Capitulo Diecinueve

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

-¿Rocio? –repitió la señora –¿Tu hija, Rocio? –preguntó, sonrió. Mi padre asintió con la cabeza, no dejaba de mirarme. En esos momentos me sentía como un venado mirando los faros de un coche que se aproxima y lo único que puede hacer es prepararse para el impacto.

-Bueno, es grandioso al fin conocerte. He oído a Joaquin y Benjamín hablar tanto de ti que ya siento como si te conociera –dijo la señora, me sonrió con gusto. Traté de devolverle la sonrisa y fingir que todo estaba bien, no quería que se dieran cuenta que en cual segundo podía desmayarme, o de gritar.

-Igualmente, Ruth –contesté en voz baja, deje de mirar a mi padre.

-¿Qué estás haciendo aquí, Rocio? –preguntó mi padre, dándome una media sonrisa. El sonido de su voz me dio escalofríos, estaba tratando con todas mis fuerzas no recordar mi infancia. Por muchos años había tenido pesadillas con su voz, sus ojos, su forma de pararse tan derechos y con sus puños siempre cerrados, en esos momentos estaba parado así.

-Yo…yo vine con Benjamón. Él está…él se está cambiando –tartamudeé. Inmediatamente me regañé mentalmente por mi tartamudez. Sus viejas reglas volvieron a mi mente.

Enderézate, habla claro, no murmures – su voz llego muy clara en mi cabeza.

Ruth sonrió.

-Bueno, es genial que estés aquí. ¿Te gustaría quedarte a cenar? Creo que vamos a pedir comida, porque no tenemos nada de comer aquí. No pensábamos volver hasta la noche, pero Mateo ha estado enfermo toda la semana, así que volvimos temprano –me explicó Ruth, le dio un beso en la cabeza al bebé con suavidad. Ella parecía muy agradable, demasiado buena para el imbécil abusador que tenía al lado.

Negué con la cabeza, no era capaz de hablar de nuevo. Me temblaban las manos, así que las apreté con fuerza, estaba tratando de mantener el control y no lanzarme al suelo a llorar.

-¿Estás segura? No es molestia. Nos encantaría que te quedaras para cena, ¿no es así, Joaquín? –continuó, le sonrió, ella estaba completamente ajena a lo que me sucedía, estaba viviendo mi peor pesadilla en esos momentos.

Él asintió con la cabeza, su mirada viajó a lo largo de mi cuerpo, yo sentí escalofríos.

-Estoy segura, gracias –dije en voz baja, me quebré un poco al final.

El niño que Ruth tenía en los brazos empezó a llorar de nuevo. Los ojos de ella se agrandaron cuando miro a Joaquín.

-Voy a darle un poco de medicina y a dormirlo –dijo, se acercó a la despensa y sacó una botella de medicina y una cuchara.

Mi padre camino unos pasos hacia mí y yo retrocedí golpeándome contra la puerta, mi respiración estaba entrecortada. Le eché un vistazo a mi teléfono abierto y marqué el número de Benjamín, él era la persona que tenía más cerca, si sólo me contestará podía decirle de alguna manera que bajara y así me podría ir de ahí.

-¿Cómo has estado, Rocio? He estado tratando de verte por años, pero tu hermano nunca me lo permitió –hablo con sorna cuando dijo “hermano”

¿Ha estado tratando de verme y Peter no me dijo? ¿Por qué diablos no iba a decirme algo así? Bueno seguramente habrá pensado que estaba protegiéndome –mi voz hablo en mi cabeza, vi a la mamá de Benjamón en busca de ayuda, ella estaba volviendo a poner la botella de medicina en su lugar.

-He estado muy bien, gracias –contesté. Miré mi teléfono, que todavía estaba llamando, “Benjamín responde, maldita sea”, pensé.

-Voy a llevar a Mateo a la cama y vuelvo para hacer un poco de café –sugirió Ruth, me sonrió con amabilidad.

-Está bien, amor –respondió mi padre, no apartaba sus ojos de los míos.

Tragué saliva.

¡No puedes quedarte a solas con él! –gritó la voz de mi conciencia en mi cabeza.

-¿Puedo ir contigo? –le pregunté con desesperación. Ruth me miró un poco sorprendida –me gustaría ver el cuarto de Mateo, si te parece –mentí con rapidez.

-No creo que eso sea una buena idea, Rocio. Mateo no está bien. Puedes ver su habitación en otro momento –interrumpió mi padre antes que Ruth me pudiera contestar.

