Capitulo Dieciocho

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

A la mañana siguiente, después de que Nicolás se había salido por mi ventana hacia su casa, fui a la cocina para ver a Peter, estaba sentado conversando con mi mamá.

-Buenos días –dije alegremente.

Mamá me miró un poco sorprendida.

-¿Por qué estás tan feliz esta mañana? –preguntó y me sonrió.

Sonreí y reprimí una risita tonta, no podía decirle que mi sexy novio me había dado una muy buena razón para sonreír antes de salir por mi ventana. Así que en vez de eso, solo me encogí de hombros.

-¿Por qué no debería estarlo? –contenté, miré a todos lados menos a Peter. Estaba segura que él sabía la razón exacta de mi feliz y satisfecha cara –así que, Peter, ¿hay algo que quieras contarme? –me burlé y me senté al lado suyo.

Negó con la cabeza, lucía confundido.

-No. ¿Debería haber algo? –preguntó, y me miró con recelo.

-Tú, enamorándote de mi mejor amiga, ¿tal vez? –sugerí, lo golpeé con mi hombro suavemente.

Se quedó sin aliento, se le cayó la cuchará que tenía en la mano llena de cereal sobre el mostrador, después de un segundo se serenó y me sonrió con satisfacción.

-No estoy enamorado de tu mejor amiga. Ése es tu trabajo, ¿recuerdas? –dijo con sarcasmo. No podía parar de reírme, ponerse a la defensiva no lo ayudaba, estaba segura que si de verdad no hubiera sentido nada por ella solo me hubiera hecho alguna de sus bromas.

-Sí, claro. Como digas, Peter. Te estoy vigilando. Sólo no la lastimes –le advertí, tomé un tazón y me serví un poco de cereal.

Nicolás entró por la puerta, y si mi cara se veía como la suya ya entendía por mi mamá se había sorprendido tanto al verme, se le veía super feliz, sonreía de oreja a oreja,

-Buenos días –saludo, chocó los puños con Peter al pasar a su lado.

-Buenos días, Nicolás. ¿Desayunas? –ofreció mi mamá, levantó un poco la cesta de pan.

Nicolás asintió y le sonrió agradecido.

-Claro, Adriana –me abrazó por la espalda.

-Oye, Rosa. Te extrañé en la noche –me susurró.

Oí el “aww” en voz baja de mi madre y traté de no reír.

-Lo hiciste, ¿eh? –dije, le golpeé la mano que él movía hacia abajo entre mis piernas por debajo del mostrador.

Rió y se sentó a mi lado.

-Por supuesto que lo hice. Me gustó dormir contigo la otra noche. Tal vez tu mamá me deje dormir contigo de ahora en adelante –dijo, miró a mi mamá esperanzado.

-No presiones, Nicolás –replicó ella y rodó sus ojos.

Él se rió.

-Bueno, valía la pena intentarlo –indicó, acomodó un mechón de mi cabello detrás de una de mis orejas y la miró un poco avergonzado.

-Siempre fuiste descarado –murmuró mi madre, y le sonrió cuando le puso tres rebanadas de pan tostado frente a él.

-Estaba preguntándole a Peter sobre su enamoramiento de Lali –le conté a Nicolás, queriendo cambiar el tema de mi vida sexual y de él durmiendo en mi cama.

Le había hablado a Nicolás acerca de Peter y Lali en la noche. Él me comentó que no había notado nada, pero que iba a estar atento.

-No estás enamorado de una chica de dieciséis años, ¿verdad Peter? ¿Qué clase de chico de dieciocho años podría siquiera ver a una chica de dieciséis de esa manera, verdad? –Nicolás preguntó, fingiendo un shock y usando las palabras que Peter había usado un par de semanas atrás.

Peter lo miró fijamente como advertencia.

-Ja, Ja. Ustedes dos son muy graciosos –gruñó, negando con la cabeza mientras se alejaba para ir a vestirse.

 

Cuando nos detuvimos en el estacionamiento de la escuela, había una multitud alrededor del auto de Benjamín. Él estaba parado ahí torpemente, lucía muy incómodo, mientras los chicos le hablaban sobre su carro y las chicas le coqueteaban descaradamente. Silvina, como siempre, estaba al frente.

-Wow, ¡tenemos algunas zorras en esta escuela! –le susurré a Nicolás. Él asintió con la cabeza, observando la escena sin impresionarse.

