Capitulo Veinte

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

Estaba consciente de un pitido molesto; mi cabeza estaba palpitando y punzaba en un lado. Apreté los ojos que tenía aun cerrados en un intento por alejar el dolor.

-¿Rosa? –dijo Nicolás, lo sentía muy cerca. Gemí y volví la cabeza hacia su voz. Sentía como si estuviera dentro de una especie de burbuja, me sentía realmente muy mal. Abrí los ojos para verlo, él estaba inclinado por encima de mí, se veía hermoso como siempre, pero parecía un poco estresado. Tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada.

-Hola –dijo mi voz salió algo ronca, traté de sonreír y de ignorar el dolor en mi cabeza.

-Gracias a Dios. Me asustaste –se inclinó y me dio un suave beso en la frente, dio un suspiro de alivio.

-Está bien. Puedo entrar y echar un vistazo –escuché una voz femenina que hablaba con severidad. Miré a mi alrededor y me di cuenta que no sabía dónde estaba. Yacía sobre una pequeña cama en una pequeña lugar que tenía estantes y armarios a lo largo de las paredes, aunque me pareció raro que sintiera movimiento y el sonido de las vibraciones de la carretera.

Nicolás se movió a un lado y una señora vestida con un traje verde se inclinó sobre mí.

-Hola, Rocio. ¿Cómo te sientes? –preguntó, mientras hacía brillar una luz enfrente de mis ojos.

Empujé su mano fuera de mí, en busca de Nicolás.

-¿Dónde estoy? –pregunté, me sentía un poco presa del pánico. “¿Cómo diablos llegué aquí? Estaba en la cocina, me empecé a sentir un poco mal…” , pensé.

-Estás en una ambulancia, cariño. Te desmayaste y te golpeaste la cabeza bastante fuerte contra el mostrador de la cocina –explicó interrumpiendo mis pensamientos, me tomó las manos y las colocó sobre mi pecho –sólo necesito evaluarte. Has estado inconsciente durante unos veinte minutos –encendió la luz otra vez sobre mis ojos, asintió con la cabeza, parecía satisfecha –¿Te duele la cabeza? –me preguntó, me toco ligeramente detrás de mí oreja en el lugar que al parecer me había golpeado al caer. El dolor atravesó mi cabeza y silbé a través de mis dientes –creo que vas a necesitar un par de puntos aquí –dijo ella, mirando el lado de mi cabeza.

Tendí una mano hacia Nicolás. Él inmediatamente la tomó y la beso, sus ojos no dejaban de mirarme. Se veía muy estresado. Después de un rato nos detuvimos en el hospital y comenzaron a trasladarme en mi camilla.

-Puedo caminar –protesté, me sentía muy estúpida siendo llevada adentro en una camilla.

-Lo siento, cariño, es el procedimiento. Arribaste en una ambulancia con luces, debes ir en una camilla –respondió, y me guiñó un ojo. Sonreí débilmente y Nicolás se echó a reír, pero no era su risa habitual, está vez era apretada y sin sentido del humor.

Entramos en un pequeño cubículo y nos dejaron solos.

-¿Qué paso, Rosa? –preguntó Nicolás, se inclinó sobre mí y rozo su mano suavemente por un lado de mi rostro.

Me encogí de hombros y luego hice una mueca cuando paso su mano sobre la parte que me dolía de la cabeza.

-No lo sé. Me sentía un poco mareada, entonces me desperté contigo en la ambulancia –le expliqué. Eso era todo lo que podía recordar.

-Me asusté mucho. No vuelvas a hacerme eso otra vez. Promételo –indicó, me hizo reír lo serio que estaba.

¿Quiere que le prometa que nunca me desmayaré de nuevo? –dijo mi voz en mi cabeza con gracia.

-Nicolás, no puedo prometer algo de lo no tengo el control –bromeé, sin dejar de reír. Suspiró y se inclinó hacia delante, me beso ligeramente, y yo me excite un poquito. Nos separamos cuando la cortina se abrió y entró un médico al cubículo.

-Oops, lo siento. ¿Debo volver más tarde? –preguntó el doctor, sonriendo. Me reí, me sentía muy avergonzada de haber sido sorprendida de esa manera en un hospital.

-Sí, ¿podría darnos cinco minutos? –bromeó Nicolás, y el hombre rio. Nicolás tomó mi mano con fuerza mientras el doctor me examinaba y apuntaba en su libreta.

-Entonces, te desmayaste, Rocio, ¿te has sentido bien hoy? ¿Has tomado algo que no deberías? –preguntó y me miró con algo de suspicacia.

-¿Algo? ¿cómo drogas o esas cosas? –cuestioné, estaba sorprendida. “¿Parezco una maldita adicta a las drogas?, pensé. El médico asintió con la cabeza y me miró expectante –No, no he tomado nada. Me estado sintiendo un poco mal hoy, un poco mareada –admití.

Escribió de nuevo en su libreta.

-¿Has comido?

¿He comido? Desayune unas tostadas en el desayuno, peno no almorcé, porque me sentía mal –me dije a mi misma antes de contestar.

-No realmente. Me sentí mal durante el almuerzo y por eso no comí.

-Bueno, probablemente ese es el problema. ¿Estás bajo algún tipo de estrés o algo parecido en estos momentos? ¿Estás en exámenes, tienes trabajos en la escuela? –preguntó de nuevo mientras apuntaba.

¿Estrés?. Bueno, eso es un eufemismo. Mi padre abusivo se mudó a minutos de mi casa, trajo con él a su nueva familia. Hace una semana lo vi de nuevo por primera vez desde que trató de violarme. Me enteré hace unas horas que estaba abusando a su nueva familia y ellos se mudaron con nosotros un tiempo. En realidad ¿cuánto tiempo estarán con nosotros? ¿Alguien mencionó eso? Va a dormir Benjamin con Peter, Ruth y Mateo pueden dormir en la habitación de mi madre, y cuando mi mamá venga a casa yo podría… -me colgué escuchando a mi voz interna en mi cabeza.

-¿Rocio? –dijo el médico y me sacó de la conversación que estaba teniendo conmigo misma en mi cabeza.

-Oh, claro. Um, sí, mi vida ha estado estresante últimamente –declaré, me mordí el labio de lo mucho que un eufemismo en realidad era real.

-Bueno, el estrés puede provocarte cosas. Necesitas comer adecuadamente. Voy a sacar algunas muestras de sangre para asegurarme de que no está pasando nada más. Conseguiré a alguien para que venga y te de un par de puntos en la herida de tu cabeza y te voy a tener unas horas en observación sólo para comprobar que todo esté bien después del golpe que te diste –dijo y me sonrió amablemente.

Fue al armario y sacó una aguja. Miré a Nicolás, yo estaba con los ojos muy abiertos. Odiaba las agujas. Cuando el médico se acercó a mí, Nicolás inclinó la cabeza y me besó.

Cerré los ojos y fundí mis labios contra los suyos. “¡Por dios que condenadamente bien saben!”, pensé.

-Está bien, yo terminé. Iré a mandar esto, los resultados van a estar en una hora más o menos –anunció el doctor, lanzó la aguja a la basura y escribió algo en un pequeño frasco. Eché un vistazo a mi brazo y vi un pedacito de cinta adhesiva sosteniendo una pelota de algodón en el interior de mi codo.

-¿Lo hizo ya? –pregunté, estaba muy sorprendida ni siquiera lo había sentido.

El médico y Nicolás sonrieron.

-Sí, ya está. El poder de la distracción –reflexionó el médico, y sonrió abiertamente. Le sonreí a Nicolás. “Voy a tener que llevarlo cada vez que me vayan a dar un pinchazo a partir de ahora”, pensé.  –está bien, así que la enfermera vendrá a darte los puntos en la herida, llegará en pocos minutos. Probablemente te quedes aquí unas dos o tres horas –dijo, y caminó a la cortina.

Asentí.

-¿Puede quedarse mi novio? –le pregunté con esperanza en mi voz mientras me aferraba a la mano de Nicolás. No quería estar en ese lugar sola.

-Claro, está bien. Sólo uno de los visitantes por vez, aunque hay una multitud preguntando por ti y tu vuelta a casa –rió entre dientes mientras salía.

Multitud, ¿qué quiso decir con eso? –me pregunté mentalmente y miré a Nicolás, él sonrió.

-Todos vinieron. Literalmente, tuve que empujar a Peter cuando dijeron que sólo una persona podía viajar contigo en la ambulancia –me contó se veía un poco culpable.

Me sonrió y apreté su mano.

-Bueno, me alegra haber despertado viéndote a ti y no a Peter. Así que gracias.

Inclinó la cabeza y me besó ligeramente.

-También me alegro –suspiró –será mejor que vaya y les diga a todos que estás muy bien, así vuelven a casa –dijo, y se puso de pie.

-Solo date prisa, ¿de acuerdo? –le pedí, poniendo cara de suplica.

Sonrió.

-Voy a ser lo más rápido que pueda –prometió, me dio un beso en la frente y salió rápidamente. Cerré los ojos y escuché el ruido de la sala contigua y me concentré en esperar a que regresara.

Nicolás estuvo de vuelta en cinco minutos con un sádwich y una bebida.

-Oye, no sé si tienes permitido comer esto, así que tendrás que esperar a que venga a la enfermera a coserte la cabeza. No me perdí eso ¿verdad? –preguntó algo preocupado.

-No, no te lo perdiste –sonreí

Se sentó en una sillita y tomó mi mano. La enfermera entró unos minutos más tarde y cosió mi cabeza, necesite seis puntos de sutura. Hice que Nicolás me distrajera todo el tiempo, relamente era el mejor analgésico que había conocido.

 

El médico regreso una hora y media más tarde.

-Hola, tengo los resultados de los análisis de sangre y parece que no fue la falta de alimentos lo que provoco el desmayo –dijo y me miro serio.

Nicolás se puso a mi lado, apretó mi mano, se inclinó hacia delante.

-Ok, así que, ¿qué era? –le pregunté con curiosidad.

No puede ser nada malo. Sólo tengo dieciséis años, por el amor de Dios, no fumo, no bebo mucho, no tengo exceso de peso, hago ejercicio físico con regularidad. No debo estar enferma, ¿o sí? –me dije a mi misma.

-Estás embarazada –afirmó.

Me eché a reír. “Maldita sea, eso fue divertido, casi caí”, pensé. Negué con la cabeza, sin dejar de reír.

-En serio, ¿qué es?

Miró a Nicolás y luego a mí.

-Estás embarazada –repitió.

Dejé de reír inmediatamente. No podía estar embarazada. “No, esto es un error”, pensé.

-No puede ser, estoy tomando la píldora. La he tomado todos los días, no me perdí una sola. Las tomo exactamente a las ocho de la mañana –protesté, sacudí mi cabeza en negación, tenía que ser otra cosa. Miré a Nicolás, él estaba mirando al doctor, con la boca abierta.

-Bueno, ¿cuándo fue tu último período? –preguntó el doctor.

Miré a Nicolás de nuevo.

-Hace dos semanas. Estoy tomando la píldora una semana después del periodo de una semana que no debía tomarla, así que si hace dos semanas. Estoy por tener la siguiente consulta en dos semanas más –le dije de manera positiva.

-¿Y, tu período, como fue? ¿Igual que siempre? –preguntó el médico, garabateo en su libreta.

¿Igual que siempre?, pensé en ello. En realidad había sido mucho más ligero, pero eso era porque estaba tomando la píldora, Lali dijo que hacía los periodos más ligeros.

-Fue ligero pero sin duda lo tuve, hace dos semanas. No puedo estar embarazada –le dije con severidad.

-A veces, puedes tener periodos ligeros durante el embarazo. Se llama manchado. ¿Cuánto tiempo has estado tomando la píldora? –preguntó con curiosidad.

-Seis semanas –le contesté, en voz baja.

Esto no puede ser cierto. Por favor, díganme que esto es una especie de inmenso error, o uno de esos programas de cámara oculta y que la gente saltará u gritará “caíste” en cualquier momento. –Me dije a mi misma.

-Y cuando empezaste a tomarla, ¿la tomaste el primer día de tu periodo? –preguntó

Negué con la cabeza.

-Fue un par de semanas después de mi periodo. ¿Qué diferencia hace eso? –cuestioné, estaba empezando a sentirme nerviosa.

-Bien, bien, cuando empezaste a tomar la píldora necesitabas comenzar el primer día de tu periodo eso la haría efectiva inmediatamente. Si la tomas dentro de los cinco días después, se hará efectiva luego de dos semanas, pero si comienzas cualquier otro día, entonces necesitas usar tu asegundo paquete antes de que haga efecto –explicó con voz baja.

Eso significa que ni siquiera empezó a funcionar hasta hace dos semanas cuando comencé a usar mi segundo paquete y ¡he estado teniendo relaciones sexuales sin protección todo el tiempo! –cuando mi voz seso dentro de mi cabeza miré a Nicolás, él seguía mirando al médico fijamente. No había dicho nada en absoluto, ni siquiera estaba segura que estuviera respirando. Estaba sentado tan quiero que parecía una estatua.

-Voy a traer una máquina portátil de ultrasonido y echaremos un vistazo, ¿sí? –sugirió el doctor, me sonrió con amabilidad y desapareció por la cortina.

-¿Nicolás? –susurré. Me estaba asustando, nunca había visto a nadie estar tan quiero en mi vida, no era algo natural. Él no respondió. El doctor volvió y observé cómo esparcía un poco de gel en mi estómago y apretaba lo que parecía un pequeño micrófono contra el y lo hizo rodar a su alrededor.

Que sea un error, por favor, que esto sea un error –rogué internamente.

Se detuvo, sosteniendo el aparato contra mi estomago todavía, y asintió.

-Sí, definitivamente estás embarazada. Diría que tenemos uno de los grandes aquí estás de cuatro semanas, quizás de cinco. ¿Quieres ver? –ofreció sosteniendo el pequeño micrófono hacia mí.

-No –me negué, y lo empujé lejos de mí rápidamente.

No quiero ver, porque entonces no sería capaz de hacer lo que necesito hacer. No puedo tener un bebé, somos demasiado jóvenes, arruinaría todo. Apenas hemos empezado a salir; no hacía mucho. Nicolás se irá a la universidad pronto, no podemos tener un bebé. No voy a arruinar los sueños de Nicolás, él siempre ha querido jugar al hockey profesionalmente y no le voy a quitar eso. No puedo mirar la terminal tampoco, no puedo ver al bebé ahí porque necesito ser fuerte. –me dije a misma.

-¿No quieres ver? –preguntó el doctor.

Negué.

-No, lo que quiero es un aborto –dije con severidad.

Nicolás se movió. “Oh, gracias a Dios, ¡pon fin!”, pensé.

-¿Un aborto? ¿Qué? ¿Por qué? –exclamó Nicolás, sorprendido.

Lo miré, me estaba mirando, se le veía algo horrorizado, como lo que acabará de sugerirle fuera lo peor de lo peor.

-Porque hay que hacerlo –le dije, miré a otro lado lejos de su intensa mirada. Lo miré al doctor -¿Puedo hacerlo hoy? ¿Qué debo hacer? –le pregunté con nerviosismo.

-Bueno, hay dos maneras: un aborto médico, que es una píldora hoy y mañana que básicamente repondrán tu periodo. O una cirugía que tendrías que hacerte bajo anestesia general, y que, básicamente, eliminaría todo –explicó en un tono de negocios.

Me encogí. Odiaba cómo sonaba eso, pero tenía que hacerlo. No podía pensar en él como un bebé, un pequeño Nicolás, porque de ser así no podría deshacerme de él.

-¿Puede darnos un minuto? –le pidió Nicolás. El médico asintió y salió rápidamente –Rosa,  ¿Qué diablos estás haciendo? –preguntó Nicolás una vez que nos quedamos solos. Tomó mis manos, me miró como si me hubiera vuelto loca o algo así.

-¡Nicolás, no podemos tener un bebé! Tengo dieciséis años. Irás a la universidad. No podemos –expliqué, sacudí la cabeza.

Negó con la cabeza.

Rosa, piensa eso, ¿por favor? Te amo, me amas. Quiero tener niños contigo algún día. Quiero decir, mierda, esto es mucho más pronto de lo que pensaba –sopló una bocanada de aíre, me pasó una de sus manos por mi cabello, nerviosamente.

-Nicolás, no podemos. Vas a ir a una universidad lejos, por el amor de Dios; no puedo criar un bebé sola. ¡No seas ridículo! –grité, sacudí la cabeza. Él no estaba pensando correctamente.

Se subió a la cama, se acostó a mi lado.

-Rosa, escúchame, ¿por favor? –rogó. Asentí y lo miré, no entendía que podía decir para hacerme ver esto como algo correcto. No había nada que él pudiera sugerir, no había otra manera –te amo más que nada en este mundo. Antes de que esto sucediera iba a rechazar mi beca e iba a ir a la universidad local –comenzó. Abrí la boca para decirle cuan estúpido estaba siendo, pero me la tapo, y me miró con suplica en sus ojos –quería pedirte que vinieras conmigo. Peno no podía pedirte que te alejaras de tu casa, de Peter y de tus amigos, así que decidí quedarme aquí contigo –dijo, se encogió de hombros.

Es tan adorable, dulce y considerado conmigo. Pero, ¿cómo demonios esto tiene que ver con nosotros teniendo un bebé? tener un bebé significaba muy probablemente que él no iría a la universidad ya que tendría que abandonarla y conseguir un empleo, yo tendría que abandonar la escuela sin siquiera graduarme. –me dije a mi misma.

Él sonrió y siguió tratando de convencerme.

-Podemos hacer que esto funcione; sé que mi mamá nos ayudará. Iré a la universidad y conseguiré un empleo en las noches y los fines de semana para ganar algo de dinero. Tú podrías terminar la escuela por correspondencia, o podríamos tener una niñera así tu pudieras ir a la escuela. O tal vez mi mamá podría cuidar al bebé –sugirió y me miró con esperanza –este de aquí es nuestro primer bebé, Rosa. Es un bebé  que hicimos juntos.  ¿Puedes pensar en ello, por favor? Será difícil por cierto tiempo, pero una vez que firme un contrato con un equipo, seré capaz de darte todo lo que quieras. A los dos –arrulló, frotando ligeramente su mano sobre mi estómago.

-Nicolás, no quiero arruinar tu futuro –susurré.

Él sonrió y me besó suavemente.

Rosa, tú eres mi futuro –contrarrestó él, deslizo la mano bajo y mi top y la ubico sobre mi estómago.

Miré su lindo rostro; sus ojos verdes estaban centelleando con amor mientras acariciaba mi estómago con la mano.

-No hice esto para atrápate –dije nerviosamente.

Él se echó a reír y puso los ojos en blanco.

-Me atrapaste cuando tenías cuatro años. Estabas usando un vestido azul oscuro con un lazo en la espalda, y pequeñas medias blancas. La primera vez que te vi quede atrapado. Esto, -dibujo un pequeño patrón sobre mi estómago con un dedo –esto es una bendición. No estaba esperando esto hasta dentro de unos cinco o seis años, pero aun así… es una bendición –dijo y me sonrió.

¿Podemos realmente hacerlo? ¿Él se quedará aquí conmigo? –mi voz en mi cabeza no cesaba de hacer preguntas, quise que él me las contestará.

-¿En realidad te quedarías aquí conmigo y renunciarías a tu beca? –pregunté un poco conmocionada. Había trabajado tan malditamente duro por esa beca, era una oportunidad increíble para él y su profesión que no creía que pudiera renunciar a ella por mí y por un bebé.

Él sonrió.

Rosa, si quieres deshacerte del bebé porque no lo quieres, entonces podría entenderlo, pero no hagas esto por mí. Quiero quedarme aquí contigo. Así no estuvieras embaraza igual la rechazaría –prometió, se acerco a mí un poco más y me envolvió con sus brazos.

Enterré mi rostro en su pecho y cerré los ojos; yo también quería tener hijos con él algún día. Podía verme a mí misma sujetando a un pequeño bebé que tuviera los ojos verdes y el cabello de Nicolás. Obviamente que en mi imaginación yo era mucho más grande de lo que era en ese momento, pero podía verlo, y me gustaba. Quizá podíamos hacer que eso funcionara. Al bebé no le iba a faltar amor, y una vez que las personas superaran la impresión de la noticia, entenderían. En mi mente no tenía dudas de que la mamá de Nicolás nos ayudaría también. Y Peter, una vez que superara la ira inicial de todo, sería un tío genial.

Nicolás se alejó un poco de mí.

-Te juro que seré el mejor papá del mundo –prometió.

Sonreí; no lo había dudado ni por un segundo. Le di un beso en los labios y envolví mis brazos alrededor de su cuello, acercándolo a mí. Lo amaba demasiado, más que nada. Sabía que podíamos hacer que funcionara nuestra pequeña familia. Se alejó del beso y me miró con una expresión llena de esperanza en su rostro.

-Está bien –acepté.

Sonrió y me besó de nuevo, se movió hasta que tuvo su cuerpo sombre el mío. Noté que no había puesto nada de su peso sobre mi estómago, estaba siendo súper tierno. Me besó hacia abajo por mi cuello, bajo más y más. Levantó mi top y besó todo mi estómago, se levantó y me sonrió.

-Te amo –susurró.

Lo halé hacia mí.

-También te amo, papi bebé –me burlé, se rio.

Envolvió sus brazos alrededor de mi cuerpo de nuevo y se acostó a mi lado. Apoyé la cabeza sobre su pecho y escuché el latido de su corazón muy fuerte, deslice una mano por mi cuerpo y la apoye en mi barriguita, la acaricié con la punta de mis dedos.

Besé el pecho de Nicolás.

¿Cómo demonios un chico tan adorable, apuesto, dulce, bondadoso, divertido, talentoso y responsable puede quererme? ¿Cómo puede amarme tanto como siento que lo hace? –me pregunté a mi misma, y lo único que pude hacer fue sonreír. Echada en los brazos de Nicolás, me sentía como la chica más afortunada del mundo – Voy a tener un bebé con el hombre que amo –sonreí ante lo que mi voz interna acababa de decir.

 

Unas horas más tarde, me dieron el alta. Nicolás me había despertado cada hora para asegurarse de que no tenía alguna secuela del golpe o algo así. Acordamos no decirle todavía a nadie sobre el bebé. Era muy pronto y nosotros apenas si nos estábamos acostumbrando a la idea… no necesitábamos ningún drama de nadie más.

-¿Llamamos a un taxi o algo así? –pregunté mientras Nicolás me sacaba caminando del hospital, me sostenía muy fuerte a su lado.

Él sonrió. Había estado haciendo eso mucho en el último par de horas, cada vez que lo miraba me creía más la idea que verdaderamente estaba emocionado con el hecho de ser papá, lo cual nunca había visto en un chico de dieciocho años.

-No. Peter nos dejó su auto. Él fue a casa con Benjamín y me dio las llaves –explicó mientras me guiaba hacia el estacionamiento. Me ayudó a entrar al auto, incluso me puso el cinturón de seguridad. Su mano permaneció encima de mi estómago mientras manejaba.

Mi cabeza aún me latía con fuerza; los efectos calmantes de los analgésicos que me habían dado estaban empezando a desaparecer. Apoyé mi cabeza sobre el asiento y cerré los ojos. Iba a ser difícil mentirle a Peter. Yo odiaba mentir y también era muy mala para hacerlo, pero necesitaba mentirle por unas semanas. Solo quería que todo el tema del padre abusivo se calmara primero, eso nos daría la oportunidad de aceptar nosotros mismo el cambio que se nos veía. Yo aún tenía el dinero de la apuesta, no había gastado nada así que eso podía ayudar con las cosas que necesitábamos comprarle al bebé.

Cuando Nicolás estaciono en mi casa, Peter me atacó con un abrazo antes que yo pudiera bajar del vehículo.

-¡Mierda, asustaste endemoniadamente a todo el mundo, Rocio! –me reclamó.

Sonreí y le devolví el abrazo.

-Lo siento, Peter. No planee desmayarme enfrente de todo el mundo y golpearme la cabeza –respondí sarcásticamente y puse los ojos en blanco. “Por qué demonios está furioso conmigo por enfermarme?”, pensé.

Él suspiró y se apartó.

-Así que, ¿qué te dijeron? ¿Por qué te desmayaste? –preguntó, lucía muy preocupado.

Oh, mierda, ¿qué le digo? –escuché mi voz en mi cabeza

-Estrés aparentemente. Eso, y que no había comido en todo el día –intervino Nicolás, se paró a mi lado. Silenciosamente le agradecí a Dios el que Nicolás fuera mejor mentiroso que yo.

Peter me miró, claramente estaba molesto de nuevo.

-¿Por qué diablos no comiste en todo el día? –me preguntó acusadoramente.

Sonreí y dejé que Nicolás me llevará a la casa.

-Simplemente vamos adentró y déjala sentarse, Peter, luego puedes gritarle todo lo que quieras –sugirió Nicolás, sacudió su cabeza con una ligera sonrisa.

Peter nos siguió adentro y se sentó a mi lado en el sofá, Benjamín y Ruth vinieron y se sentaron también. Todo el mundo me estaba mirando con preocupación.

-Dejen de preocuparse, chicos. Aparentemente era falta de comida. Azúcar baja o algo así. Ahora me siento bien –les aseguré, asentí con la cabeza y trate de no lucir demasiado culpable. Sólo esperaba que Peter no enloqueciera cuando se enterara que estaba embarazada, y que no le sacara la mierda a golpes a Nicolás. Tal vez se lo diría por mi cuenta, así podría calmarlo un poco antes de que se viera a Nicolás.

-El golpe de su cabeza necesitó suturas. Tengo que despertarla cada hora para asegurarme que esté bien, así que me quedaré esta noche –declaró Nicolás, más para Ruth que para nadie más, Peter ya sabía que él se quedaría de todas formas.

Bostecé. Ya eran casi las nueve y sólo quería irme a la cama, había sido un largo día muy estresante.

-Me voy a la cama, chicos. Oh, y Ruth, es realmente un placer verte de nuevo. Lamento no haber tenido la oportunidad de conversar contigo apropiadamente –dije, le sonreí a modo de disculpa.

Ella se rió un poco entre dientes.

-Hablaremos mañana, cariño, no te preocupes. Si necesitas cualquier cosa en la noche házmelo saber. Peter dijo que podíamos dormir en la habitación de tu mamá, te lo digo para que sepas dónde puedes encontrarme, ¿está bien? –preguntó con amabilidad.

¡Vaya, ella en realidad es muy agradable! –me dije a mi misma.

-Está bien. Buenas noches, chicos. Y tú, chico amoroso, ve a conseguir tus cosas si te vas a quedar aquí –ordené y le sonreí a Nicolás.

Él se levantó rápidamente.

-Está bien. Volveré en un rato –besó mi frente suavemente, luego se dirigió a la puerta principal, iba a decirle a sus padres “oficialmente” que se iba a quedar con nosotros.

Fui a mi dormitorio y me miré en el espejo. Mi cabello era un desastre, tenía algo como un esparadrapo pegado detrás de la oreja sobre las suturas, me veía cansada pero no pude evitar sonreí. No me molesté en ponerme el pijama y me metí desnuda entre las sabanas; quería sentir la piel de Nicolás contra la mía. Él llegó unos quince minutos después, se veía tan apuesto. Me froté ligeramente el estómago con una mano bajo las mantas. Esperaba tener un pequeño niño ahí dentro, y que ese niño fuera igualito a su papi.

Nicolás se quitó la ropa hasta quedarse solo en calzoncillos y se metió a la cama conmigo. Jadeó repentinamente y se echó hacia atrás para mirarme a los ojos.

-¿Estás desnuda?  -me preguntó, se notaba que estaba un poco sorprendido.

Sonreí.

-Sip. Pensé que deberías aprovecharme al máximo antes de que me ponga toda gorda y fea –me burlé.

Él sonrió y rodo para ponerse encima de mí, quedo suspendido en el aire.

Rosa, nunca serás fea –susurró, me miraba con adoración –y cuando más grande te pongas, eso sólo significará que tengo más de ti para amar –agregó, deslizo su mano hacia abajo por mi estómago. Sonreí y halé su boca hacia la mía.

 

Tener a Benjamín, a Ruth y a Mateo quedándose con nosotros fue realmente impresionante. Ruth hizo panqueques la mañana del sábado, y pasamos todo el día conversando mientras jugaba con mi hermoso hermano pequeño. Ella estaba planeando quedarse porque Benjamín no quería cambiar de escuela de nuevo.

Lali vino en la tarde, y Benjamín finalmente le pidió que saliera sólo con él… lo que ella obviamente aceptó con entusiasmo. Ellos eran tan dulces, siendo todos tiernos y coquetos el uno con el otro. Lali decía cosas que hacían sonrojar a Benjamín. Él era demasiado inocente… pero conociendo a Lali, él no lo sería por mucho más tiempo, yo estaba segura que ella se iba a salir con la suya. Nicolás me lanzaba sonrisas de complicidad y tocaba mi vientre en cada oportunidad que tenía.

El domingo, Ruth, Benjamín, Lali y Mateo fueron a pasar el día en el zoológico. Querían salir y hacer algo que sacara de la mente de Ruth el hecho de que mi padre estaría de vuelta de su viaje de negocio esa misma tarde. Él llegaría a casa y encontraría la nota que ella le había dejado, y que todas las cosas de ellos habían desaparecido de su casa. Ella se había liberado de sus números de teléfonos, mi padre ya no tenía forma de contactarlos o saber dónde estaban. Así que como se dio cuenta que sentarse a preocuparse por el inminente regreso no ayudaba a nadie, decidió que quería hacer algo que los mantuviera ocupados a ella y a Benjamín.

Yo estaba sentada en el sofá, leyendo, con las piernas en el regazo de Nicolás mientras él jugaba al PlayStation con Peter, cuando el teléfono sonó. Me moví para agarrarlo pero Peter lo hizo primero. Cuando respondió todo su cuerpo se tensó.

