pensé

La sensación de tenerlo debajo de mí se estaba convirtiendo en algo enloquecedor. “¿Qué sentiré cuando él me toque, cuando recorra mi cuerpo con sus manos?” esos pensamientos vinieron junto a una ola de deseo que se apodero de mí, me mordí el labio inferior aún mirándolo a los ojos.

Los sentimientos que sentía en esos momentos eran confusos y tan extraños que me asustaban un poco. Nunca había querido si quiera besar a alguien, muchos menos lo que ahora quería que me hiciera él.

-¿Qué me estás haciendo? –susurré, confundida de sentirme así, siempre había eludido todo contacto físico por lo que mi padre solía hacerme, y en esos momentos yo misma lo buscaba.

-¿Qué quieres decir? –preguntó, se veía un poco confundido. Negué con la cabeza; no podía explicarlo con palabras y menos a él. Tenía la necesidad de que él fuera capaz de esperarme.

Si le dices como te sientes, arruinaras todo –me dije mentalmente.

-Dime qué quieres decir Rosa, por favor –rogó, estaba usando su cara de cachorro. Él sabía que esa carita siempre funcionaba.

-No puedo, Nicolás. –me alejé y me recosté a su lado.

-Por favor –susurró, vi suplica en sus ojos.

Suspiré.

-No sé lo que me está pasando. Un día no puedo si quiera soportar que alguien me todo y al siguiente… –mi voz se debilitó, estaba insegura de cómo terminar la frase, no quería darle una impresión equivocada de lo que quería decir.

-Al día siguiente, ¿qué? –solicitó, se apoyó en su codo para mirarme a los ojos.

-Al día siguiente, llegas tú y me haces necesitarme y no puedo ayudarme a mí misma a no sentir esa necesidad –admití, me ruboricé podía sentir el calor en mis mejillas.

Él se rió en voz baja y me dio una de sus sonrisas arrogantes.

-También tú me haces necesitarte.

-Sí, lo sé y esa es la mitad del problema –declaré, miré hacia abajo para ver el bulto que sobresalía en sus pantalones de pijamas, me ruborice y volví a mirar a su rostro, supe que él se había dado cuenta de lo que yo había hecho.

¡Oh mierda, esto es tan vergonzoso! –gritó una voz en mi cerebro.

-Siento que eso pase –me sonrió y yo me ruborice aun más, me revolví en mi sitió, la conversación se estaba poniendo muy incómoda. Le di una palmadita en el pecho y me reí por la vergüenza. Atrapó mi mano y la sostuvo fuerte sobre su pecho mientras me miraba.

-Me asusta –admití, me sentía estúpida e infantil.

-Sé que es así, pero nunca te haría daño. Si alguna vez sientes que las cosas van demasiado rápido, lo único que tienes que hacer es decirlo, yo pararé, lo prometo –no podía dudar de sus palabras, sabía que estaba siendo sincero, estaba claro en su rostro.

Me incliné hacia adelante y lo besé suavemente, luego lo alejé.

-Tienes que irte de verdad. Son casi las ocho.

Él suspiró y se entretuvo con mis dedos.

-No sabes lo más que me cae tu amiga, es su culpa que me tenga que ir –murmuró fingiendo que estaba molesto. Reí y me levanté del sofá.

-Quizás quieras normalizarte un poco antes de salir. ¿Qué pensarán los vecinos si te ven salir de mi casa así? –bromeé, señalando con mi cabeza su entrepierna, me ruboricé al darme cuenta que lo había visto de nuevo.

Se echó a reír.

-Podrían pensar que tengo una novia muy hermosa, que me acaba de echar de su cama –dijo, se encogió de hombros casualmente.

Le sonreí, el se sentó en el sillón y se acomodo sus short de pijama para que la erección fuera menos notable, me beso y salió por la puerta principal.

Entré a mi habitación. Lali todavía estaba dormida, así que me arrastré a mi cama; pero no podía volverme a dormir.

Me alegro de que al menos pudieras dormir 3 horas anoche –le mandé un mensaje a Nicolás.

Puse mi teléfono en silencio, para que el sonido de su respuesta no despertara a Lali.

También yo. Ese sillón es sorprendentemente cómodo, mejor que mi cama; pero eso es probablemente porque estabas tú ahí. –respondió Nicolás, y me hizo sonreír.