Ruth sonrió.

-Ya vuelvo –caminó fuera de la habitación con el niño aferrado a su cuello.

Di un paso a un lado y caminé para salir corriendo detrás de ella pero tan pronto como caminé al lado de mi padre, él me tomó de la muñeca y me haló con fuerza para que me detuviera, casi me hizo caer. Sentí como mi grito trato de salir de mi garganta, pero me lo tragué, no podía demostrarle cuanto poder tenía sobre mí.

-Te ves hermosa, Rocio. Igual a tu madre cuando tenía tu edad. Siempre has sido un hermoso y tierno durazno –ronroneó, se lamió los labios y pasó una mano por una de mis mejillas.

Levanté mi rodilla y le di un rodillazo tan fuerte como pude en la entrepiernas, solté mi brazo de su agarré y corrí por el pasillo tan rápido como mis piernas podían llevarme. No tenía ni idea de a dónde debía ir. Había venido en el coche de Benjamín, además no quería salir de la casa sin saber a dónde ir. En vez de salir de la casa, corrí escaleras arriba, caminé por el pasillo y me detuve frente a una puerta que tenía un anuncio de “Entre bajo su propio riesgo” colgado. Supe inmediatamente que esa era la habitación de Benjamín. No toque sólo entre y azote la puerta detrás de mí, empecé a dar sollozos histéricos, apoyé mi espalda contra la puerta.

-¡Rocio! ¿Qué demonios? –exclamó Benjamín. Alcé la vista y él estaba de pie frente a mi envuelto sólo por una toalla, tenía el cuerpo mojado, acababa de salir de la ducha. Me lacé hacia él y lo abracé con fuerza, ignorando por completo el agua de su pelo que goteaba sobre mí mientras yo sollozaba en su cuello –¿Qué pasa? ¡Rocio, por el amor de Dios! ¿Qué pasó? –preguntó desesperadamente, frotaba mi espalda con sus manos tratando de calmarme.

-Necesito ir a casa. ¡Necesito irme, ahora mismo! –grité. Mis piernas apenas me sostenían, él estaba soportando la mayor parte de mi peso. Probablemente lo estaba lastimando por la fuerza con la me aferraba a él, pero no se quejó.

-¿Qué pasa? –preguntó, me separó y me miro.

-¿Benjamín, por favor? –me atraganté.

Él asintió con la cabeza y me hizo sentarme en la cama.

-Tengo que vestirme –dijo y se ruborizó un poco.

Asentí con la cabeza y cerré los ojos, trate de imaginarme a Nicolás, lo necesitaba para calmarme, no podía ni quería tener una crisis ahí. Escuché a Benjamín moverse mientras se vestía. Menos de un minuto más tarde, tomó mi mano.

-Estoy listo. Vamos –dijo, tiró de mí con suavidad. Me aferré a su mano con fuerza mientras él me conducía a través del cuarto hasta la puerta, se detuvo con una mano en la perilla –¿Me prometes que me contarás que fue todo esto más tarde? –pidió, y me miró con suplica. Asentí con la cabeza. En esos momentos podía aceptar cualquier cosa con tal que me sacarán de ahí.

Envolvió su brazo a mí alrededor, me acercó a él y abrió la puerta y bajamos rápidamente por las escaleras. Me puse rígida cuando su madre salió de la sala de estar.

-¡Mierda! ¿Qué están haciendo en casa? –preguntó Benjamín, muy sorprendido.

Ella sonrió con algo de tristeza.

-Mateo no está bien. Su puso muy enfermo ayer por la noche y ha estado incómodo durante todo el día, asi que vinimos antes –explicó, abrió los brazos para darle un abrazo.

Benjamín se apartó de mí y sentí que mi corazón se acelero al darse cuenta que estaba sola. Benjamín le dio un rápido abrazo.

-Te extrañe –susurró ella, y le dio unas palmaditas en la espalda.

Él sonrió y le dio un beso en la mejilla.

-Yo también. Mira, mamá, tengo que llevar a Rocio a su casa, su hermano la necesita –mintió, puso su brazo sobre mí otra vez.

Ella sonrió con tristeza.

-¿Segura de que no puedes quedarte a cenar, Rocio? A Joaquín le gustaría pasar algo de tiempo contigo.