-Sip.

-Quizá deberías ayudarlo. Luce muy incómodo –sugerí, miré a Nicolás.

Suspiró y me rodó los ojos.

-¿Por qué tienes que ser tan condenadamente linda todo el tiempo? –preguntó, me dio un beso suave y caminó en dirección al auto de Benjamín. Lo vi agitar las manos en un gesto de “se acabó”, haciendo que la mitad de los chicos se fueran inmediatamente. Pasó uno de sus brazos sobre los hombros de Benjamín, y lo condujo lejos de la multitud hacia la escuela, Benjamín lo miraba agradecido. Sonreí para mí misma. “Tengo al novio más adorable en este mundo”, pensé.

Lali saltó sobre mí.

-¿Dónde está el trasero sexy de tu hermano? –preguntó.

Peter aclaró su garganta detrás de ella. Lali se volteó y le sonrió.

-Lo siento, debería haber dicho, el trasero sexy de tu hermanastro –corrigió, guiñándole un ojo a Peter, el semblante de él se ensombreció ligeramente, pero rápidamente puso una sonrisa de satisfacción.

-Finalmente me di cuenta que no estoy interesado, pero todavía tratas de entrar a la familia, ¿eh?

Ella río.

-Algo así. Tal vez ya no me gusten los morochos, o tal vez tú has perdido tu encanto –contestó, poniendo una sonrisa de satisfacción más grande que la de él.

Casi me ahogué en una carcajada. Peter amaba ir detrás de las chicas, me di cuenta que nunca le había existido chica a la cual no hubiera podido tener y para ser sincera supe que solo quería a Lali en esos momentos porque ella ya no estaba interesada en él. Arrastré a mi mejor amiga a través de las puertas de entrada y divisé a Nicolás y Benjamín conversando apoyados en sus casilleros.

-Hey –saludé, sonreí y envolví uno de mis brazos alrededor de la cintura de Nicolás.

-Hey, Rocio. ¿Cómo estas hoy? –me preguntó Benjamín educadamente.

-Excelente, ¿y tú? –pregunté tratando de no reír mientras la mano de Nicolás se deslizaba por la parte de atrás de mis jeans y frotaba mi trasero suavemente.

-Estoy bien –asintió con la cabeza. Lali, que estaba junto a mí, le sonrío seductoramente.

-Le estaba contando a Benjamín sobre el partido de hockey sobre hielo –intervino Nicolás, me apretó el trasero con suavidad. Le sonreí con dulzura y luego le di un codazo en las costillas.

-¡Maldito chico pervertido! –mascullé sólo para él, rió para sus adentros y sacó sus manos de mis jeans.

-Sí voy a ir al juego el viernes. ¿Crees que pueda sentarme contigo? –me pregunto Benjamín, mirándome esperanzado.

-Puedes sentarte conmigo, si quieres –ofreció Lali, se lamió los labios lentamente y lo miró con intensidad.

Él se sonrojó y le sonrió tímidamente.

-Gracias, claro que me gustaría –estuvo de acuerdo.

-Vamos entonces, vayamos a clase –sugerí. Por la cara de Lali ella no pararía hasta conquistarlo, y a Benjamín parecía gustarle también. Me volteé para caminar pero me detuve cuando vi a Silvina caminando hacia mí con una expresión de odio en su mirada. Ella prácticamente me tiró un sobre marrón en las manos mientras me miraba fijamente.

-Sigo pensando que hiciste trampa, pero la gente dice que es justo que recibas el dinero, así que aquí está, zorra rara –gruñó furiosa.

¡Caramba! ¿acaba de darme más de cuatro mil pesos? ¿En realidad gané el dinero? –mi voz hablo dentro de mi cabeza.

Lali se acercó a mí.

-Silvina, es mejor que vuelvas al infierno de donde saliste –bufó enojada.

Sonreí llena de felicidad.

-Está bien Lali, no hay problema. Gracias Silvina –dije y agité el sobre con orgullo.

-Asegúrate de que no se te pierda –contestó con una sonrisa de satisfacción en su rostro.