Podrías quedarte esta noche. Tal vez podía salir a hurtadillas a la sala después de que Lali se duerma.  –Le envié.

¡Me gusta la idea! ¿Qué vas a hacer hoy? ¿Quieres que hagamos algo? –Me preguntó.

No estoy segura; creo que pasaré todo el día con Lali, viendo que se quedará aquí –le respondí

Esa chica está arruinando todo; en primer lugar no me puedo quedar más tiempo contigo. ¡Ahora no puedo pasar el día contigo! Estoy muy molesto que esté en tu casa –contesto y yo reí

Nos masajeamos alrededor de una hora más, y me alegré de que me hubiera decidido a actualizar mi plan del teléfono y haber obtenido así mensajes ilimitados.

 

Me levanté un par de horas más tarde, me vestí y salí a la cocina. Nicolás ya estaba ahí. En realidad no me sorprendía, casi nunca estaba en su casa. Cuando no estaba en la escuela, pasaba la mayor parte del tiempo en mi casa, yéndose a la suya a eso de las nueve para escabullirse de nuevo una media hora más tarde a mi habitación.

Le sonreí un momento, miré a otro lado rápidamente, porque Peter estaba sentado justo a su lado.

-Buenos días, Rochi. ¿Dónde está Lali? ¿Has hablado con ella sobre que no me toque? –preguntó Peter, su expresión seria me hizo reír.

-Está en la ducha. De todos modos, deberías estar halagado de que le gustes; aunque tal vez hoy le gusta Nicolás –me burlé, guiñándole un ojo.

Nicolás gimió.

-¡De ninguna manera! Estoy saliendo con alguien –afirmó con seguridad. Me ruboricé un poco y moví mis pies algo incomoda.

La cara de Peter se desvió en su dirección.

-¿Estás saliendo con alguien? ¿Algo, como, seriamente? Tú nunca tienes relaciones serias –dijo, frunció el ceño y lo miró con incredulidad.

-Estoy loco por ella –dijo Nicolás, se encogió de hombros.

Caminé al refrigerador, tomé un poco de leche para mi cereal, estaba tratando de hacer como si no estuviera ahí. Mi corazón comenzó a fallar.

¡Oh, Dios! ¡Él va hacerlo! ¡Se lo va decir a Peter! –mi voz comenzó a gritar en mi cabeza.

-¿Loco por ella? Encima de ellas dirás. Debe ser muy buena en la cama –dijo Peter, sonrió y le dio una palmada en la espalda con orgullo. Me atraganté con el jugo de naranja que estaba tomando.

-No me he acostado con ella. Ella no cree en el sexo antes del matrimonio –Nicolás sonrió.

Peter parecía que estaba a punto de desmayarse, miró a Nicolás como si a este le hubiera crecido otra cabeza.

-Tú…Ella… ¿Qué? –tartamudeó, agitó su cabeza con violencia.

Nicolás se rió.

-A partir de ahora, estoy oficialmente retirado del negocio. Por lo tanto, Rosa, dile a tu amiga que no estoy disponible –indicó, se volvió hacia mí y me guiñó un ojo.

-Lo haré. Vaya, así que eres un mujeriego reformado, tal vez haya esperanza para ti después de todo, Peter –me reí, le lance un pedazo de coco.

-De ninguna manera, le doy a Nicolás una semana antes de que regrese su antiguo yo,  va a tener seo con cualquier cosa –dijo Peter con confianza.

-No sé, Peter. Yo veo esto bastante serio –dije, terminé mi desayudo. Nicolás me sonrió, obviamente le había gustado lo que había dicho, le había mostrado que confiaba en él.

-Finalmente has aprendido a usar la cabeza que está pegada a tu cuello –Peter le dijo en broma a Nicolás, di un respingo con sus palabras.

-Creo que es dulce, Nicolás. Ella debe ser una chica afortunada; ojalá que no le rompas su corazón –murmuré, miré mi plato vacío; tenía la esperanza que él no me iba hacer daño.

-No lo haré –dijo Nicolás con confianza. Caminé hacia mi cuarto y Nicolás me sonrió cuando pase a su lado en la cocina. Sabía que Peter iba a interrogar a Nicolás sobre lo que le acababa de contar y no quería estar presente.

 

-Entonces, ¿qué vamos a hacer hoy? –le pregunté a Lali mientras se aplicaba su habitual tonelada de maquillaje.