¿Pasar tiempo conmigo? ¿Es una maldita broma? –Gritó mi voz en mi mente y negué con la cabeza.

-No puedo –susurré.

Mi padre apareció por la esquina, me encogí al lado de Benjamín, me apreté contra él con tanta fuerza que dolía. El brazo de Benjamín se apretó a mí alrededor, yo no entendía muy bien porque él actuaba de esa manera pero le agradecí mentalmente. Realmente era un gran hermanastro.

-Hola, Joaquín –saludó Benjamín, con rigidez.

-Hola, Benjamín. ¿Estás siendo acogedor con mi hija? –preguntó, el tono de voz era tan duro que me hizo estremecer.

-Me tengo que ir –susurré con desesperación, enterré mis dedos en el costado de Benjamín.

-Los veré más tarde –dijo Benjamín, se voltio y me empujó delante de él así se podía poner entre mi padre y yo mientras caminábamos hacia la puerta.

Prácticamente corrí hasta su auto, miraba hacia la puerta de la casa porque tenía miedo que mi padre saliera a buscarme. Aunque en el fondo sabía que no iba a hacer. Él necesitaba mantener su papel frente a su nueva esposa y frente a Benjamín, pero saber eso no impedía que él pánico se elevara en mi pecho. Benjamín me miró con preocupación mientras aceleraba por las calles.

-¿Estás bien, Rochi? Te  ves muy pálida y estás temblando –dijo, tomó mi mano.

Asentí con la cabeza.

-Solo quiero ir a casa –escupí.

-Está bien, shh. Te llevaré a casa –Benjamín frotó su pulgar sobre la palma de mi mano mientras manejaba a mi casa. Apreté los ojos cerrados. Realmente mi padre no había cambiado nada, recordé la forma que me había mirado y se me revolvió el estómago.

¡Oh Dios necesito a Nicolás! –grité mentalmente.

Diez minutos después, mientras los cuales yo intente pensar en otra cosa que no fuera mi padre, nos detuvimos en mi entrada. Me lancé del auto y corrí hacia la casa, rezaba internamente porque Nicolás estuviera ahí. Abrí la puerta y lo vi sentado en el sofá jugando PlayStation con Peter.

Ambos levantaron la mirada cuando entré. Nicolás me sonrió con alegría, pero su rostro se ensombreció al notar el mío. Se levantó del sofá mientras yo corría hacía él.

-¿Qué demonios? –gritó furioso, mirando a Benjamín que venía detrás de mí.

Me lancé a los brazos de Nicolás, sollozando. Era lo único que necesitaba en esos momentos, era lo único que me mantenía cuerda cuando mi mundo comenzaba a desmoronarse. Me envolvió en sus brazos con fuerza, se volteó para llevarme lejos de Benjamín.

-¿Qué diablos está pasando? –gritó Peter, dio un paso hacia Benjamín, lucia muy enojada.

-No lo sé. Me estaba cambiando cuando ella simplemente se volvió como loca y comenzó a llorar. ¡Peter, yo no le hice nada! –exclamó Benjamín, sonaba asustado.

Peter me agarró del brazo y me separo de Nicolás.

-¿Rocio, él te lastimó? –me preguntó con fiereza, señaló acusadoramente a Benjamín.

Negué con la cabeza, estaba tratando de hablar.

-Fui a su casa. Se suponía que no estaría ahí –lloré, mis piernas no soportaron más mi peso. Nicolás me agarró de la cintura antes de que yo cayera al sueño, se sentó y me sentó a mí en su regazo, retiró el pelo de mi cara y me dio un beso en la mejilla.

-Shh está bien, Rosa. Todo está bien –susurró.

-¿Quién no se suponía que iba a estar ahí? Alguien tiene que decirme qué demonios pasó. ¡AHORA MISMO! –gritó Peter estaba enojado y furioso.

-Papá –dije con voz ronca.

Los ojos de Peter se abrieron completamente, sus manos se cerraron en puños, su mandíbula se apretó. Sentí los brazos de Nicolás tensarse a mi alrededor.

-¿Lo viste? –preguntó Peter, su voz sonaba realmente amenazadora.

Asentí con la cabeza y lo vi mirar a Benjamín de nuevo, como si de alguna manera todo esto fuera su culpa.

-¿La llevaste a tu casa y dejaste que ese imbécil se le acercara? –gruñó Peter, Benjamín se estremeció.