No tenía ninguna duda de que ella tenía alguna clase de plan que probablemente involucrara tirar mi dinero por el desagüe o prenderle fuego. De repente, tuve una gran idea, que en serio podría molestarla y mucho. Sonreí ampliamente y voltee hacia Nicolás. Me acerqué a él y metí mi mano hacia el fondo para depositar el sobre ahí mismo. Nicolás gruñó y me miró sorprendido

-Cuida esto por mí, novio, lo sacaré después –susurré gritando provocativamente, lo acerqué y le di un gran beso. Oí a la gente aclamar y aplaudir, los chicos dijeron cosas como “Oh, sí” y “lindo”, Sonreí contra sus labios y lo empujé un poco. Alcé la vista y justo vi a Silvina marcharse echando chispas en la dirección opuesta.

Me eché a reír, Nicolás me agarró y me besó de nuevo, levantándome unos centímetros de suelo. El timbre sonó y las personas comenzaron a irse a clase. Me quedé atrás con Nicolás, no quería romper el beso. “No puedo creer que gané cuatro mil pesos, ¿Qué voy demonios voy a comprar con eso?”, pensé.

Nicolás me bajó con suavidad y me sonrió con esa sonrisa que me derretía.

-Eso fue tan gracioso, la cara de Silvina estaba para una fotografía –dijo riendo.

-Tu cara estaba para una fotografía –contente, le pellizque la nariz suavemente.

-Y bueno, no esperaba que metieras dinero dentro de mis pantalones como si yo fuera alguna clase de stripper –sonrió divertido –¿En qué vas a gastar tu dinero Rosa? –me preguntó, sacó el sobre de sus jeans y me lo dio.

Me encogí de hombros sonriendo.

-No tengo idea. ¿Qué deberíamos comprar? La mitad es tuya.

-No necesito nada, ya tengo todo lo que deseo, justo aquí –dijo, agarrando con sus manos mi trasero.

-Mi trasero, ¿eso es todo lo que quieres? –pregunté, riendo.

Sonrió.

-Técnicamente, es mi trasero ahora, ¿cierto? –se burló de mí, y me besó el cuello.

-Por ahora –bromeé y lo empujé. Me abaniqué con el sobre –ahora que tengo lo que quería, no estoy segura de que haya algo en esta relación que me interese a mí.

Nicolás rió y rodó los ojos, envolvió uno de sus brazos alrededor de mi cintura.

-Vamos; te llevaré a clase –sugirió, tomando mi brazo.

Le tendí el sobre.

-¿Podrías cuidar esto por mí? No confió en mí para nada, probablemente lo perderé –me estremecí ante la idea de perder todo ese dinero.

Sonrió y lo tomó, lo dobló en dos y lo guardo el bolsillo interno de su casaca.

-¿Y si lo pierdo? –preguntó.

Sonreí, lo puse contra una pared y aplaste mi cuerpo contra el suyo.

-Entonces tendrías que pagarme y no exactamente con dinero ¿me explico?–me sobé un poco contra él y le di un beso en los labios. Entre a mi clase rápidamente.

Silvina me miró fijamente cuando pasé y me senté al lado de Lali y Benjamín, en el asiento que me habían guardado. Para mi suerte, el profesor también llegó tarde, así que no me gané una detención.

 

El mes siguiente pasó muy rápido. Nicolás seguía siendo el novio más adorable del mundo, me llevaba a citas, me compraba flores y chocolates. Peter seguía siendo sobreprotector conmigo, nada iba a cambiar eso.

Mi mamá volvió al trabajo pero estuvo devuelta en casa dos semanas, porque tenía un lanzamiento de un nuevo producto o algo así. Lali para el disgustó de Peter siguió coqueteando con Benjamín. Nicolás me contó que había hablado con Peter acerca de mi mejor amigo, al parecer, mi hermano no quería salir con Lali, sólo no le gustaba el hecho de que ella estuviera detrás de alguien más. Aparentemente, se sentía un poco dejado de lado. Así que, para solucionar ese sentimiento Peter se había acostado con un par de chicas y luego se había sentido mucho mejor.

Mi relación con Benjamín también había cambiado. De hecho, se había convertido en un amigo cercano; era un buen chico y parecía que su confianza aumentaba día con día. Yo creía que la influencia de Lali tenía algo que ver con su cambio. Habían salido un par de veces, y Lali me había contado que él la había besado la última vez, ella estaba encantadísima. Realmente le gustaba, y a él parecía que también, lo cual me parecía muy dulce.

