Capitulo Diecisiete

El Chico Que Se Coló Por La Ventana De Mi Cuarto

 

Rocio

Cuando desperté ya era de mañana, mi cabeza estaba palpitando. Gemí un poco. “No necesito un dolor de cabeza encima de todo lo que va a pasar hoy”, pensé. Nicolás todavía estaba dormido, salí de la cama con suavidad no quería despertarlo. Caminé al baño, quería tomar una ducha. Debajo del agua estaba intentando desesperadamente no llorar mientras pensaba en la “nueva familia” de mi padre.

¿Qué le voy a decir a ese tal Benjamin? –suspiré cuando escuche mi voz en mi cabeza preguntar, salí de la ducha y me enrollé en una toalla.

En silencio, intente convencerme a mí misma que ese chico Benjamin probablemente ni siquiera iba a querer hablar conmigo y que me estaba preocupando por nada. De todas maneras no era culpa de Benjamin que mi padre se casara con su madre y luego se mudarán aquí.

Demonios, él probablemente va a necesitar un amigo, ha dejado todos sus afectos en su antiguo lugar –dijo mi voz en mi cabeza con tristeza.

Caminé a la cama, miré a Nicolás. Se le veía tan tranquilo que no quería despertarlo. Me senté en el borde de la cama y tomé su mano, sabía que necesitaba prepararse para ir al colegio.

-¿Nicolás? –susurré. Se despertó al instante, lo que era muy raro viendo que a él normalmente le costaba mucho levantarse.

-Hola –se sentó y me miró con tristeza.

Note que él estaba preocupado por mí y le sonreí para tranquilizarlo.

-Hola –conteste, entre otra vez a la cama y nos acostamos juntos –estoy bien, deja el stress –prometí, pase un dedo por su frente sobre las líneas de su ceño fruncido, él suavizó la expresión.

Suspiró y sacudió la cabeza.

-Sabes que estoy aquí para cuando quieras hablar ¿verdad? –preguntó, me miró directo a los ojos.

“A veces es simplemente demasiado adorable, de verdad no me lo merezco”, pensé.

-Lo sé, Nicolás, pero estoy bien. Solamente vamos a tranquilizarnos y vamos a ver que tiene para decir ese tal Benjamín hoy –sugerí, me encogí de hombros.

Besó cada centímetro de mi rostro, yo reí, cuando terminó se fue a dar una ducha.

 

Entramos al aparcamiento del instituto una hora más tarde, vi a Lali que se acercó a nosotros dando pequeños saltitos, tenía una gran sonrisa en el rostro. Abrió mi puerta.

-¡Estoy oficialmente enamorada! –me anunció llena de orgullo.

Me reí.

-De verdad, bueno… felicidades –contenté con sarcasmo, puse los ojos en blanco.

Ella se rió.

-Lo digo en serio. Hay un chico nuevo hoy, y es muy ¡caliente! –abanicó su cara con una mano dramáticamente.

Me quedé pasmada; podía apostar que lali estaba hablando de mi nuevo hermanastro. “Perfecto, ahora Lali se va a enamorar de él y estaré obligada a pasar el rato con ellos.”, pensé.

Genial, simple y jodidamente genial –mi voz en mi mente sonó llena de molestia.

-¿Chico nuevo? –pregunté con tranquilidad. Nicolás me acarició la espalda.

-¡Sí! Debes verlo, es delicioso, pero tú tienes a Nicolás así que lo he reservado –dijo con una gran sonrisa, saltaba a mi lado –aún no sé su nombre, Chico caliente, le queda bien –ella dijo con dramatismo y me reí sin poder evitarlo.

Peter envolvió uno de sus brazos alrededor de los hombros de Lali.

-Sabes, no estoy acostumbrado a que no me quieras, Lali. No estoy seguro si me gusta tu nuevo comportamiento –dijo y le sonrió con coquetería.

Ella suspiró con aire soñador.

-Siempre te querré Peter, pero la carne fresca que ha llegado esta para babear. Creo que tendrás que trabajar más duro a partir de ahora por mi atención –bromeó, le parpadeó y encogió sus hombros de manera indiferente. Peter parecía sorprendido y algo enfadado –así que necesito saber todo sobre el chico nuevo. ¿Me ayudas? –me preguntó, tomo mi brazo.

Demonios no –dijo mi voz dentro de mi cabeza, pero no podía dejarla sola a Lali.

-Su nombre es Benjamín –le dije, me encogí de hombros tratando de darle a todo un enfoque casual.