-¡Yo no sabía que estaría ahí! No se suponía que estuviera ahí. Llegaron temprano a casa, mientras yo estaba en la ducha –protestó, tenía las manos en alto con gestó de inocencia, Peter lo miraba como si quisiera matarlo con sus propias manos, es más si las miradas mataron, Benjamín hubiera caído muerto en ese momento.

-¿Qué hizo, Rosa? –susurró Nicolás, tomo mi rostro para que lo mirara.

Negué con la cabeza.

No puedo decírselos. Si se enteran, van a ir a verlo y se van a meter en problemas –mi voz hablaba en mi cabeza.

-Dime –ordeno Nicolás.

Lo abracé con fuerza, no podía mentirle.

-Él… me agarró el brazo. Me dijo… que me veía hermosa, como mi mamá a mi edad, y que yo era un ma… maldito du…durazno –susurré, apenas era capaz de articular palaras, mi voz iba subiendo y bajando por mis sollozos.

Los brazos de Nicolás se volvieron a apretar a mí alrededor, esa vez tan fuerte que me empezaron a doler las costillas.

-Nicolás, me haces daño –me quejé, apreté mis manos en sus pelo. Sus brazos me soltaron al instante, pero su cuerpo estaba tan tenso que sabía que todo esto le estaba provocando una úlcera.

Peter tomó las lleves.

-Voy a ir. ¿Vienes Nicolás? –preguntó Peter, caminó hacia la puerta. “¡Oh, diablos, no! ¡No puedo permitir que se metan en problemas!”, pensé.

-Vigílala –le dijo Nicolás a Benjamín con severidad, se puso de pie para irse.

-¡No! –grité, tomando la mano de Nicolás –¡Peter, no! –le supliqué.

-No voy  a dejar que te haga daño otra vez –gruñó Peter.

-No lo hará. No se va acercar a mí. Ha sido mi culpa, no debí ir a la casa de Benjamín. No debí ponerme en riesgo. Por favor, por favor no lo hagas. No puedo dejarlos que se metan en problemas. Te necesito. Los necesito a los dos. Por favor no me dejes sola –le supliqué. Apreté la mano de Nicolás. –por favor –rogué y lo jalé de nuevo a mí lado.

Nicolás suspiró y miró a Peter.

-Ella tiene razón, Peter. No podemos ir si él no hace nada primero. Se saldría con la suya y seríamos nosotros los que nos meteríamos en problemas –razonó Nicolás.

Me relajé. Nicolás estaba siendo sensato; él siempre pensaba bien las cosas, no como Peter.

-¿Qué quisiste decir con “hacerle daño de nuevo”? –preguntó Benjamín en voz baja.

Los tres lo miramos. Peter habló primero.

-Nada. Creo que deberías irte, Benjamín –Peter miró a la puerta y le señalo que se fuera.

Benjamín negó con la cabeza.

-No. Rocio, me prometió que me contaría qué era todo esto –dijo, me miró.

Tenía razón. Peter me miró, indicándome con su mirada que yo tomara la decisión de contarle o no.

-Yo le dije eso –confirmé, asintiendo con la cabeza, cerré los ojos y me apreté contra Nicolás “Vaya, esto va a ser duro”, pensé.

 

NICOLÁS

Hice que Rocio se sentará de nuevo en mi regazo, deseaba que estuviera lo más cerca a mi posible. Mi corazón no había vuelto aún a la normalidad y eso era casi imposible luego de que la había visto sollozar de esa manera. Estaba tan molesto que mis dientes se apretaban entre sí con mucha fuerza, tanta que mi mandíbula me dolía, estaba tratando de mantener el control. Quería ir hasta su casa y golpearlo hasta que no quedará nada de él, pero ella tenía razón, seríamos nosotros los que nos meteríamos en problemas y ella no necesitaba más preocupaciones en ese momento.

Peter le hizo un gesto a Benjamín para que se sentara en el sofá frente a Rocio y a mí y él se sentó a su lado. Ambos se veían muy estresados. Rocio se acurrucó en mi regazo, haló sus rodillas con sus brazos y escondió su cara a un lado de mi cuello. La balanceé gentilmente mientras Peter le contaba a Benjamín sobre los abusos que ambos habían recibido cuando eran niños, cómo su padre había tratado de atacar a Rocio y la forma en lo que lo habíamos echado de la casa tres años antes. Hasta le contó lo del abuso sexual del que nadie sabía mucho porque Rocio se negaba a hablar de ello. Todo el tiempo Benjamín simplemente se quedo sentado, jugando con sus manos.