-¿Qué diablos quieres? –gruñó, levantándose del sofá. Me senté tan rápido que me maree –¿Estás borracho? –Peter casi le gritó al teléfono. Lo observé, me empezaba a sentir enferma, sabía que mi padre estaba al teléfono –Sí, ¿y qué? ¿Qué vas a hacer al respecto, anciano? –espetó Peter, su rostro comenzó a ponerse rojo de la rabia –no queremos verte, así que vete a la mierda. No. Ella no quiere verte. Te lo juro, si te acercas por aquí de nuevo te mataré –gruñó Peter y me dio la espalda –en realidad, ¿sabes qué? a la mierda, ven, ven ahora mismo. Estamos en casa, así que ven y hablemos de eso –sugirió Peter.

¿Qué demonios está haciendo? –mi voz gritó en mi cabeza.

-¿Peter? –chillé estaba realmente asustada.

-Seguro. Recuerdas dónde está la casa, ¿cierto?. Te veo en un rato –dijo Peter y colgó, luego lanzó el teléfono al otro lado de la sala. Por buena fortuna el aparato aterrizó con un ruido sordo en el otro sofá y no se rompió.

¿Acaba de decirle que venga? –mi voz gritaba tan fuerte en mi cabeza que me sorprendía que ellos no pudieran oírla.

-Peter, él no va a… –mi voz se desvaneció, no era capaz de terminar la oración.

Peter volteó y me miró, la expresión en su rostro era de severidad.

-Sí. Ve al lado –ordenó.

Miré a Nicolás en busca de ayuda. Él estaba mirando a Peter; tenía la misma expresión severa en su rostro.

-¡Nicolás, dile que esto es estúpido! –susurré, las lágrimas empezaron a caer por mi rostro. Nicolás no me miró; Peter y él estaban trabados en alguna clase de conversación silenciosa por sus miradas. Me levanté del sofá y agarré el teléfono, iba a llamarlo para cancelar la estúpida cita. No podía dejar que él viniera, no con Nicolás y Peter viéndose así.

Peter me arrancó el teléfono de las manos.

-No va a dejar de acosarte, Rochi. Él quería verte. Está realmente furioso de que Ruth lo dejara. Sabe que los ayudé; un vecino vio mi auto en la entrada. Está muy molesto conmigo, así que sólo necesito decirle que se vaya a la mierda –dijo, mientras me abrazaba.

Sacudí la cabeza en negación, eso no era lo que él estaba planeando, ellos no iban a decirle nada, Peter y Nicolás iban a golpearlo hasta la inconsciencia e iban a mostrarle cómo irse a la mierda.

-Por favor no lo hagas, te meterás en problemas. ¿Por favor? –susurré. Mis entrañas estaban retorciéndose por el pavor.

-No si él hace algo primero –respondió Peter, reteniendo una sonrisa.

Anuncios

Capitulo Diecinueve

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

-¿Rocio? –repitió la señora –¿Tu hija, Rocio? –preguntó, sonrió. Mi padre asintió con la cabeza, no dejaba de mirarme. En esos momentos me sentía como un venado mirando los faros de un coche que se aproxima y lo único que puede hacer es prepararse para el impacto.

-Bueno, es grandioso al fin conocerte. He oído a Joaquin y Benjamín hablar tanto de ti que ya siento como si te conociera –dijo la señora, me sonrió con gusto. Traté de devolverle la sonrisa y fingir que todo estaba bien, no quería que se dieran cuenta que en cual segundo podía desmayarme, o de gritar.

-Igualmente, Ruth –contesté en voz baja, deje de mirar a mi padre.

-¿Qué estás haciendo aquí, Rocio? –preguntó mi padre, dándome una media sonrisa. El sonido de su voz me dio escalofríos, estaba tratando con todas mis fuerzas no recordar mi infancia. Por muchos años había tenido pesadillas con su voz, sus ojos, su forma de pararse tan derechos y con sus puños siempre cerrados, en esos momentos estaba parado así.

-Yo…yo vine con Benjamón. Él está…él se está cambiando –tartamudeé. Inmediatamente me regañé mentalmente por mi tartamudez. Sus viejas reglas volvieron a mi mente.

Enderézate, habla claro, no murmures – su voz llego muy clara en mi cabeza.

Ruth sonrió.

-Bueno, es genial que estés aquí. ¿Te gustaría quedarte a cenar? Creo que vamos a pedir comida, porque no tenemos nada de comer aquí. No pensábamos volver hasta la noche, pero Mateo ha estado enfermo toda la semana, así que volvimos temprano –me explicó Ruth, le dio un beso en la cabeza al bebé con suavidad. Ella parecía muy agradable, demasiado buena para el imbécil abusador que tenía al lado.

Negué con la cabeza, no era capaz de hablar de nuevo. Me temblaban las manos, así que las apreté con fuerza, estaba tratando de mantener el control y no lanzarme al suelo a llorar.

-¿Estás segura? No es molestia. Nos encantaría que te quedaras para cena, ¿no es así, Joaquín? –continuó, le sonrió, ella estaba completamente ajena a lo que me sucedía, estaba viviendo mi peor pesadilla en esos momentos.

Él asintió con la cabeza, su mirada viajó a lo largo de mi cuerpo, yo sentí escalofríos.

-Estoy segura, gracias –dije en voz baja, me quebré un poco al final.

El niño que Ruth tenía en los brazos empezó a llorar de nuevo. Los ojos de ella se agrandaron cuando miro a Joaquín.

-Voy a darle un poco de medicina y a dormirlo –dijo, se acercó a la despensa y sacó una botella de medicina y una cuchara.

Mi padre camino unos pasos hacia mí y yo retrocedí golpeándome contra la puerta, mi respiración estaba entrecortada. Le eché un vistazo a mi teléfono abierto y marqué el número de Benjamín, él era la persona que tenía más cerca, si sólo me contestará podía decirle de alguna manera que bajara y así me podría ir de ahí.

-¿Cómo has estado, Rocio? He estado tratando de verte por años, pero tu hermano nunca me lo permitió –hablo con sorna cuando dijo “hermano”

¿Ha estado tratando de verme y Peter no me dijo? ¿Por qué diablos no iba a decirme algo así? Bueno seguramente habrá pensado que estaba protegiéndome –mi voz hablo en mi cabeza, vi a la mamá de Benjamón en busca de ayuda, ella estaba volviendo a poner la botella de medicina en su lugar.

-He estado muy bien, gracias –contesté. Miré mi teléfono, que todavía estaba llamando, “Benjamín responde, maldita sea”, pensé.

-Voy a llevar a Mateo a la cama y vuelvo para hacer un poco de café –sugirió Ruth, me sonrió con amabilidad.

-Está bien, amor –respondió mi padre, no apartaba sus ojos de los míos.

Tragué saliva.

¡No puedes quedarte a solas con él! –gritó la voz de mi conciencia en mi cabeza.

-¿Puedo ir contigo? –le pregunté con desesperación. Ruth me miró un poco sorprendida –me gustaría ver el cuarto de Mateo, si te parece –mentí con rapidez.

-No creo que eso sea una buena idea, Rocio. Mateo no está bien. Puedes ver su habitación en otro momento –interrumpió mi padre antes que Ruth me pudiera contestar.

Ruth sonrió.

-Ya vuelvo –caminó fuera de la habitación con el niño aferrado a su cuello.

Di un paso a un lado y caminé para salir corriendo detrás de ella pero tan pronto como caminé al lado de mi padre, él me tomó de la muñeca y me haló con fuerza para que me detuviera, casi me hizo caer. Sentí como mi grito trato de salir de mi garganta, pero me lo tragué, no podía demostrarle cuanto poder tenía sobre mí.

-Te ves hermosa, Rocio. Igual a tu madre cuando tenía tu edad. Siempre has sido un hermoso y tierno durazno –ronroneó, se lamió los labios y pasó una mano por una de mis mejillas.

Levanté mi rodilla y le di un rodillazo tan fuerte como pude en la entrepiernas, solté mi brazo de su agarré y corrí por el pasillo tan rápido como mis piernas podían llevarme. No tenía ni idea de a dónde debía ir. Había venido en el coche de Benjamín, además no quería salir de la casa sin saber a dónde ir. En vez de salir de la casa, corrí escaleras arriba, caminé por el pasillo y me detuve frente a una puerta que tenía un anuncio de “Entre bajo su propio riesgo” colgado. Supe inmediatamente que esa era la habitación de Benjamín. No toque sólo entre y azote la puerta detrás de mí, empecé a dar sollozos histéricos, apoyé mi espalda contra la puerta.

-¡Rocio! ¿Qué demonios? –exclamó Benjamín. Alcé la vista y él estaba de pie frente a mi envuelto sólo por una toalla, tenía el cuerpo mojado, acababa de salir de la ducha. Me lacé hacia él y lo abracé con fuerza, ignorando por completo el agua de su pelo que goteaba sobre mí mientras yo sollozaba en su cuello –¿Qué pasa? ¡Rocio, por el amor de Dios! ¿Qué pasó? –preguntó desesperadamente, frotaba mi espalda con sus manos tratando de calmarme.

-Necesito ir a casa. ¡Necesito irme, ahora mismo! –grité. Mis piernas apenas me sostenían, él estaba soportando la mayor parte de mi peso. Probablemente lo estaba lastimando por la fuerza con la me aferraba a él, pero no se quejó.

-¿Qué pasa? –preguntó, me separó y me miro.

-¿Benjamín, por favor? –me atraganté.

Él asintió con la cabeza y me hizo sentarme en la cama.

-Tengo que vestirme –dijo y se ruborizó un poco.

Asentí con la cabeza y cerré los ojos, trate de imaginarme a Nicolás, lo necesitaba para calmarme, no podía ni quería tener una crisis ahí. Escuché a Benjamín moverse mientras se vestía. Menos de un minuto más tarde, tomó mi mano.

-Estoy listo. Vamos –dijo, tiró de mí con suavidad. Me aferré a su mano con fuerza mientras él me conducía a través del cuarto hasta la puerta, se detuvo con una mano en la perilla –¿Me prometes que me contarás que fue todo esto más tarde? –pidió, y me miró con suplica. Asentí con la cabeza. En esos momentos podía aceptar cualquier cosa con tal que me sacarán de ahí.

Envolvió su brazo a mí alrededor, me acercó a él y abrió la puerta y bajamos rápidamente por las escaleras. Me puse rígida cuando su madre salió de la sala de estar.

-¡Mierda! ¿Qué están haciendo en casa? –preguntó Benjamín, muy sorprendido.

Ella sonrió con algo de tristeza.

-Mateo no está bien. Su puso muy enfermo ayer por la noche y ha estado incómodo durante todo el día, asi que vinimos antes –explicó, abrió los brazos para darle un abrazo.

Benjamín se apartó de mí y sentí que mi corazón se acelero al darse cuenta que estaba sola. Benjamín le dio un rápido abrazo.

-Te extrañe –susurró ella, y le dio unas palmaditas en la espalda.

Él sonrió y le dio un beso en la mejilla.

-Yo también. Mira, mamá, tengo que llevar a Rocio a su casa, su hermano la necesita –mintió, puso su brazo sobre mí otra vez.

Ella sonrió con tristeza.

-¿Segura de que no puedes quedarte a cenar, Rocio? A Joaquín le gustaría pasar algo de tiempo contigo.

¿Pasar tiempo conmigo? ¿Es una maldita broma? –Gritó mi voz en mi mente y negué con la cabeza.

-No puedo –susurré.

Mi padre apareció por la esquina, me encogí al lado de Benjamín, me apreté contra él con tanta fuerza que dolía. El brazo de Benjamín se apretó a mí alrededor, yo no entendía muy bien porque él actuaba de esa manera pero le agradecí mentalmente. Realmente era un gran hermanastro.

-Hola, Joaquín –saludó Benjamín, con rigidez.

-Hola, Benjamín. ¿Estás siendo acogedor con mi hija? –preguntó, el tono de voz era tan duro que me hizo estremecer.

-Me tengo que ir –susurré con desesperación, enterré mis dedos en el costado de Benjamín.

-Los veré más tarde –dijo Benjamín, se voltio y me empujó delante de él así se podía poner entre mi padre y yo mientras caminábamos hacia la puerta.

Prácticamente corrí hasta su auto, miraba hacia la puerta de la casa porque tenía miedo que mi padre saliera a buscarme. Aunque en el fondo sabía que no iba a hacer. Él necesitaba mantener su papel frente a su nueva esposa y frente a Benjamín, pero saber eso no impedía que él pánico se elevara en mi pecho. Benjamín me miró con preocupación mientras aceleraba por las calles.

-¿Estás bien, Rochi? Te  ves muy pálida y estás temblando –dijo, tomó mi mano.

Asentí con la cabeza.

-Solo quiero ir a casa –escupí.

-Está bien, shh. Te llevaré a casa –Benjamín frotó su pulgar sobre la palma de mi mano mientras manejaba a mi casa. Apreté los ojos cerrados. Realmente mi padre no había cambiado nada, recordé la forma que me había mirado y se me revolvió el estómago.

¡Oh Dios necesito a Nicolás! –grité mentalmente.

Diez minutos después, mientras los cuales yo intente pensar en otra cosa que no fuera mi padre, nos detuvimos en mi entrada. Me lancé del auto y corrí hacia la casa, rezaba internamente porque Nicolás estuviera ahí. Abrí la puerta y lo vi sentado en el sofá jugando PlayStation con Peter.

Ambos levantaron la mirada cuando entré. Nicolás me sonrió con alegría, pero su rostro se ensombreció al notar el mío. Se levantó del sofá mientras yo corría hacía él.

-¿Qué demonios? –gritó furioso, mirando a Benjamín que venía detrás de mí.

Me lancé a los brazos de Nicolás, sollozando. Era lo único que necesitaba en esos momentos, era lo único que me mantenía cuerda cuando mi mundo comenzaba a desmoronarse. Me envolvió en sus brazos con fuerza, se volteó para llevarme lejos de Benjamín.

-¿Qué diablos está pasando? –gritó Peter, dio un paso hacia Benjamín, lucia muy enojada.

-No lo sé. Me estaba cambiando cuando ella simplemente se volvió como loca y comenzó a llorar. ¡Peter, yo no le hice nada! –exclamó Benjamín, sonaba asustado.

Peter me agarró del brazo y me separo de Nicolás.

-¿Rocio, él te lastimó? –me preguntó con fiereza, señaló acusadoramente a Benjamín.

Negué con la cabeza, estaba tratando de hablar.

-Fui a su casa. Se suponía que no estaría ahí –lloré, mis piernas no soportaron más mi peso. Nicolás me agarró de la cintura antes de que yo cayera al sueño, se sentó y me sentó a mí en su regazo, retiró el pelo de mi cara y me dio un beso en la mejilla.

-Shh está bien, Rosa. Todo está bien –susurró.

-¿Quién no se suponía que iba a estar ahí? Alguien tiene que decirme qué demonios pasó. ¡AHORA MISMO! –gritó Peter estaba enojado y furioso.

-Papá –dije con voz ronca.

Los ojos de Peter se abrieron completamente, sus manos se cerraron en puños, su mandíbula se apretó. Sentí los brazos de Nicolás tensarse a mi alrededor.

-¿Lo viste? –preguntó Peter, su voz sonaba realmente amenazadora.

Asentí con la cabeza y lo vi mirar a Benjamín de nuevo, como si de alguna manera todo esto fuera su culpa.

-¿La llevaste a tu casa y dejaste que ese imbécil se le acercara? –gruñó Peter, Benjamín se estremeció.

-¡Yo no sabía que estaría ahí! No se suponía que estuviera ahí. Llegaron temprano a casa, mientras yo estaba en la ducha –protestó, tenía las manos en alto con gestó de inocencia, Peter lo miraba como si quisiera matarlo con sus propias manos, es más si las miradas mataron, Benjamín hubiera caído muerto en ese momento.

-¿Qué hizo, Rosa? –susurró Nicolás, tomo mi rostro para que lo mirara.

Negué con la cabeza.

No puedo decírselos. Si se enteran, van a ir a verlo y se van a meter en problemas –mi voz hablaba en mi cabeza.

-Dime –ordeno Nicolás.

Lo abracé con fuerza, no podía mentirle.

-Él… me agarró el brazo. Me dijo… que me veía hermosa, como mi mamá a mi edad, y que yo era un ma… maldito du…durazno –susurré, apenas era capaz de articular palaras, mi voz iba subiendo y bajando por mis sollozos.

Los brazos de Nicolás se volvieron a apretar a mí alrededor, esa vez tan fuerte que me empezaron a doler las costillas.

-Nicolás, me haces daño –me quejé, apreté mis manos en sus pelo. Sus brazos me soltaron al instante, pero su cuerpo estaba tan tenso que sabía que todo esto le estaba provocando una úlcera.

Peter tomó las lleves.

-Voy a ir. ¿Vienes Nicolás? –preguntó Peter, caminó hacia la puerta. “¡Oh, diablos, no! ¡No puedo permitir que se metan en problemas!”, pensé.

-Vigílala –le dijo Nicolás a Benjamín con severidad, se puso de pie para irse.

-¡No! –grité, tomando la mano de Nicolás –¡Peter, no! –le supliqué.

-No voy  a dejar que te haga daño otra vez –gruñó Peter.

-No lo hará. No se va acercar a mí. Ha sido mi culpa, no debí ir a la casa de Benjamín. No debí ponerme en riesgo. Por favor, por favor no lo hagas. No puedo dejarlos que se metan en problemas. Te necesito. Los necesito a los dos. Por favor no me dejes sola –le supliqué. Apreté la mano de Nicolás. –por favor –rogué y lo jalé de nuevo a mí lado.

Nicolás suspiró y miró a Peter.

-Ella tiene razón, Peter. No podemos ir si él no hace nada primero. Se saldría con la suya y seríamos nosotros los que nos meteríamos en problemas –razonó Nicolás.

Me relajé. Nicolás estaba siendo sensato; él siempre pensaba bien las cosas, no como Peter.

-¿Qué quisiste decir con “hacerle daño de nuevo”? –preguntó Benjamín en voz baja.

Los tres lo miramos. Peter habló primero.

-Nada. Creo que deberías irte, Benjamín –Peter miró a la puerta y le señalo que se fuera.

Benjamín negó con la cabeza.

-No. Rocio, me prometió que me contaría qué era todo esto –dijo, me miró.

Tenía razón. Peter me miró, indicándome con su mirada que yo tomara la decisión de contarle o no.

-Yo le dije eso –confirmé, asintiendo con la cabeza, cerré los ojos y me apreté contra Nicolás “Vaya, esto va a ser duro”, pensé.

 

NICOLÁS

Hice que Rocio se sentará de nuevo en mi regazo, deseaba que estuviera lo más cerca a mi posible. Mi corazón no había vuelto aún a la normalidad y eso era casi imposible luego de que la había visto sollozar de esa manera. Estaba tan molesto que mis dientes se apretaban entre sí con mucha fuerza, tanta que mi mandíbula me dolía, estaba tratando de mantener el control. Quería ir hasta su casa y golpearlo hasta que no quedará nada de él, pero ella tenía razón, seríamos nosotros los que nos meteríamos en problemas y ella no necesitaba más preocupaciones en ese momento.

Peter le hizo un gesto a Benjamín para que se sentara en el sofá frente a Rocio y a mí y él se sentó a su lado. Ambos se veían muy estresados. Rocio se acurrucó en mi regazo, haló sus rodillas con sus brazos y escondió su cara a un lado de mi cuello. La balanceé gentilmente mientras Peter le contaba a Benjamín sobre los abusos que ambos habían recibido cuando eran niños, cómo su padre había tratado de atacar a Rocio y la forma en lo que lo habíamos echado de la casa tres años antes. Hasta le contó lo del abuso sexual del que nadie sabía mucho porque Rocio se negaba a hablar de ello. Todo el tiempo Benjamín simplemente se quedo sentado, jugando con sus manos.

¿Por  qué no luce como si estuviera en shock? Si alguien se sentará a mi lado y me contará que su padre lo había abusado por años, creo que por lo menos estaría un poco en shock, ¿no es así? –me pregunté mentalmente.

Diez minutos más o menos después baje la mirada hacia Rocio y vi que se había quedado dormida en mis brazos. Se veía muy triste y vulnerable; su cara estaba todavía roja por lo que había llorado. No dejaría que algo la volviera herir nunca más. Agité mi mano hacia Peter para llamar su atención.

-La voy a poner en su cama –susurré, me incorporé y traté de mantenerla inmóvil mientras la llevaba hacia su cuarto, la recosté en su cama. Gimoteó y se acurrucó más cerca a mí, así que me eche a su lado por unos minutos hasta que se volvió a dormir profundamente. Le di un beso en la frente y volví a la sala.

Benjamín tenía la cabeza entre sus manos. Peter se veía muy enojado otra vez.

-¿Qué pasa? –preguntó, mirándolos.

Peter me miró, en serio se veía enojado y preocupado. No veía a Peter así muy seguido, él siempre era muy fuerte y de hecho me sentía un poco enfermo al verlo de esa manera.

-Lo está haciendo de nuevo. Ha golpeado a Benjamín y a su mamá algunas veces –gruñó Peter.

Maldije internamente, y me arrepentí de haberle hecho caso a Peter y no haber llamado a la policía cuando lo encontramos, entendía que lo había hecho porque no quería que Rocio pasará por el trauma de contarle a alguien más lo que le había pasado, pero ahora ese imbécil estaba abusando de alguien más.

-Mi mamá quería dejarlo el año pasado pero entonces nos mudamos aquí. Ella me dijo que era un inicio fresco y que todos debíamos empezar de nuevo, pero eso no ayudó –dijo Benjamín con tristeza. Me arrodillé a su lado y puse mi mano sobre su hombro. Realmente no lo conocía muy bien, era más el amigo de Rosa que el mío, pero sabía que era un buen chico.

-Benjamín, ¿tú mamá aún quiere dejarlo? –pregunté, lo miré a Peter, él parecía listo para explotar en cualquier minuto. “Tengo que vigilarlo de cerca, si el momento llega entonces tengo que estar a su lado, pero no podemos precipitarnos a nada, tiene que verse como autodefensa”, pensé.

Benjamín encogió los hombros.

-No he hablado con ella acerca de ello desde que nos mudamos aquí, así que no lo sé. Sé que está asustada por Mateo. Joaquín no lo ha golpeado aún, pero tiene solo un año, no sabemos que pueda hacerle después –replicó, su voz se quebró.

Apreté su hombro con solidaridad. Ese idiota era una persona realmente enferma. Peter se sentó a su lado y palmeó su espalda con torpeza. Como chicos, no éramos muy buenos en el arte de reconfortar. Estaba segura que Rosa hubiera sido perfecta para eso; era tan malditamente cariñosa y amable.

-benjamín, necesitas decirle a tu mamá lo que él ha hecho antes. Podría ser el empujón que necesita para dejarlo antes de que le haga algo a Mateo –dijo Peter con amabilidad.

Benjamín asintió y se levantó.

-Iré a casa y hablaré con ella en cuando pueda.

-Benjamín, si alguna vez necesitas ayuda llámame. Día o noche, ¿entiendes? Y si necesitan un lugar para quedarse algunos días, se pueden quedar aquí –dijo Peter con sinceridad. Lo decía en serio, Peter era un gran chico y nunca dejaba que alguien hiriera a su familia o amigos, suponía que técnicamente sentía que ellos tres eran su familia también.

-Gracias. Esperaré hasta que él no esté en casa, y entonces hablaré con mi madre –asintió se veía muy triste, y un poco asustado.

-Llámame y déjame saber cómo va todo. Y recuerda que aquí se pueden quedar, a mi mamá no le va a importar además ella no va a estar aquí por semanas –declaró Peter, guió a Benjamín hasta la puerta. Puso su brazo alrededor de su hombro –todo va a estar bien –le aseguró. Benjamín parecía un niño perdido, no se veía preparado para enfrentar nada, pero suponía que había necesitado crecer rápido como Peter lo había hecho cuando era más joven.

-No creo que debamos contarle a Rocio nada de esto. Realmente no necesita nada más sobre que preocuparse, y ni siquiera sé que es lo que va a decir mi mamá acerca de todo esto –murmuró Benjamín, frunció un poco el ceño.

Asentí. Esa era una buena idea. Si Rosa se enteraba  lo que estaba pasando en la casa de Bejamín se preocuparía por todos y aun nosotros no sabíamos si la mamá de Bejamín quería dejar o no ese imbécil. Le diríamos cuando el momento llegará, si es que llegaba.

-Sí, buena idea –estuve de acuerdo, asentí.

-Está bien, gracias. Nos vemos. –sonrió con tristeza y salió de la casa.

Peter cerró la puerta y presiono su frente contra ella.

-Nicolás, necesitas darme una muy buena razón de por qué no debo ir a la casa de ese imbécil y cortar su garganta –gruñó, todo su cuerpo estaba completamente rígido.

-Porque te meterían a la cárcel, y Rosa no tendría a su hermano mayor para protegerla –dije rápidamente, sabía que Rocio era la única cosa que lo mantendría calmado y contenido.

Peter se giró hacia mi e hizo algo que nunca lo había visto hacer en su vida; se dejó caer sentado, tiró sus rodillas hacia su pecho y se puso a llorar. Sentí como mis entrañas se retorcerse ante esa imagen. Estaba tan enojado que necesitaba recordarme a mí mismo la  razón de por qué no debía ir a buscar a ese imbécil y cortarle la garganta. Me senté al lado de Peter y puse mi brazo alrededor de sus hombros mientras él lloraba. No creía que jamás hubiera tenido una liberación como esa antes.

ROCIO

Las cosas habían sido muy tensas entre Benjamín y yo la última semana. Me hacía sentir un poco incomoda el saber que él sabía lo que mi padre nos había hecho, bueno, por lo menos una parte. Peter me había asegurado que no le había contada demasiado acerca de mí porque sabía que a yo no quería que la gente supiera acerca de eso. Yo le había dicho a Benjamín que no quería hablar acerca de nada de eso, y él lo había respetado. Parecía pasar el rato con Peter y Nicolás más que con Lali y yo en esos momentos. Siempre estaban fuera hablando en silenciosos susurros, y paraban apenas yo me les acercaba. Me pregunté si estarían hablando de mí, pero para ser honesta realmente no lo quería saber. No quería volver a hablar acerca de ese hombre nunca más en mi vida, así que si eran felices hablando sobre mí y dejarme fuera de ello, por mí no había problema.

Cuando me desperté el viernes por la mañana, Nicolás ya estaba despierto y se vestía silenciosamente.

-Oye, ¿estás haciendo la caminata de la vergüenza? –bromeé, me pregunté porque se estaba escabullendo de mi cuarto. Nunca se levantaba antes que yo.

Se rió y se puso si camiseta, luego se trepo de nuevo a la cama. Enganché mis dedos en la presilla de su pantalón, y lo tiré más cerca de mí.

-La única vergüenza que tengo es que tengo que salir de tu cama. Me quedaría muy feliz en la cama contigo para siempre, pero hoy necesito hacer algo, así que me tengo que ir –me dio un beso, sentí los acostumbrados pequeños revoloteos en mi estómago que me evocaban sus besos.

¿Algo que necesita hacer? ¿De qué se tratará? –me pregunté mentalmente.

-¿Qué necesitas hacer, chico amante? –le pregunté, lo jalé más cerca de mí, deteniéndolo que se levantará.

Sonrió y rodó sobre su espalda, me puso encima de él.

-Nada interesante. Sólo necesito hacer algo sobre la universidad eso es todo –replicó, lo noté un poco incómodo

¿Me está mintiendo? –me pregunté internamente, miré su rostro, sus ojos estaban un poco estrechos, definitivamente estaba incómodo.

Sonrió y enredó sus dedos en mi cabello.

-Nada está mal. No preocupes a tu linda cabecita acerca de nada. Es sólo un par de reclutadores que quieren reunirse conmigo, y solo podían venir en este momento –explicó, aún se veía incómodo.

Asentí, obviamente me estaba ocultando algo, yo esperaba que en algún momento me lo contará. Confiaba en él. Estaba segura de que no me engañaría, que estaba pensando estupideces. Sabía que me amaba. Me incliné hacia adelante y lo besé, pare y le mordí la barbilla, él amaba cuando yo hacía eso. Sus manos se apretaron alrededor de mi cintura, su respiración se aceleró; sonreí y le mordí el lóbulo de la oreja.

Gimió.

Rosa, necesito irme. Por favor no me provoques –se quejó.

Sonreí contra su cuello y me incorporé, hice un puchero, estaba decidida a tener algo de diversión con él antes de que se fuera. Suspiré dramáticamente.

-Está bien, bueno supongo que tendré que ducharme sola.

Gimió de nuevo.

-Rosa, no me hagas esto, no es justo, lo sabes –gruñó y frunció el ceño.

No pude evitar que se me escapara una risita ante su lujuriosa expresión.

-Bueno, diviértete con los reclutadores. Ve e impresiónalos con tus asombrosos talentos, chico amante –instruí, lo besé de suavemente de nuevo.

Me pasó un mechón de cabello detrás de mi oreja.

-Te amo. Te veré después de la escuela.

¿No va ir a la escuela? –me pregunté internamente. Fruncí el ceño.

-¿No vas a ir a la escuela después de la entrevista? –pregunté, estaba decepcionada de no poder verlo después.

Suspiró y negó con su cabeza.

-No, pero nos veremos después –contrarrestó, me beso de nuevo, salió de la cama.

-¿Nicolás? –lo llamé justo cuando estaba a punto de salir por la puerta. Se detuvo y me miro curioso –también te amo, y buena suerte con los reclutadores. Sólo recuerda, ellos tendrán la suerte de tenerte, no al revés –dije con honestidad.