Benjamín había estado yendo a ver los partidos de hockey los viernes con nosotros por las última semanas, incluso había venido a nuestra “fiesta después del partido” también. Nunca habíamos hablado de mi padre, nunca me había preguntado acerca de él y yo tampoco había sacado el tema. De vez en cuando, lo mencionaba de paso, cosas que tenían que ver con su vida o con su casa, y cada vez que lo había me sentía enferma y un poco nerviosa.

Era domingo, iba a acompañar a Benjamín a una competencia de skate donde el participaría.

Benjamín llego a buscarme en su auto después del almuerzo, cuando escuche la bocina le di un beso de despedida a Nicolás y reí por su puchero.

-Deja de hacer pucheros Nicolás. Estaré devuelta en un par de horas –dije, riendo.

Suspiró dramáticamente.

-¿Pero por qué no puedo ir? Los domingos son mis días –se quejó frunciendo el ceño.

Sonreí.

-Nicolás, ya te lo dijo Benjamín, sólo se podía llevar a un invitado y me eligió para que fuera con él, deja de quejarte. Nos vemos más tarde –le ordené, le di otro beso –te amo –juré, tomé mis llaves y mi teléfono celular.

-Te amo más, Rosa –gritó mientras yo abría la puerta y corría hacia el auto que me esperaba.

-Hey –saludó Benjamín, me sonrió cuando me acomodé en su brillante auto deportivo.

-Hey. ¿Ya estás mentalizado y listo para la competencia? –pregunté, sonriendo.

Asintió con la cabeza.

-Sí, estoy un poco nervioso. El truco que he estado practicando sigue saliéndome mal. Voy a quedar como un idiota si fracaso –refunfuño, haciendo una mueca.

-No fracasarás Benjamín. Tente algo de confianza –le respondí con firmeza.

Sonrió y rodó los ojos, condujo hasta el parque donde sería la competencia. Benjamín había estado tratando de enseñarme algunas cosas acerca del skate pero para hacer honesta, como la mayoría de las cosas deportivas, me entraba por un oído y me salía por el otro. Si no estaban bailando, entonces no estaba interesada.

Por lo general me gustaba ver a Nicolás jugar, pero eso era sólo para verlo en su sexy uniforme.

La rampa que habían colocado en medio del parque era realmente enorme, tanto así que me había sentido un poco enferma cuando la había mirado.

-Umm, Benjamín, ¿estás seguro que quieres hacer esto? –pregunté, mientras caminábamos al stand de iniciación. Benjamín entregó nuestros pases de competidores y unas bandas amarillas para la muñeca.

-Rocio, voy a estar bien, no te preocupes por mí –rió mientras me arrastraba hasta la zona de patinaje donde la gente estaba dando vueltas esperando para entrar y practicar un poco.

-Mierda, Benjamín, ¡Es tan alto! ¿Qué pasa si te lastimas? –pregunté, trague el nudo que se había formado en mi garganta.

-Hey. Me dijiste en el coche que me tuviera algo de confianza, y de verdad espero que tu también me tengas un poco –dijo y me sonrió ampliamente.

Vaya te tengo confianza, pero si te caes de ahí te va dolor –le dijo mi voz en mi cabeza. Nos sentamos a ver a los otros skater dar sus vueltas. Los trucos que hacían me dejaban alucinada, saltos mortales, se sostenían en las manos y todo en lo que ni siquiera podía imaginar.

Cada minuto de espera me hacía sentir un poco peor. Ni siquiera estaba segura de poder ver a Benjamín competir. Después de casi una hora, le avisaron a Benjamín que se preparará, mi corazón empezó a palpitar muy fuerte, tanto que pensé que saldría de mi pecho.

-Oh Dios. Por favor, ten cuidado –le supliqué.

-Voy a tratar. Pero si muero, te dejo mi auto –replicó, me guiñó un ojo.

-Sólo si puedo pintarlo de rosa –bromeé, tratando de no mostrar en mi rostro lo aterrorizada que estaba por dentro. Benjamín se echó a reír y se alejó de mí rápidamente hacía la zona de calentamiento.

Cuando fue su turno, yo no podía respirar. Lo vi subir las escaleras hasta la cima de la plataforma y posicionarse, se inclinó a la espera. Me sonrió y traté de devolverle la sonrisa, pero seguramente solo me había salido una mueca de pesar. El silbato sólo, y él se lanzó. Cerré los ojos y escuché el aplauso lleno de alegría de la gente, pero me rehusaba a ver. Sentía que en el momento que yo abriera los ojos, él caería y se rompería el cuello.