Ella se rió.

-Sí que era psíquica, ¿no? Acabas de llegar, ¿cómo sabes que se llama Benjamín? –preguntó, sacudió su cabeza con diversión.

-Es mi hermanastro.

Ella paró de caminar y me miró sorprendida.

-Estás bromeando –jadeó, tenía los ojos completamente abiertos.

Sacudí la cabeza en negación.

-Bueno, mi padre se volvió a casar, y su nueva esposa tenía un hijo, y hoy empieza en esta escuela. Si es a él de quien estás hablando, entonces tiene diecisiete años y se llama Benjamín –dije, puse rostro de póker

Ella gritó y entrelazó su brazo con el mío llena de entusiasmo.

-¡Esto es asombroso! Me lo puedes presentar, tendré ventaja sobre todas las zorras –Lali sonreía de oreja a oreja.

-No lo conozco, no puedo presentártelo –contesté tranquilamente. No quería que ella se enamorara de él; quería mantener mi distancia con cualquier cosa o persona relacionada con mi padre.

-Tú eres tan malditamente suertuda, ¡Rocio! De verdad, el chico más caliente que he visto es tu novio, el segundo más caliente es tu hermano y el más cercano al tercer puesto es tu maldito hermanastro –gritó, me miró con furia.

Estaba a punto de contestarle cuando Silvina y tres de sus pequeños clones se acercaron, todas miraban a Nicolás hambrientamente. Sonreí cuando el brazo de mi novio se enrollo en mi cintura.

-Hola Silvina, ¿tienes mi dinero? –dije sonriendo.

Ella se burló de mí.

-Sí claro. Como si fuera posible, rara –ella se giró hacia Nicolás y le sonrió de forma seductora, él apretó su agarré en mi cintura –no te acostaste con ella, ¿verdad cariño? –ronroneó con confianza.

Escuché a Peter gemir con dolor detrás de mí.

-¡No puedo contestar eso! me voy a mi casillero, Rochi. Si necesitas llámame. Tendré mi teléfono encendido –dijo mi hermano y se fue con rápidamente.

-Bueno, ¿cariño? –preguntó Silvina poniendo su mano sobre el brazo de Nicolás.

Él se rió y encogió los hombros.

-Un caballero nunca cuenta esas cosas –le contestó y me dio un beso en la cabeza.

Me reí.

-Bueno así no me ayudarás a reclamar mi dinero, chico amante –bromeé, puse los ojos en blanco.

Él suspiró dramáticamente.

-Bien. Silvina le debes a Rosa cuatro mil pesos –dijo, me miro con amor.

Ella dio una patada al suelo y yo me reí.

-¿Cómo diablos has podido hacerme eso? –Silvina le gritó a Nicolás -¡Se suponía que tenías que estar conmigo! ¡No puedes acostarte con alguna pequeña puta! –la gente se estaba parando a mirar la escena, ella tenía la cara roja, me pregunté si estaba respirando.

-Silvina, salimos un par de veces –contestó Nicolás, lucía incómodo.

-¡No me importa cuántas veces salimos! ¡Soy la capitana de porristas! Se supone que tenemos que estar juntos. Tu no deberías salir con este pequeño fenómeno –gritó señalandome con disgusto.

Me reí con fuerza.

-Woow, Silvina ten cuidado, tendremos una manada de perros aquí si tu voz se eleva un poco más –bromeé.

Ella se giró furiosa hacia mí.

-¡Tú, tú me has robado a mí novio! Yo era su novia secreta y tú dormiste con mi chico –escupió, me señalaba con el dedo de manera acusadora.

Lali estalló en risas detrás de mí.

Me paré cerca a Silvina con decisión.

-Sí lo hice, y Dios fue buenísimo. Acepto efectivo. Oh, y Silvina, si vuelves a gritarme así otra vez te voy a romper la cara ¿Me has entendido? –gruñí llena de furia.

Ella se estremeció ligeramente; me colgué de brazo de Nicolás y lo arrastré al instituto, Lali saltaba detrás de mí, se estaba muriendo de la risa.

-Hubieras abofeteado a esa perra. Amaría ver eso –gorgoreó Lali felizmente.

Candela y Gastón se acercaron corriendo a nosotros.

-¿Ganaste la apuesta? –exclamó Candela tenía los ojos muy abiertos.

“Woow ¡Las noticias viajan rápido en este colegio!, pensé

Nicolás sonrió me dio un beso y paso sus dedos por mi pelo.