Los reclutadores estaban tras Nicolás, él no necesitaba hacer mucho para impresionar a la gente, sus habilidades hablaban por sí mismas. Sonrió y me guiñó un ojo antes de salir del cuarto.

Me duché y fui a tomar desayuno; Peter estaba sentado ahí en pijamas, me pareció raro porque ya era hora de que nos fuéramos al colegio.

-Hey, será mejor que te apures o llegaremos tarde –lo regañé, fruncí el ceño, no quería una detención.

Negó con la cabeza.

-No me siento bien, no iré. Le pedí Lucas que te llevé porque Nicolás está con los reclutadores –dijo en voz baja.

Peter difícilmente se enfermaba. Caminé hacia él un poco preocupada, y puse mi mano sobre su frente. No se sentía caliente.

-No creo que tengas temperatura. ¿Qué te duele? –pregunté, preocupada.

-Me siento mal eso es todo. Voy a volver a la cama. Lucas estará aquí en quince minutos –replicó, se levantó y camino hacia el pasillo.

-¿Quieres que te traiga algo? –pregunté.

Negó con la cabeza.

-Estaré bien, Rochi, te veo después –agitó la mano sobre su hombro y entró a su cuarto.

 

Lucas era divertido, hubo un tiempo que me había gustado mucho pero él nunca había intentado hacer algún movimiento conmigo, así que ahora agradecía que nunca lo hubiera hecho. Aunque para ser sincera desde que salía con Nicolás los chicos habían dejado de hacerme comentarios. Cuando llegamos, vi a Lali, Cande y Gastón caminé hacia ellos.

-Hola –gorjeé y sonreí.

-Hola, Rocío. ¿Dónde están Peter y Nicolás? –preguntó Gastón, miro sobre mi hombro.

-Nicolás se está reuniendo con unos reclutadores universitarios –dije con orgullo –y Peter está enfermo –agregué, arrugué mi nariz. “¡Espero que no vomite en algún lugar y lo deje para que yo lo limpie!”, pensé.

-¿Si? Benjamín está enfermo también. Me llamó esta mañana –dijo Lali, hizo un puchero. Aún no la había invitado a salir como me dijo que lo iba a hacer. Yo no le había dicho nada de lo que había hablado con Benjamín a Lali, había decidido que era mejor que viniera de él.

-¿Benjamín está enfermo también? Espero que no sea nada contagioso –hice una mueca ante el pensamiento de estar enferma, odiaba vomitar.

-Yo también. Vamos a clases –sugirió Lali, unió su brazo con el mío y me hizo caminar hacia el edificio.

La escuela me pasó increíblemente lenta debido a que no había visto a Nicolás a la hora del almuerzo. La mañana y la tarde sólo fueron un largo día sin Nicolás, y encima me empecé a sentir un poco enferma también. Mi estómago estaba revuelto y ni siquiera había comido algo a la hora del almuerzo.

¡Genial, me esto enfermando! –grité en mi cabeza.

Traté de llamar a Peter para ver cómo estaba, pero no me contesto. Pensé que probablemente estaba dormido o algo así. Lali me estaba llevando a casa. Me dejó en el frente y entré, me sentía exhausta, lo único que quería hacer era irme a dormir.

Caminé por la puerta principal y me sorprendí porque vi unas maletas, algunas cajas junto a unas bolsas negras de basura llena de cosas apiladas en el vestíbulo.

-¿Qué demonios es todo esto? –me pregunté –¿Peter? –llamé.

Oí voces en la cocina y caminé hacía ahí, me encontré con Nicolás, Peter, Benjamín y Ruth que estaba sosteniendo a un niño pequeño en sus brazos, él cual asumí que era mi hermano pequeño, Mateo. No lo había visto oficialmente aún, además de la parte trasera de su cabeza la semana pasada.

¿Qué diablos están haciendo aquí? Espera, pensé que Lali me había dicho que Benjamín estaba enfermo, no parece enfermo –mi voz hablo en mi cabeza

-Hey. ¿Qué es todo esto? ¿Ustedes chicos están teniendo una conferencia? –bromeé.

Ruth me sonrió débilmente, sus ojos estaban ligeramente rosas, parecía como si hubiera estado llorando. Mi espalda se puso rígida cuando note su mirada triste.

Nicolás se acercó a mí y me envolvió en un abrazo.

Rosa, tenemos algo que decirte –dijo suavemente. Tragué saliva por su tono de voz. “Sea lo que sea esto va a ser malo”, pensé.

Peter dio un paso al frente.

-Él lo ha estado haciendo de nuevo, Rochi. Lo han dejado. Les dije que se podían quedar aquí por un tiempo. Mamá dijo que estaba bien –explicó.

Ruth empezó a llorar suavemente. Alcé la vista y miré a Benjamín.

¿Él ha estado siendo abusado y no me dijo nada? –Habló mi voz dentro de mi cabeza, me sentí enojada por él. Él sabía lo que nos había hecho ese hombre -¡Por qué no hablo conmigo! –abrí mi boca, estaba a punto de gritarle, pero si expresión me detuvo. Se veía triste, culpable y de hecho un poco asustado. Me alejé de los brazos de Nicolás y lo abracé con fuerza –Dios, ha estado siendo abusado por el hombre de mis pesadillas, no debo estar enojada con él, no necesita eso –me dije.

Repentinamente, todo tuvo sentido para mí; nunca le gustaba hablar acerca de Joaquín. Cuando le había preguntado si se llevaba bien con él, se había puesto incómodo. Lo tenso que se había puesto cuando vio a mi padre la semana pasada.

-Pudiste hablar conmigo –susurré, empecé a llorar, estaba afligida porque sabía exactamente por lo que él había pasado y cómo se estaba sintiendo en ese momento. Por lo menos yo había tenido a Peter y a Nicolás para mirar por mí en ese entonces; pero Benjamín era el mayor, estaba segura que se sentía como si fuera el que tenía que proteger a su mamá y a su hermanito.

Benjamín me abrazó de vuelta.

-No quería preocuparte; lo hemos estado planeando toda la semana. Peter y Nicolás nos ayudaron a empacar nuestras cosas hoy mientras él estaba en el trabajo. Está fuera por el fin de semana. No tiene planeado volver hasta el domingo por la mañana.

Lo alejé un poco y le di un beso en la mejilla.

-Ahora todo está bien. No te preocupes más, ya no puede herirte –le dije severamente. Me giré y abracé a Ruth aunque ni siquiera la conocía; simplemente se veía que necesitaba un abrazo. El bebé en sus brazos era hermoso; era igual a ella, pero con el cabello castaño.

-¿Estás bien, Rochi? –me preguntó Peter, se podía oír la preocupación en su voz.

Tragué saliva ruidosamente. De hecho me sentía un poco enferma. Supuse que estaba un poco abrumada por todo lo que estaba pasando.

-De hecho, me siento un poco extraña –admití, pase una mano por mi rostro.

Rosa, te ves un poco pálida. ¿Quieres algo de tomar o alguna otra cosa? –preguntó Nicolás, caminó hacia mí.

¡Maldición, tengo tanto calor! –me dije a mi mismo, mis labios y mis manos empezaron a temblar; empecé a sentirme un poco mareada.

Capitulo Dieciocho

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

A la mañana siguiente, después de que Nicolás se había salido por mi ventana hacia su casa, fui a la cocina para ver a Peter, estaba sentado conversando con mi mamá.

-Buenos días –dije alegremente.

Mamá me miró un poco sorprendida.

-¿Por qué estás tan feliz esta mañana? –preguntó y me sonrió.

Sonreí y reprimí una risita tonta, no podía decirle que mi sexy novio me había dado una muy buena razón para sonreír antes de salir por mi ventana. Así que en vez de eso, solo me encogí de hombros.

-¿Por qué no debería estarlo? –contenté, miré a todos lados menos a Peter. Estaba segura que él sabía la razón exacta de mi feliz y satisfecha cara –así que, Peter, ¿hay algo que quieras contarme? –me burlé y me senté al lado suyo.

Negó con la cabeza, lucía confundido.

-No. ¿Debería haber algo? –preguntó, y me miró con recelo.

-Tú, enamorándote de mi mejor amiga, ¿tal vez? –sugerí, lo golpeé con mi hombro suavemente.

Se quedó sin aliento, se le cayó la cuchará que tenía en la mano llena de cereal sobre el mostrador, después de un segundo se serenó y me sonrió con satisfacción.

-No estoy enamorado de tu mejor amiga. Ése es tu trabajo, ¿recuerdas? –dijo con sarcasmo. No podía parar de reírme, ponerse a la defensiva no lo ayudaba, estaba segura que si de verdad no hubiera sentido nada por ella solo me hubiera hecho alguna de sus bromas.

-Sí, claro. Como digas, Peter. Te estoy vigilando. Sólo no la lastimes –le advertí, tomé un tazón y me serví un poco de cereal.

Nicolás entró por la puerta, y si mi cara se veía como la suya ya entendía por mi mamá se había sorprendido tanto al verme, se le veía super feliz, sonreía de oreja a oreja,

-Buenos días –saludo, chocó los puños con Peter al pasar a su lado.

-Buenos días, Nicolás. ¿Desayunas? –ofreció mi mamá, levantó un poco la cesta de pan.

Nicolás asintió y le sonrió agradecido.

-Claro, Adriana –me abrazó por la espalda.

-Oye, Rosa. Te extrañé en la noche –me susurró.

Oí el “aww” en voz baja de mi madre y traté de no reír.

-Lo hiciste, ¿eh? –dije, le golpeé la mano que él movía hacia abajo entre mis piernas por debajo del mostrador.

Rió y se sentó a mi lado.

-Por supuesto que lo hice. Me gustó dormir contigo la otra noche. Tal vez tu mamá me deje dormir contigo de ahora en adelante –dijo, miró a mi mamá esperanzado.

-No presiones, Nicolás –replicó ella y rodó sus ojos.

Él se rió.

-Bueno, valía la pena intentarlo –indicó, acomodó un mechón de mi cabello detrás de una de mis orejas y la miró un poco avergonzado.

-Siempre fuiste descarado –murmuró mi madre, y le sonrió cuando le puso tres rebanadas de pan tostado frente a él.

-Estaba preguntándole a Peter sobre su enamoramiento de Lali –le conté a Nicolás, queriendo cambiar el tema de mi vida sexual y de él durmiendo en mi cama.

Le había hablado a Nicolás acerca de Peter y Lali en la noche. Él me comentó que no había notado nada, pero que iba a estar atento.

-No estás enamorado de una chica de dieciséis años, ¿verdad Peter? ¿Qué clase de chico de dieciocho años podría siquiera ver a una chica de dieciséis de esa manera, verdad? –Nicolás preguntó, fingiendo un shock y usando las palabras que Peter había usado un par de semanas atrás.

Peter lo miró fijamente como advertencia.

-Ja, Ja. Ustedes dos son muy graciosos –gruñó, negando con la cabeza mientras se alejaba para ir a vestirse.

 

Cuando nos detuvimos en el estacionamiento de la escuela, había una multitud alrededor del auto de Benjamín. Él estaba parado ahí torpemente, lucía muy incómodo, mientras los chicos le hablaban sobre su carro y las chicas le coqueteaban descaradamente. Silvina, como siempre, estaba al frente.

-Wow, ¡tenemos algunas zorras en esta escuela! –le susurré a Nicolás. Él asintió con la cabeza, observando la escena sin impresionarse.

-Sip.

-Quizá deberías ayudarlo. Luce muy incómodo –sugerí, miré a Nicolás.

Suspiró y me rodó los ojos.

-¿Por qué tienes que ser tan condenadamente linda todo el tiempo? –preguntó, me dio un beso suave y caminó en dirección al auto de Benjamín. Lo vi agitar las manos en un gesto de “se acabó”, haciendo que la mitad de los chicos se fueran inmediatamente. Pasó uno de sus brazos sobre los hombros de Benjamín, y lo condujo lejos de la multitud hacia la escuela, Benjamín lo miraba agradecido. Sonreí para mí misma. “Tengo al novio más adorable en este mundo”, pensé.

Lali saltó sobre mí.

-¿Dónde está el trasero sexy de tu hermano? –preguntó.

Peter aclaró su garganta detrás de ella. Lali se volteó y le sonrió.

-Lo siento, debería haber dicho, el trasero sexy de tu hermanastro –corrigió, guiñándole un ojo a Peter, el semblante de él se ensombreció ligeramente, pero rápidamente puso una sonrisa de satisfacción.

-Finalmente me di cuenta que no estoy interesado, pero todavía tratas de entrar a la familia, ¿eh?

Ella río.

-Algo así. Tal vez ya no me gusten los morochos, o tal vez tú has perdido tu encanto –contestó, poniendo una sonrisa de satisfacción más grande que la de él.

Casi me ahogué en una carcajada. Peter amaba ir detrás de las chicas, me di cuenta que nunca le había existido chica a la cual no hubiera podido tener y para ser sincera supe que solo quería a Lali en esos momentos porque ella ya no estaba interesada en él. Arrastré a mi mejor amiga a través de las puertas de entrada y divisé a Nicolás y Benjamín conversando apoyados en sus casilleros.

-Hey –saludé, sonreí y envolví uno de mis brazos alrededor de la cintura de Nicolás.

-Hey, Rocio. ¿Cómo estas hoy? –me preguntó Benjamín educadamente.

-Excelente, ¿y tú? –pregunté tratando de no reír mientras la mano de Nicolás se deslizaba por la parte de atrás de mis jeans y frotaba mi trasero suavemente.

-Estoy bien –asintió con la cabeza. Lali, que estaba junto a mí, le sonrío seductoramente.

-Le estaba contando a Benjamín sobre el partido de hockey sobre hielo –intervino Nicolás, me apretó el trasero con suavidad. Le sonreí con dulzura y luego le di un codazo en las costillas.

-¡Maldito chico pervertido! –mascullé sólo para él, rió para sus adentros y sacó sus manos de mis jeans.

-Sí voy a ir al juego el viernes. ¿Crees que pueda sentarme contigo? –me pregunto Benjamín, mirándome esperanzado.

-Puedes sentarte conmigo, si quieres –ofreció Lali, se lamió los labios lentamente y lo miró con intensidad.

Él se sonrojó y le sonrió tímidamente.

-Gracias, claro que me gustaría –estuvo de acuerdo.

-Vamos entonces, vayamos a clase –sugerí. Por la cara de Lali ella no pararía hasta conquistarlo, y a Benjamín parecía gustarle también. Me volteé para caminar pero me detuve cuando vi a Silvina caminando hacia mí con una expresión de odio en su mirada. Ella prácticamente me tiró un sobre marrón en las manos mientras me miraba fijamente.

-Sigo pensando que hiciste trampa, pero la gente dice que es justo que recibas el dinero, así que aquí está, zorra rara –gruñó furiosa.

¡Caramba! ¿acaba de darme más de cuatro mil pesos? ¿En realidad gané el dinero? –mi voz hablo dentro de mi cabeza.

Lali se acercó a mí.

-Silvina, es mejor que vuelvas al infierno de donde saliste –bufó enojada.

Sonreí llena de felicidad.

-Está bien Lali, no hay problema. Gracias Silvina –dije y agité el sobre con orgullo.

-Asegúrate de que no se te pierda –contestó con una sonrisa de satisfacción en su rostro.

No tenía ninguna duda de que ella tenía alguna clase de plan que probablemente involucrara tirar mi dinero por el desagüe o prenderle fuego. De repente, tuve una gran idea, que en serio podría molestarla y mucho. Sonreí ampliamente y voltee hacia Nicolás. Me acerqué a él y metí mi mano hacia el fondo para depositar el sobre ahí mismo. Nicolás gruñó y me miró sorprendido

-Cuida esto por mí, novio, lo sacaré después –susurré gritando provocativamente, lo acerqué y le di un gran beso. Oí a la gente aclamar y aplaudir, los chicos dijeron cosas como “Oh, sí” y “lindo”, Sonreí contra sus labios y lo empujé un poco. Alcé la vista y justo vi a Silvina marcharse echando chispas en la dirección opuesta.

Me eché a reír, Nicolás me agarró y me besó de nuevo, levantándome unos centímetros de suelo. El timbre sonó y las personas comenzaron a irse a clase. Me quedé atrás con Nicolás, no quería romper el beso. “No puedo creer que gané cuatro mil pesos, ¿Qué voy demonios voy a comprar con eso?”, pensé.

Nicolás me bajó con suavidad y me sonrió con esa sonrisa que me derretía.

-Eso fue tan gracioso, la cara de Silvina estaba para una fotografía –dijo riendo.

-Tu cara estaba para una fotografía –contente, le pellizque la nariz suavemente.

-Y bueno, no esperaba que metieras dinero dentro de mis pantalones como si yo fuera alguna clase de stripper –sonrió divertido –¿En qué vas a gastar tu dinero Rosa? –me preguntó, sacó el sobre de sus jeans y me lo dio.

Me encogí de hombros sonriendo.

-No tengo idea. ¿Qué deberíamos comprar? La mitad es tuya.

-No necesito nada, ya tengo todo lo que deseo, justo aquí –dijo, agarrando con sus manos mi trasero.

-Mi trasero, ¿eso es todo lo que quieres? –pregunté, riendo.

Sonrió.

-Técnicamente, es mi trasero ahora, ¿cierto? –se burló de mí, y me besó el cuello.

-Por ahora –bromeé y lo empujé. Me abaniqué con el sobre –ahora que tengo lo que quería, no estoy segura de que haya algo en esta relación que me interese a mí.

Nicolás rió y rodó los ojos, envolvió uno de sus brazos alrededor de mi cintura.

-Vamos; te llevaré a clase –sugirió, tomando mi brazo.

Le tendí el sobre.

-¿Podrías cuidar esto por mí? No confió en mí para nada, probablemente lo perderé –me estremecí ante la idea de perder todo ese dinero.

Sonrió y lo tomó, lo dobló en dos y lo guardo el bolsillo interno de su casaca.

-¿Y si lo pierdo? –preguntó.

Sonreí, lo puse contra una pared y aplaste mi cuerpo contra el suyo.

-Entonces tendrías que pagarme y no exactamente con dinero ¿me explico?–me sobé un poco contra él y le di un beso en los labios. Entre a mi clase rápidamente.

Silvina me miró fijamente cuando pasé y me senté al lado de Lali y Benjamín, en el asiento que me habían guardado. Para mi suerte, el profesor también llegó tarde, así que no me gané una detención.

 

El mes siguiente pasó muy rápido. Nicolás seguía siendo el novio más adorable del mundo, me llevaba a citas, me compraba flores y chocolates. Peter seguía siendo sobreprotector conmigo, nada iba a cambiar eso.

Mi mamá volvió al trabajo pero estuvo devuelta en casa dos semanas, porque tenía un lanzamiento de un nuevo producto o algo así. Lali para el disgustó de Peter siguió coqueteando con Benjamín. Nicolás me contó que había hablado con Peter acerca de mi mejor amigo, al parecer, mi hermano no quería salir con Lali, sólo no le gustaba el hecho de que ella estuviera detrás de alguien más. Aparentemente, se sentía un poco dejado de lado. Así que, para solucionar ese sentimiento Peter se había acostado con un par de chicas y luego se había sentido mucho mejor.

Mi relación con Benjamín también había cambiado. De hecho, se había convertido en un amigo cercano; era un buen chico y parecía que su confianza aumentaba día con día. Yo creía que la influencia de Lali tenía algo que ver con su cambio. Habían salido un par de veces, y Lali me había contado que él la había besado la última vez, ella estaba encantadísima. Realmente le gustaba, y a él parecía que también, lo cual me parecía muy dulce.

Benjamín había estado yendo a ver los partidos de hockey los viernes con nosotros por las última semanas, incluso había venido a nuestra “fiesta después del partido” también. Nunca habíamos hablado de mi padre, nunca me había preguntado acerca de él y yo tampoco había sacado el tema. De vez en cuando, lo mencionaba de paso, cosas que tenían que ver con su vida o con su casa, y cada vez que lo había me sentía enferma y un poco nerviosa.

Era domingo, iba a acompañar a Benjamín a una competencia de skate donde el participaría.

Benjamín llego a buscarme en su auto después del almuerzo, cuando escuche la bocina le di un beso de despedida a Nicolás y reí por su puchero.

-Deja de hacer pucheros Nicolás. Estaré devuelta en un par de horas –dije, riendo.

Suspiró dramáticamente.

-¿Pero por qué no puedo ir? Los domingos son mis días –se quejó frunciendo el ceño.

Sonreí.

-Nicolás, ya te lo dijo Benjamín, sólo se podía llevar a un invitado y me eligió para que fuera con él, deja de quejarte. Nos vemos más tarde –le ordené, le di otro beso –te amo –juré, tomé mis llaves y mi teléfono celular.

-Te amo más, Rosa –gritó mientras yo abría la puerta y corría hacia el auto que me esperaba.

-Hey –saludó Benjamín, me sonrió cuando me acomodé en su brillante auto deportivo.

-Hey. ¿Ya estás mentalizado y listo para la competencia? –pregunté, sonriendo.

Asintió con la cabeza.

-Sí, estoy un poco nervioso. El truco que he estado practicando sigue saliéndome mal. Voy a quedar como un idiota si fracaso –refunfuño, haciendo una mueca.

-No fracasarás Benjamín. Tente algo de confianza –le respondí con firmeza.

Sonrió y rodó los ojos, condujo hasta el parque donde sería la competencia. Benjamín había estado tratando de enseñarme algunas cosas acerca del skate pero para hacer honesta, como la mayoría de las cosas deportivas, me entraba por un oído y me salía por el otro. Si no estaban bailando, entonces no estaba interesada.

Por lo general me gustaba ver a Nicolás jugar, pero eso era sólo para verlo en su sexy uniforme.

La rampa que habían colocado en medio del parque era realmente enorme, tanto así que me había sentido un poco enferma cuando la había mirado.

-Umm, Benjamín, ¿estás seguro que quieres hacer esto? –pregunté, mientras caminábamos al stand de iniciación. Benjamín entregó nuestros pases de competidores y unas bandas amarillas para la muñeca.

-Rocio, voy a estar bien, no te preocupes por mí –rió mientras me arrastraba hasta la zona de patinaje donde la gente estaba dando vueltas esperando para entrar y practicar un poco.

-Mierda, Benjamín, ¡Es tan alto! ¿Qué pasa si te lastimas? –pregunté, trague el nudo que se había formado en mi garganta.

-Hey. Me dijiste en el coche que me tuviera algo de confianza, y de verdad espero que tu también me tengas un poco –dijo y me sonrió ampliamente.

Vaya te tengo confianza, pero si te caes de ahí te va dolor –le dijo mi voz en mi cabeza. Nos sentamos a ver a los otros skater dar sus vueltas. Los trucos que hacían me dejaban alucinada, saltos mortales, se sostenían en las manos y todo en lo que ni siquiera podía imaginar.

Cada minuto de espera me hacía sentir un poco peor. Ni siquiera estaba segura de poder ver a Benjamín competir. Después de casi una hora, le avisaron a Benjamín que se preparará, mi corazón empezó a palpitar muy fuerte, tanto que pensé que saldría de mi pecho.

-Oh Dios. Por favor, ten cuidado –le supliqué.

-Voy a tratar. Pero si muero, te dejo mi auto –replicó, me guiñó un ojo.

-Sólo si puedo pintarlo de rosa –bromeé, tratando de no mostrar en mi rostro lo aterrorizada que estaba por dentro. Benjamín se echó a reír y se alejó de mí rápidamente hacía la zona de calentamiento.

Cuando fue su turno, yo no podía respirar. Lo vi subir las escaleras hasta la cima de la plataforma y posicionarse, se inclinó a la espera. Me sonrió y traté de devolverle la sonrisa, pero seguramente solo me había salido una mueca de pesar. El silbato sólo, y él se lanzó. Cerré los ojos y escuché el aplauso lleno de alegría de la gente, pero me rehusaba a ver. Sentía que en el momento que yo abriera los ojos, él caería y se rompería el cuello.

Después de lo que a mí me había parecido una hora, pero que seguramente hubiera sido un minuto, la gente aplaudió como loca, así que abrí los ojos. Benjamín estaba bajando por las escaleras, no tenía ningún hueso rotos. Salté de mi silla y aplaudí junto con todos los demás, decidí fingir que lo había visto hacer su rutina.

La próxima vez que me invite le diré que no puedo venir. Sólo gasté su boleto de acompañante por gusto, no lo vi. –dijo mi voz con pesar en mi cabeza.

Benjamín hizo un trote corto y me abrazó con fuerza.

-¡Eso fue impresionante! –gorjeé con entusiasmo.

Se echó a reír y sacudió la cabeza.

-¿Sí? ¿Se veía bien a través de tus parpados? –preguntó, y rió con más fuerza.

Lo miré con disculpa.

-¡Lo siento tanto! No podía verte, Benjamín. Me sentía enferma. Tenía tanto miedo, simplemente no pude –dije como disculpa.

Negó con la cabeza

-No te disculpes, está bien. No me pasó nada –se jactó, sonriéndome ampliamente.

Asentí con la cabeza.

-Lo sé, escuché a la gente –dije un poco avergonzada. Me sentía muy culpable. Me había llevado para que lo viera y le diera mi apoyo y yo no había podido. “Supongo que soy una hermanastra inútil” pensé.

Nos sentamos de nuevo y me dio un resumen de todo lo que me había perdido y otras cosas que necesitaban ser contadas.

Benjamín había sido uno de los últimos participantes, así que no tuvimos que esperar mucho tiempo para los resultados. Cuando el anunciador entró al escenario tomé la mano de Benjamín, estaba muy nerviosa, rogaba que haya obtenido buenos resultados.

-Está bien, hoy tuvimos algunos trucos excelentes. Los jueces quedaron muy impresionados, así que muchas felicitaciones –el hombre empezó –bien entonces, ahora los resultados finales. En el tercer lugar con un puntaje de cuarenta y cuatro puntos de cincuenta… Benjamín Amadeo –anunció.

Chillé y salté sobe Benjamín con mucho entusiasmo, el se reí con felicidad.

-¡Oh Dios, eso es impresionante! Estoy muy orgullosa de ti –estaba muy entusiasmada, casi hasta las lagrimas.

Él sonrió abiertamente.

-Gracias, Rocio. Será mejor que vaya por mi trofeo –asintió y miró el escenario. Lo anime y aplaudí como una idiota, mientras él subía y tomaba su trofeo. Volvió corriendo y me abrazó haciéndome girar en círculos.

-Benjamín, es tan genial. Déjame ver el trofeo –prácticamente lo arrebaté de sus manos y lo observé tenía un pequeño hombre en una patineta.

-Estoy muy contento, cuarenta y cuatro puntos. Es mi mejor resultado –sonrió con orgullo.

-Hey, ¿vamos a comer algo para celebrar? Yo invito –sugerí, sonriéndole con felicidad.

-Acepto. Sólo tengo que cambiarme primero; no puedo salir así –miró su camiseta rasgada, sus pantalones cortos y sus sucias zapatillas e hizo una mueca.

¿Por qué diablos necesita cambiarse? –me pregunté en mi cabeza.

-Benjamín, no me importa qué tengas puesto –dije con honestidad, empezamos a caminar hacía su coche.

Se echó a reír.

-Rocio, estoy hecho un lío. Estás son mis ropas de competencia. Siempre llevo la misma cosa; es como mi tenida de la suerte. Están todas rasgadas y sucias. Además estoy sudado –respondió, se encogió de hombros y subimos al auto –voy a hacer una parada en mi casa para cambiarme, luego podemos ir a comer –dijo mientras sacaba el auto de la playa de estacionamiento.

¡Oh , mierda! ¿Quiere que yo vaya a su casa? –mi voz habló aterrorizada en mi cabeza.

Empecé a sentirme mal. No podía ir a su casa, no quería ver a mi padre, es más no podía. Cerré los ojos, estaba luchando con todas las fuerzas para que no me diera un ataque. Nicolás no estaba para calmarme.

-No puedo –susurré.

Me miró confundido.

-¿No puedes ir a cenar? –preguntó, me miró como si estuviera loca, probablemente porque había sido mi idea.

Negué con la cabeza.

-No puedo ir a tu casa, Benjamín. Por favor, no puedo verlo –supliqué, continuó manejando en dirección opuesta a mi casa.

-¿Joaquin? –preguntó, frunció el ceño. Asentí con la cabeza, en esos momentos era incapaz de hablar porque se me había formado un nudo en mi garganta. Las manos me temblaban. Cerré los ojos y pensé en Nicolás, tratando de mantener la calma. Pensé en el color de sus ojos, cómo se sentía su pelo cuando pasaba mis manos por el, el sonido de su voz –¿Estás bien? –preguntó Benjamín, sonaba algo afectado por mi comportamiento.

Asentí débilmente.

-No quiero verlo, Benjamín –susurré, me di vuelta en mi asiento y lo miré.

Él estaba tratando de ver el camino y de mirarme a la vez.

-¿Por qué no? –preguntó en voz baja. Sacudí la cabeza. No podía hablar de esto, sobre todo con él, mi padre era su padrastro y vivía con él.

-Yo no, por favor –le rogué con mis ojos. Él suspiró y meneó la cabeza.

-De todos modos no está ahí. Se fue por el fin de semana con mi mamá y Mateo. No volverán hasta esta noche –me dijo.

No está ahí –me susurró mi voz en mi cabeza.

-¿Estás seguro? –pregunté, mi cuerpo comenzó a relajarse.

Asintió y me sonrió para tranquilizarme.

-Eso. Fueron a ver a mis abuelos. No están volverán hasta las diez más o menos.

Lo miré para asegurarme de que no me estaba mintiendo o tratando de engañarme. Parecía estar diciendo la verdad. Benjamín era un muy buen tipo, no me haría algo así, no me mentiría.

-Está bien –estuve de acuerdo.

Sonrió y volvió a mirar la carretera.