Después de lo que a mí me había parecido una hora, pero que seguramente hubiera sido un minuto, la gente aplaudió como loca, así que abrí los ojos. Benjamín estaba bajando por las escaleras, no tenía ningún hueso rotos. Salté de mi silla y aplaudí junto con todos los demás, decidí fingir que lo había visto hacer su rutina.

La próxima vez que me invite le diré que no puedo venir. Sólo gasté su boleto de acompañante por gusto, no lo vi. –dijo mi voz con pesar en mi cabeza.

Benjamín hizo un trote corto y me abrazó con fuerza.

-¡Eso fue impresionante! –gorjeé con entusiasmo.

Se echó a reír y sacudió la cabeza.

-¿Sí? ¿Se veía bien a través de tus parpados? –preguntó, y rió con más fuerza.

Lo miré con disculpa.

-¡Lo siento tanto! No podía verte, Benjamín. Me sentía enferma. Tenía tanto miedo, simplemente no pude –dije como disculpa.

Negó con la cabeza

-No te disculpes, está bien. No me pasó nada –se jactó, sonriéndome ampliamente.

Asentí con la cabeza.

-Lo sé, escuché a la gente –dije un poco avergonzada. Me sentía muy culpable. Me había llevado para que lo viera y le diera mi apoyo y yo no había podido. “Supongo que soy una hermanastra inútil” pensé.

Nos sentamos de nuevo y me dio un resumen de todo lo que me había perdido y otras cosas que necesitaban ser contadas.

Benjamín había sido uno de los últimos participantes, así que no tuvimos que esperar mucho tiempo para los resultados. Cuando el anunciador entró al escenario tomé la mano de Benjamín, estaba muy nerviosa, rogaba que haya obtenido buenos resultados.

-Está bien, hoy tuvimos algunos trucos excelentes. Los jueces quedaron muy impresionados, así que muchas felicitaciones –el hombre empezó –bien entonces, ahora los resultados finales. En el tercer lugar con un puntaje de cuarenta y cuatro puntos de cincuenta… Benjamín Amadeo –anunció.

Chillé y salté sobe Benjamín con mucho entusiasmo, el se reí con felicidad.

-¡Oh Dios, eso es impresionante! Estoy muy orgullosa de ti –estaba muy entusiasmada, casi hasta las lagrimas.

Él sonrió abiertamente.

-Gracias, Rocio. Será mejor que vaya por mi trofeo –asintió y miró el escenario. Lo anime y aplaudí como una idiota, mientras él subía y tomaba su trofeo. Volvió corriendo y me abrazó haciéndome girar en círculos.

-Benjamín, es tan genial. Déjame ver el trofeo –prácticamente lo arrebaté de sus manos y lo observé tenía un pequeño hombre en una patineta.

-Estoy muy contento, cuarenta y cuatro puntos. Es mi mejor resultado –sonrió con orgullo.

-Hey, ¿vamos a comer algo para celebrar? Yo invito –sugerí, sonriéndole con felicidad.

-Acepto. Sólo tengo que cambiarme primero; no puedo salir así –miró su camiseta rasgada, sus pantalones cortos y sus sucias zapatillas e hizo una mueca.

¿Por qué diablos necesita cambiarse? –me pregunté en mi cabeza.

-Benjamín, no me importa qué tengas puesto –dije con honestidad, empezamos a caminar hacía su coche.

Se echó a reír.

-Rocio, estoy hecho un lío. Estás son mis ropas de competencia. Siempre llevo la misma cosa; es como mi tenida de la suerte. Están todas rasgadas y sucias. Además estoy sudado –respondió, se encogió de hombros y subimos al auto –voy a hacer una parada en mi casa para cambiarme, luego podemos ir a comer –dijo mientras sacaba el auto de la playa de estacionamiento.

¡Oh , mierda! ¿Quiere que yo vaya a su casa? –mi voz habló aterrorizada en mi cabeza.

Empecé a sentirme mal. No podía ir a su casa, no quería ver a mi padre, es más no podía. Cerré los ojos, estaba luchando con todas las fuerzas para que no me diera un ataque. Nicolás no estaba para calmarme.

-No puedo –susurré.

Me miró confundido.