-Mejor me voy. Te daré tiempo para que chismosees sobre mí antes de clases –dijo, me sonrió coquetamente –te quiero, Rosa –me dio otro beso tierno, y se caminó a su casillero.

Le conté a mis amigos de cómo habíamos estado saliendo en secreto, y que también había ganado la apuesta. Aunque tenía mis dudas de si podría cobrar mí dinero. Lali abrió su gran boca para contarles que el “Caliente chico nuevo” era mi hermanastro. Y cuando la campana sonó, agradecí secretamente al destino. No quería seguir hablando de Benjamín. Todavía no lo conocía y ya era gran parte de mí vida.

Caminé hasta la clase de inglés, me senté en mi sitió normal, al lado de Lali. Unos minutos después él entro. Supe que era él sin ni siquiera mirarlo, lo supe por la manera que Lali tomo con fuerza mi brazo. Levanté la mirada y lo vi. Él, era totalmente guapo; podía ver lo que mi mejor amiga había visto. Benjamín era alto, aunque no tanto como Nicolás y no tenía mucho musculo. De hecho, era un poco desgarbado, pero aprobaba en “guapura” totalmente. Estaba usando unos jeans desgastados y una sudadera negra. Tenía los ojos claros, tenía el cabello castaño claro. Parecía un poco tímido, tenía los hombros encorvados como si estuviera nervioso. Definitivamente podía ver lo atractivo que era y también noté como cada chica de la clase lo estaba mirando con lujuria. Me reí “Pobre chico lo que le espera, una vez que Silvina lo conozca estará acabado”, pensé.

-Lali me dio un codazo para la mirara. Cuando volteé hacia ella vocalizó la palabra “caliente” y se abanicó el rostro con las manos, asintió con entusiasmo y yo me reí más fuerte.

-Clase, él es el nuevo estudiante. Benjamín Amadeo –dijo la maestra, le sonrió con calidez. Se giró hacia nosotros y sonrió con incomodidad.

-¡Te lo dije! Es guapísimo –susurró Lali.

Claro que es guapo, pero no tiene nada que ver con mi Nicolás –dijo mi voz en mi cabeza.

-Es lindo –confirme, asentí.

-Benjamín, cuéntanos algo sobre ti –sugirió la maestra.

Él se movió incómodo sobre sus pies, nos estaba mirando lleno de nervios.

-Er… bueno, me acabo de mudar con mi madre y mi padrastro. Tengo un hermano pequeño. Y … me gusta patinar –dijo

-Muy bien, estoy segura de que serás muy feliz aquí. ¿Qué te parece si te consigo una pareja con alguien de la clase para que te enseñe el colegio? –ofreció la maestra.

No quiero que me elija –dijo mi voz inmediatamente en mi cabeza, me hundí en mi silla, miré mi libro y recé para que no me escogiera.

-¿Silvina te ofreces voluntariamente? –preguntó la maestra. Levanté mi cabeza y di un suspiro de alivio. Lali la maldijo y bajo su cabeza, obviamente se estaba recriminando por no haberse ofrecido de voluntaria.

Benjamín caminó para sentarse en el pupitre que estaba al lado de Silvina, ella se desabrocho otro botón de su ya camisa de zorra. Benjamín me sonrió cuando paso por mi lado.

-Hola, Rocio –dijo tranquilamente.

-Hola, Benjamín –contenté, estaba un poco sorprendida.

¿Cómo demonios sabe mi nombre? –me pregunté internamente, lo observé sentarse al lado de Silvina, ella inmediatamente empezó a flirtear con él, Benjamín solo la miraba y asentía con cortesía, parecía algo incómodo.

Lali me miró con los ojos completamente abiertos.

-Pensé que no lo conocías –susurró, me frunció el ceño y me miro confundida.

-No lo conozco, ¿Cómo demonios sabe quién soy yo? No lo he visto antes –conteste.

La profesora se aclaró la garganta.

-Bien entonces, si ya está todo claro. ¿Por qué no empezamos con la lección? –preguntó con ironía. Tome mi libro y me hundí en mi asiento, intentaba con todo no mirar a Benjamín.

Apenas sonó la campana salté de mi silla y prácticamente corrí hasta la puerta, no quería encontrármelo otra vez. Estaba rezando en silencio para que Benjamin no estuviera en otra de mis clases. Y mis gracias a Dios mis rezos funcionaron, no volví a encontrarme con mi hermanastro el resto la mañana.

Todo el día la gente estuvo hablando mucho conmigo, me preguntaban si Nicolás y yo éramos pareja, querían saber cuánto tiempo hacia que estábamos juntos.