-Y ¿puedo saber por qué tú y Peter odian tanto a Joaquín? –preguntó con curiosidad. Cerré los ojos, realmente no quería hablar de eso con él, en realidad con nadie. Ni siquiera Lali sabía algún detalle acerca de mi padre o de mi infancia.

-Benjamín, no quiero hablar de eso. Está en el pasado, y prefiero que se quede ahí –contenté, recé para que no siguiera con el tema.

Asintió con la cabeza, se veía un poco decepcionado y algo triste.

-está bien. Si alguna vez necesitas hablar conmigo sobre cualquier cosa, puedes hacerlo. Ya lo sabes, ¿verdad? –preguntó, mientras entraba en una calle muy bonita. Asentí mirando por la ventana, las casas de esa cuadra eran enormes, con grandes coches de lujo en las entradas. Se estaciono frente a una casa azul pálido. Se veía como si mi padre la hubiera hecho por sí mismo.

-¿estás seguro que él no está aquí? –cuestioné con nervios, me levanté y caminé hacia el lado de Benjamín.

-Estoy seguro. Su coche ni siquiera está aquí –confirmó, movió una de sus manos al estacionamiento vacío. Me relaje y caminé muy cerca de Benjamín, hasta la casa. Apenas podía respirar. Cuando el abrió de la puerta de entada yo me sostuve fuertemente de la parte de atrás de su camiseta, él rió entre dientes.

-Rocio, no hay nadie aquí –me aseguró, sacudió la cabeza y envolvió mis hombros con uno de sus brazos haciéndome entrar. La casa era preciosa –¿Quieres un trago? –ofreció mientras caminábamos hasta la cocina.

-Um, claro –miré alrededor, a todos los adornos y muebles caros –podría caber toda mi casa en tu sala de entrenamiento y tu cocina –le dije sonriendo.

Se echó a reír.

-Está casa es agradable, pero es demasiado grande para nosotros. No sé por qué eligieron está casa tan cara.

-¿Qué hace mi padre? –pregunté con algo de curiosidad, cuando él me entregó una lata de refresco.

-Acciones y participaciones. Es un empresario o algo así, realmente no entiendo mucho. Eso si hace un montón de dinero –dijo casualmente.

Todavía hace eso, lo mismo que cuando Peter y yo éramos niños –hablé en mi cabeza, no quería hablar más de él; estar en su casa ya me estaba volviendo bastate loca.

-Y tú y Lali, ¿huh? –bromeé, quería cambiar el tema.

Benjamín se sonrojó y asintió con la cabeza.

-Es bonita –murmuró nervioso.

Sonreí al ver su sonrojo, era realmente adorable.

-Me contó que la besaste –lo miré con entusiasmo, esperaba algunos detalles. Tenía la visión de Lali sobre su “beso perfecto”, ahora quería la suya.

Sonrió abiertamente.

-Sí, ¿te dijo si le gustó? –preguntó y se ruborizó más fuerte.

¡Oh infierno, era verdad! –gritó mi voz en mi cabeza.

-Sí, le gustó mucho –confirmé sonriéndole.

Largó una carcajada.

-Que bueno –parecía realmente aliviado, no podía dejar de reír –estaba pensando en invitarla a salir, ya sabes con exclusividad. ¿Crees que acepte? –preguntó y me miró esperanzado.

Sonreí al ver su cara de preocupación.

-Claro que aceptará –a Lali realmente le gustaba, sin duda le encantaría la idea de exclusividad.

Se rió y desordenó la parte de atrás de su pelo.

-¡Bien! Gracias, Rocio.

-Ve a cambiarte, estoy muerta de hambre –instruí, mirando el pasillo.

-Está bien, estaré listo en cinco minutos.

Me encogí de hombros.

-Puedes ducharte si quieres, no me importa esperarte.

-¿Estás diciendo que huelo a sudor? –preguntó, riendo mientras caminaba hacía la sala.

-Bueno, estaba tratando de sonar cortés –bromeé. Se rió y subió por las escaleras.

Me senté en el mostrador de la cocina, bebiendo felizmente mi refresco, jugué con el trofeo, cuando de repente oí la puerta de enfrente abrirse y a una mujer hablando.

-No, sólo tengo que darle un poco de medicina y ponerlo en la cama –dijo.

Sentí como mi aliento se entrecortaba en mi garganta.

-Bueno, no ha dejado de llorar –espetó mi padre, sonaba molesto.

Me paré tan rápido que casi me caído. Me mudé al otro lado del mostrador, queriendo poner algo entre nosotros, podía oírlos caminar hacia donde yo estaba. Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza. No podía respirar de manera correcta. Había una puerta detrás de mí, tomé la manija, en un intento desesperado por escaparme antes de que él llegara. No podía verlo; no podía dejar que me viera. Agité la manija rápidamente pero estaba cerrada con llave. Podía sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

-Lo siento, Joaquín. Lo pondré en la cama en un minuto, se quedará dormido –dijo la mujer, en voz baja.

-Qué suceda eso, me está dando un dolor de cabeza –gruñó furioso.

Metí la mano en mi bolsillo y tomé mi celular. Comencé a pensar a quien podía llamar. Nicolás y Peter estaban demasiado lejos, y Benjamín probablemente estaba en la ducha. No había nadie, estaba sin ayuda, estaba sola con mi propio horror. Me di vuelta y miré a la puerta, esperando que entrara. Me sentí más enferma. “Oh Dios, voy a vomitar”, pensé.

La señora entró, llevaba un niño que lloraba en sus brazos, ella le acariciaba a la espalda con dulzura. Sus ojos se posaron en mí, y saltó un poco, obviamente, se había sorprendido de verme.

-Hola, lo siento, no me di cuenta de que Benjamín había traído a alguien –dijo, me sonrió. Era muy bonita, tenía el cabello castaño claro y los ojos miel, como mi madre y yo. Asentí con la cabeza, no podía hablar.

-¿Benjamín a traído a alguien? –preguntó mi padre, y entró por la puerta.

Me sentí mareada, mis piernas estaba débiles, él se veía exactamente como él mismo, sólo que un poco mayor, tenía un poco menos de pelo y estaba más gris. Sus ojos eran duros y severos, como siempre solían ser, no como en la foto que Benjamín me había mostrado. No había cambiado nada en absoluto.

Me miró, sus ojos inspeccionaron cada parte de mi cuerpo mientras yo me quedaba ahí, sin poder moverme, sin poder respirar. Me sentía como una niña de nuevo. Estaba aterrorizada, y esta vez no estaba Peter para protegerme. El hombre que había arruinado mi infancia y la niñez de mi hermano, estaba de pie a menos de quince metros de mí.

-Rocio –dijo en voz baja. Sonrió y sentí como bilis aumento en mi garganta.

Capitulo Diecisiete

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

 

Rocio

Cuando desperté ya era de mañana, mi cabeza estaba palpitando. Gemí un poco. “No necesito un dolor de cabeza encima de todo lo que va a pasar hoy”, pensé. Nicolás todavía estaba dormido, salí de la cama con suavidad no quería despertarlo. Caminé al baño, quería tomar una ducha. Debajo del agua estaba intentando desesperadamente no llorar mientras pensaba en la “nueva familia” de mi padre.

¿Qué le voy a decir a ese tal Benjamin? –suspiré cuando escuche mi voz en mi cabeza preguntar, salí de la ducha y me enrollé en una toalla.

En silencio, intente convencerme a mí misma que ese chico Benjamin probablemente ni siquiera iba a querer hablar conmigo y que me estaba preocupando por nada. De todas maneras no era culpa de Benjamin que mi padre se casara con su madre y luego se mudarán aquí.

Demonios, él probablemente va a necesitar un amigo, ha dejado todos sus afectos en su antiguo lugar –dijo mi voz en mi cabeza con tristeza.

Caminé a la cama, miré a Nicolás. Se le veía tan tranquilo que no quería despertarlo. Me senté en el borde de la cama y tomé su mano, sabía que necesitaba prepararse para ir al colegio.

-¿Nicolás? –susurré. Se despertó al instante, lo que era muy raro viendo que a él normalmente le costaba mucho levantarse.

-Hola –se sentó y me miró con tristeza.

Note que él estaba preocupado por mí y le sonreí para tranquilizarlo.

-Hola –conteste, entre otra vez a la cama y nos acostamos juntos –estoy bien, deja el stress –prometí, pase un dedo por su frente sobre las líneas de su ceño fruncido, él suavizó la expresión.

Suspiró y sacudió la cabeza.

-Sabes que estoy aquí para cuando quieras hablar ¿verdad? –preguntó, me miró directo a los ojos.

“A veces es simplemente demasiado adorable, de verdad no me lo merezco”, pensé.

-Lo sé, Nicolás, pero estoy bien. Solamente vamos a tranquilizarnos y vamos a ver que tiene para decir ese tal Benjamín hoy –sugerí, me encogí de hombros.

Besó cada centímetro de mi rostro, yo reí, cuando terminó se fue a dar una ducha.

 

Entramos al aparcamiento del instituto una hora más tarde, vi a Lali que se acercó a nosotros dando pequeños saltitos, tenía una gran sonrisa en el rostro. Abrió mi puerta.

-¡Estoy oficialmente enamorada! –me anunció llena de orgullo.

Me reí.

-De verdad, bueno… felicidades –contenté con sarcasmo, puse los ojos en blanco.

Ella se rió.

-Lo digo en serio. Hay un chico nuevo hoy, y es muy ¡caliente! –abanicó su cara con una mano dramáticamente.

Me quedé pasmada; podía apostar que lali estaba hablando de mi nuevo hermanastro. “Perfecto, ahora Lali se va a enamorar de él y estaré obligada a pasar el rato con ellos.”, pensé.

Genial, simple y jodidamente genial –mi voz en mi mente sonó llena de molestia.

-¿Chico nuevo? –pregunté con tranquilidad. Nicolás me acarició la espalda.

-¡Sí! Debes verlo, es delicioso, pero tú tienes a Nicolás así que lo he reservado –dijo con una gran sonrisa, saltaba a mi lado –aún no sé su nombre, Chico caliente, le queda bien –ella dijo con dramatismo y me reí sin poder evitarlo.

Peter envolvió uno de sus brazos alrededor de los hombros de Lali.

-Sabes, no estoy acostumbrado a que no me quieras, Lali. No estoy seguro si me gusta tu nuevo comportamiento –dijo y le sonrió con coquetería.

Ella suspiró con aire soñador.

-Siempre te querré Peter, pero la carne fresca que ha llegado esta para babear. Creo que tendrás que trabajar más duro a partir de ahora por mi atención –bromeó, le parpadeó y encogió sus hombros de manera indiferente. Peter parecía sorprendido y algo enfadado –así que necesito saber todo sobre el chico nuevo. ¿Me ayudas? –me preguntó, tomo mi brazo.

Demonios no –dijo mi voz dentro de mi cabeza, pero no podía dejarla sola a Lali.

-Su nombre es Benjamín –le dije, me encogí de hombros tratando de darle a todo un enfoque casual.

Ella se rió.

-Sí que era psíquica, ¿no? Acabas de llegar, ¿cómo sabes que se llama Benjamín? –preguntó, sacudió su cabeza con diversión.

-Es mi hermanastro.

Ella paró de caminar y me miró sorprendida.

-Estás bromeando –jadeó, tenía los ojos completamente abiertos.

Sacudí la cabeza en negación.

-Bueno, mi padre se volvió a casar, y su nueva esposa tenía un hijo, y hoy empieza en esta escuela. Si es a él de quien estás hablando, entonces tiene diecisiete años y se llama Benjamín –dije, puse rostro de póker

Ella gritó y entrelazó su brazo con el mío llena de entusiasmo.

-¡Esto es asombroso! Me lo puedes presentar, tendré ventaja sobre todas las zorras –Lali sonreía de oreja a oreja.

-No lo conozco, no puedo presentártelo –contesté tranquilamente. No quería que ella se enamorara de él; quería mantener mi distancia con cualquier cosa o persona relacionada con mi padre.

-Tú eres tan malditamente suertuda, ¡Rocio! De verdad, el chico más caliente que he visto es tu novio, el segundo más caliente es tu hermano y el más cercano al tercer puesto es tu maldito hermanastro –gritó, me miró con furia.

Estaba a punto de contestarle cuando Silvina y tres de sus pequeños clones se acercaron, todas miraban a Nicolás hambrientamente. Sonreí cuando el brazo de mi novio se enrollo en mi cintura.

-Hola Silvina, ¿tienes mi dinero? –dije sonriendo.

Ella se burló de mí.

-Sí claro. Como si fuera posible, rara –ella se giró hacia Nicolás y le sonrió de forma seductora, él apretó su agarré en mi cintura –no te acostaste con ella, ¿verdad cariño? –ronroneó con confianza.

Escuché a Peter gemir con dolor detrás de mí.

-¡No puedo contestar eso! me voy a mi casillero, Rochi. Si necesitas llámame. Tendré mi teléfono encendido –dijo mi hermano y se fue con rápidamente.

-Bueno, ¿cariño? –preguntó Silvina poniendo su mano sobre el brazo de Nicolás.

Él se rió y encogió los hombros.

-Un caballero nunca cuenta esas cosas –le contestó y me dio un beso en la cabeza.

Me reí.

-Bueno así no me ayudarás a reclamar mi dinero, chico amante –bromeé, puse los ojos en blanco.

Él suspiró dramáticamente.

-Bien. Silvina le debes a Rosa cuatro mil pesos –dijo, me miro con amor.

Ella dio una patada al suelo y yo me reí.

-¿Cómo diablos has podido hacerme eso? –Silvina le gritó a Nicolás -¡Se suponía que tenías que estar conmigo! ¡No puedes acostarte con alguna pequeña puta! –la gente se estaba parando a mirar la escena, ella tenía la cara roja, me pregunté si estaba respirando.

-Silvina, salimos un par de veces –contestó Nicolás, lucía incómodo.

-¡No me importa cuántas veces salimos! ¡Soy la capitana de porristas! Se supone que tenemos que estar juntos. Tu no deberías salir con este pequeño fenómeno –gritó señalandome con disgusto.

Me reí con fuerza.

-Woow, Silvina ten cuidado, tendremos una manada de perros aquí si tu voz se eleva un poco más –bromeé.

Ella se giró furiosa hacia mí.

-¡Tú, tú me has robado a mí novio! Yo era su novia secreta y tú dormiste con mi chico –escupió, me señalaba con el dedo de manera acusadora.

Lali estalló en risas detrás de mí.

Me paré cerca a Silvina con decisión.

-Sí lo hice, y Dios fue buenísimo. Acepto efectivo. Oh, y Silvina, si vuelves a gritarme así otra vez te voy a romper la cara ¿Me has entendido? –gruñí llena de furia.

Ella se estremeció ligeramente; me colgué de brazo de Nicolás y lo arrastré al instituto, Lali saltaba detrás de mí, se estaba muriendo de la risa.

-Hubieras abofeteado a esa perra. Amaría ver eso –gorgoreó Lali felizmente.

Candela y Gastón se acercaron corriendo a nosotros.

-¿Ganaste la apuesta? –exclamó Candela tenía los ojos muy abiertos.

“Woow ¡Las noticias viajan rápido en este colegio!, pensé

Nicolás sonrió me dio un beso y paso sus dedos por mi pelo.

-Mejor me voy. Te daré tiempo para que chismosees sobre mí antes de clases –dijo, me sonrió coquetamente –te quiero, Rosa –me dio otro beso tierno, y se caminó a su casillero.

Le conté a mis amigos de cómo habíamos estado saliendo en secreto, y que también había ganado la apuesta. Aunque tenía mis dudas de si podría cobrar mí dinero. Lali abrió su gran boca para contarles que el “Caliente chico nuevo” era mi hermanastro. Y cuando la campana sonó, agradecí secretamente al destino. No quería seguir hablando de Benjamín. Todavía no lo conocía y ya era gran parte de mí vida.

Caminé hasta la clase de inglés, me senté en mi sitió normal, al lado de Lali. Unos minutos después él entro. Supe que era él sin ni siquiera mirarlo, lo supe por la manera que Lali tomo con fuerza mi brazo. Levanté la mirada y lo vi. Él, era totalmente guapo; podía ver lo que mi mejor amiga había visto. Benjamín era alto, aunque no tanto como Nicolás y no tenía mucho musculo. De hecho, era un poco desgarbado, pero aprobaba en “guapura” totalmente. Estaba usando unos jeans desgastados y una sudadera negra. Tenía los ojos claros, tenía el cabello castaño claro. Parecía un poco tímido, tenía los hombros encorvados como si estuviera nervioso. Definitivamente podía ver lo atractivo que era y también noté como cada chica de la clase lo estaba mirando con lujuria. Me reí “Pobre chico lo que le espera, una vez que Silvina lo conozca estará acabado”, pensé.

-Lali me dio un codazo para la mirara. Cuando volteé hacia ella vocalizó la palabra “caliente” y se abanicó el rostro con las manos, asintió con entusiasmo y yo me reí más fuerte.

-Clase, él es el nuevo estudiante. Benjamín Amadeo –dijo la maestra, le sonrió con calidez. Se giró hacia nosotros y sonrió con incomodidad.

-¡Te lo dije! Es guapísimo –susurró Lali.

Claro que es guapo, pero no tiene nada que ver con mi Nicolás –dijo mi voz en mi cabeza.

-Es lindo –confirme, asentí.

-Benjamín, cuéntanos algo sobre ti –sugirió la maestra.

Él se movió incómodo sobre sus pies, nos estaba mirando lleno de nervios.

-Er… bueno, me acabo de mudar con mi madre y mi padrastro. Tengo un hermano pequeño. Y … me gusta patinar –dijo

-Muy bien, estoy segura de que serás muy feliz aquí. ¿Qué te parece si te consigo una pareja con alguien de la clase para que te enseñe el colegio? –ofreció la maestra.

No quiero que me elija –dijo mi voz inmediatamente en mi cabeza, me hundí en mi silla, miré mi libro y recé para que no me escogiera.

-¿Silvina te ofreces voluntariamente? –preguntó la maestra. Levanté mi cabeza y di un suspiro de alivio. Lali la maldijo y bajo su cabeza, obviamente se estaba recriminando por no haberse ofrecido de voluntaria.

Benjamín caminó para sentarse en el pupitre que estaba al lado de Silvina, ella se desabrocho otro botón de su ya camisa de zorra. Benjamín me sonrió cuando paso por mi lado.

-Hola, Rocio –dijo tranquilamente.

-Hola, Benjamín –contenté, estaba un poco sorprendida.

¿Cómo demonios sabe mi nombre? –me pregunté internamente, lo observé sentarse al lado de Silvina, ella inmediatamente empezó a flirtear con él, Benjamín solo la miraba y asentía con cortesía, parecía algo incómodo.

Lali me miró con los ojos completamente abiertos.

-Pensé que no lo conocías –susurró, me frunció el ceño y me miro confundida.

-No lo conozco, ¿Cómo demonios sabe quién soy yo? No lo he visto antes –conteste.

La profesora se aclaró la garganta.

-Bien entonces, si ya está todo claro. ¿Por qué no empezamos con la lección? –preguntó con ironía. Tome mi libro y me hundí en mi asiento, intentaba con todo no mirar a Benjamín.

Apenas sonó la campana salté de mi silla y prácticamente corrí hasta la puerta, no quería encontrármelo otra vez. Estaba rezando en silencio para que Benjamin no estuviera en otra de mis clases. Y mis gracias a Dios mis rezos funcionaron, no volví a encontrarme con mi hermanastro el resto la mañana.

Todo el día la gente estuvo hablando mucho conmigo, me preguntaban si Nicolás y yo éramos pareja, querían saber cuánto tiempo hacia que estábamos juntos.

Bla, bla, bla lo mismo una y otra vez, ya estoy aburrida –me dije a mi misma en mi cabeza

-Hola Rosa –ronroneó Nicolás, abrazándome por detrás  cuando yo estaba parada en la cola para pedir el almuerzo con Lali y Gastón.

-Hola –sonreí, me sentí instantáneamente feliz, como siempre me sentía cuando él estaba cerca a mí.

-¿Cómo va tu día? –preguntó, me dio un beso en el cuello el cual me hizo estremecer.

Suspiré.

-Bueno, he estado respondiendo las mismas preguntas una y otra vez. Tanto así que estoy pensando seriamente en tatuarme en la frente “Sí, estoy saliendo con Nicolás. Sí, gané la apuesta. Sí es un buen novio. No, mi hermano no enloqueció”. Así no tendría que estar repitiendo eso todo el tiempo –bromeé, me encogí de hombros. Él rió y me abrazo más fuerte –a demás de las preguntas, tuve clase con mi hermanastro. Él sabía quién era yo, a por cierto esta ahora mismo con la zorra de Silvina, la cual luce como si me quisiera matar. Así que mí día está yendo muy bien, novio mío –dije, miré discretamente a Benjamín.

-¿Él sabía quién eras? –Nicolás preguntó, me movió un ligeramente escondiéndome de la vista de Benjamín.

-Sí. Él me saludó cuando pasó por mi lado –contenté, fruncí el ceño, no entendía como me había reconocido.

Nicolás se rió y me miró como si hubiera dicho algo estúpido.

-Él no sabe quién eres, Rosa, seguramente pensó que eras atractiva por eso te saludo. No lo puedo culpar –ronroneó, sonrió sentí sus manos acariciando mi trasero.

Puse los ojos en blanco.

-Nicolás él pasó por mi lado y dijo hola, Rocio así que me parece que si sabe quien soy –contesté con sarcasmo.

Nicolás frunció el ceño y miró sobre su hombro, rió con maldad.

-Él no se ve nada cómo con Silvina.

-Bueno, ¿quién demonios se puede encontrar cómodo junto a Silvina? Oh verdad, tú no te veías muy estresado cuando ibas con ella a todas partes –me burlé, le sonreí.

Él me miró y fingió un estremecimiento.

-No me recuerdes mi estilo de vida que tú aceptaras ser parte de ella, Rosa. Voy a tener pesadillas –dijo con una mueca de horro, me reí con fuerza.

Tomé un par de sándwiches y dos bebidas. Nicolás insistió en pagar y llevar la bandeja como de costumbre. Caminé a su mesa y me senté a su lado. Peter ya estaba allí con alguno de los miembros del equipo, mis amigos tomaron los últimos asientos. Abrí la envoltura de mi sádwich y estaba a punto de darle una mordida cuando una sombra cayó sobre mí.

-Hola –dijo Benjamín, estaba ligeramente ruborizado.

Tragué, mi estómago se me hundió un poco.

-Er… hola

-¿Te importa si me siento contigo? –me preguntó, tenía una mirada llena de esperanza.

Vi de reojo a Peter tensarse en su asiento. Miré alrededor de la mesa.

-Um… -me callé, mordí mi labio inferior.

-No importa, no te preocupes. Sólo pensé que debía presentarme –se encogió de hombros, se ruborizó más fuerte, cambiaba su peso de un pie a otro con incomodidad.

Lali me pateó por debajo de la mesa.

-¡Ay! ¿Por qué demonios hiciste eso? –le pregunté, me froté la pierna. Ella me miró ferozmente. Sabía exactamente porque me había pateado, quería que le dijera a Benjamín que se sentara con nosotros.

¡Oh Dios, llévame ahora! –dijo mi voz en mi cabeza, suspiré.

-Está bien, Benjamín. Toma una silla, puedes sentarte aquí  -sugerí, moví mi bandeja para que el pudiera poner su comida.

Él sonrió y se relajó.

-Gracias, Rocio –dijo, me sonrió con agradecimiento, caminó para tomar una silla que estaba a un par de mesas de distancia.

Volteé hacia Lali, fruncí el ceño.

-¡Eso me dolió como el demonio, Lali! En serio, ¡no es tan caliente! –le dije en un susurro gritado.

-Sí lo es –asintió con entusiasmo, se rió y terminé riendo con ella.

Benjamín se sentó en el extremo de la mesa.

-Así que, esto es raro, ¿eh? –afirmó, sonrió tímidamente.

Reí con incomodidad.

-Vaya, eso es un eufemismo y medio. Si piensas que es raro, prueba con desconcertante y embarazoso –bromé, lo hice reír.

-No soy tan malo –se quejó, con fingido dolor.

En ese momento decidí simplemente preguntarle lo que me había estado molestando toda la mañana.

-¿Cómo sabes quién soy? –pregunté en voz baja.

Él sonrió.

-Joaquín me mostró una foto tuya. Pero nunca he visto una de tu hermano, así que no tengo idea de quién es –explico, se encogió de hombros.

¿Mi papá tiene una foto mía? –Me hice la pregunta en mi mente, no sabía cómo debía sentirme al respecto – ¿Por qué demonios tiene una foto mía, y no una de Peter? –mi voz retumbo en mi cabeza pero yo ni siquiera quería pensar demasiado en la última pregunta, no quería que se me ocurriera una respuesta que no me gustará.

Señalé a Peter.

-Mi hermano es él. Peter, Benjamín. Benjamín, Peter –dije, moví la mano de uno al otro en presentación.

-Eh, ¿cómo te va? –gruñó Peter, la expresión de su rostro era severa y nada amigable. Benjamín se retorció un poco en su asiento “Peter puede ser bastante intimidante si lo quiere”, pensé

-Bien gracias. Es bueno conocerte –respondió Benjamín con nervios.

Lali me pateó de nuevo por debajo de la mesa, para mala suerte la patata fue en el lugar exacto de la vez anterior, me hizo contraerme del dolor. La miré ferozmente en advertencia; ella obviamente quería que la presentara también.

-Benjamín, ellos son mis amigos, Gastón, Candela y Lali. Él es mi novio Nicolás –Le presenté a cada uno de los chicos que estaban sentados en nuestro extremo de la mesa.

Benjamín sonrió con calidez.

-Soy muy malo para los nombres, lo siento. Seguramente los olvidaré en media hora –admitió, hizo una ligera mueca.

Lali encendió su modo “coquetear” , lanzó su cabello sobre su hombro y le sonrió seductoramente.

-Yo también soy terrible para recordar los nombres. Tenemos algo en común –ronroneó, lo miró lentamente. Él se echó a reí, lucía incómodo. Parecía que no estaba acostumbrado a la atención de las mujeres.

-Entonces, ¿a qué escuela ibas antes? –pregunté, estaba tratando de ayudarlo un poco.

Me sonrió con agradecimiento.

-En realidad iba a una escuela para chicos en donde vivíamos –respondió, se encogió de hombros. “Ok, eso explica el sonrojo y la incomodidad”, pensé. Casi podía ver como el cerebro de Lali estaba funcionando estaba ideando formas de entrenarlo. No pude evitar sentir lástima por el pobre chico.

-¿Una escuela para chicos? Eso no suena divertido –Lali sonrió, mordió una papa frita tratando de lucir sexy.

Nicolás estalló en carcajadas a mi lado.

-Lali, deja al pobre chico en paz, es su primer día –se burló.

Peter miró a Lali con una expresión ligeramente molesta en su rostro. De repente me di cuenta de lo que estaba sucediendo.

¡Peter está totalmente flechado por Lali! –gritó mi voz en mi cabeza.

-Vi eso, Peter –declaré, le sonreí con complicidad. Él se estremeció  trato de parecer inocente.

Sip, ¡está totalmente celoso! –volvió a hablar mi voz en mi cabeza.

-Entonces, ¿qué clases tienes esta tarde? –le pregunté a Benjamín volviéndolo a mirar, quería continuar nuestra conversación.

Me sentía un poco mal por él; era obvio que estaba como pez fuera del agua. Sacó su horario y me lo tendió. Le di un rápido vistazo y casi me atraganto con mi sádwich… tenía todas las clases conmigo.

-Tengo las mismas –dije en voz baja, se lo di de vuelta. Nicolás frotó mi pierna con ternura, me incliné hacia él en busca de apoyo. Benjamín parecía un buen chico pero no lo quería cerca a mí todo el tiempo. Estaba segura que podía lidiar con una conversación casual con él, pero si iba a casa y mi padre le preguntaba por mí, él sabría demasiadas cosas sobre mí para mi gusto.

-¿Sí? ¡Genial! ¿Crees que podrías enseñarme el camino y bueno eso? –preguntó lleno de esperanza. Asentí con la cabeza lentamente, no podía decirle que no.

Silvina se acercó pavoneándose; en esos momentos sólo tenía dos botones abrochados de su blusa.

-Hola, Benjamín. ¿Quieres sentarte conmigo? –preguntó y se enrosco un mechón de pelo con dedo.

-Silvina, te faltan abrocharte algunos botones, querida –le dije con inocencia.

Me miró ferozmente.

-Se supone que así es, fenómeno raro –espetó con repugnancia.

-En realidad, sí creo que tienes razón. Vi que esa blusa la usaba exactamente así una prostituta en una esquina ayer por la noche –respondí, le sonreí con amabilidad.

-¿Pasas el rato en las esquinas de las calles? –preguntó ella, sonrió obviamente pensaba que había ganado.

-Sí, cuando me encuentro con tu mamá –me encogí de hombros.

Nicolás y Benjamín estallaron en carcajadas.

-Perra –murmuró ella mientras salía echa una furia. Lali y Candela chocaron los cinco en altos, soltaron risitas tontas como chicas locas bajo los efecto de alguna droga.

-Eres graciosa –dijo Benjamín sonriéndome.

-Sí, me parece que hoy arruiné tus posibilidades de cogértela. Pero no te preocupes te dará otra oportunidad mañana –me burlé, mordí otro bocado de mi sándwich.

Él levantó la cabeza.

-Ella me ha vuelto loco toda la mañana; se quejaba sobre una chica que le robó a su novio. ¿Qué sujeto saldría con alguien como ella? estoy seguro que es una total cabeza hueva –se burló y encogió sus hombros.

La mesa entera, excepto Nicolás, se echó a reír.