¿Por  qué no luce como si estuviera en shock? Si alguien se sentará a mi lado y me contará que su padre lo había abusado por años, creo que por lo menos estaría un poco en shock, ¿no es así? –me pregunté mentalmente.

Diez minutos más o menos después baje la mirada hacia Rocio y vi que se había quedado dormida en mis brazos. Se veía muy triste y vulnerable; su cara estaba todavía roja por lo que había llorado. No dejaría que algo la volviera herir nunca más. Agité mi mano hacia Peter para llamar su atención.

-La voy a poner en su cama –susurré, me incorporé y traté de mantenerla inmóvil mientras la llevaba hacia su cuarto, la recosté en su cama. Gimoteó y se acurrucó más cerca a mí, así que me eche a su lado por unos minutos hasta que se volvió a dormir profundamente. Le di un beso en la frente y volví a la sala.

Benjamín tenía la cabeza entre sus manos. Peter se veía muy enojado otra vez.

-¿Qué pasa? –preguntó, mirándolos.

Peter me miró, en serio se veía enojado y preocupado. No veía a Peter así muy seguido, él siempre era muy fuerte y de hecho me sentía un poco enfermo al verlo de esa manera.

-Lo está haciendo de nuevo. Ha golpeado a Benjamín y a su mamá algunas veces –gruñó Peter.

Maldije internamente, y me arrepentí de haberle hecho caso a Peter y no haber llamado a la policía cuando lo encontramos, entendía que lo había hecho porque no quería que Rocio pasará por el trauma de contarle a alguien más lo que le había pasado, pero ahora ese imbécil estaba abusando de alguien más.

-Mi mamá quería dejarlo el año pasado pero entonces nos mudamos aquí. Ella me dijo que era un inicio fresco y que todos debíamos empezar de nuevo, pero eso no ayudó –dijo Benjamín con tristeza. Me arrodillé a su lado y puse mi mano sobre su hombro. Realmente no lo conocía muy bien, era más el amigo de Rosa que el mío, pero sabía que era un buen chico.

-Benjamín, ¿tú mamá aún quiere dejarlo? –pregunté, lo miré a Peter, él parecía listo para explotar en cualquier minuto. “Tengo que vigilarlo de cerca, si el momento llega entonces tengo que estar a su lado, pero no podemos precipitarnos a nada, tiene que verse como autodefensa”, pensé.

Benjamín encogió los hombros.

-No he hablado con ella acerca de ello desde que nos mudamos aquí, así que no lo sé. Sé que está asustada por Mateo. Joaquín no lo ha golpeado aún, pero tiene solo un año, no sabemos que pueda hacerle después –replicó, su voz se quebró.

Apreté su hombro con solidaridad. Ese idiota era una persona realmente enferma. Peter se sentó a su lado y palmeó su espalda con torpeza. Como chicos, no éramos muy buenos en el arte de reconfortar. Estaba segura que Rosa hubiera sido perfecta para eso; era tan malditamente cariñosa y amable.

-benjamín, necesitas decirle a tu mamá lo que él ha hecho antes. Podría ser el empujón que necesita para dejarlo antes de que le haga algo a Mateo –dijo Peter con amabilidad.

Benjamín asintió y se levantó.

-Iré a casa y hablaré con ella en cuando pueda.

-Benjamín, si alguna vez necesitas ayuda llámame. Día o noche, ¿entiendes? Y si necesitan un lugar para quedarse algunos días, se pueden quedar aquí –dijo Peter con sinceridad. Lo decía en serio, Peter era un gran chico y nunca dejaba que alguien hiriera a su familia o amigos, suponía que técnicamente sentía que ellos tres eran su familia también.

-Gracias. Esperaré hasta que él no esté en casa, y entonces hablaré con mi madre –asintió se veía muy triste, y un poco asustado.

-Llámame y déjame saber cómo va todo. Y recuerda que aquí se pueden quedar, a mi mamá no le va a importar además ella no va a estar aquí por semanas –declaró Peter, guió a Benjamín hasta la puerta. Puso su brazo alrededor de su hombro –todo va a estar bien –le aseguró. Benjamín parecía un niño perdido, no se veía preparado para enfrentar nada, pero suponía que había necesitado crecer rápido como Peter lo había hecho cuando era más joven.