-¿No puedes ir a cenar? –preguntó, me miró como si estuviera loca, probablemente porque había sido mi idea.

Negué con la cabeza.

-No puedo ir a tu casa, Benjamín. Por favor, no puedo verlo –supliqué, continuó manejando en dirección opuesta a mi casa.

-¿Joaquin? –preguntó, frunció el ceño. Asentí con la cabeza, en esos momentos era incapaz de hablar porque se me había formado un nudo en mi garganta. Las manos me temblaban. Cerré los ojos y pensé en Nicolás, tratando de mantener la calma. Pensé en el color de sus ojos, cómo se sentía su pelo cuando pasaba mis manos por el, el sonido de su voz –¿Estás bien? –preguntó Benjamín, sonaba algo afectado por mi comportamiento.

Asentí débilmente.

-No quiero verlo, Benjamín –susurré, me di vuelta en mi asiento y lo miré.

Él estaba tratando de ver el camino y de mirarme a la vez.

-¿Por qué no? –preguntó en voz baja. Sacudí la cabeza. No podía hablar de esto, sobre todo con él, mi padre era su padrastro y vivía con él.

-Yo no, por favor –le rogué con mis ojos. Él suspiró y meneó la cabeza.

-De todos modos no está ahí. Se fue por el fin de semana con mi mamá y Mateo. No volverán hasta esta noche –me dijo.

No está ahí –me susurró mi voz en mi cabeza.

-¿Estás seguro? –pregunté, mi cuerpo comenzó a relajarse.

Asintió y me sonrió para tranquilizarme.

-Eso. Fueron a ver a mis abuelos. No están volverán hasta las diez más o menos.

Lo miré para asegurarme de que no me estaba mintiendo o tratando de engañarme. Parecía estar diciendo la verdad. Benjamín era un muy buen tipo, no me haría algo así, no me mentiría.

-Está bien –estuve de acuerdo.

Sonrió y volvió a mirar la carretera.

-Y ¿puedo saber por qué tú y Peter odian tanto a Joaquín? –preguntó con curiosidad. Cerré los ojos, realmente no quería hablar de eso con él, en realidad con nadie. Ni siquiera Lali sabía algún detalle acerca de mi padre o de mi infancia.

-Benjamín, no quiero hablar de eso. Está en el pasado, y prefiero que se quede ahí –contenté, recé para que no siguiera con el tema.

Asintió con la cabeza, se veía un poco decepcionado y algo triste.

-está bien. Si alguna vez necesitas hablar conmigo sobre cualquier cosa, puedes hacerlo. Ya lo sabes, ¿verdad? –preguntó, mientras entraba en una calle muy bonita. Asentí mirando por la ventana, las casas de esa cuadra eran enormes, con grandes coches de lujo en las entradas. Se estaciono frente a una casa azul pálido. Se veía como si mi padre la hubiera hecho por sí mismo.

-¿estás seguro que él no está aquí? –cuestioné con nervios, me levanté y caminé hacia el lado de Benjamín.

-Estoy seguro. Su coche ni siquiera está aquí –confirmó, movió una de sus manos al estacionamiento vacío. Me relaje y caminé muy cerca de Benjamín, hasta la casa. Apenas podía respirar. Cuando el abrió de la puerta de entada yo me sostuve fuertemente de la parte de atrás de su camiseta, él rió entre dientes.

-Rocio, no hay nadie aquí –me aseguró, sacudió la cabeza y envolvió mis hombros con uno de sus brazos haciéndome entrar. La casa era preciosa –¿Quieres un trago? –ofreció mientras caminábamos hasta la cocina.

-Um, claro –miré alrededor, a todos los adornos y muebles caros –podría caber toda mi casa en tu sala de entrenamiento y tu cocina –le dije sonriendo.

Se echó a reír.

-Está casa es agradable, pero es demasiado grande para nosotros. No sé por qué eligieron está casa tan cara.

-¿Qué hace mi padre? –pregunté con algo de curiosidad, cuando él me entregó una lata de refresco.

-Acciones y participaciones. Es un empresario o algo así, realmente no entiendo mucho. Eso si hace un montón de dinero –dijo casualmente.

Todavía hace eso, lo mismo que cuando Peter y yo éramos niños –hablé en mi cabeza, no quería hablar más de él; estar en su casa ya me estaba volviendo bastate loca.

-Y tú y Lali, ¿huh? –bromeé, quería cambiar el tema.