-Ese idiota sería yo. Pero nosotros no estábamos saliendo –declaró Nicolás, sacudiendo la cabeza.

Benjamín se sonrojó.

-Oh lo siento –murmuró, se veía completamente avergonzado.

Envolví mi brazo alrededor de Nicolás.

-No te preocupes, chico amante, tu gusto ha mejorado desde entonces –dije en un arrullo, lo acerqué a mí.

Rosa, mi gusto siempre ha sido el mismo. La fruta prohibida –me mordió el cuello rápidamente, yo reí tontamente. Peter se aclaró la garganta y Nicolás se alejó de mí con un suspiro poniendo los ojos en blanco.

Dejé que Lali hablara con Benjamín por el resto del almuerzo, añadía algunas preguntas o respuestas ocasionales. En realidad Benjamín era un chico agradable. Habría sido mucho más sencillo si hubiera sido un cretino, de esa forma yo habría sido capaz de apartarlo de mi lado sin sentirme como un pedazo de mierda después. Le mostré sus clases y él se sentaba junto a mí cuando podía. Cuando el timbre que marcaba el final del día escolar suspiré de alivio.

-¿Te vas a casa? –me preguntó Benjamín, sonriendo, mientras caminábamos a mi casillero.

Sacudí la cabeza.

-No. Tengo que esperar que Peter y Nicolás terminen su práctica.

-Sí, ¿qué juega Peter? –preguntó con curiosidad.

-Hockey sobre hielo.

-Genial. Sabes, puedo darte un aventón si quieres –ofreció –mi mamá y Joaquín me compraron un auto impresionante por mi cumpleaños –añadió, sonrió de oreja a oreja. Mi corazón se hundió cuando el menciono su nombre de nuevo, la forma en que lo usaba en una conversación casual me asustaba a muerte.

-Um, gracias por la oferta, pero los voy a esperar. Por lo general es Nicolás el que me acompaña después porque Peter se va a trabajar –dije rápidamente.

-¿Dónde trabaja Peter? –preguntó, se apoyó contra los casilleros.

-En un gimnasio –metí los libros en mi bolso con más fuerza que la necesaria, me estaba poniendo incómoda.

-Parece que no le caigo bien a Peter –murmuró Benjamín, lucía un poco triste.

Sonreí de forma tranquilizadora.

-No te conoce. Es sólo que esto es raro para nosotros, eso es todo. No hemos visto a nuestro padre en tres años, y de repente se aparece aquí y ¡bang! Tenemos otro hermano y un hermanastro. A Peter no le gusta para nada el cambio –expliqué, estaba tratando un poco de rodear el problema.

Él asintió, estaba como pensativo.

-Sí, supongo que es difícil para ustedes. Entonces, que te parece si me quedo a esperar contigo que los dos terminen su práctica, así nosotros podemos conocernos el uno al otro un poco más. La verdad no quiero que esto siga siendo incómodo para ninguno de nosotros, estoy aquí ahora –me miró

¡Por la puta madre! –dijo mi voz en mi cabeza, yo no sabía que decirle, así que no dije nada, sólo asentí y cerré mi casillero.

-¿Nos sentamos afuera? Por lo general me siento bajo el árbol y espero –dije mientras salíamos del edificio.

-Suena bien –acordó, me siguió con una pequeña sonrisa.

Caminé hacia el gran roble donde usualmente me sentaba y hacía mi tarea, me senté y me apoyé contra éste. Él se dejó caer frente a mí, agarró un poco de hierba y jugó con ella nerviosamente. Había una pequeña rosa amarrilla tirada en el pasto, no sabía de dónde había llegado así que la tomé y la metí en la liga que sostenía mi cola de caballo, me recordaba a la que Nicolás me había dejado en mi ventana después de la primera noche que nos habíamos besado.

Estaba tan incómoda que me retorcía en mi lugar, estaba tratando de pensar en algo que pudiera decir.

-Así que, tú hermano menor, Mateo… Bueno, es ahora también mi hermano, bueno lo que quería decir es, ¿cómo es él? –pregunté con curiosidad.

-Es lindo. Es un dolor en el trasero, especialmente cuando llora en la noche, pero es lindo. Tengo una foto si quieres verla –ofreció, saco su billetera y me la dio.

Sonreí y la abrí con impaciencia, quería ver al pequeño bebé. Mi aliento se quedo atrapado en mi garganta cuando vi la foto, no era sólo una del bebé, era una foto familiar. Miré a mi padre; él estaba sonriendo orgullosamente con un brazo alrededor de su nueva esposa y el otro alrededor de Benjamín quien estaba sosteniendo a un niñito rubio. Mi padre parecía más viejo, su cabello había cambiado y se había vuelto un poco más grisáceo, pero sus ojos fueron lo que más llamó mi atención. Recordaba esos ojos siendo duros, fríos y siempre furiosos, pero estaban diferentes en la foto, lucían amables, cálidos y bondadosos.

-Lindo, ¿eh? –dijo Benjamín.

Aparté mis ojos de mi padre y miré al pequeño bebé; era lindo, regordete, tenía el cabello rubio y los ojos marrones y una gran sonrisa. Miré a la señora en la fotografía, ella tenía el cabello castaño claro y los ojos miel igual que mi mamá y yo. Se veía agradable.

-¿Está es tu mamá? –pregunté, señalando a la señora en la fotografía.

Él sonrió y asintió.

-Sí, su nombre es Ruth –dijo, le di su billetera.

No podía sacar de mi cabeza la imagen de mi padre sonriendo.

¿Él de verdad ha cambiado? –la pregunta vino tan de repente a mi cabeza que me mareo. Inspeccioné a Benjamín, parecía feliz, no tenía ni raspones, ni cortes, no veía una cojera delatora ni una mueca de dolor, no había nada.

-¿Qué tal te llevas con él? –pregunté de repente con curiosidad, observe con cuidado su rostro para notar alguna reacción

-¿Con Mateo? Me llevo bien. Será mejor cuando sea más grande y pueda hacer más cosas –respondió y se encogió de hombros.

Tragué audiblemente.

-No, me refiero a mi padre –aclaré, tratando de no encogerme ante el recuerdo que venía cada vez que hablaba de él. Benjamín se encogió de hombros y asintió, pero no dijo nada –debe ser difícil tener a un tipo en casa después de sólo haber sido tú y tu mamá –declaré, estaba tratando de empujarlo para que me diera una respuesta.

¿Mi padre lo está lastimando a él también, al bebé o a su mamá? –mi voz no dejaba de hacer preguntas en mi cabeza y cuando me di cuenta estuve agradecida de que no hubiera otra chica viviendo con él. El abuso físico era mala; Peter se había llevado la peor parte de eso, pero el abuso sexual, eso dejaba cicatrices mentales que sabía que todavía no se habían ido. Los recuerdos de esos domingos destellaron en mi mente y me mordí el interior de la mejilla para no llorar.

Él asintió y miró al suelo.

-Fue un poco difícil, pero ellos han estado juntos por más de dos años, así que… –su voz se desvaneció y se encogió de hombros. Abrí la boca para hondar más en el asunto pero él me interrumpió –¿por cuánto tiempo han estado juntos Nicolás y tú? –preguntó, arranco un poco de hierba.

Sonreí ante el pensamiento de Nicolás.

-Una semana y media.

-Él es amigo de tu hermano, ¿cierto? –preguntó.

-Sí. Lo he conocido desde que tenía cuatro años –confirme, amaba hablar de Nicolás. Lo comencé a extrañar. Mi cuerpo ya se había acostumbrado a verlo, habíamos estado juntos todo el fin de semana así que me era difícil estar separada de él –así que, cuéntame más acerca de ti –sugerí, me acosté sobre mi vientre y apoyé mi cabeza en mis manos, lo miré.

Él se acostó también y habló sobre su vida, lo que le gustaba y lo que no. Era un patinador aficionado y entraba en competiciones y otras cosas los fines de semana, hacía acrobacias y piruetas. Extrañaba a sus amigos. Nunca había tenido una novia. Su comida favorita era el pollo al curry. Acababa de comenzar a contarle de mí cuando divisé a Nicolás tratando hacia nosotros a través del estacionamiento, era tan apuesto que era casi doloroso mirarlo. Me puse de pie de un salto y sonreí cuando él envolvió sus brazos alrededor de mi cuerpo, me levantó del suelo y me dio un gran beso. Le devolví el beso con deseo.

Él se apartó después de unos segundos.

-Necesito tener algo de tiempo a solas contigo –susurró mientras me besaba de nuevo, fue un beso tierno en esa ocasión.

Sonreí.

-¿Qué, ahora? ¿No puedes esperar hasta que lleguemos a casa? –bromeé.

Él sacudió la cabeza.

-No, pero puedo esperar hasta el estacionamiento del gimnasio después de que dejemos a Peter –sugirió, me sonrió perversamente.

-En tus sueños, Nicolás –dije, riendo, puse los ojos en blanco.

-Seguramente –acordó mientras me bajaba, me quede a su lado y se rió ante mi expresión de horror. Benjamín se levanto y se quedo ahí parado torpemente –gracias por cuidar a mi chica por mí –dijo Nicolás y le brindó una sonrisa amigable.

-Sí, no hay problema –murmuró nerviosamente Benjamín, dio unas patadas a la hierba. Peter se acercó a nosotros, miro a Benjamín y luego a mí con una expresión confundida –bueno supongo que los veré mañana chicos. Gracias por dejarme pasar tiempo contigo, Rocio –dijo, y me sonrió.

-Sí, fue divertido. Oye, vamos a ver ese auto que tienes antes de que te vayas –sugerí, miré el estacionamiento. Él sonrió con orgullo.

-¿Qué auto tienes? –pregunto Peter con curiosidad u comenzamos a caminar.

Sabía que el auto atraparía el interés de Peter. Sonreí y lo agarré a Nicolás del brazo para retrasarlo un poco, quería dejar que Peter y Benjamín caminaran al frente, para que estuvieran un tiempo a solas. Peter necesitaba ver por sí mismo que Benjamín era un buen chico así dejaría de fruncirle el ceño. Para el momento en que Nicolás y yo llegamos a su lado, Peter estaba sentado detrás del volante de un BMW Z4 azul medianoche, pasó su mano por el tablero cariñosamente.

-Oh mierda, que lindo auto –ronroneó Nicolás, deslizó la mano por el techo con los ojos muy abiertos. Me tomó de la mano y me acercó a él –cuando sea un jugador de hockey multimillonario, te compraré uno de estos –declaró, enredó una de sus manos por mi cabello y me miró a los ojos, sentí que mis pies se separaron del suelo por un segundo.

Me presioné contra él y mordí ligeramente su barbilla.

-Prefiero tener un Ferrari –bromeé.

El suspiró dramáticamente.

-Vaya, OK, espero firmar con un buen equipo si vas a ser tan exigente –respondió, me dio un beso, me hizo anhelar que deslizara sus manos por mi cuerpo.

Después de unos diez minutos de que Peter y Nicolás babearan sobre el auto de Benjamín finalmente nos fuimos a dejar a Peter en el trabajo. Salté al asiento delantero y tomé la mano de Nicolás durante todo el camino a casa, estaba muy emocionada por tener un momento de intimidad con él. No es que fuera a ser de fácil con mi mamá en casa durante la semana, pero estaba segura que nos las arreglaríamos. Para ser sincera sólo sentarnos juntos en el sofá sonaba como estar en el cielo.

Capitulo Dieciséis

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

ROCIO

El sábado por la mañana Nicolás y yo estuvimos un largo rato “jugando” hasta que llego el momento de separarnos, yo no podía mantener la sonrisa alejada de mi rostro. La noche anterior había sido increíble, había sido mejor de lo que alguna vez pensé. Nicolás había sido muy dulce, paciente y tierno conmigo, tomó todo lenta y tranquilamente. No podía tener un novio más cariñoso.

-Vamos, chico amoroso, vámonos –ordené, me deslicé dentro de un pantalón de buzo y una camiseta sin mangas, estaba lista para mi práctica de baile.

Me tomo por la cintura y besó mi nuca.

-Es bien. Pero por favor trata de no sacudir demasiado ese lindo trasero en mi rostro, porque quizás tenga que rasgar esos sexys pantalones y hacerte el amor justo en frente de todo tu equipo –gruñó, le dio un mordisco leve a mi cuello.

Me reí ante su comentario. Nunca me había dicho nada como eso antes así que me sonrojé mientras golpeaba su hombro con pequeñas palmaditas.

-Sal de mi cuarto, hombrezuelo –bromeé, lo empujé riendo. Sujetó mi mano y tiro de mí, sonreía con felicidad. No pude evitar mirar su trasero mientras comino enfrente de mí.

¡Wow, me he convertido en una pervertida! –escuche mi voz en mi cabeza.

La práctica de baile fue genial. Parecía que finalmente me estaba saliendo el levantamiento con el que había tenido problemas la semana pasada, por lo menos no había caído sobre mi trasero muchas veces. Terminamos yo estaba cansada y sudorosa. Nicolás se había sentado en el salón pacientemente observando la clase como de costumbre, mientras bromeaba con Gabriel. Parecía que Nicolás estaba sonriendo más de lo normal. Supuse que había sido difícil para él tener que esperar una semana entera para tener sexo conmigo, podía apostar que era la primera vez que esperaba a una “novia” por tanto tiempo. Probablemente estaba satisfecho de finalmente haberlo hecho conmigo la noche anterior, sobre todo después de todo el flirteo que habíamos tendido.

Espera, ¿sólo hemos salido por una semana? –escuche a mi voz hablar dentro de mi cabeza y me reí para mí misma –vaya soy una zorra. Me acosté con un chico con el que he estado saliendo por una semana –Dijo mi voz en broma y me sorprendí aun más por nunca, ni en mis más locos sueños, pensé jamás decir eso. Pero para mí era como si hubiéramos salido juntos desde siempre porque con él todo era demasiado fácil, lo conocía por mucho tiempo.

Cuando salimos de práctica, fuimos a un pequeño café y compramos algunos emparedados, nos fuimos a comer a un parque que quedaba cerca. Nicolás se sentó bajo la sombra de un árbol, abrió sus piernas invitándome con los ojos para que me sentara entre ellas. Cuando estaba a punto de sentarme, me detuvo.

-Espera, Rosa –se quitó su sweater con capucha y lo tendió en el sueño para que yo me sentará sobre el.

-Gracias –le sonreí, me senté y me recargué en su pecho, comencé a comer. Como de costumbre, Nicolás prácticamente tragó su comida sin respirar y envolvió sus brazos a mí alrededor. Me reí cuando me di cuenta que hacía un poco de una semana cuando pensaba junto a un chico como pareja no podía siquiera imaginarlo, me asustaba como el infierno la idea de tener novia porque nunca había querido que un hombre me tocara de esa manera. Después de lo que mi padre me había hecho con todo lo del toqueteo había quedado traumada. Siempre había pensando que nunca tendría novio, jamás me había dado cuenta que ya tenía al chico perfecto que era dulce y amable, que era ese que me mantenía a salvo todas las noches.

-Podría quedarme aquí para siempre –susurré, cerré mis ojos y suspiré con alegría.

Me dio un beso a un lado de mi cabeza.

-¿No te arrepientes de haber hecho el amor conmigo, entonces? –preguntó.

Me giré para mirarlo de frente, pretendiendo pensar la respuesta acerca de su pregunta.

-Eso depende. ¿Vas a dejarme ahora que ya cedí? –bromeé

Me sonrió con malicia.

-Hmm, quizás debería –contesto y me besó suavemente.

Sonreí contra sus labios.

-Bueno quizás debería hacerlo yo primero y botar tu candente trasero de mi lado así me ahorraría la humillación –sugerí, lo miré sonriéndole.

Se rió y se recostó sobre su espalda, tiró de mí para que me echara sobre él.

-Si me botas de tu lado voy a estar rogándote que me aceptes de nuevo hasta el  día que me muera –declaró, acarició mi espalda.

-¿Rogando de rodillas? –pregunté riendo.

Asintió y me miró seriamente.

-Sí, lo que sea necesario. Donde sea que vayas, estaré siguiéndote, rogándote por otra oportunidad. Seré como un acosador obsesionado –bromeó, rodo sobre su espalda y quedo sobre mí.

-Eso sería como un dolor en mi trasero. Tal vez sólo debo quedarme contigo –sonreí, encogí mis hombros.

Asintió.

-Buen plan –coincidió, me besó apasionadamente, terminando así la conversación.

 

Después de una hora en el parque nos fuimos a capa para empezar a ordenarla. Como de costumbre el lugar estaba hecho un desastre. Cuando llegamos Peter ya había empezado a limpiar. Esa vez teníamos que hacer un muy buen trabajo porque mamá volvería al día siguiente. Ella no tenía ni la menor idea que nosotros llevamos a cabo una gran fiesta en casa todas las semanas. Necesitábamos tanta ayuda como era posible así que llame a Lali, para ser honesta cuando ella llego nosotros no habíamos avanzado mucho. Lali me siguió a todas partes, quería enterarse cada pequeño detalle de la noche anterior, quería saber cómo era él, cómo había sido el momento y cualquier otro detalle. Yo me negué a contestar más preguntas como, cuánto había durado y qué tan grande la tenía.

Cuando terminamos de limpiar, nos acomodamos los cuatro con una pizza y un DVD en frente de la televisión.

-Así que ahora que estos dos están emparejados, Peter, sólo quedamos tu y yo –le dijo Lali a mi hermano, le sonrió coquetamente.

Él hizo una mueca.

-Eres una chica demasiado buena para mí, Lali –le dijo, sonrió perversamente.

Ella se rió.

-¿Y quién te ha dicho que soy una chica buena? Y si lo fuera, quizás tú puedes corromperme –lo miró de arriba abajo lentamente.

Me aclaré la garganta teatralmente, obtuve su atención.

-Paren. La película empezó. No coqueteo durante las películas de terror, ésa es la regla, ya lo saben –los reprendí, traté de sonar severa. Peter me dio una sonrisa de agradecimientos. Rodé los ojos. “Él realmente no ayuda; ¿si no la quiere encima de él entonces por qué le sigue el juego”, pensé.

Me acurruque contra Nicolás. Cuando terminó la película, Nicolás se fue a su casa como de costumbre tenía que seguir manteniendo las apariencias con sus padres. Con mi madre llegaba al día siguiente, nosotros nos teníamos que cuidar aún más para que ella no se enterara que Nicolás se quedaba a dormir conmigo. Yo no creía que a mi madre le gustaría escuchar que el chico de al lado duerme con su hija todas las noches. Antes de echarme a dormir decidí tomar un largo y agradable baño en la bañera. Aún estaba un poco adolorida por haber tenido sexo y además bailar por horas en la mañana había puesto a mis músculos un poco tensos. Me deslicé en la bañera, cerré mis ojos, estaba completamente feliz.

-Hey, tú –dijo Nicolás desde la entrada minutos después.

-Hey –saludé, no abrí los ojos.

-¿Otro baño frío? –preguntó, se rió. Sacudí mi cabeza y le eché un vistazo. Estaba apoyado contra el marco de la puerta, una pierna colgaba casualmente sobre la otra, tenía los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa en su rostro. Se veía más candente que el infierno.

-En realidad, está tibio. ¿Quieres entrar? –ofrecí.

Se sorprendió un poco.

-¿En serio? –preguntó, se paró derecho, se veía ridículamente anhelante.

Me reí en confirmación.

-En serio.

Más rápido de lo que creí posible, él ya estaba desnudo, sentado en la bañera detrás de mí, envolvió sus brazos a mí alrededor.

 

El domingo se paso increíblemente rápido. Estaba realmente emocionada de ver a mi madre; no la había visto por más de dos semanas. Miré el reloj y eran las seis en punto de la tarde, en cualquier segundo llegaría mi mamá. Estaba sentada en el regazo de Nicolás en la sala, prácticamente vibrando de emoción. Cuando escuché el auto detenerse afuera de la casa, corrí hacia la puerta, chillando alegremente.

Peter saltó unos segundo después y me sujeto de la cintura por detrás, se rió cuando me tiró sobre el sofá.

-Yo primero, renacuajo –declaró, corrió a la puerta y yo reí.

Salí detrás de él y ambos atacamos a mamá con un gran abrazo.

-¡Hola, Pedro. Hola, Rocio! –gorjeó, nos abrazó con fuerza. Nicolás fue directo a la camioneta y sacó su equipaje. Cuando los tres nos separamos mamá estaba sonriendo con lágrima en los ojos –los extrañe chicos –dijo, nos dio un beso a cada uno, se veía que estaba feliz –Hey, Nicolás. ¿Tienes un abrazo para mí? –preguntó mi mamá con una sonrisa.

Nicolás se rió y asintió con la cabeza.

-Siempre, Adriana –dijo y la abrazo en un gran abrazo de oso.

-Te has vuelto más guapo –declaro mi mamá, y palmeo su mejilla afectuosamente.

Él se rió.

-Y no sé –contestó, sacudió la cabeza sonriendo. Me mordí el labio inferior; “Definitivamente se ha vuelto más guapo”, pensé. Mi mamá adoraba a Nicolás, toda la vida lo había hecho. Nicolás pasaba mucho tiempo en nuestra casa, y desde que mi padre se fue mi mamá se hizo muy cercana a Laura y Osvaldo, por fin podía “socializar”.

-Entonces, ¿de qué me he perdido? –preguntó, enganchó uno de sus brazos con uno de los míos, caminamos juntas hacia la puerta, los chicos se quedaron cargando las maletas.

Sonreí, sabía que ella iba a enloquecer cuando le contara acerca de mí relación amorosa con Nicolás.

-Bueno, no demasiado. Me enamoré –dije con alegría.

Jadeó y me obligó a detenerme, me miraba tan sorprendida que me dio risa.

-¿Tú…Tú qué? –tartamudeó, me miraba con una expresión perpleja en su rostro.

Sonreí y la hice entrar a la casa, tiré de su brazo hasta que llegamos a la cocina.

-Tengo un novio –confirme, yo estaba sonriendo de oreja a oreja.

-Oh, Rocio, ¡nunca pensé que serías capaz de hacerlo! Estoy tan orgullosa de ti, cariño. Sé que tan difícil te es dejar que las personas estén cerca de ti –susurró, me abrazó con fuerza, note que sus ojos brillaban con algunas lagrimas de nuevo. Nicolás y Peter entraron a la cocina, ambos se recargaron contra el mostrador. Nicolás me dio un pequeño guiño y yo sonreí en respuesta –Bueno, ¿Cuál es su nombre? ¿Cuándo lo conozco? Oh espera ¿Pedro lo sabe? –susurró la última pregunta, ella sabía lo sobreprotector que era Peter conmigo y tenía miedo de haberme desenmascarado delante de él.

Me reí y miré a Peter que estaba mirando a Nicolás.

-Sí, mamá. Peter lo sabe –confirmé y reí entre dientes.

-Bueno y, ¿Quién es? ¿Cómo es? –preguntó, me sonreía emocionada.

-Bueno, mayormente es un dolor en el trasero. Es arrogante y demasiado seguro de sí mismo. Pero por el lado positivo, es extremadamente guapo –declaré, miré a Nicolás, él estaba tratando de no reírse.

-¡Las apariencias no duran, Rocio! ¡No deberías basar una relación en cómo luce alguien! –me regañó, tenía sus cejas juntas en señal de desaprobación.

Me reí.

-No te preocupes, mamá, yo lo voy a dejar cuando ya no luzca guapo –bromeé.

-¡Más te vale que no! –advirtió Nicolás, se puso a mi lado y me abrazó por la cintura.

Mi mamá nos miró a los dos, se le veía sorprendida. Sus ojos se movieron hacia Peter, como preguntándole algo, tenía una expresión en su rostro entre confundida y desconcertada. Peter asintió con la cabeza a regañadientes. De repente, mi mamá empezó a reír y a menear la cabeza.

-¡Debí haberlo sabido! Todas las provocaciones y cosas por el estilo, no me di cuenta que era tensión sexual –dijo mi mamá, Peter bufó enojado y ella rio más fuerte.

-¡No quiero saber! –gruñó Peter, se cubrió rápidamente los oídos, y sacudió su cabeza en negación. Todos reímos por su actitud.

Mi madre me jalo hacia ella y me dio un abrazo.

-Estoy tan feliz por ti, Rocio. Nicolás es un chico tan bueno –susurró.

-Sé que lo es –coincidí ella me soltó. Tomé la mano de Nicolás, y me recargue contra él. Un deseo de llevarlo a mi cuarto y tener sus manos frotando mi cuerpo apareció de nuevo, no había estado con él desde la mañana y sentí que había sido una eternidad.

-Felicidades, chicos –chilló y nos sonrió. Nicolás apretó mi mano, me sonrió con felicidad e hizo que mi corazón se derritiera en mi pecho. Mi mamá sonrió con un poco de tristeza, miró primero a Peter y luego a mí –chicos, necesito hablar con ustedes acerca de algo. Hay una razón por la que volví ahora –admitió, su voz se tenso y su rostro estaba con una expresión seria.

Peter se puso rígido, su rostro se endureció.

-No queremos verlo si eso es lo que vas a decir –dijo con severidad, caminó y se paró a mi costado con una actitud protectora hacia mí.

Mamá negó con la cabeza.

-No es así de simple. Me gustaría no tener que decirles esto, pero él me ha puesto en una posición muy difícil, lo lamento –dijo en voz baja. Nicolás y Peter se pusieron inconscientemente más cerca de mí, estaba completamente apretujada por los cuerpos de ambos.

Por dios, ¿por qué demonios están tan preocupados? ¡Él no está aquí ahora! –se quejó mi voz en mi mente.

-Mamá, ¿Qué quieres decir? No dejaré que ese imbécil se acerque a Rocio –gruñó Peter, se podía notar que estaba muy enojado.

Mi mamá empezó a llorar, empuje a los chicos, caminé hacia ella y le di un abrazó.

Mierda, esto es malo. Lo que sea que ella nos quiera decir, la está alterando demasiado –me dije.

-Mamá ¿Qué pasa? ¿Qué está mal? –susurré, no quería llorar. Odiaba ver a mi mamá alterada, yo la veía como la fuerte.

-Necesito sentarme –dijo en voz baja, se limpió su cara con una mano, secando las lágrimas, tomó un profundo respiro. La seguí a la sala y me senté en el sofá, apenas podía respirar. “¿Volvió con él?, ¿él se quiere mudar con nosotros?, ¿la demando por qué quiere vernos? , ¿quiere nuestra custodia?”, todos esos pensamientos pasaron zumbando a través de mi mente, fue tan rápido que me sentí enferma. Nicolás se sentó a mi lado, me envolvió en un fuerte abrazo. Me acerque a él pidiendo apoyo, sin saber lo que mi madre nos quería contar.

-Su padre se ha mudado aquí –dijo ella suavemente.

Peter saltó de su asiento.

-¡Hijo de puta! ¡Le dije que se mantuviera lejos! –gritó furioso, se veía como si quisiera golpear algo.

Mi madre asintió.

-Pedro, él quiere estar en contacto con ustedes dos de nuevo. Dice que lamente todo y que ha cambiado. Quiere que le den otra oportunidad.

-¿Quieres decir que quiere otra oportunidad para tratar de violar a Rocio? –gritó Peter. Me estremecí cuando los recuerdos aparecieron. Los brazos de Nicolás se tensaron a mí alrededor, tenía sus manos apretadas en puños.

Mi madre sacudió la cabeza, lo miró suplicante.

-¡Pedro, esto no me gusta más que a ti, así que por favor deja de gritarme! Odio que sea yo las que les tenga que decir esto, pero no es mi culpa –dijo, comenzó a llorar de nuevo.

Peter suspiró y meneó la cabeza, se arrodilló frente a ella y la abrazó.

-Lo siento. No debí desquitarme contigo –le dijo, aun sonaba enojado. Presioné mi cara contra el hombro de Nicolás e inhalé su aroma. Sentí sus labios en mi cuello y me concentré en la sensación de su respiración soplando tranquilizadoramente por mi espalda, podía sentir que estaba tratando con locura controlarse. Luego de un minuto de silencio absoluto, Peter habló –¿Por qué volvió? ¿Por qué no sólo le dijiste que no queríamos verlo? –preguntó.

Mi mamá cerró sus ojos y sonrió con tristeza.

-Se volvió a casar. Tiene un hijo de un año, que es su medio hermano. Por lo que sé, la mujer con la que se casó ya tenía un hijo. Él tiene diecisiete años. Su padre quiere que ustedes dos conozcan a su nueva familia –dijo ella, su voz sonó con burla cuando dijo “nueva familia”

Mierda, ¿tengo un hermano pequeño, y un hermanastro? –habló mi voz en mi cabeza.

Peter saltó.

-¡Ese hijo de puto debió haber sido castrado! ¡Le debieron haber prohibido tener más hijos! –gritó, paso sus manos por su cabello.

-Necesitaba volver hoy y hablar con ustedes porque el chico más grande, Benjamín se llama; él va a empezar en su escuela mañana. Sabe acerca de ustedes dos –dijo, me miró como pidiéndome disculpas.

Peter pateó con fuerza la mesa de centro la cual salió volando. Nicolás se paró protectoramente frente a mí de un salto, Peter estaba gritando blasfemias y pateaba la mesita una y otra vez, por su cara de dolor supe que se había lastimado el pie pero él seguía. Me pare del sofá, empujé a Nicolás, apartando su cuerpo mientras él intentaba impedirme que me acerque a mi hermano. Agarré del brazo a Peter, él se detuvo y me miró. En su rostro se podía ver pura ira, pensé que si mi padre hubiera estado en esa sala, en ese momento, estaría muerto. Aquel hombre necesitaba mantenerse alejado de Peter. Lo abracé con fuerza, quería tranquilizarlo antes que se hiriera peor a sí mismo. La única manera que podía yo calmar a Peter cuando enloquecía de esa manera era hacerle creer que estaba alterada, por lo usual eso le hacía desaparecer la ira bastante rápido.