-Hmm. No sé. ¿Qué tal si jugamos bolos? Podríamos llamar a Candela y a Gastón. Capaz Peter y Nicolás quieran venir –dijo con emoción.

No me gustaba mucho jugar a los bolos, pero mis amigos lo amaban.

-Claro. Los llamaré –tomé mi teléfono y marque el número de Cande.

-Voy a decirle a “Dios sexo” –sonrió Lali y salió de mi habitación

Caminé detrás de ella con el teléfono en el oído. Candela me respondió.

-Hey, Cande, ¿quieres ir a jugar bolos? –pregunté alegremente, Lali se dejo caer en el sofá junto a Peter, estaba prácticamente sentada en su regazo.

-Sí seguro. ¿A qué hora? –respondió, sonaba emocionada.

-Nos encontramos ahí, digamos, ¿en una hora? –sugerí, mirando mi reloj, recién eran las diez y algo.

-Ok. Llamaré a Gastón, puedo buscarlo en el camino –dijo.

Sonreí porque Lali estaba coqueteando descaradamente con Peter

-Está bien. Nos vemos –colgué y me apoyé contra la pared, Lali le estaba suplicando a Peter.

-¿Quieres venir con nosotras? Así vas a ver qué tan buena soy con las pelotas –ronroneó Lali, agito sus pestañas. Nicolás se ahogó con su risa, Lali se volteó a ver a Nicolás –Vamos, Nico, voy a hacer que valga la pena –la risa de él se convirtió en una tos –sé que eres un buen jugador, ¿qué tal si tú me enseñas un par de trucos? –dijo seductoramente, se le acercó un poco. Él se veía incómodo por como Lali se comportaba. En realidad yo estaba disfrutando verlo tan incómodo. Por lo general Nicolás le hubiera coqueteado a Lali, pero en ese momento parecía que quería huir.

Decidí ayudarlo a librarse de ella.

-Lali, ¿los dejas solos? No quiero al perro de mi hermano y al su reformado mejor amigo, viniendo, y tener que verte coqueteándoles todo el día –me burlé, pretendía hacerla callar. Aunque lo que en verdad pasaba es que me estaba molestado ver como ella seguía mirando a Nicolás, era como si estuviera dispuesta a comérselo en ese preciso lugar y en ese preciso momento. Nicolás me miró agradecido, eso hizo que mi corazón empezará a tartamudear un poco en mi pecho.

Lali me sonrió.

-Hmm, bueno, ¿Qué hay de divertido en eso? –preguntó, me guiñó un ojo y me hizo reír.

-Nos vamos a los bolos en una hora de todos modos, si quieren venir bien. Cande y Gastón están llegando, y tal vez Daniela –me encogí de hombros, me dejé caer en el suelo a los pies de Nicolás, apoyé mi espada contra sus piernas como si fuera algo casual. Miré como Lali me estaba observando con los ojos muy abiertos y con asombro en ellos, me alejé de él rápidamente y sentí como el rubor subía a mis mejillas.

-No me importan los bolos. ¿Qué piensas, Peter? quiero azorarle el culo a las chicas –preguntó Nicolás sonriendo.

Lali asintió rápidamente con la cabeza.

-Yo estoy muy lista para algunos azotes –dijo con entusiasmo. Los chicos ignoraron su chiste en doble sentido.

-Sí, está bien. Me gusta jugar a los bolos, creo. Hey, Nicolás, ¿por qué no le preguntas a tu novia si quiere ir también? ¿O tienes miedo de que ella me vaya a conocer a mí y se dé cuenta que ha cometido un gran error? –bromeó Peter.

-Mi novia ni siquiera te miraría, Peter, por lo que no tengo nada de qué preocuparme –respondió Nicolás con confianza, pude oír la diversión en su voz. Me sonroje con más potencia, lo único que quería en esos momentos era fundirme con el sofá y desaparecer.

-¿Tienes novia, Nicolás? –pregunto Lali, con el ceño fruncido. Parecía que estaba tratando de resolver un complejo problema matemático, tenía toda la cara arrugada por la concentración.

-Sí, la tiene. Una misteriosa chica por la que está loco, bueno eso parece –se burló Peter, rodó sus ojos.