Bla, bla, bla lo mismo una y otra vez, ya estoy aburrida –me dije a mi misma en mi cabeza

-Hola Rosa –ronroneó Nicolás, abrazándome por detrás  cuando yo estaba parada en la cola para pedir el almuerzo con Lali y Gastón.

-Hola –sonreí, me sentí instantáneamente feliz, como siempre me sentía cuando él estaba cerca a mí.

-¿Cómo va tu día? –preguntó, me dio un beso en el cuello el cual me hizo estremecer.

Suspiré.

-Bueno, he estado respondiendo las mismas preguntas una y otra vez. Tanto así que estoy pensando seriamente en tatuarme en la frente “Sí, estoy saliendo con Nicolás. Sí, gané la apuesta. Sí es un buen novio. No, mi hermano no enloqueció”. Así no tendría que estar repitiendo eso todo el tiempo –bromeé, me encogí de hombros. Él rió y me abrazo más fuerte –a demás de las preguntas, tuve clase con mi hermanastro. Él sabía quién era yo, a por cierto esta ahora mismo con la zorra de Silvina, la cual luce como si me quisiera matar. Así que mí día está yendo muy bien, novio mío –dije, miré discretamente a Benjamín.

-¿Él sabía quién eras? –Nicolás preguntó, me movió un ligeramente escondiéndome de la vista de Benjamín.

-Sí. Él me saludó cuando pasó por mi lado –contenté, fruncí el ceño, no entendía como me había reconocido.

Nicolás se rió y me miró como si hubiera dicho algo estúpido.

-Él no sabe quién eres, Rosa, seguramente pensó que eras atractiva por eso te saludo. No lo puedo culpar –ronroneó, sonrió sentí sus manos acariciando mi trasero.

Puse los ojos en blanco.

-Nicolás él pasó por mi lado y dijo hola, Rocio así que me parece que si sabe quien soy –contesté con sarcasmo.

Nicolás frunció el ceño y miró sobre su hombro, rió con maldad.

-Él no se ve nada cómo con Silvina.

-Bueno, ¿quién demonios se puede encontrar cómodo junto a Silvina? Oh verdad, tú no te veías muy estresado cuando ibas con ella a todas partes –me burlé, le sonreí.

Él me miró y fingió un estremecimiento.

-No me recuerdes mi estilo de vida que tú aceptaras ser parte de ella, Rosa. Voy a tener pesadillas –dijo con una mueca de horro, me reí con fuerza.

Tomé un par de sándwiches y dos bebidas. Nicolás insistió en pagar y llevar la bandeja como de costumbre. Caminé a su mesa y me senté a su lado. Peter ya estaba allí con alguno de los miembros del equipo, mis amigos tomaron los últimos asientos. Abrí la envoltura de mi sádwich y estaba a punto de darle una mordida cuando una sombra cayó sobre mí.

-Hola –dijo Benjamín, estaba ligeramente ruborizado.

Tragué, mi estómago se me hundió un poco.

-Er… hola

-¿Te importa si me siento contigo? –me preguntó, tenía una mirada llena de esperanza.

Vi de reojo a Peter tensarse en su asiento. Miré alrededor de la mesa.

-Um… -me callé, mordí mi labio inferior.

-No importa, no te preocupes. Sólo pensé que debía presentarme –se encogió de hombros, se ruborizó más fuerte, cambiaba su peso de un pie a otro con incomodidad.

Lali me pateó por debajo de la mesa.

-¡Ay! ¿Por qué demonios hiciste eso? –le pregunté, me froté la pierna. Ella me miró ferozmente. Sabía exactamente porque me había pateado, quería que le dijera a Benjamín que se sentara con nosotros.

¡Oh Dios, llévame ahora! –dijo mi voz en mi cabeza, suspiré.

-Está bien, Benjamín. Toma una silla, puedes sentarte aquí  -sugerí, moví mi bandeja para que el pudiera poner su comida.

Él sonrió y se relajó.

-Gracias, Rocio –dijo, me sonrió con agradecimiento, caminó para tomar una silla que estaba a un par de mesas de distancia.

Volteé hacia Lali, fruncí el ceño.

-¡Eso me dolió como el demonio, Lali! En serio, ¡no es tan caliente! –le dije en un susurro gritado.

-Sí lo es –asintió con entusiasmo, se rió y terminé riendo con ella.

Benjamín se sentó en el extremo de la mesa.

-Así que, esto es raro, ¿eh? –afirmó, sonrió tímidamente.