-Peter, detente. Me estás asustando. ¿Por favor? –susurré, lo abracé más fuerte para calmarlo.

Él estaba temblando por la rabia, me abrazo con fuerza.

-Está BIEN. Shh, todo está BIEN. Lo siento –murmuró, me acarició la espalda con suavidad, comenzó a revelarse su naturaleza sobreprotectora.

-Lo siento –murmuró mi madre la cual estaba sollozando detrás de nosotros.

Me separé de Peter y me senté junto a ella.

-Está BIEN, mamá. Nada de esto es tu culpa. Ya veremos qué hacer. Ni Peter ni yo queremos verlo, así que simplemente no lo veremos –declaré, pretendí que todo sería fácil.

-¿Qué hay sobre este chico, Benjamín, tu hermanastro? Él va estar en su misma escuela mañana. Él sabe quiénes son pero no sabe que paso entre ustedes. Tu padre me dijo que su nueva familia piensa que no quieren verlo debido al rompimiento de nuestro matrimonio, nada más –dijo ella sacudiendo la cabeza.

Peter se rio sin humor.

-Sí, ¿Por qué el bastardo le diría a su nueva esposa que golpeó por años a su vieja familia, y luego intento violar a su propia hija? ¿No es algo que puedas sacar en una conversación casual, cierto? –escupió con repugnancia en su voz. Me estremecí otra vez. Odiaba la palabra violar, era horrible.

-¡Peter, maldita sea! ¿Puedes dejar de decir eso? –chilló Nicolás, lo miro con enojo y se sentó enfrente de mí, tomó mi mano.

-Lo siento, Rochi, no pensé –Peter murmuró con disculpa.

Sacudí mi cabeza y fingí una sonrisa.

-Está bien, Peter, no te preocupes –agité la mano con desdén, pretendí que no estaba nada afectada por la situación que estábamos viviendo –¿Cuál es el nombre del bebé? –le pregunté a mamá, quería saber algo sobre el hermano pequeño que me acababa de enterar que tenía.

Ella sonrió con tristeza.

-Mateo

Mateo, qué lindo nombre, me gusta –escuché a mi voz en mi cabeza y sonreí. Comencé a sentir como la histeria empezaba a crecer dentro de mí, necesitaba estar sola.

-Bueno, supongo que no hay nada que podamos hacer al respecto ahora. Tendremos que ver como es ese Benjamin mañana. Pero no quiero tener nada con mi padre jamás –declaré segura de lo que sentía, me puse de pie –voy a recostarme. Tengo dolor de cabeza –dije y empecé a caminar.

Necesito salir de aquí antes de tener una crisis enfrente de Peter, eso sólo lo volvería a poner loco –me decía mentalmente una y otra vez.

Nicolás tomó mi mano.

-¿Quieres algo de compañía? –me preguntó en voz baja, me miró con su expresión habitual de perrito abandonado. “Sabe que no le puedo decir que no a esa carita”, pensé y sonreí ligeramente.

-Sí –asentí ligeramente, caminé unos pasos.

-Estaré contigo en un minuto. Sólo voy a ayudar a Peter a limpiar esto –me dijo Nicolás en un susurró, mirando hacia el desastre de madera rota el cual solía ser nuestra mesita de centro.

Asentí y me alejé rápido de ellos. Los escuché susurrar, yo sabía que ellos estaban hablando sobre mí, pero simplemente en esos momentos no me importaba nada. Me eche en posición fetal en mi cama y sollocé mientras pensaba en lo que había pasado. Mi padre estaba en la ciudad y quería tener contacto con nosotros otra vez. Tenía una nueva familia.

¿Los trata bien? ¿Los ama? Y si los trata bien y los ama, ¿Por qué mierda no pudo ser así con nosotros? ¿Por qué nunca nos amó? –no podía evitar que mi voz hiciera preguntas sin respuesta en mi cabeza.

Unos minutos después Nicolás entró al cuarto, envolvió su cuerpo alrededor del mío, me dejó sollozar en su pecho. La última cosa que pasó por mi mente antes de dormirme fue que sabía que en ese momento mi vida era demasiado perfecta. Y yo sabía que no debía tener esperanza que todo terminaría en un final feliz. Yo nunca había tenido un final feliz.

 

Nicolás.

-¿Cuál es el nombre del bebé? –preguntó Rocio curiosa a su mamá. Ella había estado muy calmada. Yo sabía que probablemente se estaba muriendo por dentro pero ella no quería que nadie lo notara, era muy probable que lo estuviera haciendo para que Peter no se molestara más. Sus ojos estaban entre cerrados; su mano estaba sosteniendo la mía con fuerza, con demasiada para que yo me comiera el cuento de que todo estaba bien.

-Mateo –respondió Adriana, en su rostro se podía ver tristeza.

Rocio sonrió.

– Bueno, supongo que no hay nada que podamos hacer al respecto ahora. Tendremos que ver como es ese Benjamin mañana. Pero no quiero tener nada con mi padre jamás –declaró, como si no le importara nada que el hombre que la golpeó por años, él que había intentado violarla, estuviera de regreso y quisiera verla otra vez. Se puso de pie y soltó mi mano. Instintivamente salté y me puse de pie. Peter todavía estaba realmente molesto, yo sabía que él jamás lastimaría a Rocio a propósito pero si se salía de control ella podía salir lastimada por accidente, así que necesitaba cuidarla, sólo por si acaso –voy a recostarme. Tengo dolor de cabeza –murmuró Rocio, se alejó y no había derramado una sola lágrima.

Esto es malo; ella de verdad va tener un ataque en cualquier momento –dijo mi voz en mi cabeza, lo había notado por la manera que sus hombros se encorvaban ligeramente.

-¿Quieres algo de compañía? –le pregunté, estaba rezando internamente para que me dijera que sí, para que no me alejará de su lado en ese momento.

-Sí –asintió ligeramente y caminó sin esperar por mí.

Quería hablar con Peter antes de ir con ella, quería asegurarme que él no fuera a salir por ahí sin mí o a hacer alguna locura.

Estaré contigo en un minuto. Sólo voy a ayudar a Peter a limpiar esto –mentí, mirando hacia las astillas de madera esparcidas por el suelo. Ella asintió y se alejó rápidamente. La miré caminar por el pasillo y cuando la perdí de vista me giré para hablar con Peter –No te atrevas a hacer nada solo por tu cuenta. Estoy hablando en serio, Peter. Si quieres ir a buscarlo, entonces iré contigo –susurré con tono de advertencia.

Él frunció el ceño y asintió de mala gana.

-No voy a ir a verlo a menos que haga falta. Si él no se acerca a nosotros no quiero ser yo el que lo haga pero si él se acerca a Rocio, lo mataré –gruñó.

Asentí, sabía que hablaba en serio, lo podía ver en su rostro. Si Joaquín Igarzabal se acercaba a mi Rosa estaría en un grave problema, porque si Peter no lo mataba, entonces lo haría yo.

-Escucha, necesito ir con ella y asegurarme que esté bien. Hablamos más tarde sobre esto. No hagas nada imprudente, Peter –dije con severidad. Él asintió y yo prácticamente corrí hasta donde estaba ella. Entré a su habitación; Rocio estaba en posición fetal en su cama, sollozaba su dolor.

Odio verla así –Dijo mi voz en mi cabeza, recordé cuando solía verla así cada noche desde que ella tenía ocho. Verla de nuevo así me rompía el corazón.

Me acosté enfrenté de ella y envolví mis brazos alrededor de su cuerpo con fuerza, lancé mi pierna alrededor de las de ella, la acerqué más a mí, descansé mi barbilla en la cima de su cabeza.

Si ese hombre la vuelve a tocar otra vez voy a matarlo. No la dejaré vivir asustada por un imbécil. No me importa si termino gastando mi vida en ello, mientras ella esté segura, eso es todo lo que necesito –mi voz habló clara en mi cabeza, yo sabía que quería.

Después de media hora donde sollozó histéricamente, su respiración se volvió más profunda. Me retiré lentamente y la miré. Se había quedado dormida. Su cara estaba roja e hinchada, sus mejillas estaban manchadas por sus lágrimas, pero aun así lograba verse como la chica más hermosa del mundo. Besé su frente y limpié sus lágrimas, me desenredé con mucho cuidado.

Salí a hurtadillas de su habitación y me encontré con Peter que estaba sentado en el sofá; su madre estaba en la cocina haciendo la cena. Me senté cerca a él, lo miré. Lucía tan estresado; no lo había visto así en un par de años.

La última vez que lo había visto así había sido cuando su papá se puso en contacto hacia dos años. Eso fue cerca de un año después de que lo hubiéramos golpeado y sacado a patadas de la casa.

Por lo que tenía entendido, Joaquín había querido verlos otra vez para pedirles perdón, o por lo menos eso es lo que había dicho él, pero Peter se había vuelto loco, y en términos fuertes le dijo a su papá que si se acercaba otra vez a Rocio, lo cortaría en pedazos. Había sido por suerte solo una conversación por teléfono; de otro modo Joaquín estaría muerto.

-¿Todo bien Peter? –pregunté, agarré su hombro y lo apreté suavemente.

Él suspiró y asintió.

-¿Ella está bien? –preguntó en voz baja.

Sacudí mi cabeza.

-No –admití con tristeza. Lo miré mientras la expresión de su rostro se enfurecía; odiaba ver a Peter así –pero, ahora está dormida.

-Tienes que ayudarme Nicolás –murmuró y cerró sus ojos.

-Claro que lo haré –asentí con rapidez. Haría lo que sea para mantener a salvo a mi Rosa, cualquier cosa.

-No la quiero sola por su cuenta. Siempre a toda hora uno de nosotros va a estar con ella. ¿Puedes quedarme tú mientras yo trabajo? –preguntó, me miró esperanzado.

Sonreí con un poco de culpa.

-Siempre lo hago Peter. No te preocupes. Todo va a estar bien. Ella estará bien –sonreí de modo tranquilizador. Nunca dejaría que nada la lastimara otra vez. Lo había permitido cuando ella era una niña y nunca me había podido perdonar. Siempre me había preguntado qué hubiera pasado si lo hubiera contado a mi papás, quizás su padre hubiera pasado antes.

Él asintió.

-Sí, lo sé. Escucha, mañana, no sé cómo va a reaccionar con ese chico Benjamin. Ya sé que él no sabe nada, pero ¿qué si el empieza a preguntarle por qué no vemos a nuestro padre? Podría molestarla en la escuela. Ella odia eso. Ella lleva años tratando de olvidar lo que paso –dijo tristemente.

-Peter, sólo tenemos que ver que pasa –tomé un profundo respiró y decidí decirle acerca de lo que había estado pensando desde que su madre contó que el imbécil se había mudado de nuevo a ciudad. No estaba muy seguro de cómo Peter reaccionaria a mi sugerencia, pero; tenía la esperanza lo viera desde mi punto de vista, que se diera cuenta que solo estaba pensando en Rocio y su bienestar –sabes me iré a la universidad en un par de meses. Bueno, iba a rechazar lo de la beca en la otra ciudad e ir a la universidad de  aquí, no me quiero separar de ella, pero si las cosas se ponen peor, me la llevaré conmigo. Puede transferirse de escuela –sugerí, encogí mis hombros, esperaba su respuesta.

Había estado pensando bastante sobre eso, desde que había recibido la carta de aceptación. Esa universidad era una oportunidad increíble para mi carrera, pero no me quería ir. No quería dejar a Rocio ni siquiera antes de ser novios, pero en esos momentos que ya era mía no iba a poder sobrevivir lejos de ella. Pensé mucho sobre ir o no a la universidad local, o preguntarle a ella para que se fuera conmigo a la otra. El problema era que Rocio sólo tenía dieciséis, estaba seguro de que tendría que entrar a la universidad local y quedarme con ella. Pero la situación de la vuelta de su padre se había presentado, y me había vuelto la idea de pedirle que se fuera conmigo. Podría alejarla de todo; podríamos tener un nuevo comienzo donde ella no pensaría sobre su padre cada día, donde no se preocuparía por encontrarse con él cada vez que saliera de casa.

Esperaba que Peter se volviera contra mí por siquiera sugerir alejar a Rocio de su lado, pero me sorprendió cuando eso no sucedió. Él sólo asintió.

-Gracias, amigo –dijo con tristeza.

-Voy a preguntarle a tu mamá si puedo pasar aquí la noche –dije, me puse de pie y camine a la cocina. Adriana tenía una expresión de molestia en su rostro; sus ojos todavía estaban rojos por lo que había llorado.

Ella se acercó a mí y me abrazó con fuerza.

-Eres un buen chico, Nicolás, siempre lo has sido –dijo con lágrimas en sus ojos.

-¿Es eso un, “sí, puedes compartir la cama con mi hija, Nicolás”? –bromeé, quería aligerar el ambiente. Funcionó, ella se rió.

-Sí, claro –asintió, puso los ojos en blanco y suspiró audiblemente.

La besé en la mejilla.

-Todo va estar bien. Peter y yo la cuidaremos –le prometí, la abracé con fuerza.

Ella asintió.

-Sé que lo harán. Sólo cuida también a Peter por mí. Tengo el sentimiento que va hacer algo imprudente y va a meterse en problemas –dijo ella frunciendo el ceño.

-Lo cuidaré. No te preocupes por nada –sonreí y la solté –voy a buscar algo de ropa a mi casa. No tardaré mucho –me giré y prácticamente corrí a mi casa, quería ser lo más rápido posible.

Mi mamá estaba planchando en la sala.

-Oye, mamá. Me quedaré con Rosa esta noche –le informé mientras la pasaba sin siquiera esperar por una respuesta. Empujé algo de ropa limpia y mis libros de la escuela dentro de mi bolso, caminé de regreso a la sala para ver a mi mamá. No la había visto desde el viernes por la mañana cuando había salido de mi habitación, pretendiendo que había pasado la noche en casa como de costumbre.

-¿Cómo van Rocio y tú? –preguntó ella, sonreía llena de felicidad.

Sonreí, pensé lo bien que nos estábamos llevando.

-Increíble. Realmente increíble. –admití.

Ella me dio una  brillante y feliz sonrisa.

-Ustedes dos están teniendo cuidado, ¿cierto? –preguntó, me miró con advertencia en sus ojos.

Sonreí y asentí.

-Sí, mamá, Rosa está tomando la píldora –declaré, puse los ojos en blanco. “Ella jamás me ha preguntado sobre mi vida sexual antes ¿y ahora de repente está interesada”, pensé –escucha, tengo que irme. Adriana está de regreso así que está haciendo la cena. Sólo vine para tomar algo de ropa –moví el bolso en mi hombro, miré la puerta con ansiedad; sólo quería regresar a la casa de los Igarzabal lo más rápido posible, tenía miedo que mi Rosa se despertará.

Mamá me miró llena de curiosidad.

-¿Adriana está en casa y va a dejar que te quedes con Rocio? –preguntó, lucía un poco sorprendida. Sonreí, sabía que bajo circunstancias normales Adriana hubiera pateado mi trasero sólo por preguntar si podía quedarme, pero con todo lo que había pasado a ella parecía no importarle.

-Sí, dijo que estaba bien –le di un beso en la mejilla –te veo mañana en la noche cerca de las nueve cuando Peter llegue a casa del trabajo ¿de acuerdo? –le dije sobre mi hombro mientras caminaba hacia la puerta.

Suspiró dramáticamente.

-Fue lindo verte, Nicolás –digo sarcásticamente.

Me reí.

-Te amo, mamá.

-También te amo –dijo, justo cuando cerré la puerta.

Corrí tan rápido como pude a la casa de Rocio, ella todavía estaba dormida en la misma posición que la había dejado. Sólo eran las siete treinta; quizás ella dormiría toda la noche. Me acosté a su lado y la miré. Instantáneamente ella se acurrucó contra mí, como lo hacía cada noche. La envolví fuertemente con mis brazos y cerré mis ojos, estaba tratando de que el peor recuerdo de mi vida no se posicionara de mi mente pero estaba fallando miserablemente. La imagen de entrar a la casa y ver como su padre trataba de violarla mientras ella yacía en la alfombra del salón sangrando. Recordé que después que Joaquin se fue, Rocio admitió que él la había estado tocando desde que tenía cinco años. Después de esa confesión, ella nunca más habló sobre ese tema. Creía que lo había enterado muy profundamente dentro de ella y luego había pretendido pensar que nunca había pasado o algo así, como en un estado de negación. La única vez que la coraza se caía y podías ver las secuelas de esos acontecimientos era cuando las personas la tocaban y ella entraba en pánico.

 

Un rato después que me había acostado con ella, Peter trajo dos platos de comida. Miró a Rocio con una expresión de dolor en su rostro.

-¿Crees que deberíamos despertarla para que coma algo? –susurró.

Sacudí mi cabeza.

-No, déjala dormir. Si despierta con hambre le hago algo –dije en voz baja, comí el plato de pasta con avidez. Peter se sentó al pie de la cama y miró un rato a Rocio dormida –estará bien, Peter –prometí.

Suspiró y asintió.

-Sí lo sé. Buenas noches, Nicolás –sonrió con tristeza, tomó mi plato vació y el plato sin tocar de Rocio y salió de la habitación. Me envolví alrededor de ella otra vez y la vi dormir hasta que me venció el sueño.

Capitulo Quince

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

NICOLÁS

Había estado con Rocio por una semana, y honestamente había sido la mejor semana de mi vida, y muy probablemente de la vida de cualquiera. Ella era tan perfecta. La había querido durante tanto tiempo que me preocupaba el hecho de no tenerla nunca, pero en esos momentos la tenía, era mía, y tenerla a mi lado era mucho mejor de lo que alguna vez me había imaginada. La tenía en un pedestal tan alto que estaba sorprendido de que fuera un ser humano. Estar con ella era mejor que cualquier cosa que podría haberme pasado.

No podía esperar para esa noche. Como de costumbre, había una fiesta en la casa de Peter, la celebración después de los partidos, como cada viernes. Yo había planeado bailar con mi chico esa noche. Me puse unos jeans rasgados y una camisa blanca, me dirigí a su casa. Estaba tan emocionado por verla que podría haberme puesto a cantar en cualquier momento. Aún no podía creer que alguien como yo fuera tan afortunado de tener a alguien como ella enamorada de uno. Podía tener a cualquier chico que quisiera; era preciosa, lista, divertida, y amable. Prácticamente cada chico de la escuela la deseaba, no es que los culpara; su cuerpo era muy sexy, y todo por ese baile…

Me esforzaba por verla en su práctica de baile cada sábado, me enloquecía y me encendía cada vez que la veía saltar por alrededor de la pista, sacudiendo el culo. Ella para ser sincero me hacía agua la boca, la quería mucho. Y ese día iba a ser mucho peor que antes, sobretodo porque ya había tenido mis manos en ese pequeño culo respingón que vería sacudirse por mí alrededor.

Entré a su casa y caminé directo a la cocina, quería ayudar a Peter a ordenar las bebidas y aperitivos como de costumbre. Imagine que Rocio estaba en su habitación arreglándose para verse más increíble que de costumbre, si eso era posible, seguramente solo quería sacarme la vida en un suspiro cuando la viera, como lo hacía siempre. Ella había insistido en flirtear conmigo todos los días en la escuela por la estúpida apuesta. Cada día se ponía peor y peor. Cada día se volvía más segura de su misma; sabía exactamente cuando alguno de sus movimientos me afectaba, y lo usaba para su ventaja. Aunque la verdad no me importaba mucho que lo hiciera, ella pasaba un buen rato haciéndolo y verla disfrutar de algo me hacía feliz.

Rocío había estado involucrándose más en nuestra relación desde que me había dicho que me amaba, cada vez llevaba las cosas un poquito más lejos. Esto me preocupaba un poco al principio. No quería que ella pensara que todo lo que yo quería de ella era sexo, le había dicho que la esperaría, y que lo haría todo el tiempo que fuera necesario. Y era verdad porque yo la quería más que nada en el mundo. La quería a tal punto que si hubiera pensado que me diría que sí, le hubiera pedido que se casara conmigo en ese mismo momento, pero no quería apresurarla o presionarla a nada, teníamos todo el tiempo del mundo.

Peter se había portado muy bien desde que se había enterado. Lo que supuse es que le encantaba el hecho de que Rocio estuviera feliz y por eso nunca me había criticado mucho el que yo saliera con ella. Habíamos tenido algunas palabras el día después que se entero nuestra relación, pero yo nunca se lo había contado a Rocio. La conversación habían sido básicamente amenazas de decapitación y castración, y yo sabía que lo había dicho enserio. No es que me importaran mucho, yo no sería nunca capaz de hacerle daño o de terminar con nuestra relación, pero eso dependía por completo de ella. Yo lo único que quería era cuidarla y hacerla feliz.

Terminamos de ordenar todos y nos sentamos en la sala a mirar un poco de tele, unos minutos más tardes empezó a llegar la gente y la fiesta comenzó a formarse. Observaba el pasillo con inquietud, la estaba esperando. Normalmente, nunca salía de su cuarto hasta que la fiesta llegaba a su pleno apogeo, así que sabía que tenía un poco de tiempo aún. Vi entrar a Silvina y gemí con pesar, tome a Lucas del brazo y lo puse delante mí para que ella no me viera. Me había estado molestando toda la semana con lo del flirteo, bueno, para ser sincero todas lo habían hecho. No podía creer que las chicas hicieran ese tipo de cosas, se me ofrecían en bandeja de plata, en literalmente cualquier lugar, cualquier hora, y para que les hiciera cualquier cosa que yo quisiera. Ni siquiera quería pensar en lo que Silvina me había ofrecido hacía dos días, era una pequeña sucia. Recordé, en un mal pase de mi mente, las par de veces que había salido con ella y habíamos tenido sexo, me estremecí un poco por el pensamiento.

Lucas se partía de la risa.

-En serio, Nicolás, sólo sé un hombre y ten sexo con alguien para acabar con esto de una vez –dijo entre risas.

Puse los ojos en blanco al escuchar su estúpido comentario.

-¿Me estás bromeando? con la única que estaré será con mi novia. No estoy interesado en ninguna de esas mujerzuelas que se me entregan por cumplir una apuesta y ganar un poco de dinero –agité mi mano con desdén, me di cuenta que un par de chicas me miraban desde el otro lado del salón. Alguien tomó mi brazo, y lo apretó con gentileza para conseguir mi atención. “Oh, por el amor de Dios, ¿Por qué diablos no me dejan en paz?, pensé –Mira,  ¡no estoy interesado en ninguna de tus propuestas! ¡Tengo novia! –gruñí con enojo y me di la vuelta de mal agrado.

Mi alieno se atascó en mi garganta, Rocio estaba parada ahí con un pequeño vestido negó que lucía su bien formado cuerpo y acababa a la mitad de su muslo. Su pelo estaba medio recogido y rizado y sus ojos brillaban con diversión. Yo no podía respirar. Estaba tan hermosa que parecía irreal. Todo lo que atiné a hacer fue mirarla como un idiota.

Oh mierda, ¡la estoy mirando fijamente! Bien, vamos, Nicolás, di algo –mi voz me hablaba en la cabeza pero no tenía el cuerpo paralizado y aunque lo intentaba no podía hablar –di algo –volví a  escuchar a mi voz pero seguía mirándola como un idiota –Nicolás, ¡maldita sea di ALGO! –grité en mi cabeza.

-Um… hola, Rosa –balbuceé, mi voz sonaba en un hilo.

Wow, ¡eso fue realmente estúpido, Nicolás! –gritó la voz de mi conciencia en mi cabeza –Dios ¡soy un imbécil! –me lamente mentalmente, estaba tan excitado que debió haber sido obvio para todo el mundo.

Sonrió, su sonrisa encendió el lugar completamente.

-Hola, Nicolás –ronroneó con su sexy voz.

Vale aquí viene; finalmente va a matarme. No creo que pueda aguantar que ella flirtee conmigo luciendo así –gimió mi voz mentalmente. Respiré y trate de seguir la conversación.

-Estás preciosa –dije honestamente, la miraba embelesado.

Sonrió e hizo un pequeño giro sobre sus pies, haciendo que el vestido que llevaba puesto se elevara un poco. Mi corazón comenzó a latir más rápido.

-¿Te gusta? –preguntó mordiendo el labio.

“¿Me gusta? ¿Esta bromeando?”, pensé. Asentí y me acerque a ella un paso. Olí su perfume y mis pensamientos se hicieron un poco difusos.

-Me encanta –confirmé.

Se rió y cerró la pequeña distancia que nos separaba, presionó su pecho contra el mío. No pude evitar poner mis manos en sus caderas, sentí el sedoso material del vestido que la cubría bajo mis dedos.

-¿Sabes qué? creo que te gustará mucho más lo que llevo debajo –me susurró al oído.

Apreté mi agarre cuando ella quiso dar un paso atrás, así que la mantuve firme contra mí, no iba a dejar que se alejara de mí.

-No te burles de mí esta noche, Rosa. En serio, te ves demasiado caliente, no voy a poder soportarlo –le supliqué.

Ella giró y agarró la parte delantera de mi camisa, halándome más cerca a ella aunque eso era imposible. La miré a los ojos, y sentí que me perdía en ellos.

-No me estoy burlando, Nicolás. Por cierto, tu ropa se ve malditamente caliente sobre ti, pero tengo la ligera sensación que se verá mucho mejor más tarde, en el suelo de mi habitación –dijo con tranquilidad, yo gemí. Cerré los ojos. “En serio, va a matarme”, pensé. Me dio un beso en la mejilla y se alejó con rapidez, camino hacia la multitud de personas que estaban disfrutando de la fiesta y yo me quede parado en medio de la cocina con una maldita erección provocada por ella, como de costumbre.

Me volví hacia Lucas, y vi que estaba mirando a Rocio también.

-Maldición, se ve caliente esta noche. Creo que hoy voy  a ver si puedo conquistar a ese hermoso culo. –dijo, y suelto de huesos empezó a caminar para ir a buscarla.

Tomé con fuerza su brazo derecho y sacudí la cabeza con negación, lo miré con una señal de advertencia en mis ojos.

-Ni hablar, Lucas. Sólo mantente alejado de ella, está comprometida.

Me miró con curiosidad, luego sus ojos se agrandaron cuando por su cara paso una señal de compresión.

-Ella es tu… –se calló, me miraba muy sorprendido.

Oh mierda, ¡Oops, bueno ahora él lo sabe! –me dije mentalmente y asentí con la cabeza lentamente.

-Sí –confirme. No pude evitar la sonrisa llena de orgullo que se dibujo en mi rostro, por fin alguien sabía sobre nosotros.

Se echó a reír, sacudió su cabeza.

-Peter va a colgarte de las pelotas cuando se entere. En serio, te va a hacer un nuevo agujero en el culo.

Sonreí y palmeé su hombro.

-Yo lo sabe –encogí mis hombros, y sonreí cuando la expresión de su cara paso de la burla a conmoción.

-¡En serio! ¿Te dio una paliza? –preguntó con curiosidad.

Me reí y me señale a mí mismo.

-¿Parezco como si me hubieran dado una paliza? –pregunté, riendo.

De repente cambió la expresión de su rostro por una de molestia.

-¿Todo este maldito tiempo nunca le pedí a Rocio para salir juntos porque pensé que Peter me cortaría las pelotas, y él no te hizo nada? Maldita sea, ¡sabía que debía de pedirle para salir! –refunfuñó, se veía fastidiado.

-Ahora es demasiado tarde –me burlé, le di una palmadita en su hombro, caminé a donde estaban las bebidas.

Tomé dos chupitos de vodka y me caminé buscándola, quería contarle que Lucas sabía de lo nuestro. No me había molestado en decirle que no contara nada; yo quería que se supiera de una vez. Me preocupaba muy poco la apuesta y el dinero. En un par de años, cuando estuviera jugando hockey profesionalmente, el bote de la apuesta parecería una miseria, yo le daría todo lo que ella quisiera.

La vi bailando con Lali y Gastón. Sonreí, me acerque a ella y le rodeé con un brazo su pequeña cintura, ella dio un saltito.

-Hey, novia –le susurré al oído. Me sonrió por encima del hombro y hundió su culo en mi entrepierna, la anhele otra vez. La acerque más a mí con fuerza y baile detrás de ella, le tendí uno de los chupitos.

-Gracias –sonrió con agradecimientos, se lo tomó de un solo sorbo y se estremeció ligeramente.

-Tengo que contarte algo –admití con timidez.

Se volteó y me encaró.

-¿Qué pasa? –preguntó, y me sonrió. La expresión de su rostro estaba llena de emoción lo que me dijo que ella pensaba que le tenía que contar algo bueno.

-Lucas sabe que eres mi chica –dije en voz baja, le hable muy cerca al oído para que solo ella me escuchará.

Jadeó.

-¿Él lo sabe? ¿Y cómo? –preguntó, estaba claramente sorprendida, me miraba con sospecha.

-Se lo dije por accidente. Iba a venir a coquetear contigo, le dije que se alejará de ti –admití, le sonreí con disculpa, esperaba que ella no me regañará por arruinar su plan con Silvina y la apuesta.

Puso los ojos en blanco y se acercó a mí.

-Chismoso –me regañó con burla, envolvió sus brazos alrededor de mi cuello, empezó a bailar conmigo de nuevo. La acerque más a mí envolviendo su cuerpo en abrazo apretado, amaba la sensación de su cuerpo contra el mío. Sonrió llena de felicidad –bueno entonces, Nicolás, si la gente ya lo va a saber, bien podemos darle un espectáculo –ronroneó, me miro juguetonamente.

¿Qué demonios significa eso? –me pregunté mentalmente.