-No creo que debamos contarle a Rocio nada de esto. Realmente no necesita nada más sobre que preocuparse, y ni siquiera sé que es lo que va a decir mi mamá acerca de todo esto –murmuró Benjamín, frunció un poco el ceño.

Asentí. Esa era una buena idea. Si Rosa se enteraba  lo que estaba pasando en la casa de Bejamín se preocuparía por todos y aun nosotros no sabíamos si la mamá de Bejamín quería dejar o no ese imbécil. Le diríamos cuando el momento llegará, si es que llegaba.

-Sí, buena idea –estuve de acuerdo, asentí.

-Está bien, gracias. Nos vemos. –sonrió con tristeza y salió de la casa.

Peter cerró la puerta y presiono su frente contra ella.

-Nicolás, necesitas darme una muy buena razón de por qué no debo ir a la casa de ese imbécil y cortar su garganta –gruñó, todo su cuerpo estaba completamente rígido.

-Porque te meterían a la cárcel, y Rosa no tendría a su hermano mayor para protegerla –dije rápidamente, sabía que Rocio era la única cosa que lo mantendría calmado y contenido.

Peter se giró hacia mi e hizo algo que nunca lo había visto hacer en su vida; se dejó caer sentado, tiró sus rodillas hacia su pecho y se puso a llorar. Sentí como mis entrañas se retorcerse ante esa imagen. Estaba tan enojado que necesitaba recordarme a mí mismo la  razón de por qué no debía ir a buscar a ese imbécil y cortarle la garganta. Me senté al lado de Peter y puse mi brazo alrededor de sus hombros mientras él lloraba. No creía que jamás hubiera tenido una liberación como esa antes.

ROCIO

Las cosas habían sido muy tensas entre Benjamín y yo la última semana. Me hacía sentir un poco incomoda el saber que él sabía lo que mi padre nos había hecho, bueno, por lo menos una parte. Peter me había asegurado que no le había contada demasiado acerca de mí porque sabía que a yo no quería que la gente supiera acerca de eso. Yo le había dicho a Benjamín que no quería hablar acerca de nada de eso, y él lo había respetado. Parecía pasar el rato con Peter y Nicolás más que con Lali y yo en esos momentos. Siempre estaban fuera hablando en silenciosos susurros, y paraban apenas yo me les acercaba. Me pregunté si estarían hablando de mí, pero para ser honesta realmente no lo quería saber. No quería volver a hablar acerca de ese hombre nunca más en mi vida, así que si eran felices hablando sobre mí y dejarme fuera de ello, por mí no había problema.

Cuando me desperté el viernes por la mañana, Nicolás ya estaba despierto y se vestía silenciosamente.

-Oye, ¿estás haciendo la caminata de la vergüenza? –bromeé, me pregunté porque se estaba escabullendo de mi cuarto. Nunca se levantaba antes que yo.

Se rió y se puso si camiseta, luego se trepo de nuevo a la cama. Enganché mis dedos en la presilla de su pantalón, y lo tiré más cerca de mí.

-La única vergüenza que tengo es que tengo que salir de tu cama. Me quedaría muy feliz en la cama contigo para siempre, pero hoy necesito hacer algo, así que me tengo que ir –me dio un beso, sentí los acostumbrados pequeños revoloteos en mi estómago que me evocaban sus besos.

¿Algo que necesita hacer? ¿De qué se tratará? –me pregunté mentalmente.

-¿Qué necesitas hacer, chico amante? –le pregunté, lo jalé más cerca de mí, deteniéndolo que se levantará.

Sonrió y rodó sobre su espalda, me puso encima de él.

-Nada interesante. Sólo necesito hacer algo sobre la universidad eso es todo –replicó, lo noté un poco incómodo

¿Me está mintiendo? –me pregunté internamente, miré su rostro, sus ojos estaban un poco estrechos, definitivamente estaba incómodo.

Sonrió y enredó sus dedos en mi cabello.

-Nada está mal. No preocupes a tu linda cabecita acerca de nada. Es sólo un par de reclutadores que quieren reunirse conmigo, y solo podían venir en este momento –explicó, aún se veía incómodo.

Asentí, obviamente me estaba ocultando algo, yo esperaba que en algún momento me lo contará. Confiaba en él. Estaba segura de que no me engañaría, que estaba pensando estupideces. Sabía que me amaba. Me incliné hacia adelante y lo besé, pare y le mordí la barbilla, él amaba cuando yo hacía eso. Sus manos se apretaron alrededor de mi cintura, su respiración se aceleró; sonreí y le mordí el lóbulo de la oreja.