Reí con incomodidad.

-Vaya, eso es un eufemismo y medio. Si piensas que es raro, prueba con desconcertante y embarazoso –bromé, lo hice reír.

-No soy tan malo –se quejó, con fingido dolor.

En ese momento decidí simplemente preguntarle lo que me había estado molestando toda la mañana.

-¿Cómo sabes quién soy? –pregunté en voz baja.

Él sonrió.

-Joaquín me mostró una foto tuya. Pero nunca he visto una de tu hermano, así que no tengo idea de quién es –explico, se encogió de hombros.

¿Mi papá tiene una foto mía? –Me hice la pregunta en mi mente, no sabía cómo debía sentirme al respecto – ¿Por qué demonios tiene una foto mía, y no una de Peter? –mi voz retumbo en mi cabeza pero yo ni siquiera quería pensar demasiado en la última pregunta, no quería que se me ocurriera una respuesta que no me gustará.

Señalé a Peter.

-Mi hermano es él. Peter, Benjamín. Benjamín, Peter –dije, moví la mano de uno al otro en presentación.

-Eh, ¿cómo te va? –gruñó Peter, la expresión de su rostro era severa y nada amigable. Benjamín se retorció un poco en su asiento “Peter puede ser bastante intimidante si lo quiere”, pensé

-Bien gracias. Es bueno conocerte –respondió Benjamín con nervios.

Lali me pateó de nuevo por debajo de la mesa, para mala suerte la patata fue en el lugar exacto de la vez anterior, me hizo contraerme del dolor. La miré ferozmente en advertencia; ella obviamente quería que la presentara también.

-Benjamín, ellos son mis amigos, Gastón, Candela y Lali. Él es mi novio Nicolás –Le presenté a cada uno de los chicos que estaban sentados en nuestro extremo de la mesa.

Benjamín sonrió con calidez.

-Soy muy malo para los nombres, lo siento. Seguramente los olvidaré en media hora –admitió, hizo una ligera mueca.

Lali encendió su modo “coquetear” , lanzó su cabello sobre su hombro y le sonrió seductoramente.

-Yo también soy terrible para recordar los nombres. Tenemos algo en común –ronroneó, lo miró lentamente. Él se echó a reí, lucía incómodo. Parecía que no estaba acostumbrado a la atención de las mujeres.

-Entonces, ¿a qué escuela ibas antes? –pregunté, estaba tratando de ayudarlo un poco.

Me sonrió con agradecimiento.

-En realidad iba a una escuela para chicos en donde vivíamos –respondió, se encogió de hombros. “Ok, eso explica el sonrojo y la incomodidad”, pensé. Casi podía ver como el cerebro de Lali estaba funcionando estaba ideando formas de entrenarlo. No pude evitar sentir lástima por el pobre chico.

-¿Una escuela para chicos? Eso no suena divertido –Lali sonrió, mordió una papa frita tratando de lucir sexy.

Nicolás estalló en carcajadas a mi lado.

-Lali, deja al pobre chico en paz, es su primer día –se burló.

Peter miró a Lali con una expresión ligeramente molesta en su rostro. De repente me di cuenta de lo que estaba sucediendo.

¡Peter está totalmente flechado por Lali! –gritó mi voz en mi cabeza.

-Vi eso, Peter –declaré, le sonreí con complicidad. Él se estremeció  trato de parecer inocente.

Sip, ¡está totalmente celoso! –volvió a hablar mi voz en mi cabeza.

-Entonces, ¿qué clases tienes esta tarde? –le pregunté a Benjamín volviéndolo a mirar, quería continuar nuestra conversación.

Me sentía un poco mal por él; era obvio que estaba como pez fuera del agua. Sacó su horario y me lo tendió. Le di un rápido vistazo y casi me atraganto con mi sádwich… tenía todas las clases conmigo.

-Tengo las mismas –dije en voz baja, se lo di de vuelta. Nicolás frotó mi pierna con ternura, me incliné hacia él en busca de apoyo. Benjamín parecía un buen chico pero no lo quería cerca a mí todo el tiempo. Estaba segura que podía lidiar con una conversación casual con él, pero si iba a casa y mi padre le preguntaba por mí, él sabría demasiadas cosas sobre mí para mi gusto.

-¿Sí? ¡Genial! ¿Crees que podrías enseñarme el camino y bueno eso? –preguntó lleno de esperanza. Asentí con la cabeza lentamente, no podía decirle que no.