Los ojos de Lali por alguna razón saltaron a mí de inmediato. Parecía que estaba a punto de hacerme un agujero en el rostro por la fuerza que su mirada. Tragué saliva y miré hacia otro lado pretendiendo parecer distraída, “De verdad no quiero mentirle a Lali”, pensé, la volví a mirar. Ella abrió la boca, me miró con ojos muy abiertos y luego miró a Nicolás, volvió a mí y en silencio me pregunto si la enigmática novia era yo.

Mierda, ¿es una lectora de mentes o qué? –me dije a mentalmente, pero de verdad no quería mentirle. Asentí con la cabeza lentamente, tratando de no ser tan obvia, ella gritó ahogadamente otra vez y se rió con entusiasmo.

-¡Vamos a terminar de prepararnos en tú habitación, Rocio! –gritó, saltando. Estaba tan emocionada que aplaudía como un niño.

Oh, bien, aquí viene, el millón de preguntas –una voz en mi cabeza se lamento y yo gemí levemente.

-Ya estoy lista –negué con la cabeza como advertencia.

Necesito tu ayuda en el dormitorio para algo! –susurró ella, me miro como si me fuera a asesinar, si yo no me levantaba en ese preciso momento. Me levanté y oí la risa de Nicolás desde el sofá.

Miré a Nicolás

Tiene la boca grande a veces –dijo en mi cabeza mi propia voz –pero es una dulce boca –volví a escuchar a mi propia voz en mi cabeza cuando mis ojos miraron disimuladamente sus labios.

Seguí a Lali hasta mi habitación; cerró la puerta y me agarró por los hombros.

-¡Lo sabía! Ese muchacho ha estado observándote durante años –gritó mientras saltaba como una niña pequeña. Me reí de su entusiasmo, parecía casi tan contenta sobre lo de Nicolás y mío como si fuera ella quien estuviera saliendo con él.

-¡No es así! –sonreí.

Ella me arrastró hasta la cama.

-¡Oh, cállate! Él siempre está buscándote con la mirada. Encuentra cualquier excusa para tocarte. Coquetea descaradamente contigo, y siempre te dice qué tan atractiva eres –ella suspiró con aire soñador –así que, señorita, ¿cuándo pensaba decírmelo? Soy tu mejor amiga –me reprendió, en broma.

-Emm bueno, lo íbamos a mantener en secreto por un par de semanas. Ya sabes lo nuestro no le va a gustar nada a Peter.

Me encogí ligeramente cuando el recuerdo de ese “Sí, ¡pero tú no puedes salir con ninguna de ellas!” que le había dicho Peter a Nicolás en tono de advertencia sé apodero de mi mente, era obvio que Peter se oponía tajantemente a la ida de que Nicolás y yo saliéramos como pareja amorosa.

-Guau, si, tienes razón, no había pensado en ello. ¡Peter va a enojarse mucho! –dijo con los ojos muy abiertos. Asentí con la cabeza, estaba jugando con mis manos sobre mi regazo –así que, ¿cuándo sucedió todo esto? Estaban juntos en la fiesta, ¿verdad? tuvo la vista fija en ti toda la noche, y además golpeó a la basura del hermano de Silvina por haberte besado.

Di un grito ahogado, estaba un poco sorprendida.

-¿Él golpeó al hermano de Silvina? –pregunté. Me acordé de cuando él lo había empujado contra la pared, me di cuenta que no sabía que había pasado después.

-Sí. Él le grito para que mantuviera sus sucias manos lejos de ti, y que no tú habías querido que él te besara. Al parecer te había visto tratando de empujarlo lejos de ti. Nicolás le pegó un par de veces antes que los separaran. Luego, él desapareció de la fiesta, Peter dijo que se había ido a casa –ella me miró con curiosidad. Yo sabía que mi cara debía estar muy roja.

Soy una mentirosa terrible –me lamenté mentalmente

-Él no fue a cada, ¿verdad? –sonrió

Se ha dado cuenta de todo –me dijo mi conciencia –ya no puedo mentirle, nunca pudiste –me lamente.

Tomé una respiración profunda y le conteste con un movimiento de mi cabeza, sin palabras. Ella literalmente gritó y lo hizo tan fuerte que cerca de dos segundos más tarde, Peter y Nicolás irrumpieron en mi habitación.

-¿QUÉ? ¿QUÉ ES? –gritó Peter, mirando alrededor como si hubiera un incendio o algo parecido.

-Em… em, fue una… em –balbuceé, traté con desesperación pensar algo que decir.

-Araña –intervino Lali rápidamente, apunto en la dirección de mi baño.