Gimió.

Rosa, necesito irme. Por favor no me provoques –se quejó.

Sonreí contra su cuello y me incorporé, hice un puchero, estaba decidida a tener algo de diversión con él antes de que se fuera. Suspiré dramáticamente.

-Está bien, bueno supongo que tendré que ducharme sola.

Gimió de nuevo.

-Rosa, no me hagas esto, no es justo, lo sabes –gruñó y frunció el ceño.

No pude evitar que se me escapara una risita ante su lujuriosa expresión.

-Bueno, diviértete con los reclutadores. Ve e impresiónalos con tus asombrosos talentos, chico amante –instruí, lo besé de suavemente de nuevo.

Me pasó un mechón de cabello detrás de mi oreja.

-Te amo. Te veré después de la escuela.

¿No va ir a la escuela? –me pregunté internamente. Fruncí el ceño.

-¿No vas a ir a la escuela después de la entrevista? –pregunté, estaba decepcionada de no poder verlo después.

Suspiró y negó con su cabeza.

-No, pero nos veremos después –contrarrestó, me beso de nuevo, salió de la cama.

-¿Nicolás? –lo llamé justo cuando estaba a punto de salir por la puerta. Se detuvo y me miro curioso –también te amo, y buena suerte con los reclutadores. Sólo recuerda, ellos tendrán la suerte de tenerte, no al revés –dije con honestidad.

Los reclutadores estaban tras Nicolás, él no necesitaba hacer mucho para impresionar a la gente, sus habilidades hablaban por sí mismas. Sonrió y me guiñó un ojo antes de salir del cuarto.

Me duché y fui a tomar desayuno; Peter estaba sentado ahí en pijamas, me pareció raro porque ya era hora de que nos fuéramos al colegio.

-Hey, será mejor que te apures o llegaremos tarde –lo regañé, fruncí el ceño, no quería una detención.

Negó con la cabeza.

-No me siento bien, no iré. Le pedí Lucas que te llevé porque Nicolás está con los reclutadores –dijo en voz baja.

Peter difícilmente se enfermaba. Caminé hacia él un poco preocupada, y puse mi mano sobre su frente. No se sentía caliente.

-No creo que tengas temperatura. ¿Qué te duele? –pregunté, preocupada.

-Me siento mal eso es todo. Voy a volver a la cama. Lucas estará aquí en quince minutos –replicó, se levantó y camino hacia el pasillo.

-¿Quieres que te traiga algo? –pregunté.

Negó con la cabeza.

-Estaré bien, Rochi, te veo después –agitó la mano sobre su hombro y entró a su cuarto.

 

Lucas era divertido, hubo un tiempo que me había gustado mucho pero él nunca había intentado hacer algún movimiento conmigo, así que ahora agradecía que nunca lo hubiera hecho. Aunque para ser sincera desde que salía con Nicolás los chicos habían dejado de hacerme comentarios. Cuando llegamos, vi a Lali, Cande y Gastón caminé hacia ellos.

-Hola –gorjeé y sonreí.

-Hola, Rocío. ¿Dónde están Peter y Nicolás? –preguntó Gastón, miro sobre mi hombro.

-Nicolás se está reuniendo con unos reclutadores universitarios –dije con orgullo –y Peter está enfermo –agregué, arrugué mi nariz. “¡Espero que no vomite en algún lugar y lo deje para que yo lo limpie!”, pensé.

-¿Si? Benjamín está enfermo también. Me llamó esta mañana –dijo Lali, hizo un puchero. Aún no la había invitado a salir como me dijo que lo iba a hacer. Yo no le había dicho nada de lo que había hablado con Benjamín a Lali, había decidido que era mejor que viniera de él.

-¿Benjamín está enfermo también? Espero que no sea nada contagioso –hice una mueca ante el pensamiento de estar enferma, odiaba vomitar.

-Yo también. Vamos a clases –sugirió Lali, unió su brazo con el mío y me hizo caminar hacia el edificio.

La escuela me pasó increíblemente lenta debido a que no había visto a Nicolás a la hora del almuerzo. La mañana y la tarde sólo fueron un largo día sin Nicolás, y encima me empecé a sentir un poco enferma también. Mi estómago estaba revuelto y ni siquiera había comido algo a la hora del almuerzo.