Silvina se acercó pavoneándose; en esos momentos sólo tenía dos botones abrochados de su blusa.

-Hola, Benjamín. ¿Quieres sentarte conmigo? –preguntó y se enrosco un mechón de pelo con dedo.

-Silvina, te faltan abrocharte algunos botones, querida –le dije con inocencia.

Me miró ferozmente.

-Se supone que así es, fenómeno raro –espetó con repugnancia.

-En realidad, sí creo que tienes razón. Vi que esa blusa la usaba exactamente así una prostituta en una esquina ayer por la noche –respondí, le sonreí con amabilidad.

-¿Pasas el rato en las esquinas de las calles? –preguntó ella, sonrió obviamente pensaba que había ganado.

-Sí, cuando me encuentro con tu mamá –me encogí de hombros.

Nicolás y Benjamín estallaron en carcajadas.

-Perra –murmuró ella mientras salía echa una furia. Lali y Candela chocaron los cinco en altos, soltaron risitas tontas como chicas locas bajo los efecto de alguna droga.

-Eres graciosa –dijo Benjamín sonriéndome.

-Sí, me parece que hoy arruiné tus posibilidades de cogértela. Pero no te preocupes te dará otra oportunidad mañana –me burlé, mordí otro bocado de mi sándwich.

Él levantó la cabeza.

-Ella me ha vuelto loco toda la mañana; se quejaba sobre una chica que le robó a su novio. ¿Qué sujeto saldría con alguien como ella? estoy seguro que es una total cabeza hueva –se burló y encogió sus hombros.

La mesa entera, excepto Nicolás, se echó a reír.

-Ese idiota sería yo. Pero nosotros no estábamos saliendo –declaró Nicolás, sacudiendo la cabeza.

Benjamín se sonrojó.

-Oh lo siento –murmuró, se veía completamente avergonzado.

Envolví mi brazo alrededor de Nicolás.

-No te preocupes, chico amante, tu gusto ha mejorado desde entonces –dije en un arrullo, lo acerqué a mí.

Rosa, mi gusto siempre ha sido el mismo. La fruta prohibida –me mordió el cuello rápidamente, yo reí tontamente. Peter se aclaró la garganta y Nicolás se alejó de mí con un suspiro poniendo los ojos en blanco.

Dejé que Lali hablara con Benjamín por el resto del almuerzo, añadía algunas preguntas o respuestas ocasionales. En realidad Benjamín era un chico agradable. Habría sido mucho más sencillo si hubiera sido un cretino, de esa forma yo habría sido capaz de apartarlo de mi lado sin sentirme como un pedazo de mierda después. Le mostré sus clases y él se sentaba junto a mí cuando podía. Cuando el timbre que marcaba el final del día escolar suspiré de alivio.

-¿Te vas a casa? –me preguntó Benjamín, sonriendo, mientras caminábamos a mi casillero.

Sacudí la cabeza.

-No. Tengo que esperar que Peter y Nicolás terminen su práctica.

-Sí, ¿qué juega Peter? –preguntó con curiosidad.

-Hockey sobre hielo.

-Genial. Sabes, puedo darte un aventón si quieres –ofreció –mi mamá y Joaquín me compraron un auto impresionante por mi cumpleaños –añadió, sonrió de oreja a oreja. Mi corazón se hundió cuando el menciono su nombre de nuevo, la forma en que lo usaba en una conversación casual me asustaba a muerte.

-Um, gracias por la oferta, pero los voy a esperar. Por lo general es Nicolás el que me acompaña después porque Peter se va a trabajar –dije rápidamente.

-¿Dónde trabaja Peter? –preguntó, se apoyó contra los casilleros.

-En un gimnasio –metí los libros en mi bolso con más fuerza que la necesaria, me estaba poniendo incómoda.

-Parece que no le caigo bien a Peter –murmuró Benjamín, lucía un poco triste.

Sonreí de forma tranquilizadora.

-No te conoce. Es sólo que esto es raro para nosotros, eso es todo. No hemos visto a nuestro padre en tres años, y de repente se aparece aquí y ¡bang! Tenemos otro hermano y un hermanastro. A Peter no le gusta para nada el cambio –expliqué, estaba tratando un poco de rodear el problema.

Él asintió, estaba como pensativo.

-Sí, supongo que es difícil para ustedes. Entonces, que te parece si me quedo a esperar contigo que los dos terminen su práctica, así nosotros podemos conocernos el uno al otro un poco más. La verdad no quiero que esto siga siendo incómodo para ninguno de nosotros, estoy aquí ahora –me miró

¡Por la puta madre! –dijo mi voz en mi cabeza, yo no sabía que decirle, así que no dije nada, sólo asentí y cerré mi casillero.