Benjamín se sonrojó y asintió con la cabeza.

-Es bonita –murmuró nervioso.

Sonreí al ver su sonrojo, era realmente adorable.

-Me contó que la besaste –lo miré con entusiasmo, esperaba algunos detalles. Tenía la visión de Lali sobre su “beso perfecto”, ahora quería la suya.

Sonrió abiertamente.

-Sí, ¿te dijo si le gustó? –preguntó y se ruborizó más fuerte.

¡Oh infierno, era verdad! –gritó mi voz en mi cabeza.

-Sí, le gustó mucho –confirmé sonriéndole.

Largó una carcajada.

-Que bueno –parecía realmente aliviado, no podía dejar de reír –estaba pensando en invitarla a salir, ya sabes con exclusividad. ¿Crees que acepte? –preguntó y me miró esperanzado.

Sonreí al ver su cara de preocupación.

-Claro que aceptará –a Lali realmente le gustaba, sin duda le encantaría la idea de exclusividad.

Se rió y desordenó la parte de atrás de su pelo.

-¡Bien! Gracias, Rocio.

-Ve a cambiarte, estoy muerta de hambre –instruí, mirando el pasillo.

-Está bien, estaré listo en cinco minutos.

Me encogí de hombros.

-Puedes ducharte si quieres, no me importa esperarte.

-¿Estás diciendo que huelo a sudor? –preguntó, riendo mientras caminaba hacía la sala.

-Bueno, estaba tratando de sonar cortés –bromeé. Se rió y subió por las escaleras.

Me senté en el mostrador de la cocina, bebiendo felizmente mi refresco, jugué con el trofeo, cuando de repente oí la puerta de enfrente abrirse y a una mujer hablando.

-No, sólo tengo que darle un poco de medicina y ponerlo en la cama –dijo.

Sentí como mi aliento se entrecortaba en mi garganta.

-Bueno, no ha dejado de llorar –espetó mi padre, sonaba molesto.

Me paré tan rápido que casi me caído. Me mudé al otro lado del mostrador, queriendo poner algo entre nosotros, podía oírlos caminar hacia donde yo estaba. Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza. No podía respirar de manera correcta. Había una puerta detrás de mí, tomé la manija, en un intento desesperado por escaparme antes de que él llegara. No podía verlo; no podía dejar que me viera. Agité la manija rápidamente pero estaba cerrada con llave. Podía sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

-Lo siento, Joaquín. Lo pondré en la cama en un minuto, se quedará dormido –dijo la mujer, en voz baja.

-Qué suceda eso, me está dando un dolor de cabeza –gruñó furioso.

Metí la mano en mi bolsillo y tomé mi celular. Comencé a pensar a quien podía llamar. Nicolás y Peter estaban demasiado lejos, y Benjamín probablemente estaba en la ducha. No había nadie, estaba sin ayuda, estaba sola con mi propio horror. Me di vuelta y miré a la puerta, esperando que entrara. Me sentí más enferma. “Oh Dios, voy a vomitar”, pensé.

La señora entró, llevaba un niño que lloraba en sus brazos, ella le acariciaba a la espalda con dulzura. Sus ojos se posaron en mí, y saltó un poco, obviamente, se había sorprendido de verme.

-Hola, lo siento, no me di cuenta de que Benjamín había traído a alguien –dijo, me sonrió. Era muy bonita, tenía el cabello castaño claro y los ojos miel, como mi madre y yo. Asentí con la cabeza, no podía hablar.

-¿Benjamín a traído a alguien? –preguntó mi padre, y entró por la puerta.

Me sentí mareada, mis piernas estaba débiles, él se veía exactamente como él mismo, sólo que un poco mayor, tenía un poco menos de pelo y estaba más gris. Sus ojos eran duros y severos, como siempre solían ser, no como en la foto que Benjamín me había mostrado. No había cambiado nada en absoluto.

Me miró, sus ojos inspeccionaron cada parte de mi cuerpo mientras yo me quedaba ahí, sin poder moverme, sin poder respirar. Me sentía como una niña de nuevo. Estaba aterrorizada, y esta vez no estaba Peter para protegerme. El hombre que había arruinado mi infancia y la niñez de mi hermano, estaba de pie a menos de quince metros de mí.

-Rocio –dijo en voz baja. Sonrió y sentí como bilis aumento en mi garganta.

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