Peter suspiró y se dirigió ahí, movía la cabeza con desaprobación.

-En serio, ¿todo esto por una araña? ¡Pensé que estaban siendo asesinadas o algo así! –nos regaño.

Lali nos sonrió a Nicolás y a mí. Nicolás parecía divertido mientras me miraba retorcerme en mi lugar. Me guiño un ojo, Lali rió por ello. Yo le saqué la legua a Nicolás, y él me movió sus cejas hacia mí, Lali rió más fuerte por lo que los dos estábamos haciendo.

Peter volvió a salir, estaba con ceño fruncido y moviendo la cabeza en negación.

-No he encontrado nada ahí.

-Oh, quizás no fue una araña, puede haber sido sólo un poco de pelusa o algo así –sugirió Lali, agitó su mano para que ambos se fueran.

Peter puso los ojos en blanco.

-Por Dios, Lali, eres realmente extraña –dijo, salió y cerró la puerta detrás de él.

Ella dio la media vuelta y me miró, lucía exaltada.

-¡No puedo creer que hayas perdido tu virginidad con Nicolás Riera! ¿Estuvo bueno? Apuesto a que estuvo bueno, ¿no? ¡Él es tan atractivo! ¡Estoy celosa! –se arrulló y se fue a su propio mundo.

-No he tenido sexo con él –dije rápidamente.

Ella chasqueó la legua y me miró de nuevo a los ojos.

-¿No lo has hecho? Bueno, ¿y por qué diablos, no lo has hecho? Si yo fuera tú, ya le hubiera saltado a su culo en el mismo momento que me beso por primera vez.

Me reí y me encogí de hombros.

-Sí, se que lo hubieras hecho, pero tú no eres yo y yo no soy así.

-Está bien, lo sé –ella suspiró, su mirada estaba un poco derrotada. De repente su rostro se iluminó de nuevo –así que, ¿qué hicieron entonces?

-Acabamos de empezar, Lali, eso es todo –le dije con sinceridad. En realidad no habíamos ido muy lejos, así que no le estaba mintiendo.

-Tienes tanta suerte. Tienes al chico más atractivo de toda la escuela como tu novio y el segundo más atractivo es tu hermano. Quiero decir, ¡eso es un poco codicioso! –me regaño, meneaba el dedo índice hacia mí en un gesto molesto –entonces, ¡él te llamó su novia! ¿Te ha invitado a salir? Oficialmente, ¿son pareja? ¿Exclusivamente? –preguntó, me miraba con asombro.

Asentí con la cabeza pero hice una mueca, al mismo tiempo.

-Sí lo hizo, y sí que somos. Pero para serte honesta, no sé cómo va funcionar eso. Quiero decir, él es un mujeriego. Tengo sinceramente un poco de miedo en enamorarme demasiado de él, en caso me engaño o termine conmigo o algo así –admití con un hilo de voz, miré al suelo mientras todos mis miedos y preocupaciones pasaban por mi mente.

Ella me abrazó, y eso de inmediato me hizo sentir mal. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, su ritmo era desenfadado. Sabía que sólo estaba tratando de consolarme, pero no podía evitar la reacción de mi cuerpo con el contacto físico.

-No creo que lo haría. Quiero decir, él nunca ha tenido una novia antes, nunca ha sido exclusivo de nadie, por lo que no tienes nada en basar tu teoría. Técnicamente, él nunca ha engañado a nadie –me dio una media sonrisa. No podía dejar de reír gracias a su intento de hacerme sentir mejor.

Supongo que eso es cierto, el hecho de que está dispuesto a ser exclusivamente mi novio es una señal –me dije mentalmente, la miré y me puse de pie.

-Será mejor que vayamos de una vez, Cande y Gaston nos deben estar esperando. Ah, y Lali, no le digas nada a nadie, ¿de acuerdo? Ni siquiera a Cande. Quiero ver cómo va todo por un par de semanas y quiero estar segura de esto antes de que Peter se dé cuenta –le expliqué.

-No le contaré a nadie, lo prometo –prometió, pasando una mano por su pecho sobre el corazón –por lo tanto ¿es un buen besador? –susurró, mientras caminábamos por el pasillo.

-Increíble –le contesté.

-¡Maldita sea! ¡Cuánta suerte tienes! –murmuró en voz baja, sus palabras me arrancaron una sonrisa.