-¿Nos sentamos afuera? Por lo general me siento bajo el árbol y espero –dije mientras salíamos del edificio.

-Suena bien –acordó, me siguió con una pequeña sonrisa.

Caminé hacia el gran roble donde usualmente me sentaba y hacía mi tarea, me senté y me apoyé contra éste. Él se dejó caer frente a mí, agarró un poco de hierba y jugó con ella nerviosamente. Había una pequeña rosa amarrilla tirada en el pasto, no sabía de dónde había llegado así que la tomé y la metí en la liga que sostenía mi cola de caballo, me recordaba a la que Nicolás me había dejado en mi ventana después de la primera noche que nos habíamos besado.

Estaba tan incómoda que me retorcía en mi lugar, estaba tratando de pensar en algo que pudiera decir.

-Así que, tú hermano menor, Mateo… Bueno, es ahora también mi hermano, bueno lo que quería decir es, ¿cómo es él? –pregunté con curiosidad.

-Es lindo. Es un dolor en el trasero, especialmente cuando llora en la noche, pero es lindo. Tengo una foto si quieres verla –ofreció, saco su billetera y me la dio.

Sonreí y la abrí con impaciencia, quería ver al pequeño bebé. Mi aliento se quedo atrapado en mi garganta cuando vi la foto, no era sólo una del bebé, era una foto familiar. Miré a mi padre; él estaba sonriendo orgullosamente con un brazo alrededor de su nueva esposa y el otro alrededor de Benjamín quien estaba sosteniendo a un niñito rubio. Mi padre parecía más viejo, su cabello había cambiado y se había vuelto un poco más grisáceo, pero sus ojos fueron lo que más llamó mi atención. Recordaba esos ojos siendo duros, fríos y siempre furiosos, pero estaban diferentes en la foto, lucían amables, cálidos y bondadosos.

-Lindo, ¿eh? –dijo Benjamín.

Aparté mis ojos de mi padre y miré al pequeño bebé; era lindo, regordete, tenía el cabello rubio y los ojos marrones y una gran sonrisa. Miré a la señora en la fotografía, ella tenía el cabello castaño claro y los ojos miel igual que mi mamá y yo. Se veía agradable.

-¿Está es tu mamá? –pregunté, señalando a la señora en la fotografía.

Él sonrió y asintió.

-Sí, su nombre es Ruth –dijo, le di su billetera.

No podía sacar de mi cabeza la imagen de mi padre sonriendo.

¿Él de verdad ha cambiado? –la pregunta vino tan de repente a mi cabeza que me mareo. Inspeccioné a Benjamín, parecía feliz, no tenía ni raspones, ni cortes, no veía una cojera delatora ni una mueca de dolor, no había nada.

-¿Qué tal te llevas con él? –pregunté de repente con curiosidad, observe con cuidado su rostro para notar alguna reacción

-¿Con Mateo? Me llevo bien. Será mejor cuando sea más grande y pueda hacer más cosas –respondió y se encogió de hombros.

Tragué audiblemente.

-No, me refiero a mi padre –aclaré, tratando de no encogerme ante el recuerdo que venía cada vez que hablaba de él. Benjamín se encogió de hombros y asintió, pero no dijo nada –debe ser difícil tener a un tipo en casa después de sólo haber sido tú y tu mamá –declaré, estaba tratando de empujarlo para que me diera una respuesta.

¿Mi padre lo está lastimando a él también, al bebé o a su mamá? –mi voz no dejaba de hacer preguntas en mi cabeza y cuando me di cuenta estuve agradecida de que no hubiera otra chica viviendo con él. El abuso físico era mala; Peter se había llevado la peor parte de eso, pero el abuso sexual, eso dejaba cicatrices mentales que sabía que todavía no se habían ido. Los recuerdos de esos domingos destellaron en mi mente y me mordí el interior de la mejilla para no llorar.

Él asintió y miró al suelo.

-Fue un poco difícil, pero ellos han estado juntos por más de dos años, así que… –su voz se desvaneció y se encogió de hombros. Abrí la boca para hondar más en el asunto pero él me interrumpió –¿por cuánto tiempo han estado juntos Nicolás y tú? –preguntó, arranco un poco de hierba.

Sonreí ante el pensamiento de Nicolás.

-Una semana y media.

-Él es amigo de tu hermano, ¿cierto? –preguntó.