¡Genial, me esto enfermando! –grité en mi cabeza.

Traté de llamar a Peter para ver cómo estaba, pero no me contesto. Pensé que probablemente estaba dormido o algo así. Lali me estaba llevando a casa. Me dejó en el frente y entré, me sentía exhausta, lo único que quería hacer era irme a dormir.

Caminé por la puerta principal y me sorprendí porque vi unas maletas, algunas cajas junto a unas bolsas negras de basura llena de cosas apiladas en el vestíbulo.

-¿Qué demonios es todo esto? –me pregunté –¿Peter? –llamé.

Oí voces en la cocina y caminé hacía ahí, me encontré con Nicolás, Peter, Benjamín y Ruth que estaba sosteniendo a un niño pequeño en sus brazos, él cual asumí que era mi hermano pequeño, Mateo. No lo había visto oficialmente aún, además de la parte trasera de su cabeza la semana pasada.

¿Qué diablos están haciendo aquí? Espera, pensé que Lali me había dicho que Benjamín estaba enfermo, no parece enfermo –mi voz hablo en mi cabeza

-Hey. ¿Qué es todo esto? ¿Ustedes chicos están teniendo una conferencia? –bromeé.

Ruth me sonrió débilmente, sus ojos estaban ligeramente rosas, parecía como si hubiera estado llorando. Mi espalda se puso rígida cuando note su mirada triste.

Nicolás se acercó a mí y me envolvió en un abrazo.

Rosa, tenemos algo que decirte –dijo suavemente. Tragué saliva por su tono de voz. “Sea lo que sea esto va a ser malo”, pensé.

Peter dio un paso al frente.

-Él lo ha estado haciendo de nuevo, Rochi. Lo han dejado. Les dije que se podían quedar aquí por un tiempo. Mamá dijo que estaba bien –explicó.

Ruth empezó a llorar suavemente. Alcé la vista y miré a Benjamín.

¿Él ha estado siendo abusado y no me dijo nada? –Habló mi voz dentro de mi cabeza, me sentí enojada por él. Él sabía lo que nos había hecho ese hombre -¡Por qué no hablo conmigo! –abrí mi boca, estaba a punto de gritarle, pero si expresión me detuvo. Se veía triste, culpable y de hecho un poco asustado. Me alejé de los brazos de Nicolás y lo abracé con fuerza –Dios, ha estado siendo abusado por el hombre de mis pesadillas, no debo estar enojada con él, no necesita eso –me dije.

Repentinamente, todo tuvo sentido para mí; nunca le gustaba hablar acerca de Joaquín. Cuando le había preguntado si se llevaba bien con él, se había puesto incómodo. Lo tenso que se había puesto cuando vio a mi padre la semana pasada.

-Pudiste hablar conmigo –susurré, empecé a llorar, estaba afligida porque sabía exactamente por lo que él había pasado y cómo se estaba sintiendo en ese momento. Por lo menos yo había tenido a Peter y a Nicolás para mirar por mí en ese entonces; pero Benjamín era el mayor, estaba segura que se sentía como si fuera el que tenía que proteger a su mamá y a su hermanito.

Benjamín me abrazó de vuelta.

-No quería preocuparte; lo hemos estado planeando toda la semana. Peter y Nicolás nos ayudaron a empacar nuestras cosas hoy mientras él estaba en el trabajo. Está fuera por el fin de semana. No tiene planeado volver hasta el domingo por la mañana.

Lo alejé un poco y le di un beso en la mejilla.

-Ahora todo está bien. No te preocupes más, ya no puede herirte –le dije severamente. Me giré y abracé a Ruth aunque ni siquiera la conocía; simplemente se veía que necesitaba un abrazo. El bebé en sus brazos era hermoso; era igual a ella, pero con el cabello castaño.

-¿Estás bien, Rochi? –me preguntó Peter, se podía oír la preocupación en su voz.

Tragué saliva ruidosamente. De hecho me sentía un poco enferma. Supuse que estaba un poco abrumada por todo lo que estaba pasando.

-De hecho, me siento un poco extraña –admití, pase una mano por mi rostro.

Rosa, te ves un poco pálida. ¿Quieres algo de tomar o alguna otra cosa? –preguntó Nicolás, caminó hacia mí.

¡Maldición, tengo tanto calor! –me dije a mi mismo, mis labios y mis manos empezaron a temblar; empecé a sentirme un poco mareada.

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