La miré con confusión, ella sonrió y me tomo el rostro haciendo que lo acercará al de ella, y me beso con pasión. Escuché a la gente jadear y empezar a hablar a nuestro alrededor, pero no me importó. Estaba besando a la chica de mis sueños y ella me amaba. La acerqué más a mí, delineé su labio con mi lengua, quería más. Un minuto después más o menos nos separamos y le di un beso en el cuello, la oí gemir en voz baja. Sonreí contra su piel porque sabía que la gente nos estaba mirando. Finalmente, no tendría que fingir más, ya no escucharía a los chicos hablar sobre lo caliente que era ella mientras les quería dar una paliza. Di un paso hacia atrás para mirarla, estaba sonriéndome, se veía tan malditamente caliente que era casi increíble.

-Te quiero, Nicolás –dijo, sus ojos estaban fijos en los míos. Escuché a más gente jadear de nuevo.

-Yo también te quiero, Rosa –conteste, inmediatamente.

Sabía que la gente estaba hablando de nosotros, y literalmente la habitación entera nos estaba mirando, pero simplemente no me importaba. Todo en lo que podía concentrarme eran en sus preciosos ojos miel y cómo estos miraban profundamente a los míos, me volvían loco. Apreté mis brazos más fuerte a su alrededor, quería que ese momento no acabara nunca. Me encanta la forma en su increíble cuerpo se acoplaba al mío, me encendía tanto que era casi insoportable para mí. Bailamos durante una hora más o menos sin parar. Como la gente ya sabía sobre nuestra relación, no me moví de su lado, quería pasar todo el tiempo posible con ella. Nunca había conseguido pasar mucho tiempo con ella en las fiestas; por lo general, yo estaba demasiado ocupado asegurándome de que no le pasara nada a su casa porque Peter siempre estaba borracho o comiéndose a alguna chica en la parte trasera.

Esa fiesta fue la mejor de las que recuerde, fue la primera en la pude tomarla de la mano y besarla sin tener que esconderme. Las chicas ya no se me ofrecieron, y eso fue un muy buen cambio. Me junté al grupo de ella y sus amigos. Lali era muy divertida, me di cuenta que nunca había hablado con ella de la manera más apropiada. Por lo general, la única vez que Lali me hablaba antes era para coquetear conmigo, así que siempre fue algo raro tener una conversación normal con ella.

Justo después de la medianoche, Rocio se acercó a mí lo más que pudo.

-Estoy cansada, Nicolás. ¿Quieres llevarme a la cama, por favor? –me preguntó, me miró con algo de burla. “Oh, Mierda, ¡pensé que todo el coqueteo y las bromas pararían ahora que la gente lo sabía!”, pensé.

-Claro, Rosa –“Me encantaría envolver mis brazos alrededor de tu sexi cuerpo ahora mismo”, ese pensamiento lleno de deseo apareció en mi cabeza sin siquiera yo desearlo, moví un poco mi cabeza. Ella sonrió, dio la vuelta y empezó a caminar, puse mis manos en sus caderas y la seguí a través de la multitud de personas que estaban en la fiesta, hasta su habitación. Tan pronto como estuvimos adentro de su cuarto, ella se volvió hacia mí y me miró con su cara juguetona, supe en ese mismo instante que las bromas no habían terminado aún. Gemí en voz baja.

Mierda amo a esta chica más que a nada, ¡Pero me va a volver loco! –me dije mentalmente.

Ella caminó con paso lento hacia la puerta y la cerro con llave, luego se acerco a mí, presiono su tonificado cuerpo contra el mí. Sus manos empezaron a recorrer mi pecho, lentamente, me puse tan duro por su caricia que me avergoncé de mi mismo. “¿Debería ser inmune a su encanto ahora? Es decir, he estado enamorado de ella por doce años, ¿cómo diablos es posible que me pueda prender de esa manera?”, pensé y me di cuenta que nunca ninguna chica se había comparado a mi Rosa, ella era literalmente la chica más perfecta del mundo.

Me acerqué y la bese, recorrí con mi lengua su suave labio, quería profundizar el beso. Ella enredó puso sus manos sobre mi cabeza y no pude evitar arrinconarla contra la pared, presionaba cada pulgada de mi cuerpo contra el suyo. Gimió en el fondo de su garganta, yo sentí la felicidad burbujeando dentro mío, me daba cuenta que ella amaba tanto besarme como yo amaba besarla a ella.

Flexioné mis rodillas y la abracé con fuerza, la levanté del piso. Ella envolvió sus largas piernas a mí alrededor y desabotono mi camisa lentamente, sus dedos chocaban contra mi piel y la ponían de gallina. Cada toque de Rocio se sentía mejor que cualquier cosa que hubiera sentido antes. Todas las chicas con las que me había acostado solo para intentar olvidarme de Rocio, eran nada compradas con ella. Me arrepentí de corazón de haberla esperado, me hubiera encantado que mi primera vez fuera con mi Rosa, pero me di cuenta que de todas formar lo que estaba sintiendo parecía como si fuera la primera vez. Cada toque era diez veces mejor que algo que hubiera sentido antes, era como si cada lugar en que su piel tocaba la mía, se quemara ligeramente, pero de una buena manera. Ella me ponía nervioso. No quería hacer nada que ella no quisiera, estaba muy asustado de que no pudiera satisfacerla , no quería arruinar nada.

Romí el beso en los labios y le di pequeños besos en su cuello, succioné el chupón que le había hecho yo mismo hacía unos días quería hacerlo más oscuro. Amaba esa marca en ella. Saber que yo se la había hecho me volvía loco. Caminé hacia la cama y la recosté, me subí sobre ella y baje mis manos por su cuerpo. Cuando llegué al borde de su vestido, deslicé mi mano por debajo de este, acaricie su tonificado muslo, hace mi camino y cuando llegué apreté su bello trasero. No pude evitar gemir cuando lo sentí. Saber que yo era el único hombre al que ella dejaría acercársele de esa forma, me hacía sentir el tipo más afortunado del mundo.

Ella tiró mi camisa por mis hombros y bajó sus manos por mi pecho. Cuando llegó a mis jeans comenzó a desabrocharlos inmediatamente. Me tensé levemente.

¿Qué rayos está haciendo? –mi voz gritó en mi cabeza, ella me giró sobre mi espalda y se sentó, a horcajadas sobre mí, lucía tan sexy que parecía irreal. Se mordió el labio inferior, parecía un poco nerviosa o algo parecido.

-¿Estás bien? –pregunté con curiosidad, frote sus muslos con mis manos para tranquilizarla. Ella asintió y sostuvo el borde de su vestido, lo subió lentamente hasta que se lo saco, sacudió su cabello haciéndolo colgar alrededor de su hermoso rostro. La miré en su sostén de encaje negro strapless y bragas a juego, miles pensamientos lujuriosos bombardearon mi cerebro a la vez. La deseaba tanto que dolía. Esto era lo más lejos que habíamos llegado, la había visto sin camiseta pero no casi desnuda como ahora. Era increíble. Se inclinó y me beso con pasión, después de unos segundos se alejo y me miró, todavía lucia un poco nerviosa pero también algo emocionada. Todo al mismo tiempo.

-¿Me deseas, Nicolás? –preguntó.

Mierda, ¿es algún tipo de broma o algo así? –la pregunta se formo en mi mente pero respiré.

-Rosa, te he querido desde siempre. –respondí con sinceridad.

Sonrió e hizo que mi corazón latiera más rápido.

-Hazme el amor –susurró, y me besó suavemente.

Mi corazón se detuvo.

Acaba de pedirme… no, de ninguna manera, ¡dijo algo más y luego vas a parecer un idiota cuando te des cuenta que no la escuchaste bien! –mi voz habló en mi cabeza.

-¿Qué? –pregunté débilmente, poniendo un mechón de su cabello detrás de su oreja.

-Estoy lista ahora; quiero que me hagas el amor –se sonrojó levemente, eso lo hizo lucir más adorable aún por cual dulce e inocente era.

¿Ella cree que tiene que rendirse por mí? Dios, ¿no me cree cuando le digo que la esperaré? –las preguntas se formaron en mi mente, la giré sobre su espalda y me puse sobre ella.

-Rosa, te esperaré tanto como quieras. Te juró que puedo esperar –prometí, la miré para que me creyera. Nunca tocaría a otra mujer de nuevo, no me interesaban, nunca lo hicieron.

Ella rió.

-Bueno lo siento, Nicolás, pero yo no puedo esperar más ti. Necesito que estés listo ahora –bromeó y me apretó el trasero con sus manos.

Reí, era tan malditamente graciosa.

-Oh no puedes esperar por mí, bueno eso no es justo; como que estás poniendo mucha presión sobre mi desempeño –bromeé. Mi corazón estaba volviendo a su ritmo normal ya que me había dado cuenta que ella sólo estaba bromeando. Ella sonrió y bajo sus manos por mi pecho otra vez, cuando llegó a borde de mis jeans deslizo una de sus manos adentro, y comenzó a frotarme a través de mi bóxer.  “Mierda, no estaba bromando”, mi menté se dio cuenta enseguida pero yo me rehusaba a creerlo –Rosa, ¿Qué estás haciendo? –pregunté sin aliento. “Mierda, se siente tan bien”, mi menté seguía en lo suyo.

-Nicolás, deja de hablar –susurró, se acercó más mí y me bajo los jeans.

Bien, sólo la seguiré hasta que me diga que me detenga; sé qué se va a siente lo suficientemente confiada como para pedirme que me detenga cuando ella quiera, porque sabe que la amo. Amo que tenga la fe de que no la apuraré o la presionaré para nada. –Mi voz habló segura en mi mente, la bese hambrientamente, moví mis manos sobre su sostén, amaba la sensación del encaje. Lo desabroché y se lo saqué lentamente, estaba esperando que ella me detuviera. Estaba tan nervioso que mis manos me temblaban levemente. Sus pechos eran perfectos. Los comencé a besar por todas partes, ella arqueó su espalda y gimió sin aliento. –Bien, así que esta es una primera vez, ¡no he llegado tan lejos con ella antes! –mi voz aun hablaba en mi cabeza pero mi cuerpo ya no le hacía caso, patee mis jeans para sacarlos por completo, recorrí con mis manos su cuerpo, me detuve cuando llegué a su bragas, mi mano rozó sobre ellas suavemente, lo que hizo que ella levantará sus caderas intentando obtener más caricias. Sonreí ligeramente y la froté sobre sus bragas, ella gimió y puso una de sus manos sobre uno de mis hombros y se sostuvo con fuerza.

Sus ojos estaban conectados con los míos.

-Hazme el amor, Nicolás –susurró.

Mierda, ¡es en serio! –mi voz habló con algo de temor, me detuve y me aleje de ella pero no deje de mirarla a los ojos. En ellos no había señal de confusión alguna, se había decidido. Todo lo que veía en su rostro era amor, felicidad y necesidad, apostaría cualquier cosa a que mi cara lucía igual.

-Rosa, puedo esperar –prometí de nuevo.

-Sé que puedes, pero no lo necesito estoy lista ahora –asintió y me miro con suavidad en sus ojos.

-¿Tu primera vez no debería ser especial? ¿En un lindo hotel o algo así, con pétalos de rosas y velas alrededor? –pregunté, fruncí el ceño un poco. Podía reservar uno para el día siguiente si estaba realmente lista.

Ella sacudió su cabeza.

-Será especial, Nicolás. Será nuestra primera vez. Eso es lo suficientemente especial para mí. ¿Por favor? –rogó, movió su mano por mi espalda.

Todo mi cuerpo se estaba regocijando por el pensamiento de estar con ella, pero mi cabeza sabía que tenía que estar seguro de que ella no estuviera haciendo eso por las razones equivocadas; nunca me perdonaría si ella se arrepentía a la mañana siguiente.

-Esto no es por la apuesta, ¿no? –pregunté con curiosidad.

Rió y sacudió la cabeza.

-No puede importarme menos la apuesta en estos momentos. Confió en ti, te amo, quiero que me hagas el amor.

Sentí como mi corazón saltó en un latido estaba muy emocionado y nervioso al mismo tiempo, pensé que moriría.

-También, te amo, Rosa, más que a nada –la besé de nuevo con dulzura, sabía que necesitaba tomarla lenta y suavemente, no quería que le doliera mucho.

 

Recorrí con mis manos su cuerpo, amaba la sensación de su suave piel bajo mis dedos mientras la besaba con pasión, en cada beso le mostraba cuando la amaba y la deseaba. Enganché mis dedos en sus bragas y se las baje lentamente, mi lentitud la molestaba eso se le podía notar en sus movimientos impacientes pero yo estaba inmune ya que estaba disfrutando de obtener mi revancha. Enterró sus dedos en mi espalda, su respiración se aceleró con excitación, verla y escucharla así me ponía aun más caliente. La besé en todo el cuerpo, recorrí con mi lengua en medio de sus pechos, baje por su estómago y mordí el lugar justo debajo de bajo de su ombligo, ella jadió y levantó sus caderas hacia mí. Me senté y termine de sacarle las bragas, sólo la miré. Era tan pura y completamente perfecta y yacía ahí desnuda y vulnerable solo para mí. En ese mismo momento me di cuenta que nunca sería capaz de mirar a otra chica de nuevo sin comparar aquella mundana visión con la visión perfecta de mi Rosa desnuda, ella se sonrojo por mi mirada fija. Obviamente entendí que estaba avergonzada de que yo la estuviera viendo desnuda por primera vez.

-Eres tan hermosa, Rosa –susurré. Ella sonrió y con su mano en mi nuca me guió de nuevo a sus labios para fundirnos en un beso. Sentí como mi corazón se hincho de orgullo mientras la besaba apasionadamente, le quería mostrar cuando la amaba y apreciaba mientras me preparaba para hacerle el amor por primera vez.

 

Retiré su cabello de su frente llena de sudor. La miré, lucía tan feliz que hizo que mi corazón se parara por un segundo, me sonrió.

-Te amo, Rosa –me quede sobre ella mientras ambos intentábamos calmar a nuestros corazones desbocados. Presioné mi rostro contra su cuello y la besé, sentí su pulso acelerado bajo mis labios. Me sentía más feliz de lo que me había sentido en toda mi vida. Luego de unos minutos, me eché a su lado. Apreté mis brazos alrededor de su cintura y la acerque a mí, luego recorrí con mis dedos su desnudo y sudoroso cuerpo, dándole una especial atención a sus hermosos pechos –siento haberte lastimado –le dije en un susurró. Me sentía terrible, tenía mucho miedo de haberle causado dolor, pero también sabía que era así para las chicas en su primera vez.

Ella rió.

-Nicolás, todo valió la pena –bromeó, presiono su cuerpo un poco más contra el mío y se acurruco en mis brazos.

Reí.

-Bueno estoy muy feliz de que lo disfrutaras –declaré, le sonreí con fingida arrogancia. No había recibido quejas antes, pero para ser sincero nunca me había importado si la chica con la que tenía sexo lo disfrutaba o no. Normalmente, sólo hacía lo que quería; nunca me había tomado el tiempo de pensar en lo que quería mi compañera, era muy gracioso lo diferente que era todo con mi Rosa. Todo lo que me importaba era ella, mis sentimientos quedaban en segundo plano.

-Sí, que lo disfrute. ¿Tú, lo disfrutaste? Quiero decir, yo no sabía qué hacer, ¿debí haber hecho algo diferente? –me preguntó, se mordió el labio inferior y me miró con algo de preocupación.

Reí y besé su frente.

Rosa, fue lo mejor que me ha pasado en mi vida. Fue perfecto, eres perfecta. Te amo tanto –le dije.

Se acurrucó más cerca a mí, tomo mi mano y entrelazo nuestros dedos; suspiró con satisfacción y cerró sus ojos.

-También te amo, Nicolás –susurró, me besó el pecho suavemente. No pude contener la reacción de mi cuerpo, comencé a encenderme de nuevo. Ella estaba tan a mí, me di cuenta que nunca podría tenerla lo suficiente. Alejé mis caderas para que no sintiera que me estaba excitando de nuevo. “Fue su primera vez; tiene que estar adolorida, no va a querer hacerlo de nuevo” pensé.

Pero me moví muy tarde, ella se había dado cuenta. Levantó su cabeza y miró a mi amiguito. Me miró a los ojos un poco sorprendida. Sonreí con disculpa y ella rió con dulzura.

-¿En serio? ¿Ya? –bromeó, las yemas de sus dedos comenzaron a recorrer mi pecho y bajaron lentamente, me estremecí.

-Lo siento; estaré bien en un minuto. Sólo es que eres demasiado sexy. Descasa ¿estás adolorida? –dije con un poco de timidez. Ella me miró y una lenta sonrisa se dibujo en su rostro, me giró sobre mi espalda y se puso a horcajadas encima de mí, lucía como una alucinante diosa del sexo.

-Estoy bien. Esta vez quiero intentar algo, dime si me equivoco –dijo, me besó apasionadamente.

¡Santa mierda, esta chica es asombrosa! –gritó mi voz en mi cabeza.

 

Me desperté temprano por la mana. Rocio tenía que estar en su práctica de danza a las ocho y treinta, en esos momentos eran un poco más de las siete. No podía quitar la sonrisa de mi rostro. La noche anterior había sido increíble, la mejor noche de mi vida. La había oído gemir mi nombre y ese era el mejor sonido del mundo. Ella lo había disfrutado tanto como yo y eso lo hacía aun más especial para mí. No le había dolido mucho, o por lo menos eso fue lo que me había dicho. Además yo le creí porque después le había vuelto a hacer el amor. Envolví mis brazos más fuerte alrededor de ella, amaba la sensación de su piel desnuda contra la mía. Solo me quede echado a su lado mirándola dormir hasta que sonó su alarma. Ella era hermosa; honestamente era justo como imaginaba que lucirían las rosas si fueran humanas, bellísimas.

Se acurrucó más cerca a mí y abrió sus ojos, una lenta sonrisa se dibujo en sus labios.

-Hola, novio.

Le devolví la sonrisa.

-Hola, novia –envolvió sus brazos alrededor de mí cuerpo con fuerza y suspiró con satisfacción –¿Cómo te sientes hoy? –pregunté, recorrí con mis dedos su desordenado cabello de después del sexo.

Ella me sonrió.

-Estoy bien, un poco adolorida, pero extremadamente feliz –declaró, rio con dulzura.

Giré y me puse sobre ella, presione mi cuerpo contra el suyo.

-Un poco adolorida. Puedo darte algunos besos curativos ahí –le coqueteé.

Ella mordió su labio inferior y me miró con emoción.

-¿Puedes?

Asentí y sonreí perversamente.

-Claro que sí –le sonreí con arrogancia y besé mi camino en su cuerpo, no podía contener mi emoción.

Capitulo Catorce

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

Desperté con una enorme sonrisa en mi cara. El sol brillaba, las aves cantaban, y tenía al lado al chico más sexy del mundo, que por asares del destino estaba enamorado de mí. Sonreí contra el brazo en el que estaba acostado y me acerqué más cerca de su pecho duro.

-¿Nicolás? –susurré, gire mi cabeza en su dirección.

Sus brazos se tensionando alrededor de mí y lentamente abrió sus ojos.

-Hola –murmuró, levanto su cabeza y me besó –wow, amo despertarme y saber que eres mía –tiro su cabeza hacia atrás y suspiró con satisfacción –entonces, ¿ya podemos decirle a los demás que estamos saliendo? –preguntó, me sonrió de oreja a oreja.

-Um… no. Hoy no. Aún necesito hacer un poco más de trabajo de preparación para ganar la apuesta. –respondí y acaricié su pecho con mi mano, trace sus músculos.

Él gruñó.

-Por “trabajo de preparación”, no querrás decir que vas a coquetear conmigo y ponerme caliente como el mismísimo infierno delante de todos como ayer, ¿verdad? –preguntó, lucía suplicante.

-Tendrás que esperar para ver, ¿no crees? Oh, y te doy permiso para que hoy me toque un poco si quieres –ofrecí casualmente. Me giré y lo miré.

-Mmmm… tocarte, ¿cómo, así? –ronroneó. Arrastro sus dedos sobre mi cuerpo lentamente, empezó por mi rostro, bajo por mi cuello, acaricio sobre mis senos, siguió a mi estomago y termino justo en el interior de mi muslo. Su mano estaba tan cerca de mi centro que un pequeño gemido se escapó de mis labios.

Continuó sus caricias trazando con sus dedos mi pierna, volví a gemir. “Maldita sea, lo deseo tanto, pero no aun no. No puedo”, mis pensamientos aparecieron poniéndose sobre mis deseos.

-No, Nicolás –suplique. Las palabras salieron de mi boca, pero inconscientemente moví mis caderas hacia el tratando de acercarme más a su mano.

Se rió, puso sus labios muy cerca a los míos, estaban casi tocándose.

-Prométeme que hoy no me provocarás tanto en la escuela –murmuró contra mis labios, su mano se movía por la parte exterior de mi muslo.

-No te molestaré demasiado. Ahora lo que no puedo prometerte es que no te pondrás duro –bromeé, torciendo sus palabras.

Estrelló sus labios contra los míos y pude sentir que estaba sonriendo.

-¡Eres una maldita provocadora! Ni siquiera te das cuenta de lo que me haces –gruñó, beso mi cuello con suavidad. “Si que se lo que te estoy haciendo ¡Lo puedo sentir!”, pensé.

Le devolví el eso con pasión y él se alejó unos minutos después, justo cuando se empezaba a excitar.

-Mejor me voy –él me beso otra vez y salió de la cama.

-Está bien. Te veo en un rato –contenté, vi como él se ponía su ropa. Me guiñó un ojo, subió por mi ventaba y regreso a su casa. A pesar de que Peter sabía lo nuestro, los padres de Nicolás aún no sabían que él se quedaba a dormir conmigo así que él no podía entrar por la puerta principal de su casa cuando se suponía que debía estar durmiendo en su cama.

Me levanté de mi cama y corrí al baño para darme una ducha. Cuando ya estaba seca, me quedé mirando mi armario por un largo rato. Necesitaba usar algo diferente hoy. Quería que Nicolás me viera como que me quiere delante de todos, ya no quería ocultar más nuestra relación. Saqué una minifalda de jeans y una blusa negra con cuello en v, de manga corta. Sonreí mientras miraba mi atuendo. “Esto sin dudas va funcionar”, pensé. Me vestí y me miré al espejo, la falda era corta, pero no demasiado corta así que no me hacía ver como una zorra, la blusa era ajustada pero no demasiado, sólo lo suficiente para dar una pista de lo que estaba debajo. Sonreí y me puse un par de balerinas, para completar el atuendo.

Agarré la bolsa pequeña que me habían dado en la clínica de planificación familiar y saqué mi caja de pastillas. Le eché un vistazo al paquete, encontré la primera y la tome rápidamente, sonreí para mis adentros. Salí del cuarto y caminé a la cocina. Nicolás estaba hablando con Peter, estaba parado de espaldas a mí, note que ya había preparado un plato de cereal que estaba sobre el mostrador esperando por mí. Mi corazón se derritió por su consideración.

-Buenos días –dije con alegría. Nicolás estaba bebiendo un vaso de agua y cuando se dio la vuelta, casi se ahogó. Peter le dio una palmada en la espalda con brusquedad y se echó a reír. ¡Sip, ese era el efecto que quería!, pensé. Sus ojos estaban muy abiertos y me miraba lentamente con hambre en ellos, me sonrojé cuando me imaginé los pensamientos que estaba teniendo sobre mi cuerpo. Él no había dicho nada –Nicolás, ¿quieres tomar una foto? Va a durar más tiempo –bromeé comiendo mi cereal.

Mi voz pareció sacarlo de la fantasía privada que estaba teniendo en esos momentos.

-¿No vas a ponerte eso hoy, cierto? –preguntó, frunció el ceño ligeramente.

Me miré a mí misma preguntándome qué quería decir con eso. “No me veo tan zorra”, pensé.

-Sí, ¿por qué? –pregunté, me sentía confundida.

Pensé que le gustaba la ropa; ¡parecía que le gustaba! –mi voz gritó en mi cabeza

Él se acercó a mí y me abrazó por la espalda.

-Rosa, ¿cómo diablos se supone que me voy a concentrar todo el día, sabiendo que mi hermosa novia se ve como una maldita diosa del sexo? ¿Estás torturándome al propósito? –se quejó, beso mi cuello y paso sus manos por mis muslos que estaban expuestos por la minifalda.

Me reí y le di un codazo en el estómago.

-Bueno, sólo vas a tener que ejercer algo de autocontrol, ¿no crees? –me burlé, me moví discretamente contra su erección y luego me alejé unos pasos.

Él gimió y se movió para quedar detrás del mostrador, supuse que lo había hecho para que Peter no pudiera ver que estaba excitado.

-No estás jugando nada limpio –se quejó.

Me reí y tomé mi bolsa.

-¿Listo para irnos, Peter? –pregunté, le sonreí a mi hermano, Peter parecía que estaba tratando de no hacer caso a nuestra demostración de afecto pero estaba fallando miserablemente.

-Yo. Pero creo que Nicolás necesita un minuto para calmarse –dijo Peter, se rió y Nicolás rodo los ojos. Me reí de por su expresión de advertencia. Peter me tomó por los hombros y me empujó afuera por la puerta. Todavía me estaba riendo de Nicolás.

La mañana se pasó volando y por fin, la hora de almuerzo había llegado. Yo estaba muy emocionada de ver a Nicolás que no podía dejar de sonreír.

-¿Qué demonios te pasa? –preguntó Gastón, me miraba como si me hubiera vuelto loca.

-Nada, sólo estoy teniendo un muy buen día. Además, tengo hambre y ahora vamos a comer –mentí sin problemas.

-¿Vas a hacer otros movimiento con Nicolás? –preguntó Lali, me sonrió sabía de lo que hablaba.

Me eché a reír.

-Oh, diablos, sí. Sólo observa la cara de Silvina. Hoy voy a hacer que Nicolás me desee –sonreí feliz. “esto va ser grande y Silvina va a odiar cada segundo”.

-No hay duda al respecto –estuvo de acuerdo Lali y rió.

-¡Oh! ¡Así que por eso es la falda! –dijo Gastón. Una mirada de compresión cruzó por su rostro.

Me eche a reír y asentí.

-¿Crees que va a funcionar? –pregunté, de verdad quería su opinión.

Él asintió con la cabeza.

-Oh, sí que va a funcionar. Todos los chicos de la escuela han estado hablando acerca de tus piernas asesinas hoy. Debo decir que hasta yo, que estoy totalmente enamorado de mi novia, te he mirado –admitió, se encogió de hombros.

Le di una palmada en el hombro juguetonamente.

-Eso es asqueroso, Gastón. ¡Tú eres uno de mis mejores amigos! ¡Los mejores amigos no se miran de esa forma el uno al otro! –declaré y fingí un estremecimiento.

-En realidad, he estado mirándote también –bromeó Lali.

-Yo también –agregó Candela, y todos reímos fuerte.

Al entrar al comedor, estábamos riendo, sentí que algunos chicos comenzaron a mirarme. Ahora que Gastón me había contado eso, me di cuenta que tenía mucha más atención masculina de lo normal.

Compramos nuestra comida.

-Ya vuelvo, muchachos –dije, sonreí mientras me dirigía a la mesa donde se sentaban los atletas. Todos mis amigos se fueron a sentar a nuestra mesa, me miraban desde ahí con ojos curiosos. Vi a Nicolás mientras me acercaba a él. Como de costumbre, había una decena de chicas a su alrededor, todas coqueteando descaradamente. Él parecía realmente enojado.

-En serio, Paula, si me tocas una vez más voy a ir a hablar con algún profesor acerca de ello. Esto está al borde de acoso sexual –gruñó Nicolás, la miraba y quitó su mano de su muslo. Vi a Paula muy ofendida, tanto así que se puso de pié y se fue. El resto de las chicas sonrieron a sus espaldas. Prácticamente se podía leer sus pensamientos en sus rostros: Una chica menos para la competencia. Reprimí una risita y me senté en la mesa. Peter no estaba ahí, así que decidí sacar el máximo de provecho, realmente lo iba hacerlo que me deseara como nunca antes lo había hecho.

-Hola, Nicolás –ronroneé, le sonreí seductoramente.

Su rostro se iluminó apenas me vio.

-Hola. ¿Tuviste una buena mañana? –preguntó con alegría. Puse mala cara y negué con la cabeza. Su rostro se sorprendió y puso un brazo sobre mis hombros, me miró con preocupación -¿Qué paso, Rosa?

Me puse de pie y me senté frente a él, apoye un pie en el banco donde él estaba sentado, mi pie casi tocaba su entrepiernas. Él no pareció notarlo, me seguía mirando con preocupación.

-Me lastimé en la clase de gimnasia. Es muy doloroso. ¿Tengo un moretón? –pregunté, abrí mis piernas ligeramente y apunte con un dedo a un lugar en la parte interna de mi muslo derecho. Sus ojos inmediatamente miraron mis piernas. Podía apostar que tenía una visión clara de mi ropa interior, porque en su cara tenía una expresión y de deseo. Me sentí un poco puta por hacer eso, pero al menos nadie más podía ver lo que él estaba viendo.

Puso su mano sobre mi pantorrilla y la deslizó poco a poco por mi pierna hasta llegar a la parte interna de mi muslo, gimió en voz baja al llegar.

-No, no hay moretones –dijo con una voz sensual, mi sangre ardió cuando él me masajeo el muslo distraídamente.

-Hmm, ¿de verdad? duele tanto –mentí y le sonreí. Él estaba sonriéndome; su expresión me  dijo que me estaba volviendo loca –¿Qué tal si mejor le das un besito? –sugerí, lo miré tratando de parecer sexy. Escuché a algunos chicos gemir, obviamente estaban viendo la escena que estábamos montando Nicolás y yo. La lujuria cruzó por la cara de Nicolás mientras asentía con una sonrisa sexy, inclinó su cabeza hacia mi pierna y justo antes de que sus labios tocaran mi piel retire mi pierna –Me parece, que mejor no. Pensé que tenías una novia –bromeé.