-Sí. Lo he conocido desde que tenía cuatro años –confirme, amaba hablar de Nicolás. Lo comencé a extrañar. Mi cuerpo ya se había acostumbrado a verlo, habíamos estado juntos todo el fin de semana así que me era difícil estar separada de él –así que, cuéntame más acerca de ti –sugerí, me acosté sobre mi vientre y apoyé mi cabeza en mis manos, lo miré.

Él se acostó también y habló sobre su vida, lo que le gustaba y lo que no. Era un patinador aficionado y entraba en competiciones y otras cosas los fines de semana, hacía acrobacias y piruetas. Extrañaba a sus amigos. Nunca había tenido una novia. Su comida favorita era el pollo al curry. Acababa de comenzar a contarle de mí cuando divisé a Nicolás tratando hacia nosotros a través del estacionamiento, era tan apuesto que era casi doloroso mirarlo. Me puse de pie de un salto y sonreí cuando él envolvió sus brazos alrededor de mi cuerpo, me levantó del suelo y me dio un gran beso. Le devolví el beso con deseo.

Él se apartó después de unos segundos.

-Necesito tener algo de tiempo a solas contigo –susurró mientras me besaba de nuevo, fue un beso tierno en esa ocasión.

Sonreí.

-¿Qué, ahora? ¿No puedes esperar hasta que lleguemos a casa? –bromeé.

Él sacudió la cabeza.

-No, pero puedo esperar hasta el estacionamiento del gimnasio después de que dejemos a Peter –sugirió, me sonrió perversamente.

-En tus sueños, Nicolás –dije, riendo, puse los ojos en blanco.

-Seguramente –acordó mientras me bajaba, me quede a su lado y se rió ante mi expresión de horror. Benjamín se levanto y se quedo ahí parado torpemente –gracias por cuidar a mi chica por mí –dijo Nicolás y le brindó una sonrisa amigable.

-Sí, no hay problema –murmuró nerviosamente Benjamín, dio unas patadas a la hierba. Peter se acercó a nosotros, miro a Benjamín y luego a mí con una expresión confundida –bueno supongo que los veré mañana chicos. Gracias por dejarme pasar tiempo contigo, Rocio –dijo, y me sonrió.

-Sí, fue divertido. Oye, vamos a ver ese auto que tienes antes de que te vayas –sugerí, miré el estacionamiento. Él sonrió con orgullo.

-¿Qué auto tienes? –pregunto Peter con curiosidad u comenzamos a caminar.

Sabía que el auto atraparía el interés de Peter. Sonreí y lo agarré a Nicolás del brazo para retrasarlo un poco, quería dejar que Peter y Benjamín caminaran al frente, para que estuvieran un tiempo a solas. Peter necesitaba ver por sí mismo que Benjamín era un buen chico así dejaría de fruncirle el ceño. Para el momento en que Nicolás y yo llegamos a su lado, Peter estaba sentado detrás del volante de un BMW Z4 azul medianoche, pasó su mano por el tablero cariñosamente.

-Oh mierda, que lindo auto –ronroneó Nicolás, deslizó la mano por el techo con los ojos muy abiertos. Me tomó de la mano y me acercó a él –cuando sea un jugador de hockey multimillonario, te compraré uno de estos –declaró, enredó una de sus manos por mi cabello y me miró a los ojos, sentí que mis pies se separaron del suelo por un segundo.

Me presioné contra él y mordí ligeramente su barbilla.

-Prefiero tener un Ferrari –bromeé.

El suspiró dramáticamente.

-Vaya, OK, espero firmar con un buen equipo si vas a ser tan exigente –respondió, me dio un beso, me hizo anhelar que deslizara sus manos por mi cuerpo.

Después de unos diez minutos de que Peter y Nicolás babearan sobre el auto de Benjamín finalmente nos fuimos a dejar a Peter en el trabajo. Salté al asiento delantero y tomé la mano de Nicolás durante todo el camino a casa, estaba muy emocionada por tener un momento de intimidad con él. No es que fuera a ser de fácil con mi mamá en casa durante la semana, pero estaba segura que nos las arreglaríamos. Para ser sincera sólo sentarnos juntos en el sofá sonaba como estar en el cielo.

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2 pensamientos en “Capitulo Diecisiete

  1. Benja no me da buena espina porque me da a mi que e va a dar data de Ro, Nicoy Peter al papa y este les va a hacer algo malo.

    Debes subir mas seguido porque me quedo re enganchada en el tiempo que no subis.

    @clara_glez97

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