Se rió y negó con la cabeza, entrecerró sus ojos, obviamente estaba decepcionado porque no había podido besar mi pierna delante de toda la escuela.

-Tengo una novia. La amo más que a cualquier otra cosa –dijo, su voz estaba llena de honestidad.

Sonreí y mi corazón se derritió.

-Bueno, no deberías estar haciendo esto conmigo, entonces, ¿eh? –me burlé, le sonreí y me pare. Tomé mi bandeja –me parece que mi pierna está bien ahora. Tal vez si comienza a doler de nuevo más tarde, te llamó –coqueteé.

Él gimió y yo le guiñé un ojo y me fui a la mesa de mis amigos. Podía oír a los chicos, todos estaban haciendo comentarios calientes acerca de lo que había hecho, y como “aprovecharían eso” si yo me hubiera portado así con ellos, las chicas estaban comentado lo ramera que era. Me reí y me senté en la mesa con mis amigos. Lali me sonrió ya que sabía, Candela y Gastón me miraban con la boca abierta.

-¡Estaban ahí! ¡Realmente creo que vas a ganar la apuesta! –dijo Candela, me miraba con asombro.

No podía dejar de reírme de ella; me miraba como si fuera una especie de diosa o algo parecido.

-Podrían servirme cuatro mil dólares –admití y reí. Sólo esperaba que Silvina realmente me pagará una vez que se diera cuenta que yo había sido la “novia secreta” de Nicolás todo el tiempo.

 

Cuando terminamos de comer, me fui a clases con mis amigos. Estábamos caminando por el pasillo cuando alguien me tomó de la mano y me tiró a un pasillo. Chillé, un poco sorprendida y me giré para ver quién era la persona, vi a Nicolás que me sonreía mientras me llevaba a un salón vació. Me reí cuando vi a mis amigos caminar sin mí, ni siquiera se habían dado cuenta que yo ya no estaba detrás de ellos. Nicolás me metió al salón, cerró la puerta y me miró, estaba tratando de fingir que estaba molesto conmigo, pero no había manera que yo me creyera eso, él se estaba divirtiendo y yo me di cuenta.

Rosa, eso fue demasiado –afirmó, dio un paso más cerca de mí.

Di un paso atrás y choque con la pared.

-¿Demasiado? Pensé que había sido perfecto –respondí en broma.

Él se rió y apretó su cuerpo contra el mío.

-Tú eres perfecta –apartó mi pelo de mi cara con suavidad, me miró con ternura. Puse mis brazos alrededor de él y lo acerqué más a mí, moví mis manos y agarré su trasero. Él sonrió con su sonrisa sexy y presionó sus labios contra los míos con suavidad; gemí ligeramente y la acerqué aún mas, estaba muerta de ganas.

Se apartó de mi boca y besó mi cuello, sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo, mis piernas. Una de sus manos se deslizó debajo de mi falda, me hizo cosquillas con sus dedos en mi trasero quería provocarme. Me chupo en cuello con suavidad.

-Nicolás ¿me estás dejando un chupón? –pregunté, reí.

Dejó de chupar por un segundo y alejó su boca de mi piel.

-Mmm-hmm te estoy marcando –murmuró, y volvió a chupar en el mismo lugar otra vez. Después de unos segundos, se apartó para mirarlo, inspecciono su obra de arte. Parecía muy orgulloso de sí mismo y estaba sonriendo de oreja a oreja.

-Sí, ¿y yo puedo marcarte? –bromeé.

-Claro, si quieres –él estuvo de acuerdo, se encogió de hombros, pero en realidad lucía un poco esperanzado. “¿Realmente quiere que lo marque?”, pensé. Apretó sus labios con los míos una vez más, mi cuerpo parecía en llamar. “Por Dios, ¿cómo diablos me hace esto? Él es el único chico que me ha besado, por amor de Dios. Y aquí estoy ¡dejándolo poner su mano en mi trasero!”, los pensamientos se agolparon en mi cabeza y sonreí. Él inclinó su cabeza hacia un lado, me estaba dando acceso total a su cuello. Justo en el momento que mis labios rozaron con su piel, sonó la campana de inicio de clases.

Él gimió y se alejó, me miró con cara de cachorro.

-Falta a clases conmigo –declaró él, hizo una liguera mueca.

¿Faltar a clases con él? ¡Oh mierda, odio faltar a clases, eso no es lo mío en absoluto! –mi voz se lamentó en mi cabeza.

-Umm, Nicolás, no puedo –estaba debatiendo conmigo internamente, por un lado tenía muchas ganas de pasar tiempo a solas con él, pero no podía soportar la idea de que mis maestros se enteraran que había faltado a clases sin necesidad.

-¿Por favor? –me rogó, dobló sus rodillas para que estuviéramos a la misma altura.

Sus ojos verdes me estaban matando. “No puedo decirle que no”, mi cabeza se dejo convencer. Suspiré profundamente.

-Si me atrapan, tú estarás en serios problemas –le advertí, si obtenía una detención, me aseguraría de que él también la obtuviera.

Él se rió, una hermosa sonrisa se extendió por su rostro, saco su celular y llamó a Peter para decirle que no me sentía bien y que me iba a llevar a casa.

-Sí, ella está bien. No, dice que se siente un poco mareada, eso es todo. No, no, lo tengo. Muy bien. Nos vemos –dijo en el teléfono, me sonrió y guiñó un ojo. Guardo su celular en el bolsillo y tomó mi mano, me saco del aula y me llevo hasta su coche –Peter va a conseguir un aventón para que lo lleve al trabajo. Así que, si te llevó a casa antes de las nueve, ni siquiera sabrá que faltamos a clases –dijo alegremente.

Rodé mis ojos hacia él.

-¡Cómo si Peter realmente ha creído que estoy enferma! Él sabe que estamos escapándonos –sacudí la cabeza, y reí. Peter no era tonto, él simplemente no quería decir nada.

-Pues bien, Rosa, ¿Qué hacemos? –me preguntó Nicolás, cuando salió del estacionamiento con rapidez para que nadie nos viera salir.

Me encogí de hombros.

-Me da igual. Lo que tú quieras –mientras involucrara pasar más tiempo junto a él, no importaba. Podía hacer cualquier cosa.

Él sonrió.

-¿Quieres que te lleve a patinar otra vez? –ofreció.

-Claro, ¿por qué no? Tengo que cambiarme primero, si no me congelaré el trasero –me reí mientras sus ojos se dirigieron inmediatamente a mis piernas. Le envié un mensaje de texto a Lali para decirle que iba a faltar y le pedí que recogiera por mi cualquier trabajo que me perdiera.

Cuando nos detuvimos frente a mi casa, Nicolás se fue a la suya a buscar algo que dijo necesitaba, yo corrí y me puse unos jeans. Pasé un cepillo por mi pelo y me puse una capa rápida de máscaras de pestañas. Cuando salí de mi habitación, tomé un suéter, para el frío.

Corrí al auto, estaba emocionada de pasar tiempo a solas con él. Nicolás me sonrió cuando me senté en el asiento del copiloto.

-Oye, te traje esto –dijo, me dio una de sus sudaderas.

Fruncí el ceño mirándola,

Él sabe que tengo una de las más. ¿Por qué me trae está? –me pregunté mentalmente.

-Er… ¿gracias?

-Es para tu pequeño trasero. La vez pasada te dije que traería una extra para que no te mojeras y te diera frío. Aunque, tengo la plena confianza que hoy patinarás por tu cuenta al final de la lección –se jactó y me sonrió.

-Bueno, yo no estoy tan segura de querer patinar si ya no me vas tocar –ronroneé sugestivamente.

Él sonrió.

-Mmm, nunca había pensado en eso. Esperemos que no aprendas muy rápido entonces –movió las cejas hacia mí y yo me reí.

 

El patinaje fue muy divertido. Y Nicolás había tenido razón, esa vez había sido mucho mejor que la primera. Probablemente debido al hecho de que él era un maestro muy bueno. Fue muy divertido estar con él. Nicolás patino hacia atrás como lo había hecho la primera vez que habíamos venido, sostenía mis manos, me hacia bromas y estábamos charlando.

Solo me caí un par de veces y cada caída era interrumpida por su cuerpo, o lograba atraparme antes de que llegara al hielo. Lo miré mientras patinábamos, estaba sonriendo ampliamente y mi corazón dio un vuelco. Era tan guapo, amable y paciente. Podía sentir que estaba enamorándome de él. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que estuviera completamente loca por él.

-Oye, ¿Qué tal si presumes un poco? Me encanta verte patinar –sugerí, me agarré de un costado de la pista para que él me pudiera soltar.

Nicolás me dio un beso y se fue patinando al revés, se volvió bruscamente y patino hacia delante tan rápido que me asustó. Mi corazón estaba golpeando mi pecho. Si se caía, mientras patinaba a esa velocidad, iba a resultar gravemente herido. El pensamiento de él herido me aterraba. Hizo un par de vueltas, y me mostro sus habilidades, como saltar y patinar sobre un pie. En verdad me encantaba verlo patinar. Se veía hermoso y grácil, pero nunca lo había deseado por eso, hasta ese momento. Se veía tan sexy cuando estaba patinando, tan poderoso y dominante.

Nicolás quería jugar hockey profesionalmente, y era bueno tanto que ya había sido buscado por un equipo reconocido pero necesitaba estar en la universidad para poder firmar. Le habían ofrecido una beca deportiva completa en una universidad muy buena de otra provincia, lo que significaba que tendría que mudarse cuando la escuela terminará en pocos meses. El tiempo de separación iba a matarme. Yo iba a tener pesadillas todas las noches cuando él no estuviera conmigo, sin mencionar la angustia que sentiría al verlo irse. Odiaba el hecho de que él estaría tan lejos y que las chicas estarían en bandeja para él. Suspiré, me negaba a pensar en ello. Tenía que confiar en él. Y lo hacía, confiaba plenamente en él, creía que me amaba u que no iba hacerme daño nunca.

Cuando regresó a mí lado, patinó hasta detenerse, enviando un spray de hielo sobre un lado.

-¿Es suficiente exhibición para ti? –me preguntó, envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y me besó tiernamente.

-Oh, sí. Mi hombre puede patinar bien –confirmé, con una sonrisa.

-Mmm, di eso de nuevo. Me gusto –gruñó, en una ronca y sexy voz que hizo temblar mis entrañas.

Envolví mis brazos con fuerza en su cuello y lo acerqué más a mí.

-Mi hombre puede patinar –ronroneé seductora, lo miré a los ojos. Pude sentir la ardiente pasión que chisporroteaba entre nosotros. Él dobló sus rodillas para que estuviéramos al mismo nivel, me abrazó abrazo con fuerza y me levantó. Empezó a patinar suavemente alrededor de la pista. Envolví mis piernas alrededor de su cintura mientras patinaba, él patinaba de forma ocasional, daba pequeños giros y patinaba hacia atrás. Sus ojos no dejaban de mirar los míos. Fue la cosa más erótica y sexy que me había sucedido, y todo mi cuerpo estaba anhelando por el suyo.

-Te amo tanto, Rosa-susurró.

Sonreí, mis entrañas estaban rebosando de felicidad y pasión. Él me estaba volviendo loca; yo lo quería y lo necesitaba. Al mirar dentro de sus hermosos ojos verdes, podía ver todo su amor por mí brillando y eso hizo a mi corazón latir muy rápido. De repente, me golpeo como un camión, el darme cuenta que yo también lo amaba. Tal vez siempre lo había amado, ya no estaba segura. Él tenía una manera de deslizarse detrás de mis defensas y abrirse paso dentro de mi corazón, pero siempre me había negado a verlo de esa manera. Me había sentir segura, querida, necesitada y especial; yo no quería volver a dejarlo ir. Lo amaba como una loca, más que a nada, él era lo único que necesitaba en la vida.

Abrí mi boca para decirle que yo también lo amaba, pero él habló primero, cortándome.

-Vamos a cenar –sugirió, patinando fuera de la pista de hielo, me sentó en el banquillo. Él se puso de rodillas delante de mí y me quitó mis patines. Sólo lo miré mientras lo hacía, era incapaz de dejar de sonreír.

¿Este chico es realmente mío? ¿Cómo conseguí ser tan afortunada? –me pregunté a mi misma.

Después que recogimos nuestros zapatos, nos fuimos a un pequeño restaurante italiano que Nicolás dijo hacía la segunda mejor lasaña del mundo.

-¿La segunda mejor? –pregunté riendo.

-Sí. Tu lasaña es la mejor –afirmó, sostuvo mi mano con fuerza y seguimos juntos al camarero a la mesa donde cenaríamos.

-Sabes que ya me tienes, puedes parar con los elogios –me burlé, reí por lo bajo. Nicolás sonrió y sacudió la cabeza, rodo sus ojos como si yo hubiera dicho algo estúpido.

 

La comida era buena y el restaurante era muy bonito, tenía velas en cada una de las mesas y eso le daba un aire muy romántico, además era tan divertido estar cerca de él sin que hubiera un silencio incómodo entre nosotros. No me podía dejar de preguntar cómo no sabía nada de él antes de que estuviéramos juntos. Suponía que era porque la única personalidad que alguna vez Nicolás me mostró fue su lado idiota que, en realidad, no parecía ser una parte de su carácter en absoluto.

-Nicolás, ¿puedo preguntarte algo? –pregunté, me sentía demasiado curiosa para no preguntarle eso.

-Por supuesto. Lo que tú quieras –se encogió de hombros, tomo un sorbo de su bebida y me miró con curiosidad.

-¿Por qué siempre fuiste tan imbécil conmigo? Si te he gustado desde que me conociste, ¿por qué siempre cuando éramos niños eras idiota conmigo hasta el punto de enloquecerme? Sabes que solía odiarte, ¿verdad? –pregunté, lo miré con mirada de disculpas por mi último comentario.

Él se rió.

-Ya sabes, hay una delgada línea entre el odio y el amor. Tal vez me amabas y no te diste cuenta –sugirió, me sonrió. Le sonreí en respuesta porque eso era exactamente lo que había pensando yo unos días antes.

-No, Nicolás. Para mí, eras un completo imbécil. Pero esa personalidad que me mostrabas era una actuación, ¿no? Entonces, ¿por qué lo hacías? –pregunte, necesitaba la respuesta, me estaba matando el tema porque simplemente no lo podía entender.

-Peter –se encogió de hombros.

-¿Peter? no entiendo –le di mi mejor cara de “que mierda”

El sonrió con aire triste.

-Peter de verdad no me quería cerca de ti. Para ser sincero me golpeó un par de veces cuando éramos niños para que lo entendiera. Él es muy protector contigo. Y para mí me era más fácil mantenerme alejado de ti si en realidad tú no querías estar a mi lado. Pensé que si te hacía querer estar lejos de mí, entonces yo no tendría que intentar estar lejos tuyo –dijo frunciendo el ceño.

A ver, ¿Nicolás fingió ser un idiota conmigo así yo no quería estar a su lado y todo por culpa de Peter? ¡Maldito sea mi hermano! –me dije a mi misma, me sentí furiosa por unos segundos

-Todos estos años, Nicolás, simplemente me parece una pérdida para nosotros –suspiré y sacudí la cabeza con pesar, “Si me hubiera dicho sus sentimientos a para conmigo, tal vez hubiéramos estado juntos hace mucho”, pensé, pero no me atreví a decírselo a él –sabes, yo siempre pensé que tenías una doble personalidad –le dijo y reí.

Él también se rió.

-¿En serio? ¿Por qué?

-Bueno, siempre pensé en ti como el Nicolás del día, el cual era un idiota, imbécil, y un prostituto, mujeriego. Y el Nicolás de la noche, el cual era adorable, dulce y cariñoso. Siempre me gusto más el Nicolás de la noche –le dije con sinceridad.

Él sonrió lleno de felicidad.

-Bueno, la noche siempre fue el momento que me detenía de tratar que no quisieras estar conmigo. Decidí que ya que Peter no sabía nada de lo que nosotros hacíamos de noche, podía ser yo mismo y disfrutar de mi único tiempo contigo. Para que lo sepas, ambas de mis personalidades te han amado desde siempre –dijo y se encogió de hombros, me sonrió.

Aww, ¡es tan malditamente dulce! –hablo mi voz en mi cabeza. Me estiré sobre la mesa y sostuve su mano con fuerza.

-Me hubiera gustado que me hubieras dicho todo esto antes, porque realmente te odié a veces –admití con timidez, él rió con fuerza.

-¿Sí? ¿Cómo aquella vez que corté la cabeza de tu osito de peluche y la lancé a la basura? –preguntó, riendo. Di un gritó ahogado cuando me acorde de ello, ya lo había olvidado, Nicolás le cortó la cabeza a mi oso favorito y lanzó a la basura luego Peter la había sacado y había arreglado mi oso dejándomelo de sorpresa sobre mi cama.

-Sí, ¡Idiota! –lo regañé, luchando contra una sonrisa que amenazaba en aparecer sobre mi rostro.

-Sabes que nunca hice eso, ¿verdad? Fingí cortarle la cabeza y lo escondí dentro de mi suéter, un par de horas después lo puse de nuevo sobre tu cama –dijo, él no podía dejar de reír.

-¡Eso no es cierto! ¡Peter me dijo que él me lo había arreglado! –me contagié con su hermosa risa y reí también.

Él sacudió su cabeza.

-No. Esa fue una de las veces que pateó mi culo. Me agarró aquel día cuando yo me había metido a escondidas a tu cuarto. Yo le había dicho que iba al baño –dijo, reía y sacudía la cabeza por el recuerdo.

-No puedo creer que mi hermano haya pateado tu culo. Eso es muy gracioso.

-Me alegro de que no me mate por salir contigo. Puedo defenderme de cualquier pelea, pero Peter es un maldito psicópata cuando se trata de ti –Nicolás frunció el ceño, movió ligeramente su cabeza, tenía una pequeña sonrisa en la comisuras de sus labios.

-Sí, bueno, es mejor asegurarte de no hacerme daño, ¿eh? –bromeé.

El asintió con la cabeza.

-Nunca te haría daño, nunca –apretó suavemente mi mano, me miró directamente a los ojos, me estaba mostrando con ese pequeño gento la verdad de sus palabras.

Y le creí, le creí que nunca me lastimaría a propósito, pero también sabía que rompería mi corazón tarde o temprano. Cuando fuera a la universidad y tuviéramos que estar separados, aunque él no me engañara, a mi eso me iba a doler mucho. Incluso si nunca nos hubiéramos vuelto novios y aún se comportara conmigo en las mañanas como el Nicolás idiota para mi hubiera sido terrible que se fuera, pero en esos momentos que ya éramos novios para mí iba a ser como una tortura. Aparté los pensamientos de mi mente. Yo no quería pensar en eso, no hasta que sucediera y aún así sabía que íbamos a poder superarlo. Lo amaba lo suficiente para esperar por él. Sólo esperaba que él sintiera lo mismo que sentía en esos momentos por mí cuatro meses después cuando todas las zorras universitarias se le regalarán en bandeja de plata y yo estuviera a un viaje de tres horas de distancia.

-Bien, entonces, ¿nos vamos? –me preguntó Nicolás después de que me había comido un pedazo enorme de pastel de chocolate yo sola. Asentí con la cabeza, él puso algo de dinero sobre la mesa, me extendió una mano y me ayudo a pararme.

Sonreí.

-Sabes que te estás perfilando como el mejor novio del mundo –le dijo llena de felicidad.

-Me encanta que me llames así –sonrió y envolvió su suéter alrededor de mis hombros, antes de que saliéramos a la calle donde así frío.

Me agarré fuertemente de su mano, no queriéndolo dejar ir. Cuando llegamos al auto abrió la puerta del copiloto para que yo entrara.

-Qué caballero, Nicolás –bromeé.

Lo vi dar la vuelta caminando al lado del conductor. Era tan guapo, y era mío, yo no podía dejar de sonreír sabiendo eso. Nunca había soñado que alguna vez tendría algo con un chico como él. Cuando solía pensar acerca de las citas, me asustaba enormemente porque no podía dejar que nadie me tocara, y todo el tiempo había tenido al chico perfecto delante mí, el cual estaba enamorado de mí, el cual me había abrazado y mantenido a salvo cada noche durante años, y yo ni siquiera me había dado cuenta. “¿Cómo pude ser tan estúpida?”, pensé.

Cuando llegamos a mi casa, eran sólo las ocho de la noche. Peter no llegaría a casa hasta una hora después, así que la teníamos solo para nosotros.

-Ven aquí, quiero hablar contigo –le dije, y lo senté en el sofá. Parecía un poco preocupado y algo nervioso. Me senté a su lado. Podía sentir la pasión construyéndose entre nosotros y sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que estuviera dispuesta a llevar las cosas un paso más allá. Nunca me había sentido así por nadie antes, y aunque sólo habíamos estado juntos por cinco días, lo había conocido desde siempre. Confiaba en él como no lo hacía en nadie y sabía que nunca me haría daño. No me sentía preocupada pensando que él no podría ser capaz de esperar por mí, podía ver en sus ojos cada vez que lo miraba que iba a esperarme tanto tiempo como yo quisiera, y saber eso me hacía sentirme lista para él . Agarré su mano con fuerza mientras lo miré con intensidad, estaba tratando de encontrar las palabras adecuadas para poder expresarle todo lo que sentía por él.

-¿Qué pasa, Rosa? –preguntó en voz baja, tenía el ceño fruncida y estaba frotando con sus dedos círculos en el dorso de mi mano.

Oh, mierda, ¿puedo decirlo? –mi voz retumbo en mi cabeza, estaba muy avergonzada, nunca le había dicho como lo que le quería a decir a nadie antes.

Respiré profundamente, quería que mi voz no mostrara los nervios que sentía en mi interior.

-Te amo, Nicolás –le dijo con sinceridad. Me miró, el shock en el que estaba se veía claro en su rostro. Tenía su boca y sus ojos muy abiertos, se notaba que estaba tratando de asimilar lo que yo le había dicho. Yo no podía dejar de reír –está bien, no me imaginé que tu reacción sería así –hice una mueca, esperaba que dijera algo.

Me empujó haciendo que yo quedara echada en el sillón boca arriba, él se puso sobre mí.

-¿Me amas? ¿En serio? –preguntó, el shock había dejado su rostro y había sido reemplazado por excitación.

Asentí con la cabeza, sentí que mis mejillas se calentaban un poco.

-Sí. Te amo.

Se rió y me besó con pasión. Cuando se apartó de mi sus ojos brillaban por la felicidad que estaba sintiendo.

-¡Gracias a Dios! Pensé que ibas a terminar conmigo o algo así. Te veías tan seria que pensé que ya no querías estar conmigo –dijo, sacudió su cabeza aun sonriendo.

Me eché a reír.

-¿En serio? ¿Es por eso que parecías nervioso? –pregunté, riendo.

-Dilo otra vez –susurró.

Envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo acerque más a mí, su boca estaba como a dos centímetros de la mía.

-Te amo. Nicolás Riera –susurré.

-Te amo también, Rocio Igarzabal –me besó, con fuerza, yo no podía evitar devolverle el beso con la misma intensidad. Pasé mis manos por su espalda y tomé la parte inferior de su camiseta, la tiré hacia arriba y se la saque por su cabeza, arrastre mis dedos por su pecho, estaba asombrada de cuán perfecto era. Sus manos vagaban por mi cuerpo con avidez, él se apoderó de la parte inferior de mi blusa y comenzó a tirarla hacia arriba lentamente, como si estuviera esperando algún tipo de reacción de mi parte. Sentí mi amor por él incrementarse a un nivel más alto por la forma reflexiva y paciente de cómo era él conmigo. Sonreí contra sus labios y él se apartó, me miró con curiosidad.

-¿Está bien? –preguntó, algo de preocupación coloreaba su voz tranquila.

Asentí con la cabeza y lo empuje para sacarlo de encima de mí y poder sentarme. Agarré mi blusa y me la saqué por encima de mi cabeza, la tiré al suelo. Nicolás me miraba en estado de shock. Me acerque de nuevo a él y lo besé profundamente. Sus manos estaban por todas partes mientras nos besábamos pero no hizo nada que yo no quería que hiciera. Fue perfecto y dulce.  Fue un final perfecto para una cita increíble. Después de un rato de manoseó se alejó de mí y hecho a mi lado, hablamos felizmente por un rato.

A las nueve, suspiró.

-Peter va a llegar pronto, me parece que nos deberíamos vestir –sugirió, aunque lució un poco reacio a aceptar su propia propuesta cuando sus dedos se perdían por encima de mi basier y luego me acariciaban mi estómago.

Asentí con la cabeza.

-Sí. No creo que estaría muy contento si llega a casa y descubre que me has visto sin blusa, Riera –dijo fingiendo horror. Él se rió y se sentó, agarró mi camisa del suelo y me paso, me beso otra vez con ternura.

Cuando los dos estábamos completamente vestidos de nuevo, nos sentamos a ver televisión a esperar que Peter llegara a casa. No podía dejar de sonreír, Nicolás me amaba y yo lo amaba a él y todo era perfecto. Peter volvió a casa y Nicolás y él jugaron Wii mientras yo hacía mi tarea sentada en la mesa de la sala, tratando de no mirar el culo de Nicolás que estaba parado delante de mí, para hacer honesta fracasé en ello miserablemente. A las diez Nicolás se fue a su casa para cambiarse de ropa y ver a sus padres, en media hora iba a colarse por mi ventana para dormir conmigo como siempre. Apenas podía contener mi emoción por poder estar con él de nuevo.

-Así que, ¿cómo están ustedes dos? –me preguntó Peter, con curiosidad, cuando nos quedamos solos.

Sonreí llena de alegría.

-Muy bien de verdad. Gracias por no enloquecer, ni golpearlo, ni nada –le dijo, hice una mueca ante la sola idea de que algo así hubiera sucedido.

Él sonrió con tristeza.

-Está bien. Sólo ten cuidado, es un mujeriego, no quiero que salgas lastimada –me miró con preocupación. Él siempre había sido sobreprotector, yo creía que había sido por la forma que habíamos crecido, siempre había sentido la necesidad de protegerme de nuestro padre. Suponía que ese instinto nunca se le había ido.

Sonreí y negué con la cabeza.

-No me lastimará –afirme con aplomo.

Él se rió.

-Que confianza en un chico que nunca se las arregló para conservar una novia antes –reflexiono, sacudió la cabeza.

-Peter, Nicolás es un gran chico, no me lastimará. Él me ama.

Suspiró y asintió con la cabeza.

-Yo sé que lo hace –frunció el ceño con desaprobación cuando me dijo eso. Yo no creía que Peter alguna vez aprobará a alguien que yo llevara a casa, era tan condenadamente sobreprotector. Siempre había sido el mejor hermano mayor que una chica podía desear –entonces ¿necesitas hablar conmigo sobre papá o algo? –preguntó, hizo una mueca cuando dijo la palabra papá.

Cerré mis ojos, había estado posponiendo esa conversación, ni siquiera había pensando en que ese hombre regresará a nuestras vidas.

-Yo no quiero verlo –dije en voz baja.

Peter me atrapo en un abrazo.

-Está bien, entonces no vamos a verlo –frotó mi espalda con dulzura, me miró con preocupación, parecía como si pensará que me iba a dar otro ataque de pánico como me había pasado la última vez que habíamos hablado de papá.

-Puedes verlo si quieres –le dijo, me sentía un poco culpable. No quería detener a Peter de verlo si él quería.

Se rió sin humor.

-Para serte completamente franco, necesito verlo –se encogió de hombros, mi corazón se hundió en mi pecho, no quería que Peter se acercara a ese imbécil.

-Bien, bueno, si eso es lo que quieres… –callé, estaba tratando de no llorar.

Peter me dejo de abrazar y me miró con tristeza.

-Yo no quiero verlo, Rocio, yo quiero matarlo –afirmó, se encogió de hombros casualmente, yo me reí. Le di una palmada en su hombro y él se rió –te prometo que no dejaré que te haga daño nunca más –besó mi cabeza con suavidad, su cuerpo estaba completamente tenso. Yo sabía que Peter siempre se había sentido culpable de no haber hecho algo desde el principio. Yo sabía que él nunca se había perdonado a sí mismo por lo que me había pasado a mí, pero yo sabía también que era un sentimiento irracional, nada de lo que nos paso fue su culpa, sin embargo él tomó toda la culpa por no haberle puesto fin antes. Peter se olvidaba que también a él lo habían maltratado, solo se preocupaba por lo que me había pasado a mí, como siempre. En realidad él nunca hablaba del hecho de que probablemente siempre había recibido el doble de castigo que yo porque siempre me estaba protegiendo. Siempre parecía olvidar que él también era un niño en ese entonces, que aunque hubiera querido, y yo sabía que él lo había querido, nunca hubiera podido hacer nada al respecto empezando porque no era lo suficientemente fuerte ni física ni mentalmente.

-Sanes que eres el mejor hermano del mundo, ¿verdad? –le dije y le sonreí con felicidad.

Asintió con la cabeza y me sonrió.

-Sí, lo sé –respondió engreídamente, nos reímos de nuevo.

Suspiré, me sentía agotada.

-Me voy a la cama. Buenas noches, Peter –le di un beso en la mejilla y me fui a mi habitación, cuando entré cerré la puerta con llave por hábito.

Me puse mi pijama y justo cuando estaba a punto de dormirme, oí a mi ventana abrirse. Le sonreí con felicidad, Nicolás se subió en la cama y me abrazó desde atrás.

-Hola, tú –murmuré soñolienta.

Nicolás beso la parte posterior de mi cabeza con suavidad.

-Hola, tú –respondió, yo me acurruque contra él.

-Te amo, Nico –sonreí mientras le decía esas palabras, se volvía más fácil decirlo cada vez que lo hacía.

-Te amo más, Rosa –suspiré y cerré mis ojos, a la deriva en el sueño, segura y cálida, envuelta en su abrazo.